Personajes
Entrevista al humorista argentino

Fabio Alberti: “Los argentinos nos embrutecimos mucho”

En su casa ubicada en un recóndito punto cercano a Pueblo Edén, el humorista argentino -devenido en cocinero- Fabio Alberti atiende su restaurante, Choto, fabrica dulce de leche a partir de una vaca enana y mira la sociedad uruguaya y argentina desde la soledad del campo

22.01.2021 07:00

Lectura: 18'

2021-01-22T07:00:00
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Por María Inés Fiordelmondo

Están los perfeccionistas, los atropellados, los prácticos, los que se toman su tiempo, los que se ahogan en un vaso de agua. Hay mil maneras de hacer una misma cosa. Fabio Alberti siempre tiene la suya.

Argentino, actor, comediante, empresario -aunque le cuesta reconocerse como tal-, cocinero. Publicó tres libros en los que se cruzan el humor y la cocina: El libro de las hamburguesas, el Manual para la vida de la boluda total y Cocina Boluda: todas mis recetas de la A a la B ¡Con 94 recetas y 1 de regalo!

Plantó 100 árboles en la chacra de seis hectáreas que compró hace 15 años y donde vive hace dos y medio acompañado de gallinas, dos perras, una yegua y otras dos mascotas algo exóticas: una vaca enana y un toro enano. A partir de la leche que le da esta particular vaca creó Minivaca, un dulce de leche artesanal con un toque de tonka, una semilla aromática que recuerda (si hay que asociarla a algo conocido) a la vainilla. En un día como cualquier otro come arroz con manteca, empanadas y milanesas sacadas del freezer, pero en el restaurante que tiene y dirige (sin empleados) a unos metros de su casa sirve pato confitado y no se atreve a ofrecer cualquier asado. O "vuela la cabeza" o nada. Teniendo en cuenta que el camino para llegar al restaurante -y a su casa- no aparece en ningún GPS y que la travesía incluye kilómetros de caminos de tierra y el paso por porteras que hay que abrir y cerrar, Fabio Alberti cree que su propuesta gastronómica tiene que estar a la altura.

Por suerte sus visitantes no se pierden, al menos desde que el humorista y cocinero envía varios audios con indicaciones infalibles: "A los 1.200 metros tenés una curva hacia la derecha, (...) más adelante tenés una bifurcación con una casa en venta. Más adelante vas a pasar por una planchuela con un arroyo, (...) ahí el camino está un poco más hecho pelota, pero está bien". Ningún audio es reenviado; explica que le da más trabajo volver a mandar uno viejo que repetir cien veces las mismas indicaciones. O tal vez necesite hablar. A veces Fabio Alberti se aburre. Puede pasar varios días sin ver a nadie. Alguna de esas veces abre Instagram (Choto.uy) y hace un video en vivo; siempre habrá fanáticos del otro lado dispuestos a ver lo que hace o lo que no hace.

"La puta madre, ¡justo me afeité!", lamentó por teléfono (al momento de coordinar la entrevista) el hombre de 56 años que es conocido especialmente por actuar en los programas de humor de los años 90 Cha cha cha y Todo por dos pesos, donde trabajó junto con Alfredo Casero y Peter Capusotto. Ambos programas fueron, en su momento, levantados del aire. "Cha cha cha no lo veía nadie. Nosotros nos subíamos al colectivo con Alfredo y le decíamos a la gente que teníamos un programa en América, que lo miren", recuerda Alberti. Pero hay sucesos que se explican solo con el paso del tiempo. Es enero de 2021 y la televisión pública argentina vuelve a emitir Todo por dos pesos. Es enero de 2021 y Alberti, que prefiere la barba, recibe a Galería afeitado por una sencilla razón: esa mañana casó vía streaming a dos argentinos bajo el personaje del sacerdote que predica la palabra de Peperino Pomoro, un mártir de ficción del sketch Todos juntos en la capilla, sátira dentro de Cha cha cha sobre los programas religiosos de la medianoche. Y los memes de Coty Nosiglia -más conocida como Boluda Total-, un personaje que satiriza a ciertas conductoras de programas de televisión, se siguen multiplicando todos los días en las redes.

Fabio Alberti no se atreve a servir cualquier asado, pero tuvo la osadía de llamar Choto a su negocio gastronómico que funciona a puertas cerradas, en el sentido más literal de la expresión: cuando llaman para reservar, es capaz de decirle a un potencial cliente que su restaurante está lleno cuando en realidad no tiene ganas de trabajar. El 7 de enero parecía ser uno de esos días. Alberti no tenía más plan que ir a buscar cuatro huevos al gallinero. "Al final hice mucho. Estoy haciendo una nota e hice una boda, y busqué los cuatro huevos al gallinero", dice, sentado en el parrillero de su austera casa, vestido de remera y bermuda, antes de "disfrazarse" para las fotos.

¿Cómo vino a parar a este lugar?
Hace 15 años que llegué a esta casa. Hace dos y medio que estoy viviendo permanentemente. Antes venía en todas las estaciones y en el verano me quedaba más tiempo. Llegué acá escapando de José Ignacio. En 2001, con el corralito perdí mis ahorros, me devolvieron la tercera parte de lo que tenía. Como estábamos todos asustados de los bancos, me compré un terreno en La Juanita. Cuando quise construir algo ahí me cobraban a precio José Ignacio, ridículo, y a la vez estaba medio cansado de José Ignacio. Cada vez más gente, más infumable. Dije: "Tiene que haber otra cosa". Internet. Empecé a averiguar seis hectáreas, cañada, monte autóctono, tapera. Me llevaron por el lado de Aiguá, pero no era lo que estaba buscando. Me dijeron que había un lugar que me podía gustar. Vinimos por los caminos de tierra y cuando me iba acercando dije: "Sí, esto es lo que quiero". Tampoco es tan lejos. Estoy a 30 kilómetros de Solanas. Estoy aburrido, llueve y en 40 minutos estoy dentro del shopping.

¿Y qué desencadenó la idea de mudarse definitivamente?
Estaba alquilando en Buenos Aires y cada vez me costaba más pagar el alquiler. A la vez ya estaba medio podrido de la ciudad, siempre tuve el plan de cambiar. Ya pasé los 80, pasé los 90, así que la ciudad ya me dio todo lo que me podía dar. En ese momento tenía El Puesto de Fabio en Argentina, un foodtruck que había trabajado muy bien, así que a la vez tenía una pequeña renta de aquello. Una vez que me vine para Uruguay se pinchó. En ese momento si me contrataban de Buenos Aires para algún evento yo iba. Ahora también lo haría, pero no se puede viajar.

¿Qué tanto sale?
Nada. Salgo poco. Cuando salgo junto todas las cosas que tengo que hacer para hacerlas en un día. No voy un día a Punta del Este y otro a San Carlos. Con los años fui haciendo grupos de amigos. Vecinos que están a tres kilómetros, 15, ocho. Argentinos, algunos uruguayos también. Parece que no hay vecinos, pero de noche te das cuenta cuando se encienden las lucecitas.

Actor, comediante, escritor, empresario gastronómico. ¿Con qué faceta se identifica más?
Con todas. Siempre dije que por qué si me gustan muchas cosas tengo que hacer una sola. Si me gusta la escultura, hago escultura, nadie lo prohíbe. Pero sí, hago todas las cosas que me gustan y trato de no ser esclavo de esas cosas, las hago a mi ritmo, a mi manera. Me encanta cocinar, cociné toda mi vida, de adolescente les cociné a mis amigos. Tengo muchos amigos gastronómicos y sé que la cocina es muy esclava. Llegué a trabajar en algo de gastronomía de adolescente y duré poco porque estaba más para la joda que para trabajar de verdad. Sé que es muy sacrificado, tedioso, esclavo, y no quiero que deje de gustarme cocinar por tener un restaurante.

Pero tiene un restaurante. ¿Cómo logra no "esclavizarse"?
Lo hago tranquilo, con reservas. Cuando no tengo ganas les digo que está lleno, me llaman cinco días antes y les digo: "No, no, está lleno". Pero en realidad no tengo ganas de trabajar ese fin de semana. Deben pensar: "Wow, llamé cinco días antes y estaba lleno". Mentira, no hay nadie. Ahora se están enterando que cuando estaba lleno en realidad era porque no quería trabajar.

¿Es rentable esa forma de trabajar?
Ahora lo están haciendo todos. Por la pandemia están todos atendiendo en su casa, o se abre el restaurante para 10 personas, que es lo que vengo haciendo desde siempre. Si me vienen 25 capaz pido una mano, pero hasta 16, daba de comer. Ocho o 10 personas, esos grupos son los que manejo. A mí me rinde, tengo muy bajos costos. Trato de trabajar con productores de la zona, gente amiga.

¿Cuál es el público de Choto?
Hay un público que busca algo distinto que no sea el parador de la playa, que le gusta conocer. El camino de la Ruta 12 es divino, y vienen de todos lados, argentinos en temporada, gente fanática mía, gente que no me conoce. Vienen de Montevideo, argentinos viviendo acá. Hay un público variado y para mí los que más valen son los que vuelven. Tengo varios que han vuelto. Lo entiendo desde el lado de que a mí ,cuando me gusta mucho algo, capaz vuelvo para llevar a un amigo; no es por vos, sino porque lo querés compartir con tu gente. Algo que empecé a hacer hace tres meses es el moonchoting. Cada salida de luna llena hago un evento informal, a veces con choripan, sándwich de paleta de cerdo, sándwich de milanesa, bebida y postre. Hago un fogón y la idea es ver la salida de la luna llena. Se junta la gente al aire libre a comer, se atiende y se sirve cada uno. Para eso me pongo el mameluco.

¿Cómo es el menú?
Variado. Cocino lo que tengo ganas de cocinar. Trabajo dos días antes, tengo gente para comer el sábado y el jueves y viernes ya estoy cocinando, yendo a hacer las compras a San Carlos, abasteciéndome. Estoy todo el viernes cocinado, cosa de llegar al sábado con todas las minutas o platos que saco sin pasar por el fuego. La verdad es que nunca me esclavicé ni fallé. Tengo un Instagram, Choto.uy, y las fotos que publico las saco yo con el teléfono, manejo mis redes y subo lo que se me canta, pero a la vez considero que tengo que estar a la altura de lo que propongo y lo que vendo. Ejemplo: temporada, un tipo me llama, se organizó cinco días antes, trajo a la familia, hizo 35 kilómetros para venir, pudiendo ir a un montón de restaurantes top y elige venir acá. Tengo que estar a la altura de lo que ofrezco, y por ahora está funcionando. El menú de mañana es pato confitado. No sé dónde comés pato y es un manjar. Ya está hecho. Ahora lo que conseguí para las próximas semanas es un asado banderita de wagyu, un manjar asiático. Conseguí desviar unas cajitas y nadie tiene ese producto.

¿Le costó encontrar buena carne uruguaya?
En un momento trabajaba con unos franceses que hacían carne madurada, que para mí fue la mejor carne que tuve. En Argentina estoy acostumbrado a que vas a cualquier carnicería y más o menos conseguís buena carne. Acá no me pasa de conseguir buen asado en cualquier lado, tenés que caminar, buscar, encontrar. Y para servir un pedazo de asado que esté bueno pero que lo comes en cualquier lado, prefiero ofrecer otra cosa. Si servís un asado tiene que ser una carne que te vuele la cabeza.

Levantaron varios de sus programas, lo echaron de varios trabajos y una vez dijo que su carrera era como un electrocardiograma. ¿Ahora en qué momento de ese electro está?
Muerto. Desenchufaron el pulmotor (risas). No, no. Los picos tampoco fueron picos, porque Cha cha cha no lo veía nadie, lo vieron 10 años después. Nosotros nos subíamos al colectivo con Alfredo y le decíamos a la gente que teníamos un programa en América, que lo miren. Tampoco se puede hablar de un pico. Pero la televisión te da popularidad. Hice muchos años de teatro con Todo por dos pesos; ahí tenés mayor exposición. Trabajé 12 años en la Rock and pop. Siempre trabajé, y cuando terminó la tele y el teatro seguí haciendo mis unipersonales. Siempre seguí haciendo, escribiendo para mí aunque sea, porque me gusta.

Fabio Alberti tiene una relación de amor-odio con su camioneta. La compró hace unos años "porque no tiene nada eléctrico", los arreglos son más baratos y puede conseguir repuestos en San Carlos. A veces la pone en venta y a los días se arrepiente.

¿Lo golpeó la pandemia?
No. Bueno, sí. No hay turismo, está más tranquilo todo, en ese sentido, sí. En el plano personal siento que me pasó como Calamaro cuando canta Estadio Azteca que dice "cuando vi el estadio me quedé duro, pero yo ya estaba duro mucho antes". Bueno, a mí me pasó algo así con la pandemia, había que aislarse y cuando me aislé me di cuenta de que ya estaba aislado mucho antes. El único hábito que me cambió un poco la vida es tener que ponerme tapabocas cuando voy a cargar nafta y cuando voy al supermercado, después mi vida no cambió en nada prácticamente. Por suerte, un privilegiado. No armo reuniones, pero no las armaba antes. Todo el protocolo ya lo tenía, la temperatura me la tomaba cada tanto si me dolía la cabeza.

¿Siente soledad?
Últimamente por momentos me siento solo. Digo: "Puta, qué solo estoy". Cuando me vine acá hace dos años y medio, vine con mi novia. Hace un año y pico me separé. Después estuve en pareja con una chica del pueblo seis meses, y me separé. Solo solo, hace unos ocho meses que estoy. No tengo problema. Lo que me preocupa es: ¿dónde mierda voy a conocer a alguien?. Yo no salgo, no me gusta llegar de noche a casa. Cuando salgo me gusta volver una hora antes de que se vaya la luz. No voy a un boliche a la playa, ¿dónde mierda puedo conocer a alguien?

¿Qué hace en su día a día?
Cosas para hacer siempre hay. Si hay un día que no estoy con el restaurante, siempre tengo para hacer, entre hacer leña para el invierno, cortar el pasto con la bordeadora, ocuparme de la huerta, la gallina, de la comida del perro. Tareas para hacer en el campo siempre hay, y si no tengo ganas de hacer ninguna, no hago ninguna y me quedo todo el día acá, sin hacer nada. Siempre digo que gané en calidad de vida. Me vine acá diciendo que iba a vivir con menos y vivir mejor.

Uno de sus hobbies era la escultura. ¿Ya no se le da por esculpir?
Me gustaba, estudié un tiempo con Edgardo Madanes, premio nacional de Escultura (de Argentina), que trabaja con mimbre y con maderas, gran escultor. En un momento yo tallaba piedra, después con maderas de la calle, y las terminé regalando. Tenía una de madera que era de dos metros de altura y un metro y medio de ancho, no tenía dónde ponerla y un día la prendí fuego en El Puesto de Fabio. Arte, arte, arte. Me tenía podrido. Andaba de acá para allá con la escultura. Alguien de Neuquén me la había querido comprar, pero era imposible trasladarla.

¿Le queda algo pendiente?
¿Pendiente? Conocer el amor. No, creo que hice bastante y seguiré haciendo. Tengo una frase de cabecera de un poeta argentino que se llama Edgar Bayley: "Es infinita esta riqueza abandonada". Y yo me siento muy representado. Listo, se cerró El Puesto, vendrá otra cosa, se cerró esto, vendrá otra cosa. Terminó la tele, vendrá otra cosa.

¿Se imagina volviendo a la tele?
No me imagino en el sentido de que no hay proyecto. La televisión es una cosa casi obsoleta.

¿Le parece?
Hace muchos años ya cambió. Y hoy existen las redes y todo eso. Yo no sé monetizar nada. Me divierto, tengo ganas de hacer algo y lo hago, me pongo el teléfono y me grabo. La otra vez tenía ganas de hacer un Manuk (uno de sus personajes) y poner "Manuk se toma la vacuna rusa". Lo subo a Instagram, me queda ahí 24 horas y el que lo vio, lo vio, y el que no lo vio no lo vio.

¿Por qué se inclinó hacia el humor? ¿Siempre fue gracioso?
Naturalmente. Ricardo Bartís (actor argentino) por más que hace muchísimo drama tiene mucho sentido del humor. También Alejandro Urdapilleta (actor uruguayo-argentino). Son todos dramáticos mis maestros pero a la vez con mucho sentido del humor. A mí se me dio por el lado del humor un poco por no creer demasiado en nada, no creo mucho en nada, ni en mí, entonces no me puedo tomar muy en serio. Si me quiero tomar en serio digo "bueno, pará".

En la política en general se ha mantenido al margen. ¿Tampoco cree en ella?
No siempre me mantuve al margen. En el año 2007, cuando nadie decía nada llegué a decir algo. Pero después sentí que prefería reservarme mis opiniones para mi fuero íntimo y no hacerlas públicas. No está la situación para opinar, lamentablemente, como que no se puede opinar mucho. Entonces para qué voy a opinar si tampoco me importa tanto, me lo guardo para mí.

¿Y dónde está el límite del humor en la era de lo políticamente correcto?
Creo que no tendría que existir límite para el humor. Obviamente, uno se los autoimpone, dice "cómo voy a reírme de esto o de aquello", pero no debería hacerlo. Hay cosas que pienso: "Si hago esto me van a putear". Más hoy con cómo cambiaron las cosas, uno es más respetuoso, más cuidadoso de cosas que antes estaban más generalizadas. Pero por suerte nunca se me ofendió nadie, mis personajes son bastante naif. Censuraron a Peperino Pomoro en (el canal) América a pedido de la Fundación Argentina del Mañana (vinculada con sectores de la Iglesia católica), pero bueno, vamo arriba, que se enoje la Fundación Argentina del Mañana es que estoy haciendo las cosas bien.

¿Cuál de sus personajes no volvería a hacer hoy?
Hoy no volvería a bailar tango en pelotas pero porque mi culo ya no es el mismo. Fuera de eso, nada. Está bastante firme mi culo igual, y hoy con tanta tecnología, iluminación, hasta podría.

¿Cree que levantaron programas como Cha cha cha o Todo por dos pesos porque la gente no estaba preparada para ese tipo de humor absurdo?
Las cosas se levantan y sos el último en enterarte. Supongo que fue más una cuestión económica, de números, pero estoy acostumbrado a que me echen, a que me levanten los programas, todo se terminó y ningún actor se encadenó porque yo me quedaba sin laburo. Me echaron de la Rock and Pop, de RSM, levantaron (el programa de televisión) Duro de almorzar a los tres meses. De todos lados. Es así.

¿Fueron fracasos?
No. No considero haber tenido fracasos. En todo caso de todo se aprende. Obviamente que no le podés gustar a todo el mundo.

¿Encuentra diferencias entre argentinos y uruguayos?
Sí. Somos muy distintos. Como en Argentina no es lo mismo un porteño que un cordobés, acá no es lo mismo un tipo de Montevideo que uno de José Ignacio. Yo me muevo con gente más rural, más canaria. Los bares que frecuento de San Carlos son una maravilla. Vas a tomar algo y te dicen "te la pago yo" y después lo invitas vos a él, y todos se invitan. El uruguayo es distinto al argentino. Creo que nosotros, los argentinos, somos distintos a todos.

¿En qué sentido?
No sé. No conozco el mundo, pero me imagino que somos muy particulares. En muchos sentidos debemos ser muy distintos. Pasamos muchas cosas. No me creo mucho la sanata del argentino solidario. Pero sí que tenemos creatividad, que salimos adelante, que no significa que sea legalmente. Somos creativos, y después somos muy maleducados, nos embrutecimos mucho, y cada vez más. Imaginate un año sin escuela, el único país del mundo en el que durante un año no hubo clases. Explicámelo. ¿Y este año qué vamos a hacer? Porque estamos peor que el año pasado. En ese sentido, con respecto al Uruguay yo veo que nos embrutecimos, siendo tan hermanos, tan rioplatenses, tan parecidos, "¿dónde nos embrutecimos tanto?" me pregunto a veces.

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Atardece y los sonidos cambian. El grito agudo de las cotorras cede el protagonismo al croar de las ranas, el "cri cri" de los grillos, el zumbido de abejas que trabajan sobre un árbol de flores rojas y otros de insectos más difíciles de identificar. Alberti habla de cuando vio cómo subía desde el horizonte una línea de luces fuertes y verdosas. Después se enteraría: eran los satélites del magnate estadounidense Elon Musk. Continúa hablando pero se acerca la noche. Ya advirtió que es mejor emprender el viaje de vuelta con lo que queda de luz. El actor y cocinero vuelve a su soledad, eso que tantos evitan pero que él fue a buscar en ese recóndito punto cercano a Pueblo Edén.