Estilo de vida
Nuevas generaciones

Inclusivos, sensibles y ansiosos: así son los hijos de la tecnología

Los nuevos ídolos adolescentes traen las claves para entender los códigos de la generación centennial

15.05.2020 06:00

Lectura: 14'

2020-05-15T06:00:00
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Por Florencia Pujadas

No hay un único concepto que pueda agruparlos. Todos tenían menos de 10 años cuando cayeron las Torres Gemelas y crecieron mirando los programas con el formato de Disney. Desde los cantantes Billie Eilish y Shawn Mendes a los actores Noah Centineo y Millie Bobby Brown, los nuevos referentes de los centennials -los que nacieron entre 1995 y 2005 aproximadamente, también llamados generación Z- llegaron para establecer nuevos modelos. Todos son furor en las redes sociales, se entienden con los mismos códigos y dominan las producciones adolescentes en Netflix. A los ojos adultos, podrían agruparse en una misma categoría, pero son una camada heterogénea formada por jóvenes con historias y mensajes distintos.

Por las demandas de la audiencia y los cambios socioculturales, los referentes de los adolescentes ya no son aquellos cantantes con cuerpos perfectos, facciones y curvas armoniosas y vidas de película. Tampoco son los protagonistas de las comedias de amor en las que la "fea" (que termina siendo delgada y hermosa) se enamora del chico lindo y pasa a ser alguien popular. Ni se sienten representados por canciones como Little Things de One Direction (un emblema para los veinteañeros), que tenía frases como "todavía tienes que meterte en tus pantalones, pero eres perfecta para mí". Sí es cierto que los centennials aún escuchan géneros y artistas -especialmente el trap- que representan estereotipos tradicionales de género, pero los tiempos cambiaron y el cambio se traduce en la identidad de los nuevos referentes.

La camada de ídolos adolescentes está formada por flacos, gordos, blancos, negros, asiáticos, depresivos, ansiosos, ateos, musulmanes, cristianos, feministas, brujas (o así se definen) y, sobre todo, personas empáticas y sensibles. Casi todos hablan del amor con la misma verborrea con la que cuestionan la presión social sobre la estética. En sus cuentas de Instagram muestran sus "defecto" y exponen sus intimidades en las entrevistas. Son activistas por los derechos de la comunidad LGBT y militantes de causas como el cambio climático. Ya no son solo cantantes ni actores.

Noah Centineo y Shawn Mendes muestran una nueva forma de ser hombre; son frágiles y lloran frente a cámara. Billie Eilish usa sus canciones para hablar del dolor y la depresión mientras lagrimea y escupe sobre los escenarios del mundo. También cuestiona a la industria, a los líderes políticos y los estereotipos de la sociedad occidental. A esta lucha se suma la reina de la serie Riverdale (la producción estrella de Netflix), Lili Reinhart, que habla sobre la autoaceptación y cuenta su experiencia personal. O Kiernan Shipka (que hace El mundo oculto de Sabrina, la nueva versión de Sabrina, la bruja adolescente) cuando toma el micrófono y asegura que con su trabajo quiere mostrar el empoderamiento femenino.

Esa etapa cruda y real. Es cierto que el estilo de los ídolos adolescentes no es nuevo ni responde a una demanda repentina. Hace décadas, las bandas Nirvana, Red Hot Chili Peppers y la reina Madonna rompieron los moldes con estilos de vida, frases y hasta vestuarios memorables. Siempre hubo rocanroleros que inspiraron a los adolescentes. Lo que diferencia a este nuevo grupo de ídolos, sin embargo, es que ninguno es noticia por excentricidades o transgredir los límites. Los reyes de los centennials -y algunos millennials también- son personas normales que cuestionan los estereotipos, se expresan y muestran su sufrimiento. Todos traen historias que revelan, quizás sin saberlo, una nueva forma de entender la vida.

Sin importar de qué época se trate, los ídolos de la industria del entretenimiento son una suerte de construcción cultural que representan, y promueven, un sistema de creencias. Así como Madonna le sirvió a una generación para rebelarse contra convencionalismos y John Lennon impulsó a miles a gritar por la paz en el mundo, las figuras de moda de 2020 vienen a cambiar los roles de género, la identidad y las aspiraciones de los adolescentes que se habían establecido en los últimos años.

El reinado de los millennials ya terminó y ahora es el turno de los centennials. Todos los conocemos: son los que no entienden la vida sin wifi ni saben cómo era tener que desconectar el teléfono para entrar a internet. Pero vienen con características -y sorpresas- mucho más ricas. Los expertos todavía están investigando a estas generaciones, que están transitando su adolescencia, quizás sus primeros años de adultez, y forjando su identidad. Pero sí se sabe que son autodidactas, cumplen sin mayores problemas con el multitasking y tienen una mirada globalizada. No se imaginan la vida sin un smartphone en la mano, socializan en las redes sociales y traen nuevos paradigmas sexuales. Mientras el mundo occidental se replantea los roles tradicionales, los adolescentes hablan de igualdad sin muchas vueltas. Hoy, en la sobremesa o en una reunión familiar, el centennial es el que hace notar el comentario con un dejo machista, homofóbico o transfóbico. La nueva generación está marcada por la diversidad y tienen una comprensión sobre la sexualidad muy distinta a la de las generaciones anteriores.

Sin tabúes. Los datos de la Organización Mundial de la Salud muestran que estos adolescentes beben poco, consumen menos drogas y no salen por las noches tanto como los millennials. Son más empáticos y cautelosos, pero están más preocupados por su salud mental. Según un informe del think thank PEW Research Center, que se publicó en Estados Unidos en 2019, la ansiedad y la depresión son sus mayores preocupaciones y es un tema recurrente en las conversaciones entre amigos. La soledad, la culpa, el miedo y las inseguridades no son temas tabúes. Y no tienen miedo de contarlo. "Yo honestamente no creí que llegaría a los 17 años. Recuerdo que en mi habitación de hotel (en una gira por Alemania) había una ventana. Recuerdo estar llorando mientras pensaba en la forma en la que iba a morir haciéndolo por mano propia", contó Billie Eilish al programa The Gayle King Grammy Special. Nacida en 2001, la cantante californiana sufre de síndrome de Tourette y parálisis del sueño y es conocida por trasladar estos trastornos a canciones que enloquecieron a la industria de la música, le valieron seis Grammys y la consolidaron como un ícono de la generación Z.

A mitad de camino entre la infancia y la adultez, la adolescencia es una etapa tan cruel como rebelde. Las emociones se viven de una forma visceral, los sentimientos están exacerbados y se forman los lazos más fuertes. No en vano se dice que crecer duele, y ahora está bien visto hacer públicos los sufrimientos y debilidades. Al igual que Billie Eilish, la protagonista de Stranger Things, Millie Bobby Brown, de 16 años, confesó que también atravesó duras etapas por la soledad y el acoso escolar. "Me hicieron bullying en el colegio en Inglaterra así que para mí es extremadamente importante luchar contra ello. Me cambié de colegio por esa razón y me creó muchos problemas, como la ansiedad, con los que sigo lidiando hoy en día. He lidiado con situaciones, tanto en la vida real como online, que te rompen el alma y verdaderamente duelen", confesó a la revista Glamour. Este dolor la llevó a realizar una campaña de concientización contra el acoso escolar y el apoyo a los adolescentes que, como ella, se sienten solos e incomprendidos. También muestra el activismo de una generación que lucha y habla de los problemas que enfrenta. Porque los integrantes de la generación Z son menos narcisista, usan las redes sociales para expresar luchas colectivas, mostrar su preocupación por problemas globales y son especialmente inclusivos.

¿El nuevo héroe? La sensibilidad, la exposición de los miedos y las inseguridades ya no son vistas como desventajas. La emotividad aparece en el discurso de cantantes como Shawn Mendes, de 21 años, y el actor Noah Centineo, de 24, que en otro momento bien podrían haberse definido como "el hombre del momento". Ambos son atractivos, tienen el cutis perfecto, cuerpos hegemónicos y rasgos delicados. El primero es el cantante de moda y el segundo la nueva estrella de las comedias románticas. Sin embargo, se han alejado de la imagen del "ganador" y de la "cara bonita" con canciones y papeles que los muestran sensibles, empáticos e imperfectos. "Mi mayor miedo es despertarme mañana y no importarle a nadie", declaró en la revista Rolling Stone, Shawn Mendes. En esta nota, y con la misma sinceridad, el músico confesó que le gusta fumar marihuana, sufre pánico escénico, ansiedad y no entiende por qué los portales se obsesionan con descubrir si es gay. "¿Un hombre no puede ser sensible? No entiendo el problema. Tampoco la razón", cuestionó más de una vez. Ya no corre la frase de que los hombres no lloran.

El concepto de masculinidad cambió y en el mundo del cine y las series, la sensibilidad se convirtió en una fortaleza. Desde los estudios de Netflix, Noah Centineo se encargó de suplantar la imagen del típico malo del liceo por un héroe adolescente delicado y con conciencia de género. En la pantalla, el actor de Miami hace el papel del chico atractivo y popular, pero con un giro de tuerca: es tierno y vulnerable. El cambio en la construcción narrativa muestra qué es lo que quieren ver los jóvenes -en épocas de streaming, más que nunca, eligen qué mirar y esquivar lo que no les interesa- y, al mismo tiempo, la influencia de los personajes en las formas de percibir los roles en la sociedad. Las dos variables se retroalimentan.

Lejos de las comedias románticas, Noah también es un reflejo de su generación por la facilidad con la que habla de sus problemas. No tuvo pelos en la lengua al hablar sobre su paso por las drogas, las dificultades (que tantos repiten) de la fama y la separación de sus padres. "Como el joven de 15 años que vivía con mi madre, sentí la obligación de dar un paso adelante y desempañar un papel, ocupar un puesto que estaba vacante en ese momento, ya sabes, y al hacerlo, estuve sometido a mucha presión", contó en una entrevista a Harper's Bazaar.

La misma historia se repite con Cole Sprouse y los papeles que encarna. Aunque este joven californiano de 27 años es técnicamente millennial, se convirtió en uno de los favoritos de los chicos Z por mostrar sus emociones, su dolor y sus debilidades en el personaje de la producción estadounidense Riverdale. De esta manera, mostró que las series y el cine están sumergidos en una búsqueda de cambios de paradigmas y que la nueva valentía masculina no pasa por a cuántas mujeres se les rompe el corazón, cuántos músculos se sacan ni qué tantos golpes se pueden dar. Los adolescentes se entienden con charlas y lágrimas, muchas lágrimas.

El cuerpo como símbolo de lucha. Cuando el mundo se escandalizó por el erotismo de sus vídeos y los conjuntos que Madonna usaba sobre el escenario, la reina del pop dijo que su sexualidad era una herramienta política para romper tabúes y promover la libertad de expresión en las mujeres y los gays. De aquella declaración, que se volvió un símbolo de lucha, pasaron más de 40 años, otras peleas, movimientos sociales y una nueva ola de feminismo. El cuerpo continuó como un medio expresivo, fue el fetiche por excelencia de la sociedad occidental y una herramienta de lucha entre las minorías. Ahora, los adolescentes le dieron un nuevo sentido y el cuerpo es, básicamente, lo que quieras que sea.

Tanto en las series como en las películas y sobre los escenarios, los ídolos tienen distintos orígenes, razas, creencias, tendencias sexuales y tipos de cuerpo. Tienen medidas realistas, no tan "perfectas", rasgos exóticos y características particulares. Atrás quedó la importancia del 90-60-90 y la asociación directa del éxito con el hombre musculoso y la mujer blanca, delgada y bella. Ahora las artistas como Billie Eilish deciden usar ropa suelta sin acentuar sus curvas para que su valor no pase por el cuerpo. "No quiero que el mundo lo sepa todo sobre mí. Por eso llevo ropa grande y holgada: nadie puede opinar porque no han visto lo que hay debajo", dijo hace meses en un video de Calvin Klein. Otras figuras centennials subieron la apuesta al cuestionar a la sociedad por la presión que sienten -o sintieron- para tener figuras perfectas.

La protagonista de Riverdale, Lili Reinhart, de 23 años, confesó ser víctima del trastorno dismórfico corporal, que se traduce como una obsesión desmedida por un defecto, real o imaginario. Y les ha mostrado a sus seguidores el largo recorrido que vivió para superarlo: "Incluso hoy me veo en el espejo y pienso: ‘esto no se ve como el mundo me dice que debería lucir'. No tengo una musculatura ceñida y cintura pequeña. Tengo curvas, mis brazos no son súper delgados. Pero mi valor no pasa por ahí y ahora lo entendemos. Hay que aprender a querernos", contó a Vogue.

La búsqueda de amor propio y el uso del cuerpo para dar un statement también aparece en las publicaciones de Camila Cabello, de 23 años, y en el discurso de la inglesa Aimee Lou Wood, de 24. Mientras la cantante de Señorita sube fotos sin retocar mostrando sus orígenes latinos, la actriz de Sex Education (una popular serie de Netflix) contó que durante mucho tiempo fue su propia enemiga. Se miraba al espejo, rechazaba su cuerpo y llegó a decir lo mucho que se odiaba. Pero ahora entendió que ella es su propio templo y aprendió a amarse.
En este camino de aceptación y conocimiento se encuentran los adolescentes, que escuchan canciones sobre la importancia de la autoestima, el valor de la diversidad y los cuerpos realistas.

Aunque también se cuelen canciones de reguetón y trap que sexualizan a las mujeres y muestran al hombre como "macho", ellos saben reconocer que no son más que canciones y no las sienten como propias. Muchos celebran las diferencias, las enaltecen y escuchan con admiración los consejos de Lizzo: la vocera del amor propio. Nacida en Estados Unidos, - y aunque bastante mayor que los centennials, es de 1988- esta cantante y rapera, que lleva el sobrepeso con orgullo y total desinhibición, es un icono de la seguridad que ayuda a amarse a cualquiera con lemas como "te amo, sos hermoso y podés lograr lo que quieras".

Nuevas formas de amar. Hay un territorio que nunca pasará de moda: el amor. Los adolescentes todavía se interesan por las relaciones sentimentales de sus ídolos, lloran con las historias de desamor y cantan con fuerza canciones de dolor, engaño y amores platónicos que sienten como propias. Sin embargo, hay un cambio en cómo se entienden las relaciones. Así como muestran los personajes de las series Élite y Sex Education, la identidad sexual es tan personal como variada y no se juzga. Algunos, incluso, ni cuestionan qué sienten. Los ídolos y sus fanáticos no se sorprenden si a una chica le gusta un chico, si a ese chico le gusta otro chico o si se gustan entre los tres. Según estudios internacionales, la generación Z está creciendo con pensamientos más libres, tiene una mirada inclusiva y cree en modelos sexuales menos rígidos.

Los nuevos referentes se preocupan por mostrar relaciones más horizontales, empáticas y menos tóxicas, como ellos mismos las identifican. "Yo decido cuándo, dónde y con quién", dice una letra de la cantante española Aitana, de 21 años, que se escucha en las calles de América Latina. Se cree en el empoderamiento, en la igualdad y en el poder de decisión. Y el qué, dónde, cómo soy y con quién estoy son dudas que estas generaciones están empezando a despejar.