Cultura
Artesanos del cuero crudo

Guasqueros: un oficio tradicional que se mantiene vigente

Guasca, del quechua waskha, significa “soga o tira de cuero utilizada para trabajos rurales”. De esa palabra deriva guasquero o guasquera, para referirse a las personas que se dedican a trabajar el cuero crudo desde el momento uno.

25.09.2021

Lectura: 8'

2021-09-25T07:00:00
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Por: María José Carricaburu. Fotos: Adrián Echeverriaga

La guasquería es uno de los oficios más tradicionales de Uruguay, aunque muchas personas desconocen de qué se trata realmente. El guasquero es una figura típica del Río de la Plata y parte de Rio Grande do Sul y se estima que nació con las conquista españolas. Si bien no hay nada escrito, la historia oral dice que los conquistadores venían desde Europa con sus aperos (elementos que lleva encima el caballo) de suela (cuero curtido) que con el uso comenzaron a romperse, por lo que debieron encontrar una solución. Como en la región había vaquería, tomaron una tira de cuero e hicieron la prueba. Primero lo usaron con pelo, luego lo fueron ablandando, y pronto se dieron cuenta de que se trataba de una gran materia prima.

Jonathan Goncalves, guasquero de Montevideo.

Jonathan Goncalves, guasquero de Montevideo.

Cuando uno ve los aperos y también las piezas urbanas creadas por los guasqueros debería poder apretar un botón de rebobinado para entender todo lo que implicó llegar a ese resultado final. El trabajo comienza con la selección del cuero que debe provenir de un animal de consumo, sano, de frigorífico o faena confiable. A su vez, es necesario reconocer el cuero de qué animal es el indicado para las piezas a realizar. Puede ser de vaca, chivo, caballo o ternera. El pelo, el kilaje y la raza también son importantes; el cuero de la raza vacuna shorthorn, por ejemplo, es muy bueno por su flexibilidad y porque se soba fácilmente.

Hay varias herramientas que hacen posible el trabajo, pero las principales son las lesnas de corte y de tejer, el sacatiento y el cuchillo. Por lo general, son traídas de Francia, Estados Unidos, Nueva Zelanda o Japón. Algunas son de muy buena calidad y, con los cuidados necesarios, pueden ser útiles toda la vida.

Mario Da Rosa, de Rivera, y Altamir Sosa, de Cerro Largo.

Mario Da Rosa, de Rivera, y Altamir Sosa, de Cerro Largo.

Lonjear (sacar el pelo), secar, estaquear (estirar), cortar y sobar son los pasos necesarios para que, recién en ese entonces, el material quede listo para trabajar. Las técnicas son muy variadas, y al tratarse de un oficio, el aprendizaje a lo largo de los años ha sido con el boca a boca, por observación, participando en talleres. Es por eso que cada guasquero tiene su impronta y emplea los mecanismos que le resultan apropiados a partir de cómo aprendió. Según cuenta Marcelo Gallone, guasquero de Lavalleja con gran trayectoria, algo muy típico era que el gaucho fuera a la pulpería los domingos, allí se encontraba con otros gauchos y se generaba eso de que “aquel quiere tener algo mejor que yo”. Teniendo eso en cuenta, el guasquero se fue desarrollando, empleando nuevas técnicas, perfeccionando y ejercitando. De ese modo, las piezas se fueron ornamentando y haciéndose más finas.

El oriundo de Lavalleja, Marcelo Gallone, aprendió el oficio de su abuelo.

El oriundo de Lavalleja, Marcelo Gallone, aprendió el oficio de su abuelo.

Marcelo aprendió de su abuelo. Cuando era niño le encantaba verlo trabajar. Le llamaban la atención las manos, grandes, con las uñas un poco largas, y una destreza cautivante; “se martillaba un dedo y seguía como si nada”, relata. Si bien algunos tuvieron la misma suerte que él de aprender de su familia, hubo una época en la que el guasquero era muy celoso de su arte y no quería enseñar, lo que hizo que se perdiera el oficio por unos 50 años. Luego, hubo un resurgimiento, a lo que se sumó que el caballo actualmente, más allá de su condición como herramienta de trabajo, es un animal de lujo “y el que tiene un caballo bueno, quiere andar bien vestido”, asegura Marcelo.

Abrir el juego. Hay guasqueros que son como una bendición para el oficio en Uruguay, porque tuvieron las ganas y la voluntad de abrir el juego a enseñar. Dos de ellos son el riverense Kandy Olivera y Guzmán Puchalvert, oriundo de Lavalleja. Contratado por la intendencia, Guzmán comenzó a dar clases en 1996 y 1997 en el teatro Lavalleja, y continuó entre los años 2000 y 2010 en el mismo lugar. En 2000, además, llegó con sus talleres también a Maldonado (Aiguá, Los Tala, San Carlos, Pan de Azúcar, entre otros lugares).

Guzmán describe al del guasquero como un oficio atrapante, que da ganas de superarse. Entiende que enseñar es muy gratificante y una manera de seguir aprendiendo, además del desafío que supone aprender a enseñar y transmitir. “Uno no nace sabiendo enseñar, vas aprendiendo. De los grupos que tuve, como en cualquier curso, algunos se fueron, pero tuve un grupo en Maldonado que, con algunos más nuevos y otros más viejos, se mantuvo durante nueve años, lo cual es un logro”, cuenta.

Guasquero Martín Olascuaga de Villa Sara, Treinta y Tres.

Guasquero Martín Olascuaga de Villa Sara, Treinta y Tres.

A medida que este artesano del cuero habla sobre sus años de docencia va recordando a sus alumnos. A Perla Jaime, una señora de Treinta y Tres que participaba mucho en sus clases; a Roberto Chiquito Olivera, que empezó a tomar clases con 58 años y resultó ser un gran habilidoso que salió ganador del segundo puesto en artesanía a nivel nacional un año, y al siguiente obtuvo el primer puesto en la misma competencia; y a Jonathan Velázquez, que empezó a tomar clases con él a los 24 años y hoy, con 41, es el encargado de dar clases en Maldonado en lugar de Guzmán.

“Guzmán y Kandy salieron a educar y yo creo que lo bueno de este arte es que podés hacer la mejor pieza de tu vida, la más cara y más ornamental, pero trascender con otros alumnos que te superen es lo mejor que te puede pasar, y estos dos personajes lo han hecho”, dice Marcelo Gallone.

Por su parte, Antonio Larrosa, otro guasquero de Lavalleja, tuvo la suerte de aprender de su padre. “Prácticamente nací dentro de una guasquería”, cuenta el artesano, también docente, quien sostiene que como en toda actividad transmitida de generación en generación, se alcanza un vínculo que involucra mucho más que solo conocimientos. “Lo que más rescato del oficio es la transmisión de valores como el empeño, el esfuerzo, la dedicación, la paciencia, la constancia. Poder ver esos valores reflejados en el progreso de manera tangible en función del esfuerzo de años, genera un gran regocijo en la persona. En los grupos de taller de guasquería se genera un vínculo especial de solidaridad, se prestan materiales y herramientas, se ayuda a evolucionar, hay compañerismo y voluntad de ayudar”, explica Antonio.

Antonio Larrosa, de Lavalleja, hace once años que da clases de guasquería.

Antonio Larrosa, de Lavalleja, hace once años que da clases de guasquería.

Pero este oficio no se limita al género masculino. Hay muchas mujeres que trabajan la guasquilla. Es el caso de Andrea Camargo, de Rivera, que por su familia siempre estuvo vinculada al medio rural. Hace cerca de tres años, impulsada por su hermano, quien comenzó a trabajar el cuero crudo, decidió animarse. Si bien considera que aún tiene mucho por aprender, tiene claro que su énfasis está puesto en lo urbano y en innovar desde el lado femenino. Es por eso que entre sus productos principales se encuentran caravanas, pulseras, broches, llaveros, monederos, billeteras, carteras y materas, entre otras piezas fabricadas a partir del cuero crudo.

La riverense Andrea Camargo innova creando productos enfocados en el público femenino.

La riverense Andrea Camargo innova creando productos enfocados en el público femenino.

Si bien los productos de guasquería por excelencia seguirán siendo los relacionados con lo rural, también se comercializa una variedad de productos para la ciudad. Esto se debe a que mucha gente del campo emigró a las ciudades y el guasquero comenzó a dedicarle tiempo a la fabricación de productos como cintos, billeteras y llaveros, entre otros accesorios que hoy son tan preciados como los aperos.

País de Guasqueros

Entre los años 2000 y 2013 el cabañero Carlos María Bimbo Rodríguez organizaba en la Rural del Prado un concurso de guasqueros. Tras su fallecimiento, el encuentro se dejó de hacer, pero el año pasado las ganas de volver hicieron que Milagros Herrera y Clementina Sartori tomaran las riendas y reiniciaran el concurso. Así fue que en 2020 se realizó, con un aforo limitado por la pandemia, la primera edición de País de Guasqueros, encuentro que fue declarado de interés nacional por Presidencia de la República. El éxito de la iniciativa aseguró una segunda edición, que se concretó en la Expo Prado 2021. Esta vez, si bien no todos presentaron sus piezas en el concurso, participaron en la muestra 16 guasqueros de todo el país.

En la categoría trabajo, el primer puesto lo ocupó Antonio Larrosa, el segundo Mario da Rosa y el tercero Daniel Pepe Martínez. El ganador de la categoría tiento fino fue Antonio Larrosa, seguido de Pablo Rigali y Guzmán Puchalvert. En la categoría paseo, el primer lugar lo consiguió Daniel Beltrán, el segundo Guzmán Puchalvert y el tercero Jonathan Velázquez. Además, se entregó premio revelación a Daniel Beltrán, quien participó por primera vez en un concurso, y a Altamir Sosa por la pieza más original.

Más allá del concurso, los guasqueros jóvenes y veteranos exponen su trabajo, venden y consideran a este encuentro como una de las instancias más interesantes para difundir el oficio y compartir conocimientos entre colegas.

Cinturones de Ñacurutú Leathers, emprendimiento de Andrea Camargo.

Cinturones de Ñacurutú Leathers, emprendimiento de Andrea Camargo.

Estriberas y rebenque elaborados por Guzmán Puchalvert.

Estriberas y rebenque elaborados por Guzmán Puchalvert.

Matera y cinturón realizados por Andrea Camargo, quien se inició en el oficio hace tres años.

Matera y cinturón realizados por Andrea Camargo, quien se inició en el oficio hace tres años.

Piezas creadas por Marcelo Gallone, jurado de País de Guasqueros

Piezas creadas por Marcelo Gallone, jurado de País de Guasqueros