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Genética, tecnología y destreza: el largo camino de los bovinos que llegan a la Expo Prado

Durante 11 días, el predio de la Rural recibe a los mejores exponentes de cada especie con el objetivo de potenciar la imagen comercial de cada cabaña. Cuatro especialistas en razas bovinas cuentan qué implica y cuánto disfrutan llegar a cada Expo Prado 

17.09.2020

Lectura: 12'

2020-09-17T06:00:00
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Por Valentina Villano

Entre stands decorados como si fueran una porción de Estados Unidos o Gran Bretaña, maquinarias rurales imponentes y espacios especialmente pensados para los niños, en la madrugada del miércoles 9 cientos de animales provenientes de distintos puntos del país llegaron a Montevideo. Este 2020, la edición de la Expo Prado mantuvo muchas de sus tradiciones, pero también se vio obligada a innovar. Debido a la pandemia de coronavirus, el evento pudo abrir sus puertas bajo un estricto protocolo sanitario. Al ingresar, todos los asistentes deben tomarse la temperatura, colocarse alcohol en gel en las manos y utilizar tapabocas durante toda la estancia en el predio. El aforo máximo es de 15.000 personas, las actividades nocturnas quedaron suspendidas y las propuestas gastronómicas se vieron reducidas.

Sin embargo, hay rutinas que -pandemia mediante- se mantienen, como la exhibición y competencia entre animales. Cómo las distintas razas llegan hasta el predio de la Rural no es casualidad, ni siquiera consecuencia exclusiva de la buena genética, es producto del trabajo de múltiples actores, desde veterinarios y genetistas hasta preparadores físicos y estéticos. Durante 11 días, allí se exhiben los mejores exponentes de cada raza, con el objetivo de potenciar la imagen comercial de cada cabaña. galería conversó con algunos de los que están detrás de ese largo y detallado proceso en las razas bovinas, quienes contaron qué implica y cuánto disfrutan llegar a cada Expo Prado. 

Marcos Berrutti. Asesor en selección animal 

Marcos Berrutti es médico veterinario, presidió la Sociedad de Criadores de Aberdeen Angus y fue jurado en diversas exposiciones de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Por su experiencia, es considerado desde hace varias décadas como un referente dentro del sector ganadero, especialmente en la raza bovina Aberdeen Angus.

"Vengo de una familia que hace más de 100 años cría la raza que más manejo, que es el Aberdeen Angus. Crecí entre vacas negras y tuve la posibilidad de estudiar gracias a ellas. Soy un genuino producto del campo", resume Berrutti.

La curiosidad y la práctica lo llevaron a estudiar la genética de los animales. "Nuestro trabajo consiste en tratar de identificar a los individuos superiores a través de un importante número de variables, que permiten saber cuáles son para tratar de reproducirlos. En la Expo Prado, en teoría, es donde podemos ver a esos individuos genéticamente seleccionados como superiores dentro de poblaciones individuales (cabañas)".

Al momento de evaluar cada animal, algunas de las variables que entran en juego son el físico o fenotipo, la genealogía -saber quiénes son sus padres, abuelos, hermanos, para tener insumos y razonar frente al individuo- y la tecnología, que captura datos sobre sus ancestros o descendientes, y consigue información objetiva o datos de EPD (Diferencia Esperada de Progenie), que permite predecir y prever con gran fidelidad cómo será la utilidad productiva de la descendencia. 

"Los machos son más distribuidores de genética que las hembras, y quizá hacemos más énfasis en esta selección. Pero hoy, la tecnología permitió que la hembra también aumente su potencial multiplicador a través de mecanismos como la transferencia embrionaria. Eso ha cambiado los sistemas de selección y la economía del valor", explica.

Las formas de reproducción y multiplicación pueden ser varias: monta natural, inseminación artificial y transferencia embrionaria, utilizada en animales de mucho valor.

El avance de la tecnología y, en consecuencia, del conocimiento permite que los procesos sean realizados de forma cada vez más efectiva. Ejemplo de ello es la utilización de la inseminación artificial y los dispositivos intrauterinos, que permiten que todas las vacas queden preñadas al mismo tiempo. "Hay maneras de influir en su ciclo hormonal y permitir que todas estén sincronizadas y ovulen el mismo día. Esa es una de las tecnologías más modernas, la inseminación a tiempo fijo", comenta.

Para realizar este procedimiento, las diferentes cabañas pueden comprar semen en Uruguay o en el exterior. La dosis más cara cuesta alrededor de 50 dólares; la más barata tan solo ocho dólares. Un toro es capaz de producir alrededor de 5.000 dosis de semen al año, mientras que la vaca donante -productora de embriones- unos 20 embriones.

Berrutti está en todo ese proceso. Define e individualiza las hembras superiores, combina las características genéticas que podrían llevar a mejorar el producto, y define el volumen de la multiplicación, que dependerá de la importancia del animal. Una vez nacido el ternero, Berrutti vuelve a evaluarlo. "Soy el responsable del destino de los individuos. Los más lindos o superiores seguramente vayan a una exposición. Esa es una manera de potenciar nuestro negocio como proveedores de genética".

En Uruguay, los cabañeros ocupan ese lugar de proveedores. "Las Rosas es el buque insignia del país en inversión en ese aspecto. Lætitia (d'Arenberg) ha sido muy generosa con el Uruguay, porque el mejoramiento genético es algo que se distribuye a nivel nacional, en todo el sistema productivo. Nosotros hemos sido simplemente colaboradores en el esfuerzo que hace ella".

Además de Las Rosas, Berrutti trabaja en establecimientos como Ingleby y La Tapera, además de en otros proyectos comerciales. A pesar de asesorar y desempeñarse en lugares que son competencia a nivel comercial y de imagen, nunca debió dar exclusividad a ninguno de ellos. "He tenido que lidiar con eso toda mi vida. Jamás di exclusividad y pienso que, mientras respondas con tu trabajo a las expectativas, no debería significar un obstáculo para que te contraten o no. Para eso tenés que generar mucha confianza con tus clientes, y hacerles saber que vas a trabajar con la suficiente ecuanimidad en todos lados". 

Hoy más que nunca, el modo de producir de cada cabaña tiene especial importancia en el mercado internacional. "Hay clientes que no te compran carne si, por ejemplo, Uruguay tuviera una mano de obra esclava. Tenemos una imagen fantástica a nivel mundial. El contexto social, el contexto ambiental y el contexto de bienestar animal son valores que agregan. El desafío no siempre es producir más. Aunque produzcas menos, tu producto puede valer más", cuenta. Y agrega: "Antes éramos una máquina, pero poder llegar con esos conceptos genera una empatía mucho mayor".


Sofía Bordaberry. Integrante de cabaña El Baqueano

A pesar de tener 21 años, Sofía Bordaberry tiene muy claro a qué quiere dedicar su vida. Comenzó la carrera de Veterinaria para continuar haciendo lo que más le gusta, pero ahora no solo como un hobby.

Sofía pasó casi toda su vida en la cabaña El Baqueano, parte de un emprendimiento agropecuario que pertenece a la familia de su padre, Santiago Bordaberry, y que ha atravesado cinco generaciones. Allí pasó vacaciones y fines de semana, pero también trabajó como secretaria de su padre, un reconocido veterinario, referente en el mundo de la genética, vinculado a la raza Hereford Astado.

La historia en Uruguay comenzó con su tatarabuelo, también llamado Santiago Bordaberry, quien partió de su pueblo natal, Pagolle, en los Bajos Pirineos del país vasco francés, y se instaló en el departamento de Durazno. "Vino solamente con 27 francos, por eso nuestra marca es con un 27, es en honor a los francos que le dio su madre antes de salir del puerto de Francia", cuenta Sofía.

Santiago Bordaberry comenzó a trabajar en Durazno como pastor de ovejas y, con el tiempo, logró ir comprando varios campos. "Mi bisabuelo (Domingo, hijo de Santiago) fue el que se encargó de los campos en donde estamos ahora, que en aquel momento pertenecían a Carlos Reyles". Su abuelo, Juan María, fue otra de las generaciones que creció y se crio allí. "Además del cariño que le tenemos es un lugar muy lindo. Mi abuelo lo hizo desde cero", dice Sofía.

En El Baqueano, cada época del año marca una tarea diferente, pero todas se hacen en familia y con pasión. "Mi padre es el veterinario de El Baqueano, entonces en la mayoría de los eventos de manejo de ganado siempre estoy presente y lo acompaño. Los dos lo disfrutamos mucho".

Sofía, junto con otros integrantes de la familia, también se encarga de todos los registros, es decir, de anotar la información que luego les servirá para tomar decisiones respecto a cada animal. "Tenés que ser muy prolijo, porque si no, los números de EPD que ves en las pistas no tienen sentido. Nosotros por suerte tenemos un tío, Juan, que es muy prolijo y lleva todo bárbaro".

Para la estudiante de Veterinaria, la primavera es la mejor época del año porque es cuando nacen los terneros. "Ves a un ternero como un premio, porque es el fruto de todo el trabajo que hiciste. Es un proceso día tras día y está muy bueno porque ves las mejoras en el animal. Después llegan estas exposiciones, que son la frutilla de la torta".

El Baqueano es una de las cabañas familiares más antiguas que participan en cada edición de la Expo Prado. Este año llevaron 11 bovinos, entre los que está el gran campeón de la Expo Durazno. "En los días previos tenés que ir, ensayar con ellos, ver la parada de cada uno, y esos son días de práctica. Nosotros somos 20 primos, no todos se dedican al campo, pero acá en la cabaña somos un grupo que estamos trabajando", concluye Sofía, quien participa en esta exposición desde que tiene memoria.

 

Santiago Rodríguez. Socio creador del Centro Villa Ceferina


En 2012 Santiago Rodríguez y Patricio Cortabarría pusieron en marcha el Centro Villa Ceferina, un pensionado que prepara animales de dueños que, por distintas razones, no pueden hacerlo por su propia cuenta.

"Comenzamos por el pedido de un cabañero amigo de Patricio -Miguel Martirena, de El Ceibal- que precisaba que le preparáramos unas vaquillonas para exposición. Y gracias a la genética, la confianza y la preparación, si se quiere, de nosotros, sacó cinco grandes campeones -machos y hembras- por cinco años consecutivos", recuerda Santiago.

El objetivo de Villa Ceferina es brindar un servicio a cabañas que no tienen personal, medios o conocimientos para preparar su propio ganado. Por eso, este centro de preparación comienza a cuidar a los animales a partir de los tres meses de vida. Empiezan con el período de amanse, luego les enseñan a comer ración, los preparan y los mejoran para que puedan competir en diversas exposiciones.

Una de las piezas fundamentales de este pensionado es Evaristo Melo, de 75 años, que tiene a su cargo el trabajo de cuidados diarios. "Es la persona fundamental, la que está todos los días con los animales, racionando y dándoles de comer".

Este año, Villa Ceferina preparó 21 animales para competir en la Expo Prado, de nueve cabañas enfocadas en bovinos de carne (Hereford, Aberdeen Angus y Wagyu). "Es todo un desafío; nos están brindando una responsabilidad sobre los mejores animales de una cabaña", concluye Santiago.


Martín Peratto. Preparador de animales


La genética no es perfecta. Por eso, el trabajo que Martín Peratto hace día tras día es esencial para quienes compiten en estas exposiciones. "Parto de la base de que el animal perfecto no existe. Por eso busco que todos, no solo en lo productivo, sino en la parte fenotípica, sean lo más perfectos posible", dice.

Comenzó a vincularse con el agro desde muy pequeño. "Mis abuelos me llevaban mucho al campo y me generaba fascinación por los animales. Ya de grande empecé a relacionarme con gente que estaba en el mundo de la cabaña y ahí me fui metiendo". Peratto no tuvo educación formal, pero sí mucha práctica.
Trabajó en Argentina, donde colaboró con figuras como Lucas Lagrange, considerado uno de los mejores preparadores del país. "Es una persona que me pulió muchísimo. Estar en la cabaña de Lucas es jugar en Fórmula 1".

En esta edición de la Expo Prado tiene a cargo nueve animales -cinco Hereford y cuatro Polled Hereford- pertenecientes a tres cabañas: Tupambaé, El Aguarachay y Puesto Blanco. Entre ellos hay un Tercer Mejor Macho (2019) y una Tercer Mejor Hembra (2018). Pero estos reconocimientos no influyen en el trato que tiene con los animales que prepara, ya que asiste a todos con la misma pasión.

En estos 11 días se ven los resultados de una preparación que se realizó durante todo el año, y que en la exposición continúa con un trabajo minucioso y exigente. Por ejemplo, en verano las vacas pierden el pelo y ya en marzo -luego de la Expo Durazno- se comienza con el trabajo del pelaje de cada ejemplar. Todos los días, a las 5 de la mañana, Peratto se levanta y las baña para que agarren frío y el pelo les crezca con más fuerza.

Pero también trabaja en muchos otros aspectos de cada bovino. "Si un animal no pisa bien, puedo agarrarlo dos meses antes, le hago un trabajo de podología y el defecto no va a desaparecer, pero sí lo puedo minimizar". Algunas de las partes que más se miran al momento de evaluar son: cabeza (la de la hembra debe ser más estilizada que la del macho), cuello, patas, cadera (ligada a la capacidad de parto) y ubre (que sean pezones chicos y tenga una buena conformación), entre otros.

Hoy, dice el experto, no se buscan animales muy grandes ni muy pequeños. Por eso, es importante que cada bovino tenga una dieta en función de su edad y su estado físico. De eso también se encarga Peratto: "No es una carrera de kilos, no gana el más gordo. Las modas van cambiando y se van ajustando a las realidades del beneficio económico".

Además de ser preparador de la parte estética, también presenta cada animal en pista y le hace un seguimiento anual. Si bien la preparación se extiende durante todo el año, el trabajo más intenso ocurre en los 20 días previos a la Expo Prado: pelaje, amansado, alimentación, parado en pista y un largo etcétera que recién termina el domingo 20, cuando cierra sus puertas la exposición.