Cultura
Canción para una pandemia

Jerusalema: la melodía con la que baila todo el mundo

La composición sudafricana cantada en zulú es furor en redes y se ha convertido en un suceso global

31.10.2020

Lectura: 11'

2020-10-31T07:00:00
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Por Juan Andrés Ferreira

Ritmos sudafricanos, voz de textura gospel que canta en un idioma exótico, pasos de baile creados en Angola a la hora del almuerzo, y las redes sociales, especialmente TikTok, han dado forma y contenido a un insospechado éxito viral que ha conectado y puesto a bailar al mundo en medio de la incertidumbre. De este modo se habla cuando se habla de Jerusalema, una composición simple y pegadiza, épica y discreta a la vez, que irradia un extraño y contagioso optimismo en tiempos de pandemia.

Jerusalema: el fenómeno viral que, a diferencia de otros de su estirpe (como Macarena, Aserejé o Gangnam Style), supuestamente lleva un mensaje más amoroso y altruista. Jerusalema: el ritmo que hace bailar a religiosos, trabajadores de la construcción, policías, bomberos, auxiliares de vuelo, médicos y personal de la salud de distintas partes del planeta, que a su vez comparten en las redes el hechizo provocado por este hit cantado en zulú.

Génesis. La historia detrás de la creación de Jerusalema lleva el perfume y los ornamentos que suelen acompañar a las leyendas. O, si se quiere, a las narraciones míticas. Y se expande y se replica prácticamente como si lo fuera. Un resumen posible comenzaría diciendo que en el principio estaba el caos, un orden que aguardaba ser descifrado. Que entonces apareció Master KG, desentrañó el caos y encontró la melodía. Que vio Master KG que la melodía era buena y que esa misma noche llamó a Nomcebo Zikode, cantante sudafricana que hasta no hace mucho trabajaba como corista de otros artistas. Y dijo Master KG que tenía una sucesión de sonidos para ella. Entonces Zikode fue al estudio y escuchó la melodía. Y vio Zikode que la melodía era buena. Y a pedido de Master KG compuso una letra para esa melodía. Y así fue. Y Master KG vio que la letra era buena. Y juntos combinaron sus creaciones, dando origen a una nueva creación. Y juntos vieron que esa nueva creación era buena. Entonces le dieron un nombre. La llamaron Jerusalema.

Algo de todo eso es verdad. Aunque, en realidad, el asunto parece haber sido un poco más pedestre. Un día cualquiera, en Midrand, uno de los municipios de Johannesburgo, el DJ y productor Master KG se dispuso a hacer su trabajo habitual: componer. Pasó buena parte de la tarde experimentando con ritmos y sonidos, dando orden a distintas melodías, hasta que dio con una en particular que le pareció particularmente buena. Tan buena que necesitó probarla con una voz. Esa voz, pensó, podía ser la de Zikode, así que la llamó y la invitó al estudio. Aunque era bastante tarde en la noche, la cantante fue hasta allí. Total, no tenía nada que perder. Lo que no sabía, tal vez, es que tenía mucho que ganar. Zikode escuchó la pista dos o tres veces más, hasta que aparecieron las primeras palabras, en zulú:

Jerusalema ikhaya lami
Ngilondoloze

Que en español significa algo así como:

Jerusalén es mi hogar
Sálvame

Aunque cantar en inglés sería lo más indicado si se buscaba una proyección internacional, Zikode prefirió mantenerse dentro de su lengua madre. Quizás porque ni siquiera pensó en algo como la proyección internacional. "No me estaba enfocando en ser Beyoncé", contó en una entrevista. "Simplemente era yo, cantando lo que sé".

Grabaron de inmediato. Y terminaron poco después de la medianoche. A la mañana siguiente, camino al gimnasio, Zikode escuchó la grabación en su auto. "Tenía la piel de gallina en todo el cuerpo", recordó en la entrevista. La canción se dio a conocer en noviembre de 2019, primero como single, convirtiéndose en éxito instantáneo en Sudáfrica. El 21 de diciembre se publicó el videoclip, que es extremadamente simple y, en realidad, no tiene mucha gracia. Lo interesante es lo que sucedió después.

La viralización de Jerusalema se dio primero vía YouTube, no por su video sino por una grabación casera hecha por un grupo de amigos en Angola. La melodía parece nacida para una coreografía sencilla. Los ritmos sugieren los pasos. Así lo percibieron estos amigos que armaron una rutina de baile a la hora del almuerzo. En el video comienzan a bailar al alegre ritmo de la canción frente a unas mujeres que primero los observan y luego se unen a la danza. Un detalle: mientras bailan, casi todos sostienen platos con comida u otros elementos de vajilla. El siguiente paso fue la viralización. 

El #JerusalemaChallenge. Es el nombre del reto que contribuyó a esa viralización. El carisma, la alegría y la flexibilidad de este grupo de angoleños dio paso a este desafío de baile, reto que se volvió viral en TikTok, donde sobrepasa las 460 millones de visualizaciones. En YouTube, el clip original suma más de 205 millones de visitas. Actualmente la canción tiene más de 35 millones de reproducciones en Spotify.

Uno de los videos más comentados es el realizado por Masaka Kids Africana, un hogar infantil de Uganda. Allí se ve a varios pequeños bailando sonrientes, descalzos, dando muestras de un sentido del ritmo nato y una felicidad luminosa. Tiene más de nueve millones de visitas.

La segunda ola surgió en setiembre, cuando el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, invitó a la población a participar del #JerusalemaDanceChallenge en el marco de las celebraciones por el Día de la Herencia Cultural. Ramaphosa convocó a los sudafricanos a plegarse al desafío "para reflexionar sobre el difícil viaje que todos hemos recorrido, recordar a los que han perdido la vida y regocijarse en silencio con la herencia notable y diversa de nuestra nación. No puede haber mejor celebración de nuestra identidad sudafricana que unirse al fenómeno global que es #JerusalemaDanceChallenge. Así que los insto a todos a que asuman este desafío y muestren al mundo de lo que somos capaces".

Entonces explotó todo. Estudiantes y profesores de la Negumbo Secondary School, en Onaanda (Namibia), armaron una versión de Jerusalema. Igual los alumnos y el personal docente de la Zwartkop High School, en Centurion (Sudáfrica), con una de las coreografías mejor logradas. Todos siguen algunos pasos básicos y cada grupo le confiere, además, su toque distintivo.

La misma danza fue ejecutada con precisión marcial por miembros del Ejército de Ghana, con más soltura por miembros de la Policía de Johannesburgo y con vibrantes muestras de entusiasmo por los empleados (médicos, enfermeros, miembros de la dirección) del Hospital Catharina de Eindhoven, en Países Bajos. "Esta danza simboliza la esperanza durante este período difícil. Por tanto, los empleados del Hospital Catharina estamos felices de participar", se lee en su canal de YouTube.

Hombres y mujeres representantes de la ley y el orden en Mombasa (Kenia), con sus uniformes verdes, danzando en algunos sitios representativos de la ciudad. El clip, además del baile en sí, muestra el trabajo y el entrenamiento diario de los uniformados, y es usado como video institucional de la Unidad de Inspección -tal su nombre- de Mombasa. Algo similar hizo el personal de la aerolínea sudafricana Airlink, presentando su propia coreo en el Aeropuerto Internacional de Johannesburgo, que también tiene el estatus de un institucional.

Música, distanciamiento y barbijos. En Legnano (Italia), con hábitos y sandalias, un grupo de frailes y monjas se grabaron bailando en la plaza de la iglesia. En la plaza Libertatii, en Timisoara (Rumania), se reunieron más de 300 personas, respetando el distanciamiento social (y en algunos casos, usando mascarillas), para hacer la coreografía más grande del desafío Jerusalema.

También hay una versión en italiano: Gioacchino Gargano junto a Ilenia Bruno grabaron un clip en las playas de Mondello, en Sicilia:

Gerusalemme
Questa è casa mia
Io ora lo so

Un cura en Canadá, tres amigas en el living de su casa, junto a sus hijos, en Kenia, decenas de parejas en una playa de Curaçao: todos bailan. Cristiano Ronaldo grabó stories con la canción, mientras que Janet Jackson también declaró su admiración por Jerusalema. El músico nigeriano Burna Boy hizo un remix del tema y considera que el desafío "debería ser una fuerza unificadora" para África: "Mi esperanza es que nos una a través de nuestras divisiones y malentendidos y bailemos juntos. No estamos en competencia, somos uno de África, estamos unidos". 

Mientras tanto, cadetes de la marina italiana, personal médico de Canadá, personas anónimas (y no tanto), empresas e instituciones de Jamaica, Madagascar, Congo y Zimbabwe, Australia, Estados Unidos y Puerto Rico se sumaron al desafío. Uruguay no aparece en el listado. Todavía.

 

DISECCIONANDO UN HIT: AQUÍ NO HAY NADA NUEVO

Parte de la repercusión global de Jerusalema, está claro, viene de los elementos extra musicales. El dato no es menor y así lo señala el músico y productor artístico uruguayo Bruno Tortorella, director de Mute Studio. En lo estrictamente musical, apunta, en Jerusalema "no hay nada nuevo". De hecho, reconoce que la canción le parece "bastante embolante". Y explica: "Musicalmente no pasa nada. Son los mismos cuatro acordes en una progresión superrecurrente". Tampoco a nivel de producción y arreglos. "Leí que lo hicieron en una noche. Y sí. Parece hecho en una noche". Lo que puede resultar interesante o novedoso, explica, es el idioma en el que está cantado y la voz de Zikode.
"Creo que el éxito del tema es una suma de varios elementos bien medidos y cierto factor de oportunidad para convertirse en un fenómeno de cifras", sostiene el músico y especialista en sintetizadores Daniel Anselmi, productor de más de 90 trabajos discográficos y ganador de nueve premios Graffiti. "En general el tema tilda todos los puntos necesarios para caer en un lugar de corrección que lo hace fácilmente aceptable y donde hay un espacio para canalizar una ‘espiritualidad' de uso fácil e inmediato. El mood es de una épica pacífica, con cierto aire melancólico y con una mezcla equilibrada de elementos melódicos y rítmicos de fácil aceptación". La voz de Zikode, como elemento tímbrico, "tiene un color bastante particular que la hace rápidamente reconocible".
Anselmi, docente a cargo de Síntesis & MIDI, Mezcla, Mastering y Producción Musical en Universidad ORT, hace foco en la composición y la producción de la canción. "Hay una mezcla de elementos que por sí solos no son nada especial, pero que en su conjunto, y sobre todo en la cantidad en que están presentes, hacen y potencian lo que parece ser la intención musical".
Más detalles. "La progresión armónica es muy simple, solamente cuatro acordes básicos que se repiten todo el tema (C, Am, F y G). Es una progresión que tiene algunos puntos interesantes como el pasaje de C a Am, que le da un toque entre melancólico y épico. Ambas cosas tienden a comunicar fácilmente un estado al oyente, sin palabras de por medio. La base rítmica es igualmente simple, un loop repetitivo que no tiene mucho desarrollo más que llevar el pulso y darle peso al elemento rítmico para balancear los componentes armónicos", explica el músico. "Sumando una coreografía que le permite entrar bien en una red como TikTok, terminó de generar el efecto de amplificación mediática necesaria para estar en esos números de reproducciones".
Para Juan Campodónico, músico, compositor, productor y DJ, Jerusalema "no es especialmente destacable a nivel musical salvo por la calidez del groove y melodía". El músico, integrante de Bajofondo, Campo y El Peyote Asesino, productor de Jorge Drexler, La Vela Puerca y El Cuarteto de Nos, entre otros, reconoce que, en lo musical, el tema no le resulta interesante. "Tiene todos los ingredientes de un hit", comenta. "Es un tema bailable pero con una secuencia de acordes más clásica europea y la delicadeza que tiene la música africana para el ritmo. Suena como una mezcla de varias tradiciones musicales".
El fenómeno de popularidad, dice Campodónico, es otro cantar. "Creo que se debe en parte a su mensaje de unión espiritual. No es tan común la conjunción de un mensaje espiritual y música dance. Por otra parte, está el misterio de los algoritmos de las redes que tanto llevan a Trump al poder como vuelven viral un bailecito gracioso. Una pena que el mundo de hoy se maneje por los espasmos del capricho de los algoritmos de las redes sociales con fines mayormente de vendernos publicidad". Y, en esa línea, Campodónico recomienda el documental El dilema de las redes sociales. "En cuanto a música, mi recomendación es como con la comida: consuman orgánico y local".