Estilo de vida
Intimidad sana

Hacer el humor y no la guerra: el vínculo entre la risa y el sexo

Ya sea por tabú o presión social, el sexo es tomado con demasiada seriedad, cuando no hay nada tan afrodisíaco como la risa

30.04.2021 06:00

Lectura: 10'

2021-04-30T06:00:00
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Por Leonel García

"Gordo, ¿qué ganas voy a tener de estar con vos, si te pasás con cara de culo?". A Carlos, a la sazón el Gordo, recién con las palabras de Alicia le cayó la ficha, el motivo de casi dos meses sin intimidad marital. No eran el cansancio, típico en un matrimonio de profesionales cuarentones, ni los hijos, ni la rutina; era el poco uso que le daba a los 12 músculos faciales que provocan la sonrisa. Cambió el chip, algo que es más fácil decir que hacer, propuso algún juego, bajó dos niveles su umbral del ridículo, dio pie a esa máxima que asegura que "la vida es un juego donde gana el que sonríe", se rio de algunas de las cosas que habitualmente le daban fastidio, y tuvieron un segundo noviazgo, más de 10 años después del primero. Cambió el humor, se renovó el amor.

"En la pareja a veces el humor es mejor que el amor", subraya la sexóloga clínica Magdalena Joubanoba. "El buen humor es uno de los afrodisíacos de la sexualidad", apunta la psicóloga y sexóloga Gabriela Michoelsson. Hay motivos conocidos por cualquiera que haya tenido un roce social mínimo, o al menos cuya adolescencia haya sido anterior a la pandemia: una persona que sonríe o refleja una actitud positiva resulta mucho más atractiva que alguien con el ceño fruncido. Hay un preconcepto que está generalizado, señala Michoelsson: quien es divertido, creativo o está de buen humor la mayoría del tiempo, (se supone) se comporta a tono en la intimidad; de un amargado, en esta misma línea, no podría esperarse una noche inolvidable. La licenciada Rosana Pombo, psicóloga, sexóloga y directora de la clínica Plenus, dice que la risa provoca apertura y la apertura conexión.

Pero, además, hay motivos biológicos. La risa provoca el aumento de producción de la hormona llamada serotonina, que es clave para el enamoramiento y para sentir atracción hacia otra persona. Y no hay caso, una risa o una sonrisa provoca efecto contagio y más posibilidad de aceptación, cosa que sabe tanto un potencial seductor como un político o un vendedor. Es semiología pura del lenguaje. Y según una investigación realizada en 154 parejas heterosexuales, publicada en abril de 2019 en el Journal of Research in Personality, tanto las mujeres como los hombres (pero sobre todo ellas) decían sentirse más satisfechos y más atraídos por su media naranja si había risas y humor de por medio.

La ya fallecida escritora y dramaturga francesa Françoise Sagan decía: "La capacidad de reír juntos es el amor". Y de alguien que cimentó su fama escribiendo sobre el amor, el desamor, la sensualidad y el cinismo se puede esperar algún conocimiento de causa.

Salir de la rutina. Los sábados de tarde suelen tener un tiempo muerto al que conviene darle vida. Así lo entienden Luis y Karen, una pareja reciente. Luego de un fogoso round en la casa de él notaron que la ventana del dormitorio, en el primer piso de un edificio, había quedado abierta. Lo siguiente que escucharon fue a la vecina de la planta baja refunfuñando y barriendo furiosamente el patio. Les dio tal ataque de risa que aún hoy ese recuerdo les sirve de preámbulo a nuevos momentos íntimos; parafraseando la legendaria sección del Reader's Digest: la risa, afrodisíaco infalible.

El humor es un combate a la rutina, pero solo si realmente la rompe. Si una pareja tiene como única alternativa a hacer algo distinto salir a comer afuera, dice Joubanoba, esa no sería más que una rutina ampliada. "Siempre van a tener una conexión desde lo racional. ¿De qué podrían hablar? ¿Del trabajo? ¿Del coronavirus? ¿De quién se separó?". Lo necesario es conectar desde lo emocional, paso necesario para una conexión sexual. Claro que, en su consultorio, cuando le pregunta a una pareja si "juegan", la respuesta es más o menos la misma: "¡Somos grandes!".

Enseguida habla de tips para erotizar y hacer más divertida la vida: juegos de roles, disfraces, una escapada a un hotel, preparar una escena erótica una noche. "El uruguayo es muy pacato y no le gusta jugar. No nos damos lugar a disfrutar la sexualidad", dice esta sexóloga clínica. Sin embargo, la existencia en plaza de dados eróticos brillantes, ideales para jugar en la oscuridad, o cartas de póquer eróticas, o disfraces, dan la idea de que hay gente que sí se anima.

Claro que hay parejas y parejas. Michoelsson "lee" el perfil de la pareja que consulta -casi siempre por dificultades en reencontrar el deseo- y para algunas recomienda actividades lúdicas que apunten a la risa y para otras no. "Tú te das cuenta qué pareja se podrá prender y cuál no. Para algunas, quizá lo mejor sea un cuento erótico para leerlo juntos. Para otros será mejor el disfraz, prepararle una sorpresa a la pareja, que no tiene por qué ser erótica pero sí atractiva, y ese nerviosismo, esa expectativa, alimenta el humor y eso termina ayudando al erotismo". Ella ríe recordando la exitosa experiencia de un paciente que compró un slip "que tenía en la parte de adelante una trompita de elefante". Luego del ataque de risa de la pareja, todo transcurrió como lo deseado.

Pombo recuerda que una pareja recién formada suele tener mucha química porque "se ríen de todo" durante el proceso de "seducción y conquista". Lo complicado se viene con el tiempo, con la rutina y la convivencia. "No siempre recomendamos disfraces de entrada, capaz que hay parejas más grandes que antes se prenderían a un juguete sexual o al sexting. ¡Incluso dentro del hogar!". Los disfraces -sea de enfermera, bombero, policía, secretaria o colegiala-, coincide con su colega, no son para todos. "La inmensa mayoría de nosotros no tiene el cuerpo perfecto para ponerse esa ropa y en el sexo estamos muy vulnerables. El foco tiene que estar en pasarla bien. Y si la risa que surge es de burla... todo se acabó para siempre".

Y no solo se trata de romper la rutina. En un mundo donde todavía hay mujeres que se cuestionan el tener fantasías sexuales y hombres que sienten la presión social de ser machos-siempre-prestos, reírse de uno mismo cuando en algún momento algo no funciona como se supone debería funcionar es recomendable. Ese "algo" es un amplio espectro que incluye una erección que demora o que se súbitamente desaparece, un choque de dientes, un codazo, demostrar torpeza de más a la hora de sacar o sacarse la ropa, o hasta una importunísima salva de flatulencias. También las situaciones ridículas dan risa, resalta Pombo, siempre y cuando sean puntuales y no necesiten la intervención profesional (como la disfunción eréctil, eyaculación precoz, vaginismo o incluso meteorismo).

"No es casualidad que uno de los pilares de la felicidad sea el sentido del humor y la risa, puesto que permiten tomar una distancia emocional momentánea de ciertas situaciones que pueden ser desagradables", dijo la psicóloga y sexóloga española Susana Ivorra al diario El País de Madrid, en un artículo relacionado con este tema publicado el 22 de abril de 2019. "Tomar cierta distancia emocional de algunas cosas a veces nos reporta el saber reírnos de todo. Nos tomamos como personal algo que seguramente no lo es. Y eso lo llevamos a diferentes terrenos, el sexo incluido", agregó. Reírse reduce la tensión y la risa es aliada del sexo; la tensión, no. Y tanto la carcajada como el orgasmo coinciden en ser descargas musculares y emocionales con intensas sensaciones de placer luego de una tensión acumulada, liberando también oxitocina, serotonina y dopamina.

Claro que una carcajada en el momento menos pensado puede resultar contraproducente.

Reírse de reír sin querer. La de Erika no fue una historia con final feliz. Estaba todo bien con el flaco que había conocido en el boliche ubicado frente a la facultad. Se miraron, se conocieron, se gustaron, se rieron (mucho) y se fueron juntos. Todo funcionó como detallan los libros de Charles Bukowski (al menos algunos) hasta que, una vez llegado al orgasmo, Erika no pudo reprimir una risa; una risa estentórea. El tipo quedó contrariado y no hubo manera de hacerle entender que estaba todo bien, que no lo pudo evitar, que no estaba burlándose de una performance deficiente. Él metió una excusa inelegante, se vistió y se fue. No volvieron a salir juntos.

Hay un término en francés que es sumamente descriptivo de un orgasmo intenso: la petite mort (la pequeña muerte). Esto, que no ocurre siempre (como tampoco ocurre siempre el orgasmo), es una suerte de desvanecimiento luego de llegar al clímax. "Es una reacción involuntaria, entre 7 y 18 segundos de suspensión momentánea de la actividad cerebral", dice Joubanoba.

Un estudio realizado en 2017 por los ginecólogos Anna E. Reinert (Universidad de Maryland) y James A. Simon (Universidad George Washington) titulado significativamente Did You Climax or Are You Just Laughing at Me? Rare Phenomena Associated With Orgasm (¿Llegaste al climax o te estás riendo de mí? Fenómenos raros asociados al orgasmo), publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, compiló efectos raros ocurridos cuando no se tiene total control de uno mismo luego del mejor momento. La risa es uno de ellos y quizá sea el mejor posible, porque se han detallado casos de llantos, depresión, pérdida momentánea del control muscular y hasta alucinaciones.

"Hay mujeres, sobre todo mujeres, que se ríen en el momento del orgasmo. Es solo una respuesta fisiológica que sí, ¡para la otra parte puede ser contraproducente!", se ríe a su vez Michoelsson. Ante tal escenario no queda nada mejor que aceptar la situación como tal, otro elemento para reírse. "Son risas íntimas", apunta Joubanoba. "Son como las ‘vocalizaciones amorosas' que decimos en la intimidad y que no nos animamos a decir en público", agrega, dándoles un tono eufemístico a las guarradas que cualquiera se sorprende susurrando o gritando a voz en cuello cuando todo va viento en popa. "Sí, eso es algo más consciente que la risa, pero hay que animarse a usarlo. Y ayuda". Ayuda como la risa.

UN RECURSO QUE SIRVE HASTA EN LA CONSULTA

El humor en el sexo le sirve hasta a los profesionales que atienden pacientes aquejados por un problema. Bien lo sabe la psicóloga y sexóloga Rosana Pombo, directora de la clínica Plenus. Aproximadamente 70% de los pacientes que atiende son varones. Por obra y gracia de los mandatos sociales aún vigentes, verla a ella les da más ganas de salir corriendo que de consultar sus problemas, más si son mayores de 60 años.

"¿No esperaba encontrarse conmigo? ¿Qué prefería? ¿Un señor serio de lentes?", les dice y descomprime la situación. "¡Mire que no le voy a decir que se desvista!". Ahí se distiende todavía más. "La persona viene sufriendo molestias de todo tipo, desde hace tiempo. Estadísticamente, por ejemplo, un varón demora cuatro años y medio en concretar la primera consulta. Luego de que se afloja, tratamos de que ponga en palabras lo que le pasa. Todo es una estrategia con el humor. Pasa que el sufrimiento tiene que ver con esta cultura, machista y patriarcal, donde el sexo es similar a lo que se ve en una película porno: cuerpos perfectos, grandes rendimientos, erecciones instantáneas y prolongadas. ¡Entonces hay que reírse de la realidad! Ellos te dicen: ‘acabo rápido', ‘me gatillo', ‘no se me para'. Al decirlo se ríen y nos reímos con ellos, les decimos que es algo muy común, que pasa".