Estilo de vida
Casas de verano

Interiorismo y arquitectura en Cabo Polonio

Cuatro casas remodeladas destacan en el renovado paisaje de la playa sur del balneario rochense

15.02.2020

Lectura: 9'

2020-02-15T07:00:00
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Por Valentina Villano

El Cabo es diferente a todos los balnearios. Ubicado a pocos kilómetros de Valizas, cuenta con unas 500 edificaciones -entre viviendas, posadas, restaurantes y almacenes- y alrededor de 100 personas que lo eligen para vivir durante todo el año. Allí no existe la luz eléctrica, el uso de vehículos está restringido, no hay alambrados y la circulación entre las viviendas es sumamente libre. Lo que sí existe, en lo que le llaman la zona de la aldea o pueblo, y donde se asientan las construcciones de Cabo Polonio, son cuatro padrones que están delimitados: tres de propiedad privada y uno de propiedad fiscal.

Uno de ellos, donde se encuentran las cuatro casas visitadas por galería, es el de Gabasol S.A., una Sociedad Anónima creada en el año 2003 y ubicada sobre la playa sur. Hoy es el único de los cuatro padrones en situación de legalidad y con pleno derecho sobre las 211 hectáreas y las 80 viviendas que lo componen.
Está conformado por 123 socios, 27 de ellos sin casa, que tienen comprada la acción y están a la espera -desde el año de su creación- para poder construir su propia vivienda. Allí hay todo tipo de casas. De una y dos plantas, con enormes ventanales con vista al mar, comodidades y diversos estilos que varían en función de cada dueño.

Aggios

Verónica García Mansilla y Lalo Martín Valdez siempre vacacionaron en Cabo Polonio. Lalo hacía circuitos en moto cuando aún no había ninguna construcción y Verónica comenzó a ir cuando llegó a vivir a Uruguay, hace alrededor de 20 años.

"Cuando conocí a Lalo le dije: ‘Yo siempre veraneo, en febrero, 10 o 15 días en el Cabo. No sé si te va a divertir, pero me encantaría que fuéramos con todos los chicos", recuerda. Fue así que ese verano alquilaron dos casitas y quedaron fascinados. Se bañaban sin problema con agua de cachimba -un pozo que se abastece de las napas de agua que hay en la zona- que ponían a calentar al sol; era todo muy diferente a lo que es ahora.

Desde hace alrededor de cinco años, la familia se convirtió en propietaria de Aggios, una casa construida, según sus propietarios, al estilo de la Barcelona de Gaudí, y que en su interior reúne decoración inspirada en un viaje que hicieron a Grecia. "Empezamos creando algo muy sencillo, económico, que tuviera un espíritu propio. Nos encantó la onda de Grecia y a partir de ahí fuimos diseñando la casa", cuenta Verónica.

La construcción tiene tres dormitorios, dos de ellos con la opción de conectarse entre sí por una puerta corrediza camuflada por una estantería de madera. El arquitecto fue Federico Flaco Armas y la obra fue de Juan Cardoso, un constructor que realizó varias casas de la zona. Del diseño interior se encargó la propia García Mansilla. En algunas áreas decidió apostar por las líneas curvas y en la azotea creó un mirador. La casa se completó con ideas que toda la familia aportó tomadas de Pinterest y de objetos que fueron comprando en la feria de Tristán Narvaja.

Si bien no son residentes del balneario, Verónica, Lalo, los hijos y las parejas de los hijos -a veces llegan a ser 18 personas-, además de veranear en el Cabo van también durante el año. La casa tiene paneles solares que dan la energía necesaria para usos básicos como la heladera, los enchufes para cargar celulares o computadoras, las luces -que no usan porque prefieren velas- y las bombas de agua. El agua de lluvia se acumula y es bombeada hasta el tanque ubicado en el techo para abastecer y darle presión a todo el circuito de los baños.

La familia tiene claro que no puede extenderse ni agrandar la construcción ya hecha, pero sí pueden mejorarla, actualizarla y hacer los cambios necesarios para sentirse a gusto en su totalidad.

La Sin Nombre

Esta casa, la primera en construirse en Cabo Polonio, hoy pertenece a una familia que supo alquilarla durante mucho tiempo, cuando todavía era un rancho y el agua para bañarse se calentaba y se pasaba a un balde. La compraron en el año 2018, comenzaron las reformas y recién el 31 de diciembre del año pasado quedó lista para vacacionar o descansar durante todo el año.

"Venimos hace más de 20 años e, ininterrumpidamente, hace 17. Pasamos nuestras vacaciones entre José Ignacio y Cabo Polonio y siempre lo elegimos por el entorno natural y porque es en el único lugar en el que logramos desconectarnos. Acá no tenés horario, no tenés que manejar, no tenés que arreglarte y no existen las obligaciones", dicen.

Ubicada en primera línea al mar la casa se destaca por el deck y el enorme ventanal que tiene al frente. En un trabajo en conjunto del estudio de Raquel Armas y el arquitecto Guzmán Herrera, se convirtió en el lugar ideal de descanso de la familia. Los techos de su interior, construidos con vigas de pinotea y tablas de pino de Brasil, y la alacena diseñada por su propietario, inspirada en diseños antiguos y también realizada en pino de Brasil, son algunos de los rasgos que destacan en esta construcción.

Según cuentan, el mantenimiento de la casa es muy importante y deben prestarle bastante atención. "Tener una casa acá es como tener un velero, tenés que sacarlo todos los años del agua y limpiarlo porque la sal te oxida hasta el bronce". Es así que pintan las paredes casi todos los años, eligen todos los accesorios y materiales que pueden en acero inoxidable, y prefieren maderas resistentes, como las que se utilizan en durmientes de ferrocarriles.

Uno de los espacios preferidos del matrimonio es la cocina. Desde la mesada puede verse la playa, el agua verde y la puesta de sol, tal como en una película. Las lámparas que iluminan la mesada - y funcionan con la energía producida por paneles solares - se utilizan solamente al momento de cocinar. Después eligen iluminar con velas y mantener la esencia característica de Cabo Polonio.

La Sola

Como dice su nombre, La Sola fue una de las tres casas que sobrevivió a la demolición de los años 90 que se hizo en lo que hoy es Gabasol. Ubicada en la entrada del balneario, esta vivienda llama la atención de todo el que llega a Cabo Polonio. Allí vacacionan Juan Antonio Chiarino y Elvira Voulminot, un matrimonio que comenzó su amor en este lugar. "Nos enamoramos y siempre alquilábamos esta casa, pero veníamos nada más que tres días. Viajábamos y seguíamos pensando que Cabo era lo más lindo del mundo", recuerda Elvira.

Un día se les dio la oportunidad de comprarla y lo hicieron, aun sabiendo que la propiedad podía ser derrumbada. "Era en la época ilegal. Éramos tres dueños, los dos primos de Juan y nosotros. En eso se decretó que se iban a tirar todas las casas, pero la nuestra no estaba en el expediente", cuenta. Y así fue, demolieron todas menos La Sola y dos más, que tampoco aparecían registradas.

Hoy, la casa mantiene elementos originales, como el aljibe que hay en la parte trasera o una ventana que parece una obra de arte y ahora decora su interior como si fuera un cuadro. El diseño de esta nueva propuesta, que tiene a la ventilación como protagonista, fue de Agustín Ércoli. "Todo lo piensa para que haya ventilaciones cruzadas y que la casa sea fresca, sobre todo en el verano", cuenta.

Su interior se diseñó de la manera más minimalista posible. Las mesitas de luz así como la base de los sillones y la cama están construidos en cemento. Desde el dormitorio se puede ver la puesta de sol y una excepcional vista al mar. "Esto para mí es un lugar de tranquilidad", dice Elvira.

La Sola es propiedad del matrimonio desde hace ya 25 años, pero fue recién a partir del 28 de diciembre del año pasado que terminaron las remodelaciones y comenzaron a disfrutarla como en los viejos tiempos.

La Griega

El amor que Diego Kröger tiene por Cabo Polonio surgió hace 30 años, mientras viajaba con sus amigos en busca de olas perfectas para surfear. Cuando se encontraron con ese paraíso del balneario rochense, empezaron a construir con sus propias manos la casa que hoy lleva el nombre de La griega.

El elemento más llamativo de la casa es la escalera exterior, que cumple dos funciones. Por un lado destaca lo decorativo y estético, por lo que la llaman la escaltura, por su mezcla de escalera y escultura. Pero también por su función de barrera contra el viento, que permite aprovechar la gran terraza construida hacia el sur de la casa.

A su vez, los pilares en la terraza que dialogan armónicamente con la escalera exterior, los muretes de las terrazas que dan privacidad al tiempo que permiten apreciar la vista, y la curvatura de los muros, la estufa y la campana de la cocina con formas irregulares y sin aristas vivas son aspectos característicos de esta construcción.

Los arquitectos de La griega fueron Santiago Obes y Tatu Rompani. "Había varios desafíos, uno de ellos era que no estábamos diseñando solamente una casa, sino una casa-taller, donde Diego iba a pintar y esculpir todo el año. Sabíamos que estábamos diseñando para un artista que admiramos mucho, y nos dimos cuenta de que la inspiración debía surgir del Cabo Polonio mismo, así como le sucedió a Diego con su arte", explica Rompani.
La casa cuenta con energía fotovoltaica y un sistema de recolección de agua de lluvia. Está construida para recibir energía solar en invierno, y así utilizar poca energía en calefacción. En verano, los aleros evitan que la casa reciba radiación solar directa. La ubicación de las ventanas habilitan la ventilación de todos los espacios internos y convierten el lugar en un hogar fresco y cómodo para visitar durante todo el año.