Personajes
Libro y entrevista

Federico Lavagna: “Tenemos que fomentar niños con más autoestima, con más ego”

El fundador de la primera cadena internacional uruguaya de hostels y de Sinergia, publicó "Cómo jubilarte a los 40"

24.11.2021 15:10

Lectura: 16'

2021-11-24T15:10:00
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Por María Inés Fiordelmondo

Para muchos, Federico Lavagna podría resultar una especie de antiuruguayo. Responde con un “bárbaro” o “genial” cuando le preguntan cómo está, reconoce tener un ego alto y, sin falsa modestia, no teme decir que le ha ido bien en los negocios. Corría el año 2005 cuando, después de un año y medio buscando propiedades, abrió por fin las puertas de su primer hostel, cuando en Uruguay aquello de compartir habitación con cuatro, cinco o una docena de desconocidos era visto por la mayoría con cierta desconfianza, por otros con prejuicio y por algunos —los más visionarios—, como una verdadera innovación.

El tiempo terminó demostrando lo último: a los cuatro años, ya había siete hostels Viajero en Uruguay entre Rocha, Maldonado, Montevideo y Colonia. Tenía éxito dentro de fronteras y, sobre todo, estabilidad económica. Pero Lavagna —de espíritu inquieto— se sentía demasiado cómodo como para conformarse. Fue así que en 2010, luego de haber viajado a Colombia un año antes a conocer el mercado, abrió Viajero en ese país y su emprendimiento se convirtió en la primera cadena uruguaya internacional de hostels. 

Pese a su optimismo y alta autoestima, nunca se siente en el techo de su potencial. En uno de sus tantos viajes por el mundo, se topó con un nuevo concepto que lo apasionó: el del cowork, un espacio colaborativo de trabajo muy diferente a cualquiera que Lavagna hubiera visto antes. Eso lo llevó en 2014 a embarcarse en un nuevo y diferente desafío. Junto con Macarena Botta, Maximiliano Pérez, Emiliano Navajas y Alexander Hobbins, fundó Sinergia, el primer espacio de cowork de Uruguay. A los dos años, discrepancias con algunos de los socios lo llevaron a vender su parte de la empresa, que continuó creciendo a ritmo vertiginoso. 

En 2019, el emprendedor vendió 75% de Viajero Hostels a Pegasus, un grupo inversor argentino propietario de empresas como Farmacity y Freddo. Hoy, gracias a esta venta, hay 16 hostels de la cadena entre Uruguay, Argentina, Colombia, México y Estados Unidos, y la idea es que sean más de 20 para 2023. Con todo el éxito logrado, no volvió a sentir mayor satisfacción que la de ver sentado en un sillón al primer huésped de su primer hostel en 2005. 

Lavagna, de 46 años, cuenta a Galería desde su hostel de Montevideo —convertido durante la pandemia en coliving— que el próximo paso a nivel empresarial será la venta de la totalidad de su empresa, lo que significa que tendrá que soltar sus riendas y empezar una nueva etapa. Por lo pronto, decidió dejar plasmado en un libro —otro nuevo desafío— todo su aprendizaje, sus experiencias como emprendedor, sus fórmulas para el crecimiento, sus frustraciones y también vivencias personales como su primera decisión clave durante la adolescencia y su primer viaje de mochilero a los 21. Todas las ganancias generadas por la venta del libro se destinarán a Ombijam, una asociación civil que trabaja en procesos de rehabilitación y reinserción socio-laboral de personas privadas de libertad, liberadas y sus familias. 

El título del libro es provocador: Cómo jubilarte a los 40 (divirtiéndote mucho en el intento). Ya en las primeras páginas, de todas formas, lo aclara: Lavagna tiene su propio concepto de jubilación, uno que poco y nada tiene que ver con la idea de inactividad. 

¿Cuál fue su objetivo al escribir Cómo jubilarte a los 40?

Es para cualquiera que está en un momento de su vida donde necesita un cambio. Empiezo a contar de mi adolescencia, cuando decidí cambiarme de liceo porque sentía que había algo que no estaba bien. No había bullying, me llevaba bien con todo el mundo, pero creo que a todos nos pasa en momentos de la vida que sentimos que hay cosas que no están bien y por comodidad, miedo a lo que vendrá, nos quedamos en donde estamos. Intento mucho sacudir eso. 

¿Qué reacciones ha provocando el título?

Claramente es un título marketinero. Me he dedicado mucho a eso, a saber vender productos, y tenía que ser un título provocador para que llame la atención, y eso se logró. Pero lo más importante es la bajada: “divirtiéndote mucho en el intento”. Lo importante es que te la pases bien, en lo que hagas, no solo emprendiendo, en tu profesión, tu laburo, hacé algo que te encante, te desafíe. En mi generación muchos están pensando en jubilarse para empezar a vivir. Siempre me rechinó eso. 

El título del libro lo tenía clarísimo desde el día uno. Cuando se lo dije a un amigo publicista, él me dijo lo que yo ya sabía: “Che, Fede, vos sabés que con este título te van a pegar, en una sociedad como la uruguaya, que vos digas cómo jubilarse a los 40 van a decir ‘este agrandado, este creído’”. Y me han llegado comentarios de ese tipo de excompañeros de liceo. Yo sé que la gente me va a pegar, o que a algunos no les va a gustar.

El libro en realidad habla justamente de lo contrario, de tu propio concepto de jubilación, que nada tiene que ver con el tradicional.

Sí, de lograr esa estabilidad que te permita no depender de tu trabajo del día a día para pagar tus cuentas, que no todo el mundo lo va a poder lograr, pero sí vas a poder lograr lo de “divirtiéndote mucho en el intento”. Pasártela bien cada día. Yo no pienso cuándo vienen las vacaciones, me encanta lo que hago cada día; es igual un día de vacaciones que un día de trabajo, me lo paso igual de bien en los dos. Eso es lo que quiero transmitir.

¿Se imagina trabajando hasta su último día?

Sí, totalmente. En el libro cuento una anécdota de Vargas Llosa. Él se había metido a apoyar a Macri en las elecciones argentinas, lo escupieron y le preguntaron por qué con 80 y pico y el prestigio que tenía, pudiendo estar dando conferencias y tranquilo en su casa, se metía en esto, pero él dijo: “Yo quiero estar vivo hasta el último día, no quiero ser un muerto en vida, y estar vivo es esto”. Me identifico con eso. Veo que todas las personas que uno ve de alta edad que tienen buena cabeza, lucidez total, buena salud, son gente que se ha mantenido activa. Acá vemos cómo los que de repente trabajan en un mismo trabajo toda la vida, están deseando jubilarse y cuando se jubilan, envejecen 20 años porque dejan de tener actividad, de tener pasiones. Para mí es clave tener más proyectos que recuerdos, y siempre estar pensando para adelante. Ahora estoy en el segundo tiempo de mi vida, ojalá me toquen otros 46 más, y quiero dedicarlos a generar mucho más fuerte impacto social.

Viajero Hostels es prácticamente su hijo. ¿Le dolerá soltarlo?

Todavía no estoy haciendo el duelo. Sinergia lo fundé y lo vendí, y el primer hostel que abrí en Uruguay, en Ciudad Vieja, lo cerré. He sabido separar lo sentimental de lo netamente empresarial y lo que necesitaba en cada momento. Entonces, cuando vendí la mayoría de Viajero fue otro momento de desprenderse. Creo que soy más allá de mis proyectos. Mis proyectos, mis bebés, son una parte de mi vida pero no son mi vida. Eso siempre va a estar, me recordarán o no por eso, siempre tendré las historias de lo que pasó en esos lugares, las amistades que hice, pero ya esa mentalidad antigua de tener tu empresa y estar toda la vida con la misma empresa, creo que son cosas que van cambiando. Creo que soy parte de eso, que no quita que no te afecte un poco, tenés que hacer un duelo. Seguramente, el día que me abra totalmente de Viajero y ya no tenga que viajar a visitar los hostels y estar operativamente, va a haber una falta, que la voy a tener que suplir con otra cosa, nuevos proyectos que me tengan encendido y con ganas de moverme. No sirvo para estar quieto, necesito estar generando cosas. Toda esa parte que hoy utilizo en la parte empresarial, la idea es utilizarla en proyectos sociales, que necesitan la misma visión.

Vendió su parte de Sinergia porque, justamente, usted quería que tomara un rumbo social y algunos de sus socios pensaban crecer de otra manera. ¿Qué siente cuando ve Sinergia hoy y lo mucho que ha crecido?

Es una mezcla de sensaciones. Por un lado, está buenísimo que lo que vos creaste haya crecido tanto, haya creado una marca tan fuerte y un proyecto tan reconocible en Uruguay. Eso está muy bueno y me gusta porque soy parte de. Por otro lado, me siento con esa nostalgia de que el proyecto que yo quería, que iba más enfocado en impactar emprendedores sociales, no haya ido por ese camino. La nostalgia es de no haber vuelto a poder hacer algo en ese sector. Ahora estoy con la idea, con un grupito de gente, de armar algo, no de cowork, pero sí para poder trabajar con empresas sociales y volver a acercarme a ese mundo de los emprendedores sociales. No me arrepiento de haber vendido Sinergia, porque era lo que en ese momento ameritaba la situación, era lo sano para el proyecto y para los socios, pero sí me hubiera gustado seguir. Me fui cuando Sinergia tenía dos años y poco, estaba en pleno auge. 

Cuenta en el libro que sus amigos le hacían bromas con que siempre trabajaba desde la playa, en cualquier horario, que no sabía lo que era trabajar. Lo menciona como una de las ventajas de ser emprendedor. Ahora, con la pandemia, esa flexibilidad se generalizó. ¿Hay que buscar nuevos argumentos para convencer a la gente de emprender?

Mis amigos ahora me entienden. Yo trabajaba desde la laptop en una playa hace más de 10 años. En aquel momento era impensable. Pero también me parece que cuando le vas agarrando gustito a la libertad, en algún momento, si tenés ese bichito emprendedor (que no todo el mundo lo tiene), por más libertades que te dé una empresa, si en el fondo sentís que realmente lo que querés es la libertad total de decidir qué querés hacer y cuándo, en quién querés impactar, de qué manera, la única forma es siendo tu propio jefe. Mientras tengas un jefe arriba siempre las reglas van a venir dadas por otro. Además, cuando sos empleado la seguridad es relativa, la empresa de golpe cierra y te echan, nada es seguro y la pandemia nos enseñó eso. De repente un camino de emprender, de tener tu propio proyecto, te puede dar otra libertad, crear una situación económica mejor o más holgada. Cuando vos tenés un salario tenés un techo. Cuando sos emprendedor no tenés techo, el techo te lo pondrás vos, te lo pondrá el mercado. Incluso, si ponés gente a trabajar, podés casi no trabajar, o trabajar mucho menos de las ocho horas que trabajarías para una empresa. Hay muchas bondades de emprender que al que tiene ese bichito, no creo que esta libertad o flexibilidad laboral lo apague.

También, en un mundo cada vez más globalizado, donde uno ve más ejemplos, referentes, los jóvenes quieren ser como aquel, tener esa vida. Quieren trabajar desde una computadora, desde una playa pero para ellos mismos, que también es uno de los motivos por los cuales escribí el libro. En Crear o morir, Andrés Oppenheimer analiza por qué hay tan pocos emprendedores en Latinoamérica en relación con otras partes del mundo. Concluye que acá no hay referentes, que los niños quieren ser Messi, Neymar o Suárez, pero ninguno quiere ser Zuckerberg o Steve Jobs porque no ven referentes. Me pareció que estaba bueno tener ejemplos uruguayos. Yo no soy una persona megainteligente. Si queremos tener más jóvenes emprendedores, tiene que haber más ejemplos. Si no tenés a alguien a quien seguir, que sea tu referente, difícilmente te surja. Está bueno que veamos más casos de acá, asociados a nuestra idiosincrasia. No es la panacea, no es que todos tienen que ser emprendedores, pero el que tenga esa condición, que se anime a hacerlo.

En Uruguay no hay referentes tan visibles, pero tampoco se enseña sobre emprendedurismo. 

La enseñanza sobre emprendedurismo debe ser transversal a todas las carreras universitarias, ni que hablar en la educación media y primaria. Lo que intento también comunicar, ahora que se habla tanto de una reforma educativa, es que necesitamos enseñar mucho más de emprendedurismo, fomentar las habilidades blandas en los niños para ser mejores emprendedores. Si vos no tenés autoestima, alta es muy difícil que puedas emprender. El emprendedor tiene que ser optimista, confiar en sí mismo. Si no, arrancaste mal. Cuando estudiás para contador, te educan para trabajar en tal empresa; abogado, trabajar en un estudio de abogados. Ahora, si vos querés poner tu propio estudio, necesitás una cantidad de aprendizaje y herramientas que a un abogado no se las dan, no le dicen cómo poner un estudio, publicitar, comercializar, cómo armar un proyecto. Todos deberíamos aprender a autogenerarnos nuestro trabajo.

Dice que los emprendedores tienen un ego alto. ¿Alguna vez le jugó una mala pasada?

Seguramente. No sé si una mala pasada, seguramente alguna mala percepción de alguna persona, que diga: “¿y este qué se cree?”. Más en un país donde lo típico es el: “¿cómo andás? “Y, ahí, tirando”. Siempre digo que en Uruguay a nadie le va bien. A nadie le gusta decir que le va bien. Yo siempre dije que me va bien. Me niego a la respuesta uruguaya. Digo que estoy bárbaro. Genial. Te dicen: “pah, qué bueno, ¿estás ganando mucha plata?”. No, no tengo un mango, pero estoy bárbaro, estoy haciendo lo que quiero, estoy con ganas. Tenemos esa uruguayez de que nadie dice que le va bien, y yo creo que tenemos que decirlo mucho más y eso no es tener un ego grande ni ser soberbio, es alentar un optimismo más generalizado. Somos una sociedad más positiva que optimista. El emprendedor tiene que tener una autoestima alta porque si no tenés confianza en vos mismo, no te animás a hacer las cosas. 

Usted mismo cuenta en el libro que era tímido y tuvo que trabajarlo.

Mi autoestima me la fui generando en base a ir superando etapas. Cuando me fui de viaje solo con 21 años para mí era dramático, me costaba acercarme a las personas. Me tuve que animar a acercarme a hablarle a otra gente. Y cuando volví a Uruguay volví con mejor autoestima, sabiendo que logré superar dificultades que se me plantearon. Volviendo a la educación, tenemos que fomentar niños con más autoestima, con más ego. 

Logró libertad económica gracias al trabajo de hormiga de sus primeros años como emprendedor, pero dice que no hay que pensar en el dinero como un fin. ¿Hasta qué punto?

Si tu objetivo es netamente económico, seguramente no hagas bien las cosas porque estás pensando en el número. Si tu objetivo es que esto funcione bien, que el cliente esté feliz, que el producto salga bien, el dinero va a ser una consecuencia inevitable. A mí siempre me pasó que me tenía fe, sabía que me iba a ir bien. No era un inconsciente, pero primaba el optimismo. Empecé primero para ser mi propio jefe, después para no ser esclavo, después para lograr calidad de vida, pero no me lo planteé desde el día uno . Es consecuencia de un paso a paso que se va dando. 

¿Cuál fue su mayor desilusión como emprendedor?

Tuve un solo fracaso que fue una aplicación que hice, que me criticaron por no contarla en el libro,  en su momento no sentí que entrara. Una aplicación para viajeros, muy relacionada con el mundo de los hostels, pero que después de un año y pico no funcionó y la tuve que cerrar porque no podía seguir perdiendo más dinero. Fue un aprendizaje, porque fue el único proyecto en el que no me metí de lleno. No estuve, contraté gente para hacerlo, muy capaz, muy preparada, pero el emprendedor no estaba ahí. Eso fue un error. El segundo error fue meterme en temas de aplicaciones, que no entiendo. Siempre digo que es como que un piloto de carrera de autos no entienda de mecánica. Siempre había problemas que yo no entendía. Ese fue el único fracaso como emprendedor que tuve y que perdí plata, pero no lo recuerdo como algo horrible. Fue un aprendizaje.

¿Cómo ve la temporada de turismo para Uruguay?

No soy optimista, para nada. Siempre hablando de nuestro público, es muy perfil de clase media, joven. Es el más castigado, donde hay más desempleo. Argentina, que es nuestro principal cliente de turismo, está económicamente destruido. Y Brasil es un cliente habitual que viene bastante, que va a depender mucho de la conectividad. El mundo se desconectó, volver a construir la conectividad aérea, llegar a la misma cantidad de vuelos que había en 2019, nos va a llevar un par de años. 

¿Cree que Uruguay se sabe vender ante el mundo?

No. El vendedor de Uruguay debe ser el Estado uruguayo, más allá de que los privados podamos hacer alguna cosa, pero es tema de política de Estado. Y a nivel de turismo, Uruguay no tiene política de Estado;, al menos desde que yo estoy trabajando en turismo, hace 17 o 18 años, nunca la ha tenido. Y está claro viendo cómo se maneja el Ministerio de Turismo. Siempre son autoridades políticas, con poco conocimiento técnico, poca innovación. No es un ministerio al que desde mi punto de vista se le dé una importancia, casi que es un cargo y un ministerio para dar a algún partido que hay que darle, pero no les importa tanto. Uruguay no tiene una política país de turismo y de qué queremos ser como país, de pensar una estrategia a mediano plazo a nivel turístico y demás, no hay.