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Ser el número dos

Harry y el rol del segundo hermano

La renuncia del príncipe Harry a la casa real británica deja en evidencia las diferencias que pueden haber entre el primogénito y el hermano menor

03.02.2020 06:00

Lectura: 10'

2020-02-03T06:00:00
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Pocas veces el rol de los hijos está tan determinado como en una familia real: el mayor es el primero en la línea de sucesión, el que lo sigue es el segundo, el que tiene que esperar a que el otro renuncie o muera para ocupar ese puesto. Y eso puede ocurrir siempre y cuando el primogénito no tenga hijos, porque en ese caso los sobrinos quedarán primeros y él tendrá que bajar varios lugares en la lista.

En cuestiones reales, el hermano menor siempre es un segundón. No llegará a ser monarca, y si bien es cierto que vive bajo el paraguas protector y económico de la casa real correspondiente, es difícil que guarde en la historia un lugar destacado. Podrá ser inteligente, carismático, adorable, detestable, o llamar la atención por lo que sea, pero el mayor es el que se convertirá en rey, salvo alguna excepción, como Eduardo VIII, que abdicó para casarse con Wallis Simpson, una estadounidense divorciada, y permitió que su hermano Jorge se convirtiera en rey.

Ni siquiera el querible Harry de Inglaterra pudo escapar de esa realidad. El hijo menor del príncipe Carlos y Diana de Gales, el niño pelirrojo que creció en los medios frente a los ojos del mundo, nunca será rey. Siempre se supo, y él también. Antes se notaba menos, porque él y William, su hermano mayor, formaban un dúo inseparable y eran todavía muy chicos para pensar en el trono que hoy ocupa su abuela, la reina Isabel.

Pero los años pasan y aquellos niños adorables se convirtieron en hombres con responsabilidades. William accederá al trono luego de su padre, el príncipe Carlos, y después la línea sucesoria continúa con su hijo mayor, George. Harry, en cambio, está en esa selecta lista después de Carlos, de Guillermo, y de sus tres sobrinos. O sea, sus posibilidades son nulas.

Hace algunas semanas, Harry fue protagonista de un hecho que sacudió a la familia real británica cuando anunció que renunciaba a los privilegios reales y aspiraba a comenzar una vida independiente de la Corona. Y también sirvió para hablar de otro asunto: las diferencias entre los hermanos mayores y los menores.

Expectativas paternas

Muchas veces se plantea que el hermano mayor es el responsable, y el depositario de las expectativas de los padres. De acuerdo a esa visión, el segundo hijo no tiene tanta presión y vive más relajado. ¿Hasta qué punto eso es cierto? "Sin duda que el primer hijo lleva sobre sí la carga de las ansiedades que se generan en los padres a partir de esta experiencia que es nueva para ellos", dijo a galería Delfina Miller, psicoterapeuta, profesora y doctora en Psicología Clínica.

"Por un lado, las expectativas sobre este hijo suelen ser muy grandes. Todos queremos que nuestros hijos sean lo mejor, y eso para sentirnos nosotros orgullosos de ellos y de nosotros mismos que generamos esos hijos. Y por el otro, muchas veces se les pide que no sean como fuimos nosotros, que sean mejores, que no cometan nuestros errores, que no sufran nuestras carencias", explicó la especialista.

Para Miller, a veces sucede que los padres ven en los hijos "la posibilidad de superar aspectos personales" que ellos no pudieron, o de enmendar errores. "Esto hace que muchas veces nos sintamos como los hacedores, los responsables, los artífices de la personalidad, de los logros y fracasos, y en definitiva de la vida de nuestros hijos. Eso nos lleva a desconocer que cada hijo nace con un temperamento que deberemos de ayudar a regular para que le resulte lo más adaptativo posible, pero también es un temperamento que deberemos de aceptar", agregó.

Eso, dijo Miller, es más difícil de asumir con el hijo mayor, porque las expectativas paternas son más fuertes y deberá cargar con ellas. "También cargará con nuestros temores y por eso suelen ser más protegidos, menos independientes, menos osados. A veces más frágiles y teniendo que aparentar una fuerza y una fortaleza enormes para conformar a los padres", agregó.

Vida en Canadá

Harry, el menor de los hijos de Carlos y lady Di, siempre tuvo fama de ser el príncipe rebelde. Mientras su hermano mayor, el futuro rey, daba la imagen de joven serio y responsable, a Harry -como a cualquier chico de su edad- le gustaba la noche, las mujeres y divertirse con amigos.

Hace unos semanas, Harry elevó la apuesta y demostró que su rebeldía iba más allá de locuras adolescentes. Junto a su esposa, Meghan Markle -una actriz estadounidense divorciada-, y su hijo, Archie, se instalaron a vivir en Canadá, después de independizarse de la Corona británica.

La telenovela que se generó alrededor de la separación de Harry y Meghan de la familia real tuvo varios ingredientes. Se habló de la mala relación de Meghan con la prensa, al punto que hubo acusaciones de que algunos medios incurrieron en conductas racistas. La duquesa de Sussex admitió en alguna oportunidad lo difícil que le resultaba adaptarse a la vida real, y a su marido le molestaba el trato de los medios, ya que temía un acoso similar al que sufrió su madre, quien murió en un accidente en París huyendo de paparazis. Hubo otro elemento que sobrevoló el asunto, y que está relacionado con el deterioro en el vínculo entre Harry y William. Al parecer, los príncipes ya no son tan inseparables como antes.

William se casó en 2011 con Kate Middleton y son padres de George, Charlotte y Louis. Luego de varias relaciones, en 2018 Harry se casó con Meghan Markle, y es padre de Archie. Hasta el año pasado, las dos parejas asistían juntas a actividades oficiales, pero el propio Harry admitió en un documental que las cosas entre ellos se habían deteriorado.

Hace algunos meses Harry y Meghan se desvincularon de la Royal Foundation, una organización benéfica que integraban junto con William y Kate. Algunos estiman que los problemas comenzaron cuando se sumó a Meghan a la entidad, porque tenía diferencias con su cuñada.

Nueva opotunidad

El caso de los príncipes William y Harry puede resultar extremo para analizar las relaciones entre hermanos, porque la realeza no es representativa de la población. Sin embargo, aun en una situación tan alejada del resto, tiene que ver con un vínculo universal que es la hermandad y el lugar que ocupan el hijo mayor y el segundo.

Luego de la experiencia del primer hijo, la crianza del segundo se enfrenta de manera diferente, porque en general los padres ya tienen algo de experiencia y no ejercen sobre ese niño la misma presión que sobre el primogénito. Eso, explicó Miller, incidirá en la personalidad del hermano menor. "En general los segundos hijos son más independientes, lo que muchas veces los hace más fuertes. También puede ser que eso haga que sean menos 'atendidos' y que tengan que hacerse su lugar, ganárselo . Y esto, más allá de lo que sufren, termina fortaleciéndolos".

Hay ocasiones, explicó Miller, en que el hermano mayor asume la responsabilidad familiar, por ejemplo, al frente de una empresa, y eso también repercute en el vínculo con su hermano menor. "Esto suele suceder y en realidad carga al mayor, o lo envalentona, y hasta lo puede hacer sentir más o mejor que el segundo, lo cual puede terminar en un destrato o desconsideración y en una impresión de que ellos asumen, ellos mandan, ellos lo merecen. O puede suceder que se sientan en la obligación de ser el protector, lo cual no resulta bueno ni para uno ni para el otro", dijo.

"Las diferencias entre ser el primer o el segundo hijo existen", agregó Miller, "lo importante es que los padres tengan esto en cuenta y busquen la forma de regular esas diferencias dándoles un lugar lo más parejo posible a ambos". Y agregó: "Igualmente, no dejemos de lado que cada hijo por sí mismo va a ser generador de afectos diferentes en los padres y eso también va a incidir en cómo cada uno viva esta situación".

Cada hijo es diferente al anterior, y eso es importante tenerlo presente al momento de la crianza. "Lo que para un hijo es mucho para otro puede ser poco. No podemos desconocer que con el primero nos vamos a sentir conmovidos de una manera especial, pero eso tiene que ver con nosotros y no con el hijo, de la misma forma que con el segundo hay cosas que ya no nos van a sorprender o asustar ,pero eso también tiene que ver con nosotros más que con ellos. Lo más importante para un hijo es sentir a sus padres como disponibles, disponibles para reconocerlo como es, aceptarlo, ayudarlo a crecer y desarrollarse a la vez que respetarlo en su forma y posibilidades de crecimiento", agregó.

Para Miller, los padres deben tener presente que siempre cometerán aciertos y errores. Sobre eso, dijo, el "único error" que los chicos sufren de verdad es la falta de disponibilidad de los padres. "Ellos nacen siendo absolutamente dependientes y tienen que irse desarrollando hasta poder ser independientes y autónomos. Pero lo deseable es que lo puedan hacer sin perder esa posibilidad de recurrir a la disponibilidad de los padres a acompañarlos. Eso es lo más importante y es un tesoro absolutamente inigualable. Con disponibilidad me refiero a reconocerlo, contenerlo, a generar y acompañar sus deseos pero no a satisfacerlos sino a enseñarle a generarse por sí mismo las satisfacciones", añadió.

A veces ocurre que el segundo hermano se acostumbró a ser el menor, pero años más tarde llega otro, u otros. Eso cambia las cosas y, en consecuencia, la forma en que ese hermano menor se siente con la llegada de un nuevo integrante a la familia. Eso puede llevar a que el del medio quede "a mitad de camino", explicó Miller, entre "los privilegios" del mayor y la novelería que produce el más chiquito.

De alguna manera los vínculos familiares, agregó Miller, preparan a las personas para relacionarse con el mundo exterior. "Si alguien en casa es tratado y a la vez exigido como el más importante, sale al mundo con esa idea y de alguna manera se coloca en ese lugar frente a los demás y los demás reaccionan frente a esto. Lo mismo si alguien es siempre el segundo, el menos importante, el no tan hábil, entonces así se comportará", dijo.

William fue criado y educado para ser rey. Harry, en cambio, era el niño rebelde. Los dos crecieron y cada uno, a su manera, demostró que representa el papel para el que fue educado. El hermano mayor, con todo su formalismo, vive y se comporta como un futuro monarca; el hermano menor, en un nuevo empuje de rebeldía, provocó un terremoto que sacudió a la Corona británica.