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Personajes
Cocina sana y feliz

Jacinta Luna Lussich: "Tengo la alegría como bandera"

Nombre: Jacinta Luna Lussich • Edad: 43 • Ocupación: Cocinera naturista, artista y comunicadora • Señas particulares: De niña vivió en una comunidad en Florianópolis y de más grande en la Amazonia, saluda a su familia diciendo "Buen día, flores del día", los nombres de sus hijos surgieron de sueños

17.05.2022 15:40

Lectura: 6'

2022-05-17T15:40:00
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Por Patricia Mántaras

A los siete años se fue a vivir con su familia a una comunidad en Florianópolis. ¿Cómo fue esa experiencia? Nos fuimos huyendo de la ciudad y también para tener esa experiencia de estar en contacto con los ritmos de la naturaleza, con esa libertad, que también era libertad económica al tener tu propia tierra, construir tu propia casa, tener tu propia huerta y cosechar. Mi madre estaba en casa todo el día y cocinaba. En una época se venía en verano a hacer temporada a Uruguay y después vivíamos todo el año con esa plata. Brasil en esa época era un país muy barato para vivir, y más si llevabas dólares. Al vivir en comunidad y tener una cooperativa de consumo, donde se compra todo en grandes cantidades, abaratás mucho también. Tenía el alimento como sustento y prioridad. El contacto con la cocina y crecer libremente, trepar árboles a sacar frutas, cosechar mandarinas. Todo eso me marcó mucho. Si bien después experimenté vivir en ciudad, en un momento volví a  mis raíces y eso se transformó en mi propia profesión, pudiendo enseñarlo a otras familias.

¿Qué recuerdos culinarios tiene de su infancia? ¿A qué olía su casa? A cocina a leña y pan recién hecho, calentito, saliendo para los desayunos. Tengo muy marcadas las grandes mesas compartidas, donde otros niños llegaban a jugar y se quedaban a desayunar con nosotros. 

Hace casi 20 años que vive en Neptunia con su pareja, el músico Marcos Abramovich. ¿Cómo se conocieron? La mamá de Marcos es actriz y cantante, y mi madre también estudió teatro en una época. Fueron de la misma camada de artistas de esa época, del Teatro Circular, de la EMAD. Después mi madre se fue a Brasil y la de él a Argentina y, al volver, muchos años después, se encontraron. Mamá me decía: “Tenés que conocer a Marquitos, es un divino”. 

Juntos tienen dos hijos, Juan Gadú y Kima Benjamín. ¿De dónde vienen los nombres? A mí me gustaba Cadú, que es del portugués, pero Marcos me decía: le van a decir Caduco. Y en ese juego de palabras, porque nos gustaba la sonoridad, en un momento cambiando las letras a Marcos se le ocurrió Gadú. Ya estábamos en el hospital, porque nació prematuro, un mes antes, y hacía dos días que estaba sin nombre. Googleando descubrimos también que en la masonería se le dice así a Dios, es una sigla: Gran Arquitecto Del Universo. Marcos también soñó que yo le decía Juan, y ahí quedó Juan Gadú. 

¿Y Kima Benjamín? Ahí también hubo un sueño. Marcos soñó que le aparecía con un cartelito que decía Kima. En africano quiere decir amor. Y a mí siempre me gustó el nombre Benjamín, como el pequeño de la casa.

 ¿Es verdad que acostumbra saludar a su familia todas las mañana diciendo: ¡Buen día, flores del día!? Después de vivir un tiempo acá, antes de conocer a Marcos, me fui al Amazonas a una comunidad espírita que se llama Santo Daime, donde trabajan con el ayahuasca. Tenía 21 años y me fui sola, para conocer  la raíz de todo eso, la liana que se utiliza para hacer el ayahuasca, cómo se hace; y ahí me encontré con una comunidad, donde a su vez hay una escuela. Trabajé dos años ahí, haciendo trabajo comunitario, y en un lugar que se llama la Medicina de la Floresta, que es como la medicina de la selva. Ahí se saludaba así: “Buen día, flores del día”. A veces lo digo en portugués.

 ¿Así que probó el ayahuasca? Sí, en formato ceremonia, ritual, como lo utilizan ellos. Al ayahuasca le dicen el vino de las almas, y en esa ceremonia vas en busca de tu propia alma, tu propio ser; como un camino de autoconocimiento y de sanación. Se puede trabajar la sanación física o en lo espiritual, en la esencia. Siempre es movilizador y es un camino que está en mi vida y al que a veces vuelvo.

 ¿Es por su amor por Brasil que celebra Yemanjá? Celebro Yemanjá como una fuerza de la naturaleza.  Como esa fuerza del mar; una fuerza femenina, de limpieza.

Si no hubiera sido cocinera, ¿qué habría sido?

Actriz. Cuando me vine de Florianópolis para acá, a lo de mi abuela, que había terminado el liceo, tenía la idea de hacer la EMAD. Al final no se dio, pero hice un par de talleres de teatro, y danza. Ahora bailo y hago personajes en Frutas Planetas, la banda que tenemos con Marcos.

A pesar de ser una impulsora de la cocina saludable y de haber escrito libros como Cocina en familia. Natural, integral, de estación, ¿alguna vez le da antojo de comida chatarra? Me pasa. Pero si me dan ganas de comerme una hamburguesa, me como una del proyecto que tienen unos amigos. Cada tanto les pedimos y es una delicia, con carne, hecha casera. Ya no encuentro rico un McDonald’s o un chocolate con grasas trans y exceso de azúcar. Si quiero chocolate me como un buen chocolate. Pero… ahora fuimos al Chuy y vi unos Bis, que antes me encantaban. Compré una cajita para sacarme las ganas. Hay un punto en que me parece redulce, pero tiene eso que comés uno y otro. Pero no es algo que me pase siempre.  

 ¿Siempre está tan contenta como se la ve? Soy entusiasta. Tengo la alegría como bandera; eso nos salva en el día a día, en toda esta vorágine. Pero soy reenojona (risas). Muchas veces caigo en eso de enojarnos con nuestros seres más queridos. También tengo mis momentos de tristeza, de melancolía, de nostalgia. Todo el tema con mi madre y su despedida, y cómo fue, y tan joven, me lleva a esos momentos. Tenía 52 años y yo 25; para mí fue temprano y bruscamente, porque fue durmiendo. Fue un golpe muy fuerte y la extraño mucho. La extrañé mucho en la crianza de mis hijos, no tenerla como abuela. Pero ella está muy presente en la cocina, en mi profesión, en ese legado. Tengo mis puntos de quiebre, de tristeza, y me dejo sentir, no estar todo el tiempo pum para arriba.