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Un ballet especial

Francesco Ventriglia: “El Mago de Oz transmite mi amor por Uruguay y estos bailarines”

El italiano Francesco Ventriglia es el coreógrafo detrás de El Mago de Oz, la obra sobre la amistad, el amor y la madurez que el Ballet Nacional del Sodre eligió para reabrir su temporada de ballet

23.09.2021 09:23

Lectura: 13'

2021-09-23T09:23:00
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Por Sofía Supervielle.

Para el coreógrafo Francesco Ventriglia, que una versión suya de El Mago de Oz llegue al escenario no es un estreno más. Para el Ballet Nacional del Sodre (BNS), que esta pieza llegue a su auditorio tampoco. Las razones son diferentes, pero se unen por las casualidades —o el destino— el próximo jueves 30. Con el debut de María Noel Riccetto en la dirección, esta obra basada en la novela El maravilloso Mago de Oz, de Lyman Frank Baum, significa el regreso del ballet luego de muchos meses sin bailar frente al público. Para Ventriglia, por su parte, supone un sueño hecho realidad. Diez años atrás, siendo director de una de las principales compañías italianas, MaggioDanza, en Florencia, creó una versión de El Mago de Oz que finalmente no se pudo concretar porque el teatro se vio forzado a cerrar por temas de seguridad. Cuando reabrió, la dirección de Ventriglia había culminado y la obra nunca se realizó. Recién en 2014, cuando fue nombrado director del The Royal New Zealand Ballet, su Mago de Oz vio la luz por primera vez. 

El italiano, que antes de ser coreógrafo y director fue un gran bailarín en los escenarios internacionales —sus primeros pasos fueron en La Scala de Milán—, llegó a Uruguay en 2018 para asistir a Igor Yebra en la dirección del BNS. Enamorado del país y aunque desde 2020 estaba trabajando a distancia, no dudó en aceptar la invitación de la directora artística del Ballet, María Noel Riccetto, para volver y presentar juntos su Mago de Oz. Sin embargo, a su regreso Ventriglia decidió modificar la obra una vez más. “Yo soy un artista y no soy el mismo que era hace cinco años, eso sin duda tuvo que ver en cómo salió esta versión”, explicó a Galería

Para quienes conocen la historia original, los cambios serán visibles sobre todo en la dramaturgia y la coreografía. En esta nueva versión, Dorothy se encuentra en coma y es en ese estado que viaja por la ciudad Esmeralda. La música del compositor parisino Francis Poulenc y el vestuario del romano Gianluca Falaschi se fusionan con la experiencia vital de Ventriglia, sobre todo con su infancia, logrando una obra que aborda temáticas como la amistad, el amor y la madurez. La coreografía, que según su creador es más desafiante y difícil de ejecutar, está hecha a medida de los bailarines del Sodre. “Es una coreografía que transmite mi amor por este país y estos bailarines”. 

María Noel Riccetto y Francesco Ventriglia comentan la obra y esperan a los bailarines para ensayar. Foto: Adrián Echeverriaga. 

María Noel Riccetto y Francesco Ventriglia comentan la obra y esperan a los bailarines para ensayar. Foto: Adrián Echeverriaga. 

En 2020, luego de haber estado unos años en Uruguay, volvió a Sídney. ¿Qué lo trajo de vuelta a este país y al Ballet Nacional del Sodre?

Uruguay es parte de mi vida, lo amo mucho. Llegué en 2018 para trabajar en la dirección del Ballet Nacional del Sodre junto a Igor Yebra y trabajé tres años en ese puesto. En 2020 tuve que hacerlo de manera remota por la pandemia, desde Australia. El año pasado se empezó a hablar de esta obra y de mí como coreógrafo en la compañía pero luego la dirección cambió.  Yo siempre tuve una relación maravillosa con María Noel Riccetto cuando ella era bailarina en la compañía, la acompañaba como maestro y somos muy amigos, nos tenemos mucho respeto. María, con mucha alegría, confirmó El Mago de Oz como obra a realizarse y ahí yo volví también con mucha alegría. Las fechas cambiaron mucho, por el contexto actual, y finalmente pudimos lanzar las funciones en setiembre. La verdad es que vine con un gusto enorme porque amo Uruguay, tengo muchísimos amigos acá, amo esta compañía, trabajar con María de nuevo y desde roles distintos. Es maravilloso. 

¿Qué es lo que le enamora de Uruguay?

Trabajé muchísimo en todo el mundo. Soy Italiano, empecé en La Scala, tuve la suerte de bailar y coreografiar en varios lugares, incluyendo Moscú y Nueva Zelanda. En Uruguay pasó algo muy mágico cuando llegué. Me enganché con la compañía enseguida, me hice muchos amigos y sentí una cultura muy cercana a la de Italia. Me sentí cerca de casa, que está en el sur italiano, y de mi familia. Me sentí muy cómodo desde el minuto uno y empecé a estudiar el español. Me gustó tanto que acá sigo. Generalmente, cuando uno viaja a trabajar a otro país se siente un extranjero. Y si bien es increíble la experiencia, en algún momento vienen ganas de volver. No tuve esa sensación cuando vine por primera vez a Uruguay y sigo sin tenerla. Es una sensación muy linda. 

Su versión de El Mago de Oz fue presentada en Nueva Zelanda y ahora en Uruguay. ¿La obra cambia cuando viaja a otro país?

Sí, y la diferencia es muy grande. Empecé el primer ensayo, el 16 de agosto, con la idea de recrear una obra que ya había hecho, estaba pronto para eso con mis apuntes de años anteriores. Pero me di cuenta, como coreógrafo, de que en el salón había una energía increíble. Los bailarines estaban cargados con una energía altísima, no sé a qué se debía, quizá por la pandemia y el haber estado mucho tiempo sin bailar. Estaban muy abiertos, supergenerosos, con ganas superfuertes de bailar y de tomar desafíos. Me fue imposible ignorar eso y sin darme cuenta empecé a hacer cambios en la obra. No la estaba recreando, empecé a crear una nueva, a medida, con los bailarines que tenía enfrente. Empecé a crear una obra nueva para ellos. Lo que salió en este proceso es que la trama, el vestuario y la música es la original de la primera obra. Pero la coreografía es totalmente nueva y también ajusté muchas cosas en términos de dramaturgia. 

Ensayo de El Mago de Oz. Foto: Adrián Echeverriaga

Ensayo de El Mago de Oz. Foto: Adrián Echeverriaga

¿Cómo es la coreografía en comparación con la versión anterior?

Está hecha a medida de los bailarines del Sodre. Es una coreografía que transmite mi amor por este país y estos bailarines. Estoy muy feliz porque también habla de la oportunidad que tenemos los coreógrafos de mirar una obra hecha hace cuatro o cinco años y poder cambiarla. Cuando se filma una película es distinto, es algo que se hizo y va a quedar así por siempre. Pero con el teatro tenemos la oportunidad de tener un trabajo hecho, cambiarlo, hacerlo crecer, entender los errores y corregirlos, hacer una nueva a partir de todo eso. Yo soy un artista y no soy el mismo que era hace cinco años, eso sin duda tuvo que ver en cómo salió esta versión. La caracterización de los personajes y cómo Dorothy interactúa con los otros también cambió. El dibujo de las emociones entre los personajes son mucho más claros que antes y la coreografía es más desafiante. Porque esta versión es mucho más técnica, tiene muchas más dificultades. 

¿La música de Francis Poulenc se mantuvo por completo? ¿Y qué pasó con el vestuario de Gianluca Falaschi?

Sí, la partitura musical es la de Poulenc pero agregué varios solos, uno por cada personaje en el momento en el que el Mago les da lo que querían. Eso lo hice para darles una ocasión más a los bailarines de bailar y de ser protagonistas. Sin ser eso, la música es la original de la obra. Admiro mucho a Poulenc y su música me pareció perfecta para acompañar esta historia. Recuerdo que cuando empecé a escuchar horas y horas de música, en busca de la perfecta para la obra, este fue el autor que me agarró en el corazón, por así decirlo. El vestuario y el decorado son maravillosos, del italiano Falaschi. Porque si bien esta obra se estrenó en Nueva Zelanda, conceptualmente nació en Florencia, Italia. Allá nunca se llegó a estrenar porque, después de la prueba general, el teatro cerró por unos temas de seguridad. Y cuando abrió nuevamente no se pudo reagendar el lanzamiento y mi dirección culminó. Ahí fue cuando me fui a Nueva Zelanda. Allá decidimos comprar la producción de Italia y ahí pude estrenar El Mago de Oz. En Uruguay hicimos lo mismo, compramos la producción de Nueva Zelanda para poder hacerla acá. Y bueno, como decía, es una producción totalmente nueva. De la primera reunión hecha de El Mago de Oz, en 2011, puedo decir que en 2021 y en Uruguay, se estrena la verdadera versión de El Mago de Oz. Es como si la obra hubiera tenido su propio camino amarillo. 

Foto: Adrián Echeverriaga

Foto: Adrián Echeverriaga

Trabajó en varias ocasiones con Riccetto, ella como bailarina y usted como coreógrafo. ¿Cómo es trabajar con ella ahora como directora?

María es una artista que ha tenido mucha experiencia internacional, conoce y sabe muchísimo del mundo del ballet. Sabe de repertorios y de música. Es muy fácil tener una conversación con ella, es muy abierta. Esto era una nueva obra que trajo mucho cambio e ideas nuevas. Yo no dormí nada mientras la preparaba porque me quedaba estudiando mucho durante la noche. Soy un coreógrafo que cuando llega al salón quiere estar muy bien preparado, quiero saber todo, estudiar antes. Y alguien que quiere eso es también alguien con muchas dudas e ideas. Con María fue un proceso muy lindo, muy abierto, hubo una comunicación muy honesta e investigamos mucho juntos, para ver qué cosas intentar en El Mago de Oz. María es una directora muy organizada, tiene una visión a largo plazo y eso me gusta mucho. Además de todo somos amigos, entonces se suma el respeto y el amor que tenemos el uno por el otro. Y eso no pasa siempre en el trabajo. La amistad le suma algo más a la relación laboral. 

¿Qué significa para usted la historia de El Mago de Oz

Este Mago de Oz tiene un valor muy importante para mi vida porque la siento muy cercana a mi infancia. Cuando yo tenía seis años pasé muchos meses en un hospital de niños, acompañado de mi madre, porque tenía un problema de salud. Allá pasaron muchas cosas importantes para mi vida. Primero que nada me acerqué al arte, porque cada tarde venían artistas a entretenernos, muchos de ellos disfrazados, y recuerdo que me fascinaba. A los siete años, cuando mejoré y salí del hospital, mi padre me preguntó qué quería hacer ahora que había vuelto a mi casa y estaba saludable. Yo le dije que quería empezar a bailar. Eso fue un cambio muy grande y que marcó el resto de mi vida. Toda mi vida fue dedicada al arte y empezó en ese momento con la respuesta que le di a mi padre, cuando me di cuenta de qué era lo que me fascinaba. La otra cosa que sucedió en ese hospital es que siempre visitaba a una niña en otra parte del edificio, que estaba detrás de un vidrio. Estaba en coma y yo la iba a visitar todos los días, con mi madre y desde el otro lado del vidrio. No sé si fue la primera vez que me enamoré, pero recuerdo sentir las ganas de ir a verla todos los días. Mi madre siempre conversaba con sus padres y yo la miraba. Un día fuimos y la niña no estaba más. Ante mi confusión, mi madre me contó, con gran inteligencia, que esta niña era Dorothy y que estaba en su camino amarillo, que encontró a un amigo león, un espantapájaros, etcétera. Me contó toda la historia de El Mago de Oz. Y yo me quedé con esa idea. 

Foto: Adrián Echeverriaga.

Foto: Adrián Echeverriaga.

¿Cómo pasó de ser esa historia a una obra de ballet que viaja por distintos continentes?

En La Scala comencé a viajar por todo el mundo bailando y más adelante empecé a coreografiar. Un día, siendo director de MaggioDanza, me llegó un pedido de una coreografía que fuera para todo público, una obra para que las familias enteras pudieran ir a verla y que sea atractiva en distintos países. Y ahí cayó la historia de mi madre en mi cabeza y me di cuenta de que esa era la que quería contar. La de El Mago de Oz pero con unos cambios al principio y al final. En esta historia, Dorothy no llega a Oz por el famoso tornado, como en la historia original, sino que llega porque está en coma, en el hospital. La gente que se encuentra en su cuarto son el doctor —el mago—, la enfermera mala —la bruja—, la enfermera buena —la buena—, el chico que limpia el piso —el espantapájaro—, el enfermero que tiene miedo de poner suero —el león— y así. En su coma vigil, escucha y transforma. Su viaje, su camino amarillo para volver a casa, es despertarse del coma. En esta versión, Dorothy no muere, ella se despierta del coma y se da cuenta de que las personas que la acompañaron en su viaje están en el salón con ella. Entonces, esta obra tiene unos ajustes de dramaturgia que son muy cercanos a mi historia personal. 

Foto: Adrián Echeverriaga.

Foto: Adrián Echeverriaga.

¿Qué mensaje deja esta historia?

Su viaje fue como el sueño del que se despierta como una mujer, no como una niña. Esta mujer entendió que la amistad y la honestidad son dos cosas muy importantes para seguir adelante, para ser una mejor persona y una mujer fuerte. Dorothy empieza a caminar por la vida como una mujer que aprendió muchas cosas a través del viaje en coma. Principalmente, este ballet muestra lo importante que es la amistad y que muchas veces buscamos que otros reconozcan nuestros talentos, en vez de hacerlo adentro nuestro. El espantapájaros, por ejemplo, quiere llegar a Oz porque quiere inteligencia. Pero él es siempre el que busca soluciones y las encuentra, entonces la realidad es que ya tiene cerebro. El hombre de hojalata ama a sus amigos, los tiene y es muy querido, entonces ya tiene un corazón. El león siempre protege a Dorothy y a sus amigos, entonces ya tiene coraje. Ese es otro mensaje que deja esta obra, que no tenemos que delegar a otros la acción de reconocer que nosotros somos algo especial o tenemos algún talento. Tenemos que aprender a reconocerlo nosotros mismos y apreciar el talento que tenemos. Y la amistad es la llave que abre todo lo otro, la clave de la historia, es lo que te ayuda a darte cuenta de que sos algo. Son los amigos quienes te ponen enfrente a ti mismo, frente a tus debilidades y fortalezas. El amor romántico también está presente porque Dorothy se enamora del Mago, que es muy lindo pero mentiroso y le promete cosas que luego no cumple. Eso también la hace crecer, aprende que esas personas, las mentiras y la traición también existen en la vida. 

Luego de El Mago de Oz, ¿se va a quedar en Uruguay? ¿Hay planes de alguna otra obra?

Yo a Uruguay siempre quiero volver. Estoy a las órdenes en cualquier momento y ya se lo dije a María. Amo esta compañía y trabajar con ella también. Quiero volver. Vamos a ver cómo es recibida El Mago de Oz y, si le gusta al público uruguayo, puede ser que vuelva.