Estilo de vida
Un cambio de estación inusual

Gracias a la pandemia, se vivirá una primavera nunca vista

Siempre es la época del renacimiento, pero esta vez el punto de partida fue, además del frío, el confinamiento por el coronavirus. ¿Renovación reforzada?

27.09.2020 06:00

Lectura: 12'

2020-09-27T06:00:00
Compartir en

Por Leonel García

Renacimiento, resurgimiento, renovación, más sol, más ganas de vivir. Todos estos términos pueden relacionarse con la primavera, estación que en Uruguay entró el martes 22 a las 10.30. "Empiezan a brotar un montón de cosas, se nota en la calle, en los árboles, en la creatividad y en los cuerpos. Las personas se acuerdan que tienen un cuerpo al que atender", dice Melisa Machado, poeta y terapeuta corporal. "Ha sido un invierno largo, frío y solitario", cantaba George Harrison en Here Comes The Sun (Aquí viene el Sol), sobre la tristeza que se dejaba atrás.

A la primavera le compuso Antonio Vivaldi y le cantó Soda Stereo, la pintó Sandro Botticelli, le escribieron Antonio Machado, Gustavo Adolfo Bécquer y Gabriela Mistral, la llevaron al cine Éric Rohmer y Kim Ki-Duk, y replicaron su espíritu millones de enamorados en todo el mundo. Todo esto tiene un sustento científico. "Ya de por sí, al haber más tiempo de exposición al sol en la primavera, se liberan más endorfinas", apunta la sexóloga clínica y psicóloga Gabriela Michoelsson. A la endorfina se la ha llamado "la hormona de la felicidad".

Y en este año de pandemia, inédito, con cientos de millones de personas confinadas en sus casas en todo el mundo, esta primavera tendría un efecto renovador potenciado. Al menos así conjeturan, y esperan, artistas, científicos, psicólogos y comerciantes consultados por galería. Al fin, al menos, está apareciendo el sol.

Una efervescencia que estaba diluida. De a poco, Melisa Machado está volviendo a reunirse con gente. El final de 2019 la encontró ganando el primer premio de Poesía Inédita del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) con Madre. Sin embargo, recién pudo participar en reuniones de lecturas hace un par de semanas, ante unas 30 personas. Eso y dos eventos sociales "pequeños" han marcado la salida de su encierro invernal y pandémico. "Lo que estoy sintiendo, en esos encuentros, es una intensidad que me hace acordar a los años 80, cuando salíamos de la dictadura y había una efervescencia, una emergencia enorme en la calle, entre los artistas, que se había diluido. Quizá parece una exageración, pero al encierro siempre le sigue una salida. Y esta es mucho más intensa, por haber estado tanto tiempo guardados; salimos abrazados como hacía mucho que no lo hacíamos", señala.

Además de poeta, periodista cultural y crítica de arte, Melisa es terapeuta Zen Shiatzu, que forma parte de la medicina tradicional china. La primavera, asegura, "es un tiempo de resurgimiento de la creatividad, interno y externo; uno empieza a contactarse con la luz y con el sol", afirma mezclando sus facetas de poeta y terapeuta. "Empiezan a brotar las semillas que estuvieron bajo tierra. Y son brotes de creatividad y alegría". Comienza el camino hacia el verano, el reino del fuego.

La ciencia y su optimismo cauto. Pocas opiniones han sido más atendidas este año que las del médico, investigador biomédico y bioquímico Rafael Radi, presidente de la Academia Nacional de Ciencias y uno de los líderes del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) al que el gobierno puso al frente del combate al Covid-19. Y sus previsiones (¿o deseos?) respecto a esta primavera están en sintonía con lo que se ha ido pregonando desde el gobierno: cauto optimismo, partido 0 a 0 en la altura de La Paz, siguen atacando, conviene tener atenta a la defensa... "Las expectativas son buenas en relación con que se sigan utilizando responsablemente los espacios abiertos y los espacios públicos, lo que venimos pidiendo con el grupo asesor. Los mayores contagios ocurren en espacios cerrados y lo que veo en los públicos es que en general la gente tiene un comportamiento adecuado, manteniéndose en distintos grupos separados unos de otros. Además de brindar mayor alegría, la temperatura primaveral mitiga los efectos del encierro", dice. "Pero todo tiene que hacerse con distanciamiento físico", vuelve a subrayar.

La situación hoy, a fines de setiembre, es básicamente la misma a la del 21 de mayo, cuando el GACH -compuesto también por el gastroenterólogo Henry Cohen y el ingeniero Fernando Paganini- realizó su primera conferencia de prensa: hay un estado de control de la situación relativo, donde no se ha perdido la capacidad de rastreo de los casos. Obviamente, el desconfinamiento al que invita la primavera, aumenta las posibilidades de contagio. "Pero si seguimos con las medidas de intervención no farmacológica, como mantener la distancia, usar tapabocas, cuidar la higiene y ventilar los espacios cerrados, se atenúa, lo que genera una mayor movilidad", insiste Radi. ¿Relajo pero con orden? Esta política, cuando termina el invierno, le ha permitido al país mantener la situación sanitaria "relativamente controlada". Ver lo que pasó en Europa -hacia donde todos miraban aterrorizados cuando llegó la pandemia en marzo- advierte que la llegada de la primavera y el verano no marcan el fin de nada.

El virólogo Gonzalo Moratorio, responsable del laboratorio del Instituto Pasteur de Montevideo, es otro de los científicos cuyo nombre se hizo muy conocido en este año inusual. Se declara expectante de dos cosas: que alguno de los ensayos que se están haciendo en todo el mundo en busca de una vacuna arroje luz y que la primavera sea disfrutada con responsabilidad. "Estar al aire libre es hermoso, pero también es un arma de doble filo: aprovechar el sol y los espacios verdes hace que el contagio tenga menos chance desde el punto de vista de la ventilación, pero juntarse con más gente y ‘encerrarse' en los medios de transporte para ir de un lado a otro aumenta las chances".

De todas formas, está muy feliz y optimista con esta primavera, esperando que Uruguay "siga siendo una isla en la región" en cuanto a los resultados frente al coronavirus. Él pasó todas las primaveras de 2012 a 2018 en París, mientras estudiaba un posdoctorado. Irónicamente, esta ciudad tan asociada con el amor, como la estación, "tiene una primavera gris y con poco sol".

Entre la psicología y la medicina. Lo decía Michoelsson más arriba: en la primavera se liberan más endorfinas. Es clara, entonces, la influencia de esta estación en el deseo sexual. La ecuación es simple: más sol, más luz, más piel al aire, más endorfinas, más sexo. Punto; la naturaleza no tiene más misterios.

Llenar los ojos de luz influye en la producción de neurotransmisores como la serotonina, químico que se activa con los fármacos que trabajan la depresión, indica el doctor en Psicología Clínica y de la Salud Hugo Selma, coordinador del estudio que la Universidad de la República ha estado realizando sobre la afectación psicológica que esta pandemia y su confinamiento ha tenido sobre los uruguayos. "Las depresiones tienen un patrón estacional, son más frecuentes en invierno. Por algo en zonas donde la noche dura seis meses, como en los países nórdicos, existe la llamada ‘terapia de luz'. En primavera, en cambio, hay más energía, mayor comportamiento social, más impulsividad, que puede llevar a mayor capacidad de divertimento", sostiene el especialista. Para la psicología, todo lo que refleja el arte sobre esta época tiene su razón de ser.

Michoelsson, por su parte, nota para esta primavera una expectativa particular. Se lo han dicho en la consulta: "Faltan 15 días para la primavera", "es la última semana de invierno", "se viene el calorcito". "Se unió el invierno a todo lo vivido con la pandemia. Yo noto que hay una expectativa y una predisposición a pasarlo mejor, que lo feo va a pasar, ¡hasta una pandemia es más llevadera con otro clima!".

El pediatra Eduardo Regueira, quien al principio de la pandemia abrió su cuenta de Twitter para asesorar a padres angustiados por la tragedia que se avecinaba ("ojo, sin que eso sustituyera una consulta médica"), recuerda este invierno como atípico, pero por lo tranquilo. Las escuelas cerradas, las clases por Zoom y el confinamiento hicieron que "por primera vez en 30 años el Hospital Pereira Rossell no tuviera que implementar un Plan Invierno o que no fuera necesario un refuerzo de pediatras en puerta de emergencia en las mutualistas". El coronavirus no solo no hacía carne en los niños -en todo el mundo, entre 2% y 4% de los infectados tenía menos de 15 años, así como apenas 0,2% de los fallecidos-, ni resultaron ser grandes transmisores, sino que los cuadros respiratorios y asmáticos no saturaron a ningún centro de salud.

Eso no quiere decir que el invierno se haya pasado bárbaro en temas de salud. "Hubo muchos casos de aumento de peso, trastornos de sueño, angustia o depresión en los niños, tanto como en los padres. Además, no digo que los adultos hayan dejado de lado a sus hijos, pero la prioridad pasó a ser el cuidado de los adultos mayores", señala Regueira. Por eso, este médico considera fundamental estimular a los chicos a practicar ejercicio al aire libre, tras un invierno de clubes y gimnasios cerrados.

Y hay un cambio en la gente. En su consultorio "virtual" las primeras preguntas giraban en torno al miedo, al miedo y más al miedo. Eso y a la angustia que les generaba no poder ver a sus abuelos. "Ahora en primavera la duda es cómo seguir, pero se perdió ese terror inicial de ‘mi hijo tiene fiebre, ¿no tendrá coronavirus?'".

El campo para los turistas. La crisis sanitaria vino de la mano de una debacle de la economía y el mundo laboral. Para mayo, las personas en seguro de desempleo superaban las 200.000. Si bien el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Pablo Mieres, estimó el miércoles 16 que esa cifra había bajado a 80.000, todavía es un número alto. Lo sabe bien Julio César Lestido, presidente de la Cámara de Comercio y Servicios, que, sin embargo, deja entrever un optimismo cauto, aun precisando que solo en los shoppings hay 3.000 trabajadores que todavía no hay retornado a sus puestos. "El sector fue muy golpeado, sobre todo en la hotelería, y se espera renacer".

La hotelería vive del turismo, y el turismo está restringido hasta casi cero, a no ser el interno. El presidente de la Cámara Uruguaya de Turismo, Juan Martínez Escrich, recuerda los últimos datos estacionales: los seis meses de primavera y verano representaron 1.500 millones de dólares, 70% de los ingresos por divisas en el sector el último año medido. A su vez, en primavera y verano vinieron 2,4 millones de personas, 65% del total de visitantes al país en ese período.

El 27 de setiembre es el Día Mundial del Turismo. Ese día, en un evento, el país anunciará su apuesta por el turismo rural y de espacios naturales. En ese subsector, asegura Mariana Cantera, titular de la Sociedad Uruguaya de Turismo Rural (Sutur), se espera justamente un renacer primaveral. Entre estancias turísticas, ecoturismo, turismo aventura y enogastronomía, el Ministerio de Turismo tiene unas 120 propuestas listadas.

"Casi todos los establecimientos se están reactivando estos días. Para nosotros es como empezar a vivir de nuevo", señala Cantera. Su público -más de fin de semana que de estancias largas- tiene un fuerte componente de turismo local, y en la primavera se incrementa en promedio 30%. Ante las restricciones de vuelos en todo el mundo -europeos y norteamericanos son otros usuales clientes- se apunta a los visitantes internos para reflorecer luego de un invierno más crudo que lo habitual.

Esperanza en que todo mejore. Nuevamente Gabriela Michoelsson, psicóloga y sexóloga, resume en palabras muy sencillas lo que está sintiendo mucha gente en estos días posequinoccio: "Hay muchas expectativas en esta primavera porque mucha gente la pasó mal".

El psicólogo y docente Hugo Selma puede dar fe por partida doble. Personalmente le resultó difícil manejar la ansiedad, sumado a los problemas de pérdida de empleo -"algunos de ellos de golpe"- de varias personas muy cercanas. Y también lo sabe con números: las primeras evaluaciones del estudio que dirigió arrojó que 37,5% de los contactados (más de 1.000) manifestaron síntomas de depresión; la quinta parte eran casos graves. Pero las sucesivas reevaluaciones (los que participaron en el estudio eran consultados cada 15 días) reflejaban "una reducción sostenida de los síntomas, aunque siguieran siendo elevados".

Esta primavera, asegura, "es única en la historia de Uruguay y de toda la humanidad; no hay antecedentes de tantas personas confinadas". El punto de partida es una limitación a la cotidianeidad invernal "nunca vista". Es "difícil" predecir qué pueda pasar, apunta Selma, "pero se puede hipotetizar que considerando el cambio de temperatura, coincidiendo con el relajamiento progresivo de las medidas de aislamiento y la paulatina normalización de algunas actividades, no sería raro pensar que se potencien los efectos psicológicos habituales de la primavera. Sí, probablemente, por decirlo en términos poéticos, sea un verdadero renacimiento", indica (¿desea?) el coordinador del estudio de la Udelar.

"¿RENACIMIENTO ENMASCARADO?"

"¿Qué renacimiento puede haber, sobre todo pensando en niños y adolescentes, con este enmascaramiento desnaturalizado que hay?", se pregunta el semiótico y docente de la Facultad de Información y Comunicación (FIC) de la Udelar Fernando Andacht. Crítico con las medidas implementadas por el gobierno de Uruguay (y de la mayoría de los países), señala que tanto la máscara como el distanciamiento social conspiran contra todo preconcepto primaveral.

"Se dice que es la estación para enamorarse, pero para ello hoy hay un formidable obstáculo", ironiza. "Y promover las medidas por una visión reduccionista, porque lo dice la ciencia, tomando en cuenta que desde la época de Platón se ponía a los sabios en un plano de dictadura, es un obstáculo para cualquier renovación".

De inmediato, Andacht, puntualiza que él no está en contra de una visión científica sino de una visión científica única. "Cito a Charles Peirce (el fundador de la Semiótica moderna): ‘No bloquear el camino de la investigación', que es el principio de todas las ciencias. No le atribuyo conspiraciones ni malas intenciones, ni tampoco a los medios; pero cuando los medios dicen: ‘Esto es lo que dice la ciencia', están diciendo algo que no es así, ¡porque la ciencia está actuando en pleno desarrollo de la pandemia! Hoy el sida no genera las mismas sensaciones y miedos que en la década de 1980. Simplemente digo que otras voces sobre el coronavirus deben ser escuchadas", resume.