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Huellas celestes en el mundo: ¿Cómo viven los uruguayos en el exterior?

Desde diferentes partes del mundo siete uruguayos cuentan cómo es su vida fuera del país, las barreras culturales e idiomáticas que tuvieron que enfrentar y qué costumbres incorporaron
13.05.2020 07:00
2020-05-13T07:00:00
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Por Giovanna D'Uva y Rosana Zinola

Noruega, Dubái, Estados Unidos, Francia, Italia, Israel y Singapur son algunos de los destinos a los que los uruguayos han decidido emigrar por diferentes motivos. Algunos de ellos solos, y otros en familia, se adaptan a la cultura de cada lugar haciendo propias algunas de sus costumbres.

Leandro Furest Key Biscayne, Estados Unidos

La seguridad, la calma y el ambiente familiar son las características que Leandro Furest destaca de Key Biscayne, una comunidad ubicada en Miami en donde vive desde hace siete meses con su familia.

Mudarse a esta isla que combina la calma con lo paradisíaco no fue una decisión complicada. "Probablemente lo más difícil fue comunicárselo a la familia y amigos. Lo tomamos como un proyecto familiar, como un gran desafío", comenta Leandro que, tras realizar varios viajes de negocios a Estados Unidos para evaluar las oportunidades en desarrollo de inversiones inmobiliarias en el país, encontró en Key Biscayne una comunidad con un ecosistema de emprendedores y empresarios jóvenes de todas partes del mundo y un lugar ideal para vivir.

La marcada presencia de latinos en esta comunidad y su ambiente hospitalario han favorecido la rápida adaptación de la familia a este nuevo entorno, tanto en lo laboral como en lo educativo. "Casi todos los adultos hablamos en español y utilizamos el inglés en el ámbito laboral. Los niños son bilingües, con el inglés como idioma nativo. Nuestros hijos con nosotros hablan español y con sus amigos hablan inglés. En la escuela están en un programa bilingüe", cuenta el empresario.

Además de las casi nulas barreras idiomáticas y culturales, lo que más impactó a esta familia al llegar fue la limpieza y la seguridad del lugar, así como la exigencia académica. "Las escuelas públicas son de un nivel elevado y tienen un seguimiento cercano de la evolución de los niños. Afortunadamente la adaptación ha sido increíble y les está yendo muy bien a nuestros hijos", cuenta.

Si bien es difícil tener a su familia lejos, Leandro asegura que esta decisión les ha cambiado la vida, sobre todo en lo que respecta a la seguridad y la tranquilidad. "Nuestros hijos tienen libertades en cuanto a poder salir solos, reunirse con sus amigos y disfrutar actividades al aire libre. Es muy común ver a los niños solos por todos lados y ese ambiente de comunidad pequeña hace que prácticamente todos los padres nos conozcamos", explica.

La familia Furest pasa la cuarentena en su apartamento frente al mar, con cambios evidentes en las rutinas. "El mayor impacto para nosotros ha sido en la educación de los niños. Acá ya estaba muy desarrollada la educación a distancia, con todas las herramientas online, pero así y todo es sumamente demandante en tiempo y energías. Con respecto a lo laboral, como todo el mundo, hemos tenido que quedarnos más tiempo en casa. Hacemos lo que se puede online y lo que no, se pospone. De todos modos, ya las restricciones por aquí comienzan poco a poco a levantarse en forma gradual", explica.

Leo Nuccio Tricase, Italia

Cuando en 1982 su padre decidió regresar a Italia con su familia, después de 33 años, a Leonardo Nuccio no le pareció el mejor momento para mudarse. Tenía 18 años, amigos del Liceo Zorrilla Hermanos Maristas y un negocio de audio y luces para fiestas. Trabajaba como DJ en la discoteca Pachá, en Punta del Este, y pinchaba junto a Daniel Podestá en Zum Zum, "el templo de los boliches de la noche montevideana, que para un disc jockey era como tocar el cielo".

Una vez en Italia, su pasión por la música lo ayudó a "ubicarse" en su nueva patria "a pesar de la nostalgia". En Tricase, el pueblo más grande de la zona con 18.000 habitantes, hizo amigos que lo animaron a experimentar en radio. Su italiano con "acento sudamericano a pesar los nueve años en la Scuola Italiana di Montevideo" fue el "gancho" para el éxito como locutor.

Pero su vida cambió completamente cuando conoció a Mimina, una chica con la que tiempo después se casó. "Hoy sigue siendo mi compañera de vida y madre de mis dos preciosas hijas, Melissa y Vanessa", cuenta.

Comenzó a trabajar en el negocio familiar de producción de corbatas, que a finales de los años 90 se convirtió en una empresa de sastrería fina Italiana. En la actualidad, Leonardo Nuccio Showroom dispone de su propia línea de trajes, camisas y accesorios para hombre, "todo Made in Italy", dice su propietario.

La rutina de atender clientes y organizar presentaciones de producción tanto de prêt à porter como a medida se suspendieron. "La cuarentena convirtió nuestras vidas en interminables domingos. Justo cayó en época de casamientos y todo se paró. Se estima que para volver al nivel económico de antes se necesitarán siete años", afirmó.

Las dos primeras semanas "sirvieron para recapacitar": pasó con su música, restauró un tocadiscos de los 70 y organizó junto con la Asociación de Comerciantes de la ciudad un servicio gratuito de entrega a domicilio. "Dimos una señal clara de reacción a la colectividad. Tricase abrió las puertas de sus negocios virtualmente con el lema Te lo porto io (te lo llevo yo)", explicó. Lo promovieron en redes y en cinco días entregaron 100 pedidos.

En su negocio, en el que sus hijas se encargan de la imagen y redes sociales, implementaron nuevas formas de compras, con vouchers, cupones para regalos, envíos y una propuesta de mascarillas realizadas con tejidos de camisería italiana de puro algodón.
En Italia, el comercio reabrirá el 18 de mayo, pero centros de belleza, bares y restaurantes recién el 1 de junio: "Se viene una catástrofe económica sin precedentes en Italia, pero que seguramente superaremos".

Alejandro Stawsky Haifa, Israel

Se mudó a Israel hace un año y medio para hacer un máster en Matemática Aplicada. "Elegí estudiar en el Instituto Technion en Haifa por su buena reputación en biotecnología", explicó Alejandro, de 23 años, que vive en Hadar, un vecindario mixto entre árabes y judíos.

Había visitado Israel en dos ocasiones, pero en Haifa le impactó la diversidad de culturas y comunidades separadas que viven allí. "En cada cuadra hay carteles en inglés, ruso, hebreo, árabe o etíope, y aunque Tel Aviv es indudablemente el centro metropolitano del país, Haifa es un popurrí de gente que hasta ese momento no había visto", contó.

Entre los aspectos positivos de vivir en Israel, Alejandro destaca la costa mediterránea, las ruinas romanas o sitios históricos, y, por supuesto, el nivel de investigación y de profesores del instituto. Sin embargo, algunas dificultades surgen en la vida cotidiana cuando en los mercados no se tiene práctica para negociar buenos precios, o con el idioma si las traducciones del hebreo no son totalmente precisas. Sus días transcurren con sus compañeros de clase, unos tíos segundos que viven en Raanana y Beit Shemesh, y algunos miembros de la gran comunidad uruguaya, pero también hay israelíes que saben español y otros de "origen mediterráneo que hablan un dialecto antiguo del castellano mezclado con hebreo que se llama ladino".

Una costumbre que adoptó fue tomar café turco por la mañana y, durante el día, opcionalmente con cardamomo.

La llegada del Covid-19 trajo ciertas complicaciones más allá de las sanitarias. Alejandro no pudo presentarse en la conferencia 2020 EMBO Bacterial Cell Biophysics Workshop. "Habría sido mi primera conferencia como estudiante graduado y estaba muy entusiasmado de sumergirme en la comunidad científica durante cinco días", se lamenta respecto a la cancelación.

Mientras no puede asistir al laboratorio, aprovecha para enfocarse en otras partes de su trabajo y mantiene reuniones a través de Zoom.

Considera que las medidas tomadas por el gobierno israelí están dando resultado, teniendo en cuenta que las conmemoraciones del Día del Holocausto, el Día de Recuerdo a Soldados Fallecidos, el Día de Independencia y Pesaj (la Pascua judía) ocurrieron durante la cuarentena. "Por lo general la gente se está cuidando, pero en ciudades extremadamente religiosas como Bnei-Barak y Jerusalén muchos se arriesgan al reunirse a rezar. Según la religión judía, debe haber por lo menos 10 hombres presentes para cumplir el mandamiento de rezar", explicó.

Este año será muy difícil, para Israel y para el mundo. Como estudiante, Alejandro se considera afortunado de continuar con su proyecto desde su casa, pero le preocupan las repercusiones económicas después del aislamiento.

Sergio Juan Abreu Singapur

En febrero de 2019 Sergio Juan Abreu junto a su esposa y sus dos hijos -de dos y cuatro años- se mudó a la República de Singapur por una propuesta laboral en el ámbito de la industria farmacéutica, para la que trabaja hace más de 10 años. "Siempre es difícil tomar la decisión de dejar el país, pero cuando uno siente que están dadas las condiciones personales y laborales para hacerlo, se hace más natural", cuenta desde su apartamento ubicado en el centro de la ciudad. "Es la primera vez que vivimos fuera de Uruguay y Singapur nos pareció interesante por la experiencia que representa la cultura y sus costumbres, tan distintas a las nuestras".

Una de las características que sorprendió a Sergio Juan al llegar a la ciudad fue la convivencia pacífica y armoniosa entre los ciudadanos, al igual que la limpieza, el orden y la seguridad. "Ver a los niños circulando libremente, esperando el ómnibus y caminando al colegio sin la supervisión adulta es posible debido a la seguridad que existe acá y a la aplicación de penas muy severas contra los que rompen las reglas", explica.

Vivir en Singapur ha cambiado la rutina de la familia en un 100%. Actualmente, la dinámica familiar volvió a cambiar con la cuarentena. "Mis hijos disfrutan teniendo a sus padres con mayor disponibilidad en casa y eso también se aprovecha porque hay más tiempo para pasar con ellos y verlos crecer", comenta.

Las costumbres en Singapur son "variadas y curiosas", cuenta Sergio Juan, y la familia ha incorporado algunas de ellas, como no entrar al departamento con calzado: "Todas las casas tienen un mueble en la entrada para que se dejen los zapatos".

Vivir en una cultura diferente como es la de Singapur da otra perspectiva: "ayuda mucho a entender mejor la diversidad de las costumbres y tomar lo positivo. Mis hijos van a un colegio donde tienen compañeros de todas las nacionalidades. Allí aprenden inglés (lengua madre de Singapur) y chino mandarín", agrega.

En lo que respecta al futuro de la familia, Sergio Juan tiene claro que permanecerán en Singapur hasta marzo del 2021, pues su intención es regresar a Uruguay. "Nos gustaría volver, pero puede que antes pasemos por algún otro país. Vamos a ir definiendo cómo seguimos, pero sin duda queremos que nuestros hijos hagan la Primaria en Uruguay y crezcan ahí", concluye.

Lucas Antonaccio y Elisa Besozzi Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos

En diciembre de 2012, el duraznense Lucas Antonaccio todavía estudiaba Veterinaria cuando viajó por primera vez a Dubái. Regresó en varias oportunidades hasta que se recibió y, en marzo de 2016, el jinete Ignacio Sanguinetti le ofreció probarse en Ajman Stable. Su novia, Elisa Besozzi, oriunda de Mercedes, lo visitaba asiduamente hasta que en 2017 se casaron y se instalaron juntos en Emiratos. Ella, que tiene solo tres exámenes pendientes para terminar la carrera de Administración de Empresas, abrió una cuenta en Instagram (Halu.uy) para promocionar y vender sus postres con "recetas de familia" y del libro del Crandon.

Actualmente, Lucas trabaja con caballos de enduro y árabes de carrera en Al Wathba Stable, de Abu Dabi, una enorme experiencia porque "el enduro en Dubái es comparable a la Fórmula 1 en automovilismo".

Lo más impresionante es que "Dubái se construyó sobre un desierto y además tienen el edificio más alto y la fuente y el shopping más grandes del mundo", contó Elisa. Tampoco deja de sorprenderla que coman en el piso y con la mano, o que los hombres se saluden tocándose la nariz. En Abu Dabi se consiguen todo tipo de alimentos. En algunos supermercados hay un sector en donde se venden embutidos que tiene la entrada prohibida a los musulmanes, porque no pueden comer cerdo. Los viernes es el día del rezo, por lo que el fin de semana se transforma en viernes-sábado y la semana comienza el domingo. Para visitar la mezquita de Abu Dabi, las mujeres deben cubrirse la cabeza y los hombros, y en los shoppings se prohíbe usar shorts y musculosas.

La rutina familiar varía según la temporada de trabajo de Lucas. Al final de cada etapa de una carrera de enduro, el veterinario hace un examen metabólico y controla la frecuencia cardíaca y el trote. Con la aparición del coronavirus en marzo, las carreras en los hipódromos se realizaron sin espectadores y la Dubai World Cup, la más importante del año, se suspendió.

Sin embargo, la situación más particular fue cuando se adelantó el parto de su hija. Una mañana hace tres meses, Lucas salió a trabajar cuando Elisa rompió bolsa. Mientras él llegaba, un veterinario argentino de su barrio la alcanzó al hospital. Pilar María nació por parto natural y el susto del primer momento se diluyó gracias a las enfermeras indias, al médico libanés y a Lucas.

Los primeros tres meses pasaron rápido y con altas temperaturas. En la cuarentena, las salidas después de las ocho de la noche están prohibidas porque se fumiga la ciudad.

Pilar María sigue creciendo, los pedidos de Halu.uy se suman y el trabajo de Lucas continúa a la espera del fin de la pandemia. "Nuestra meta es volver, siempre, pero no sabemos cuándo será el momento".

Andrés Sánchez Bergen, Noruega

En Bergen, una ciudad rodeada de montañas y fiordos ubicada al suroeste de Noruega, vive junto a su esposa y sus tres hijos Andrés Sánchez, un uruguayo que decidió abandonar su zona de confort para explorar las posibilidades que se ofrecían en el exterior.

A pesar a tener un buen empleo en el ámbito farmacéutico, a sus 28 años decidió embarcarse en una nueva experiencia motivado por la inquietud de viajar y con la ayuda de un amigo que trabajaba las temporadas de verano en Noruega. "Dejé mi trabajo en Uruguay pese a que todos me decían que era una locura por ser un buen empleo, y me vine a otro país. No fue difícil tomar la decisión, pero me fui con el sentimiento de estar decepcionando a mi familia y amigos", explica.

Hoy, como chef del restaurante Fjellskål y luego de 15 años viviendo en Noruega, Andrés reconoce que al llegar lo que más le impactó fue la cultura y el clima. "Todo era raro y nuevo, parecía que estaba en otro planeta y no en otro país. Culturalmente es gente muy fría, que no se saluda con un beso. No hay mucha vida social, es más bien pobre", cuenta.

A este uruguayo viviendo en Bergen, una de las ciudades más lluviosas de Europa, le llamó la atención la diferencia que hay de horas de luz del Sol en verano y en invierno. "En junio el Sol se oculta supertarde y amanece muy temprano. Los días son largos. Podés ver un atardecer a las 0.30 de la noche y un amanecer a las 3 de la mañana. Vivís prácticamente de día. En diciembre, enero y febrero, durante el invierno, las noches son eternas. El sol sale a las 10 de la mañana y se oculta a las 2 de la tarde".

No obstante, Andrés señala que el clima no les impide a los noruegos hacer su actividad con normalidad. "En Uruguay nadie diría de salir a caminar un día que está lloviendo a cántaros, pero acá hay nieve y lluvia y la gente hace su vida. Van a caminar al bosque o a la montaña, aunque el tiempo esté horrible. Ellos tienen un dicho que reza que no existe el mal tiempo sino la ropa mala, refiriendo a que con la ropa adecuada se hace frente al clima", comenta.

Vivir en Noruega fue para Andrés un cambio radical en su vida. Además de conocer a su esposa y formar una familia, le permitió viajar y conocer gente y lugares. "Aprendí a valorar cosas que en Uruguay son normales pero que acá no están, así como también a ver que hay cosas negativas de Uruguay que aquí se hacen de otra manera y que no es tan difícil hacerlas mejor", dice.

Lo que destaca como positivo de vivir en este país es la estabilidad económica, la tranquilidad y la seguridad. "Acá se vive muy bien. Uno solo, trabajando, se puede permitir viajar, tener las cosas básicas resueltas y otras no tan básicas también. No hay inseguridad y uno vive muy tranquilo", concluye.

Francisco Ameglio  París, Francia

En esta situación de crisis sanitaria mundial, Francisco Ameglio tiene más trabajo que nunca: se desempeña como director comercial de Ryssen Alcools, una empresa que se dedica a producción de alcohol y biocombustibles. En contraposición a la caída de la demanda de combustibles, se produjo una explosión en el uso del alcohol y el gobierno pidió contribuir en el abastecimiento de alcohol a farmacias y hospitales. "Las plantas de producción están automatizadas y con la mínima cantidad de operarios, y los que pueden realizar su trabajo a distancia lo hacen en sus casas", contó.

Industrias químicas dedicadas a la perfumería o bebidas como Louis Vuitton o Pernod Ricard también transformaron su producción al hidrogel para apoyar las medidas sanitarias.

En Francia hay toque de queda a las seis de la tarde y para salir se necesita una autorización del Ministerio del Interior que se otorga solo por motivos de trabajo, para ayudar a personas de la familia, ir al médico o al supermercado y hacer ejercicio una hora al día. Sin esa autorización la policía puede poner una multa de 135 euros. El presidente Emmanuel Macron prolongó el confinamiento estricto hasta el 11 de mayo. "Si las medidas no hubieran sido tan estrictas, el resultado habría sido peor", asegura Francisco.

Con su esposa Monique y sus cuatro hijos varones, Alexis, Thomas, Nicolas y Sébastien, viven en un apartamento en el que se fijaron horarios para trabajar y estudiar. "Los padres sustituyen parcialmente a los maestros que mandan deberes por Internet, se comunican por WhatsApp y dan las clases por Zoom en grupos de 10", cuenta desde el balcón, justamente para no molestar a los estudiantes.

Tener a "cuatro mosqueteros" encerrados no es fácil, pero en el edificio hay un pequeño jardín en el que "excepcionalmente" juegan a la pelota. Vivir cerca del estadio del Paris Saint-Germain, donde juega el salteño Edinson Cavani, es una gran ventaja para conservar las raíces orientales. A sus hijos les habla en español y trata de que lo practiquen, especialmente Alexis, que sueña con ser jugador de fútbol como su ídolo Antoine Griezmann.

Francisco fue al Lycée Français. Su mamá, Frédérique, es francesa, y a sus 24 años ya había viajado a ese país 10 veces, por lo que no hubo un "gap cultural". "Francia es mi segunda patria", asegura.

El destino lo llevó a repetir la historia de sus padres con un matrimonio franco-uruguayo. En 2004 viajó por una pasantía a París, conoció a Monique y dos años más tarde se casaron. En su casa se toma mate y siempre hay dulce de leche.