Revista Galería
Interiorismo

Hágalo usted mismo

El publicista Álvaro Zinno y la periodista María Lorente construyeron su propia casa/loft en Palermo

06.09.2019

Lectura: 7'

2019-09-06T16:42:00
Compartir en

Fotos: Camila Montenegro

Durante años, el publicista y fotógrafo Álvaro Zinno recorrió las calles del barrio Palermo imaginándose cómo sería hacerse una casa allí. Finalmente, un día se encontró con un cartel de venta en la calle Cebollatí y no pudo resistirse. Después de varias idas y vueltas con los propietarios, logró comprar lo que él describe como "casi un terreno", por la precariedad de las tres edificaciones antiguas que había allí. De la casa original se salvó solo la fachada -que hoy cubre una enredadera- gracias a la intervención de su suegro, el arquitecto Rafael Lorente. Esta pared da paso a un patio interno donde está la entrada real de la casa. Para el interior, él y su esposa, la periodista y directora de AFP para Argentina y Paraguay María Lorente, concibieron un espacio orientado hacia el norte -por la luz-, con un gran living abierto que ocupa todo el ancho de la casa, y los dormitorios en una segunda planta abierta, como si fuera un loft.

Durante los años posteriores a la compra del terreno, Zinno y su familia vivieron en Los Ángeles. En ese tiempo comenzó a hacer dibujos, a proyectar la casa. Su formación como ingeniero civil le ayudó. "Al principio le mandaba los dibujos a un sobrino que es arquitecto y él me devolvía acotaciones. Estaba enfermo, a cualquier casa que iba medía hasta los baños. Aprendí a medir con los pies y con las baldosas, como hacen los arquitectos", comentó. 

Hasta ese momento, la casa seguía siendo un sueño. Zinno recordó: "Cuando volvimos de Los Ángeles, era un momento de crisis, ideal para comenzar a construir la casa. Pero mi familia, María y mi suegro no querían, decían que no era un barrio para invertir. Yo veía una zona espectacular, en la rambla más linda de Montevideo". Unos años más tarde finalmente logró embarcarse de lleno en el proyecto. "Cuando a María la envían a Bruselas le dije: ‘Yo voy, pero empiezo a hacer la casa', y así fue". Durante los dos años siguientes comenzó a construir la casa con la ayuda de una amiga arquitecta, pero al volver al país aún no estaba terminada. "Se me acabó la plata, así que contraté un obrero y trabajé yo. Fue la mejor manera de adelgazar, y de empezar a darle las terminaciones", agregó.

Finalmente, desde hace cinco años la familia vive en la casa de la calle Cebollatí. Allí, en un gran espacio abierto ambientado en la década de los 60, conviven muebles y objetos de arte que despiertan recuerdos en los dueños.

 

"El primer libro de arquitectura que me regalaron fue de lofts, me quedó marcado, y después empecé a enviciarme con el tema", contó Zinno. Su casa recuerda mucho un loft; un gran living domina la escena y la escalera volada dirige a dos dormitorios, que si bien no están a la vista, los divide únicamente una pared liviana de armarios. En la planta baja, además del living y la cocina a la vista, hay un recibidor, un baño y un dormitorio.

 

En el living se lucen dos sillas Barcelona. Estos objetos de culto fueron diseñados en Alemania a fines de los años 20 y producidos en masa a partir de la década de los 50. Zinno los compró en un remate y los restauró, con cintas nuevas. También revivió un sillón Eames Lounge que encontró deshecho en Los Ángeles, y que trajo con su mudanza. 

"La gran hazaña fue tomar partido por una casa que tiene una gran habitación donde todos estamos obligados a convivir. Todo se escucha, por lo que aprendés a ser más respetuoso, a no invadir, a usar auriculares dentro de casa", contó Zinno.

 

Zinno heredó varias piezas de su abuelo escultor, Antonio Pena, y las dispuso en distintas partes de la casa. Por ejemplo, junto a la baranda del primer piso hay un boceto de la cabeza de Hernandarias, el mismo que se encuentra en la rambla portuaria. En el living, debajo del aparador, casi escondida, ubicó la cabeza de Donatello. "Fue un regalo que le hicieron a mi abuelo. Vino de Florencia y es un boceto del Donatello de avenida Italia y Centenario, uno de los primeros monumentos ecuestres que se hicieron en la historia", recordó el dueño de casa.

"Soy un enfermo de la iluminación", confesó Zinno. "Hace un año encontré las luminarias que tenemos en la feria (de Tristán Narvaja), las arreglé, las pinté y las coloqué. Me gusta la manualidad porque accedés a otras cosas, que no siempre podés pagar para que te hagan", comentó.

 

Zinno expone algunas de sus fotografías en la casa: un trío dispuesto en forma vertical en la pared de pinotea del living y otro horizontal en su dormitorio. "Si fuera por mí, no tendría nada colgado en las paredes", confesó.

Del otro lado de la escalera hay un cajón enchapado en madera. "Mi suegro (Rafael Lorente) insiste en que lo pintemos de negro, pero yo le di color madera oscura. Está allí desde antes de que tuviéramos la pared de pinotea, ahora no sé si queda tan bien", confesó Zinno. Y acotó: "Mi suegro adora esta casa porque es todo lo que a él le gusta, todo descarnado, ladrillo vivo".

 

Zinno cuenta orgulloso que la mayoría de los muebles de la casa son de Ikea, y que él mismo los armó. Las excepciones son el comedor, que era de su madre, un inmaculado banco carpintero de su abuelo Juan Zinno, que era ebanista, y algunos sillones de colección.

 

En la segunda planta colocaron una claraboya para dar luz natural a los dormitorios, que tienen ventanas únicamente en el piso. La ubicación extraordinaria de las ventanas es dirigir la vista al patio delantero, pues enfrente hay un gran edificio que ocupa toda la cuadra.

Hace un año, a Álvaro Zinno se le ocurrió revestir una pared de ladrillo visto del living con las tablas del piso de pinotea de la casa de su madre. "Puse guías de madera en la pared y clavé la primera tabla. Pensé que iba a ser un bollo, pero ya la segunda no calzaba, porque estaban machihembradas. Después de poner seis tablas en seis días entré a llamar carpinteros, pero nadie quería hacer la tarea", confesó. Para lograr el trabajo rebajó el machihembrado de todas las tablas, y así logró que calzaran. "Aprendí que cuando los desafíos son muy grandes, si les das un poco todos los días, al final se terminan", reflexionó.

 

En el living, en una estantería que diseñó Zinno y construyó un herrero, se luce una colección de juguetes de lata de los años 60. "Me fascinan porque tienen esa torpeza del metal. Hace poco liberé espacio, mi hijo heredó algunas piezas y guardé otras", comentó, pues cada visita a la feria de Tristán Narvaja hace que este espacio se encuentre en constante renovación.

 

En medio de la gran pared de pinotea que recubre una de las paredes laterales de la casa, a lo largo, se exhiben tres grandes fotos de Zinno. "María (Lorente, su esposa) tenía una reunión en casa y yo tenía la guías puestas en la pared. Para solucionarlo, improvisé colgando esas tres fotos que habíamos impreso en tela, en Bruselas, para mejorar el eco que había en la casa en que vivíamos", recordó. Al tiempo se dio cuenta de que no le alcanzarían las maderas para tapar todo el ancho de la pared, por lo que el provisorio quedó para siempre.