Estilo de vida
Títulos fuera de la cancha

Futbolistas que cursan o terminaron carreras universitarias

Los jugadores con estudios universitarios todavía son una minoría en el fútbol profesional; aquí varias historias de uruguayos que lograron conjugar ambos mundos.

15.04.2021 06:00

Lectura: 18'

2021-04-15T06:00:00
Compartir en

Por Leonel García

Jugando en las inferiores de Central Español, un técnico le dio a Diego Riolfo un ultimátum: "O estudiás o te dedicás al fútbol". El volante-delantero no hizo caso y hoy, a los 31 años, es un economista que juega en Wanderers y cursa un posgrado en Gestión de Inversiones Financieras. Nicolás Vikonis (36) recibió una advertencia parecida, pero inversa: "Hay que elegir entre ser Freud y Maradona", le dijo una profesora de la facultad, que seguramente no supiera que su alumno era arquero. Se quedó en Uruguay hasta recibirse de psicólogo en 2011 y recién luego se fue a jugar al exterior. En las concentraciones en Peñarol, Emiliano Albín (32) recibía todo tipo de reacciones de sus compañeros mientras estudiaba Agronomía: algunos se interesaban y se contagiaban en eso de leer y formarse, y otros le preguntaban "para qué" hacía eso. Hoy, integrante del ascendido Villa Española, espera recibirse en 2022.

Históricamente, el mundo del fútbol y el de la academia se han mirado de reojo, como si fueran mundos excluyentes, caminos que necesariamente deben ir paralelos, sin cruzarse. Si bien en el ambiente dicen que los prejuicios se están dejando de lado, que un jugador estudie una carrera o que se haya recibido aún es una rareza digna de ser contada.

¿Por qué es así? Se apela al sueño dorado de trascender en el fútbol, lograr un ascenso social vertiginoso, ganar cifras difícilmente al alcance de un médico o abogado, como la causa de los pocos casos. Pero los sueños se dan de frente con las frías estadísticas: según datos brindados a Galería por la Secretaría Nacional del Deporte (Senade), solo 1% de los jugadores que arrancan en la Sub-14, la categoría más baja de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), logrará debutar, apenas debutar, en Primera División; uno de cada cien. Y solo 0,01% de ellos podrá alcanzar un buen pasar económico gracias a la pelota, agrega Alejandro Sagasti, director del área de Programas Especiales de la Senade, entre los que se encuentra Gol al Futuro; esto es: uno cada diez mil que arranca la carrera futbolística, una elite ínfima.

Los actores consultados señalan que el fútbol suele dar tiempo para estudiar. Por supuesto que dependiendo del equipo (si es un cuadro grande o no, si juega copas internacionales o no) esos tiempos pueden acortarse entre entrenamientos en doble turno, viajes y concentraciones. "Tiempo para estudiar, tenés. No todos podemos hacer la carrera deportiva que soñamos. No todos somos (Luis) Suárez o (Edinson) Cavani. Y hay que estar preparados porque en el fútbol la carrera se termina cuando todavía sos muy joven para la vida. No sé por qué no hay más casos, aunque eso está cambiando", dice el volante José Pablo Varela (32), hoy en Racing y comenzando a cursar la Licenciatura en Educación Física.

Varela, volante rendidor en Racing y estudiante de la Licenciatura en Educación Física (Foto: gentileza J. P. Varela)

"Hace falta tener una alternativa por si el plan inicial de triunfar en el fútbol sale mal, ya sea la Facultad, la UTU, ejercer un oficio, algo", coincide desde Mazatlán, en la zona turística de Sinaloa, el arquero Vikonis, quien desde este año defiende el arco del equipo homónimo en la Primera División mexicana. Pasa que aquel sueño tira más que una yunta de bueyes. Surgido en las inferiores de Huracán Buceo, Nicolás recuerda a varios de sus compañeros largando el liceo para poner todas sus fichas en intentar llegar a las grandes ligas. "Y Huracán Buceo no era un club que te alimentara grandes perspectivas", reconoce. No es un fenómeno solo de Uruguay: tras haber jugado en tres clubes colombianos y dos mexicanos, la situación en esos países es parecida. "Solo en el Puebla tuve dos compañeros que eran ingenieros".

El también arquero Santiago Amorín (26), parte del plantel del Liverpool que tanto ruido hizo al final de temporada, está a tres materias y una tesis de ser licenciado en Historia en la Facultad de Humanidades, en la Universidad de la República (Udelar). Él, que en algún momento pensó en largar el deporte, subraya la fuerza de esa utopía realizable de pasar "de jugar en un campito a tomarse un avión a Europa" en poco tiempo. "Son pocos los casos pero incide en la vida de los jugadores. Entonces se la juegan a eso. Yo les diría que hicieran lo contrario, que estudiaran y que luego vean si tienen suerte en el fútbol. Por otro lado, las autoridades (nacionales) deberían insistir más con la idea de estudiar y hacer deporte a la vez. Los técnicos de las inferiores deberían saberlo también". Hoy, Santiago no solo es parte de un grupo de investigación impulsado por uno de sus docentes; está pensando en un doctorado, mira con cariño a la dirección técnica y la pandemia hizo que se anotara en la Facultad de Medicina.

Influye mucho el entorno familiar. Si en un hogar no hay cultura de estudio, difícilmente el jugador lo vea como una alternativa. Si algo sobra en torno a las canchas de fútbol, son tortas fritas y padres desesperados gritándoles a voz en cuello a sus hijos, exigiéndoles más empeño en lo que es un juego, soñando la salvación de la familia por la habilidad de un chico en edad de escuchar cuentos y no soportar exigencias desmedidas. No es, afortunadamente, la generalidad. Cuando Nicolás Vikonis le dijo a sus padres que quería enfocarse en el fútbol, ya que integraba una selección juvenil y entrenaba mañana y tarde, ellos lo anotaron en el liceo nocturno. El mensaje bajó fuerte y claro.

Diego Riolfo cuenta que en su casa la prioridad también era el estudio y que al fútbol llegó "de rebote", a los 18 años, en una prueba en las inferiores de Central, en un verano que tuvo libre por haber salvado todas las materias en tiempo y forma. Tanta prioridad fue que siguió estudiando a distancia, durante sus pasajes por España, México y Argentina, hasta recibirse finalmente en 2018. "Con 18 años vos tenés fuerza para un montón de cosas y en el fútbol, el que no entrena doble horario, tiene la mañana o la tarde libre para otras actividades. Lo que pasa es que también hay muchos chicos que vienen de contextos sociales vulnerables a los que no les da el tiempo para eso porque tienen que ayudar en sus casas, o trabajar o cuidar a sus hermanos. Esos contextos terminan influyendo en la posibilidad de seguir estudiando".

Sin embargo, los tiempos están cambiando.

Contra la corriente. Nacido en 2009, pensado para los futbolistas juveniles de los clubes profesionales, el programa Gol al Futuro tiene como cometido fundamental en lo educativo "estimular al jugador a transitar los cursos formales de educación y acompañarlo en ese proceso", afirma Sagasti, de la Senade. En esas intervenciones, donde se baraja el contexto, historia vital y situación familiar, actúan educadores que trabajan articuladamente con Secundaria y UTU. "Eso ha sido fundamental en lo que hace a inscripciones, reinscripciones, pases y cambios de horario de los jóvenes según las prácticas y lugares de residencia, así como la búsqueda constante de caminos que hagan que la práctica del deporte no limite la continuación de los estudios".

De acuerdo con datos a diciembre de 2020, el programa atiende a 3.907 varones y 551 mujeres (el fútbol femenino no es profesional) de entre 13 y 19 años; 93,4% de ellos y 95,5% de ellas estudian. Dentro del fútbol juvenil masculino, 64,8% asisten al liceo público, 17,4% a liceo privado, 14,6% a UTU y 2,0% a la Udelar. En 2009, según la web del programa, menos del 50% participaba en el sistema educativo. La sensación de que la situación ha ido mejorando está sustentada por números.

Para los universitarios, los horarios, y no solo de los entrenamientos, son un escollo a salvar. Emiliano Albín comenzó la carrera en 2007 en la Facultad de Agronomía de la Udelar, en Garzón y Millán. Jugar en un equipo con las exigencias de Peñarol -viajes, concentraciones y eventuales doble turnos- chocaba con una actividad como estudiante que incluía teóricos en la mañana y prácticos en la tarde, en clases que requerían presencialidad. "Había que pasar todo el día en la facultad y terminaba perdiendo por faltas". Eso, más sus pasajes por el fútbol argentino, portugués y paraguayo, hicieron que no pudiera estudiar durante cinco años. A pesar de ser defensor de la educación pública, en 2016, cuando volvió al país y decidió que sí o sí quería terminar sus estudios, los decidió continuar -reválidas mediante- en la privada Universidad de la Empresa (UDE). "Como podía ir de tarde o de noche, no interfería con el fútbol".

A la UDE también asiste José Pablo Varela, de Racing. La licenciatura que cursa va de 18 a 23 horas, lo que permite que no choquen los horarios.

La noche parece resultar una buena alternativa. El arquero Nicolás Vikonis decidió hacer tres materias presenciales nocturnas por año en la Udelar a medida que progresaba en la carrera. Jugando en Liverpool vivió dos situaciones contrarias: un preparador físico lo llevaba y lo traía de la concentración a las clases, para que no perdiera ritmo; pero la llegada de un técnico nuevo trajo consigo el pasaje de los entrenamientos de la mañana a las tardes, con la consiguiente pérdida de una materia. Era una vida sacrificada: jugando en Rampla Juniors, se iba desde el Buceo (donde vivía) al Cerro a entrenar; de ahí iba a hacer las prácticas universitarias a Casa Joven en el Barrio Sur, almorzando arriba del ómnibus; de ahí a su casa para volver al Centro, a la facultad. "Salía a las 7.30 y volvía a casa entre 22.30 y 23. El día se me hacía interminable". Aprovechando sus estudios, algún técnico le pidió que "le hablara" a un compañero que vivía momentos difíciles.

Vikonis hizo la carrera entre 2002 y 2011 y se mentalizó en terminarla antes de viajar al extranjero. Diego Riolfo comenzó a estudiar en 2008 y continuó la carrera como pudo mientras jugaba en el Recreativo Huelva español y el Necaxa mexicano. En 2017 él hizo pública la "mucha impotencia" que le hizo sentir una resolución de la Facultad de Economía de negarle una mesa especial en abril, durante sus vacaciones en el club mexicano, para dar las últimas dos materias que le faltaban para recibirse. La negativa -amparada por razones estatutarias, vale decir- la determinó el entonces decano de esa facultad, hoy rector de la Udelar, Rodrigo Arim. Finalmente se recibió en 2018, cuando volvió de jugar en Godoy Cruz, de Mendoza. Hoy, su posgrado lo hace en la Universidad de Montevideo, mientras también cursa Gerencia Deportiva en el Instituto Universitario de la Asociación Cristiana de Jóvenes (IUACJ). Interesado en el mercado de bonos y acciones, está asesorando a algún colega que hizo una "diferencia económica" (hacer buena plata, en el argot futbolero) sobre dónde invertir mejor.

Diego Riolfo apenas recibido de economista (Foto: gentileza D. Riolfo)

Santiago Amorín, artiguense, tuvo con Pablo Peluffo a un entrenador y trabajador social con quien estuvo en las inferiores de Defensor Sporting, a un referente que siempre incentivó a los jugadores a estudiar. La Historia le gustó gracias a sus profesores de Bachillerato. Jugar en la Divisional B, en Albión, con horarios de prácticas más fijos, le permitió estudiar. Eso sí: todavía le tiene que explicar a todo el mundo (y no solo dentro del ámbito deportivo) que él quiere ser investigador y no profesor. "Cuando los jugadores se den cuenta de que estudiar también repercute en su juego o en su capacidad adaptativa, también les va a ir mejor en el fútbol", aporta.

Aprendizajes de ida y vuelta. Por difícil que parezca encontrarles algo bueno a estos tiempos, la virtualidad ha facilitado a algunos jugadores a tener constancia en los estudios. Es el caso del defensa Gastón Pagano (32), de Deportivo Maldonado. Este año se decidió a arrancar la Licenciatura en Fisioterapia, en la sede que la UDE tiene en Maldonado, lo que le facilitaría el regreso a la presencialidad que algún día volverá. No es un novato en los libros. Tiene culminada una tecnicatura en Marketing en la Atlantic International University de Estados Unidos y un curso de Relaciones Públicas en el Instituto Turístico Hotelero del Uruguay (ITHU). En 2020 y también por Zoom, en un convenio con la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales (MUFP, ver recuadro), se metió en Marketing y Comunicación en el Instituto de Desarrollo Profesional y Empresarial (IDPE). Tampoco es su primera vez en el mundo universitario: recién salido del liceo, cuando estaba en las inferiores de Cerro, se anotó en Administración de Empresas en la Universidad ORT. Pero ser un trotamundos del fútbol -jugó en Bélgica, Suiza, Honduras y Nicaragua- atentó contra cualquier continuidad estudiantil.

"Estudiar siempre estuvo en mi cabeza, pero si te vas se complica. Cuando era juvenil, en Bella Vista y Cerro, era más complicado. Hoy los equipos insisten más con ese tema, hay más apoyos. Desde que volví al país, hace cuatro años, yo traté de estudiar siempre. Es que cuando me retire del fútbol voy a tener que trabajar, no hice una 'diferencia' que me permita otra cosa". Lo dice alguien que está entre los privilegiados que llegaron a Primera y aun más privilegiados en lograr (más de) un pase al exterior. Vale imaginarse los que no salen del país o ni llegan a debutar.

Gastón Pagano y una pose bien de defensa aguerrido (Foto: gentileza G. Pagano)

El entorno familiar también influyó para considerar el estudio. El padre de Gastón es el médico deportólogo Mario Pagano, quien hoy trabaja en la Mutual y fue uno de los profesionales que el año pasado elaboró un protocolo de vuelta a las canchas durante la pandemia; también trabajó en distintos clubes como Peñarol.

Otro médico, el actual gerente deportivo de la AUF, Eduardo Belza, comenzó a estudiar siendo arquero en las inferiores de Peñarol en 1975 y se recibió tras rescindir su contrato con Nacional, en 1986. En el medio estuvo cuatro años en España, en el Atlético de Madrid, lo que combinó con sus estudios en el Hospital Clínico de San Carlos, de la Universidad Complutense. Tras un nuevo tiempo en la Madre Patria quemando sus últimos cartuchos en el fútbol, regresó en 1996 para especializarse en Medicina en el Deporte. Cuando él era joven, un futbolista universitario era una rareza mucho más grande que ahora; él también percibe una saludable evolución.

"En el fútbol, solo interesa que vos rindas. Ningún técnico te va a dar elasticidad o trato especial porque estudies, no vas a escuchar nunca un 'no vengas a entrenar'. Y no me parece que eso esté mal. Ojo, el estudio (universitario) no es para todo el mundo. Lo que sí conviene mientras jugás es prepararte para cuando dejes el fútbol. Y hoy es más fácil que en mi época, hay muchas carreras cortas", asegura.

Si bien la determinación que cada uno pueda tener sigue siendo importante, nota que desde el surgimiento de Gol al Futuro los clubes y las propias selecciones juveniles vigilan más que los jugadores continúen sus estudios. Eso, resalta Belza, termina repercutiendo favorablemente en el futuro de las personas. Y no se está refiriendo solamente a un diploma en la pared, sino a una perfecta sinergia entre ambos mundos, que no tienen por qué correr paralelos: "Lo que se aprende en los estudios sirve para el fútbol. Un profesor está razonando, un entrenador también y el jugador y estudiante aprenden. Ayudar a un compañero a estudiar es lo mismo que ayudar a un compañero en la cancha. Todos los valores que se expresan desde la escuela y el liceo son de aplicación absoluta en el fútbol".

PENSAR EN EL DÍA DESPUÉS

El secretario de la MUFP, Mitchell Duarte, señala que junto con la Senade y el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) se firmó un convenio en el cual se les brindan cursos de capacitación a por lo menos cien afiliados por año. "Este año se van a dictar cursos en Gerencia Deportiva, Inglés y Habilidades Digitales dictadas por Microsoft". En ese convenio, que en total reparte unas 140 plazas, también está incluido el gremio de basquetbolistas, BUA.

"Esto apunta a futbolistas, exfutbolistas y el fútbol femenino. Nosotros trabajamos a varios frentes apuntando al día después del retiro. La reinserción en el mundo laboral cuando todavía sos joven es complicada. Tenemos una bolsa de trabajo que no es muy amplia. Estamos estudiando un proyecto de bonificación para el final de la carrera, cuyos fondos saldrían de los ingresos genuinos del fútbol", afirma Duarte.

Este año, lamenta el dirigente gremial, no se podrá hacer el programa Uruguay Estudia, en el cual un jugador podía cursar el Ciclo Básico en un año . "Lo hicimos en 2019; en 2020 hicimos lo que pudimos financiar nosotros, porque con el cambio de gobierno y la pandemia se complicó la cosa".

OTROS CASOS

Gerardo Caetano (62)
Doctor en Historia. Jugó en Defensor y en selecciones juveniles uruguayas.

Raúl Moller (70)
Veterinario. Jugó en Sud América, Nacional y Progreso. Dirigió a Defensor, Nacional y Liverpool.

Fernando Rodríguez Riolfo (65)
Odontólogo. Jugó en Bella Vista, Liverpool, Liga Deportiva Universitaria (Ecuador), Alicante (España). Dirigió en Uruguay, Ecuador y Colombia.

Andrés Fleurquin (46)
Licenciado en Administración de Empresas. Jugó en Defensor, Galatasaray (Turquía), Cádiz (España) y la selección uruguaya. Es directivo de Defensor.

Juan Castillo (42)
Licenciado en Educación Física. Jugó en Defensor, Peñarol, Botafogo (Brasil) y varios equipos colombianos. Estuvo en la selección uruguaya.

Óscar Tabárez (74)
Maestro. Jugó en Sud América, Wanderers, Fénix y Bella Vista. Dirigió a Wanderers, Peñarol, Boca Juniors (Argentina), Cagliari y Milan (Italia). Desde 2006 es el técnico de la selección uruguaya.

Ernesto Popelka (64)
Sacerdote. Jugó en Nacional y ?Danubio.

Leandro Ezquerra (34)
Licenciado en Educación Física. Jugó en River Plate, Racing, Juventud de las Piedras y desde 2018 en Torque.

TAMBIÉN EN EL FÚTBOL FEMENINO

Si bien los últimos datos de Gol al Futuro señalan que la inmensa mayoría de los futbolistas juveniles uruguayos estudian, ese porcentaje es aun mayor en el fútbol femenino: 95,5% de 551 jugadoras. De esa casi totalidad, 62,2% van a liceo público, 18,6% a la enseñanza técnica, 12,5% a liceo privado, aproximadamente un dos por ciento a la Udelar y un porcentaje muy menor a universidades privadas. El pequeño porcentaje mayor de escolarización, una similar presencia terciaria y una torta más grande en la UTU también reflejan una realidad: es un deporte amateur y prepararse para realizar otra cosa responde a las necesidades de vivir. No vale soñar con el salto al extranjero. La mayor tranquilidad de los padres en los alrededores del baby fútbol femenino es otro indicador: no hay familias esperando salvarse con la habilidad de las nenas.

Juliana Castro (29) comenzó a jugar al fútbol a los seis años. Formó parte del Porongos de su Trinidad natal, en INAU (un proyecto de la Senade con chicas del interior, ya en Montevideo), Rampla Juniors, River Plate, Nacional, un semestre en el Missouri Valley College de Estados Unidos por una beca, Nacional de nuevo, River Plate otra vez, una tercera etapa en Nacional y ahora en Defensor. Se recibió de licenciada en Educación Física en la IUACJ. También hizo la carrera de directora técnica en el Instituto Técnico Profesional (ITP).

"No fue complicado pero sí cansador, porque tenías que ir a entrenar luego de estudiar siete horas de corrido. Nunca hubo trabas: a todos los clubes a los que iba dije que priorizaba el estudio. Y como es un deporte amateur, era muy común que alguna dijera ‘mañana no puedo venir a la práctica porque tengo un examen'. Los clubes incluso lo estimulaban. Es lógico, ninguna vive del fútbol". Ella, por caso, trabaja en el Batallón 14 de Toledo y en la clínica Fisiomed, luego de ampliar sus estudios en rehabilitación, prevención y kinesiología.

Al igual que su colega Santiago Amorín y el gerente deportivo de la AUF, Eduardo Belza, ella sostiene que el estudio repercute también en el juego. "El estudio te abre la cabeza, te amplía la visión y te aumenta tu calidad como jugadora en lo psicológico y fundamental. La cabeza es distinta. No es lo mismo una jugadora que es universitaria que otra que hizo hasta cuarto de liceo, lo ves en la cancha. Por eso, en el mundo profesional también es fundamental incentivar el estudio".