Cultura
Joya oculta de la literatura

Eve Babitz: la novia de Los Ángeles

La escritora, descrita como una “hedonista con libreta”, retrató California con ingeniosa precisión y, sin embargo, fue ignorada por el establishment literario hasta poco antes de su reciente muerte

08.01.2022

Lectura: 9'

2022-01-08T12:00:00
Compartir en

Por Alejandra Pintos

Eve Babitz está desnuda en el Pasadena Art Museum de Los Ángeles. Frente a ella una mesa con un tablero de ajedrez y, del otro lado, el padre del arte contemporáneo, Marcel Duchamp (él sí está vestido). Tiene 20 años y quiere fastidiar a su amante casado, el curador Walter Hopps, que llevó a su esposa a la inauguración de la primera retrospectiva del artista francés en Estados Unidos en lugar de a ella. 

Entonces Babitz accede a la propuesta del fotógrafo Julian Wasser. En su registro, el rostro de Eve queda oculto, cubierto por su melena castaña. Ella mira la obra de Duchamp y Duchamp mira el tablero, aparentemente indiferente por el cuerpo curvilíneo de la mujer que tiene enfrente. “Para el arte todo parecía posible esa noche, especialmente después de todo ese vino tinto”, recordaría la escritora décadas más tarde. La imagen se volvió tan famosa que se exhibió en el Museo de Arte Moderno (MoMa) de Nueva York.

Pero cuando se tomó la fotografía corría 1963 y Los Ángeles estaba lejos de ser un epicentro artístico. “Las personas con cerebro se iban a Nueva York, los que tenían buen rostro venían para el oeste”, escribió Babitz en su primer libro. Sus padres, Sol y Mae, eran artistas y, según los relatos de contemporáneos, eran las personas más cool de la ciudad. El compositor de música clásica Igor Stravinsky era su padrino (al parecer Sol Babitz, violinista, fue el primero en Estados Unidos en hablar del talento del pianista ruso).

Pero las cosas empezaban a cambiar y California estaba entrando en estado de ebullición. Llegaban músicos, artistas y escritores de todas partes del país y del mundo. L.Á. ya no solo se trataba del cine y de los rostros perfectos para las cámaras, no todos los que sabían dibujar querían convertirse en el próximo Walt Disney. Y ahí estaba Eve Babitz, para registrarlo todo, para vivirlo todo.

Eve Babitz con su primer libro entre manos.

Eve Babitz con su primer libro entre manos.

Testamento de una era. Pocos artistas logran capturar la esencia de un lugar en un momento preciso de la forma que lo consiguió Eve Babitz. Ella, que por un tiempo no supo qué hacer de su vida, incursionó en las artes visuales y escribió cinco libros a los que catalogó de ficción —para evitar las demandas, según dijo a su biografista, Lili Anolik— pero que en realidad se trataban de una recopilación de escenas que ella misma vivió y observó o le contaron. 

“Culturalmente, L.Á. siempre fue una jungla viva, llena de proyectos brotando que supongo que otras personas no podían ver. Conlleva cierta inocencia que te guste Los Ángeles. Se requiere una felicidad sencilla para ser feliz acá”, escribió Babitz.

Leerla es como viajar a los 70 y quedarse en el Chateau Marmont y tomar un trago en el borde de la piscina, mientras dos estrellas de cine se pelean en un bungalow cercano. O ir a ver un grupo de rock al hoy legendario Troubadour, donde se hicieron artistas como Bob Dylan, Joni Mitchell o Elton John. Es como pasear por la peatonal de Venice Beach o ver a Jim Morrison por primera vez, enamorarse de él y pedirle casamiento a los tres minutos —como lo hizo Babitz, como lo haría cualquiera. Si no hubiese sido tan encantadora al escribir, sería muy fácil de envidiar.

“La herencia de Eve fue su apetito, su curiosidad, su belleza voluptuosa, como Brigitte Bardot con un corte shag y pantalones acampanados. Ella era una hedonista con un cuaderno”, escribió la periodista Penélope Green en The New York Times tras la reciente muerte de Babitz, el 17 de diciembre de 2021, por complicaciones relacionadas con la enfermedad de Huntington, un trastorno que afecta al sistema nervioso.  

Esa década, la de los 70, fue su década. Diseñó las portadas de los discos de Buffalo Springfield, The Byrds y Linda Ronstadt. Salió con todo el mundo, desde los actores Harrison Ford y Steve Martin hasta el cofundador de Atlantic Records, Ahmet Ertegun. Actuó como extra en El Padrino parte II, presentó a Salvador Dalí y Frank Zappa y conoció a los Beatles gracias al agente de prensa de la banda, que la introdujo como “la mejor chica en América”.

“Eve Babitz era la chica divertida de nuestros sueños. Eve era nuestra Kiki de Montparnasse. Nunca era ruidosa o temeraria, sino genuinamente divertida”, recuerda Ed Ruscha, artista y expareja de la escritora en un artículo de Vanity Fair.

La belleza de Babitz fue para ella una bendición y una maldición al mismo tiempo.

La belleza de Babitz fue para ella una bendición y una maldición al mismo tiempo.

La belleza: una bendición y una maldición. Sus narraciones eran inteligentes, crudas, honestas y tenían la dosis justa de escándalo. Babitz no tenía prejuicios a la hora de escribir y no le temía a contar los detalles de sus momentos más íntimos, como cuando tuvo sexo por primera vez. Esos ingredientes, que hoy parecen irresistibles, en su época fueron recibidos con críticas tibias. Como si fuera demasiado que una mujer bella disfrute de su sexualidad, beba, experimente con drogas y, encima, escriba. Al parecer solo podían hacerlo los hombres, como Charles Bukowski.

“Ella era vista como demasiado sexy y liviana como para ser tomada en serio”, dijo a The New York Times su agente literaria, Erica Spellman Silverman, tras la muerte de Babitz. “Sin embargo, desde el principio encontré su trabajo asombroso y honesto”, agregó. En español se puede encontrar su primer libro, El otro Hollywood (originalmente Eve's Hollywood, 1974), editado por Literatura Random House. También publicó Slow Days, Fast Company: The World, The Flesh, and L.A. (1977); Sex and Rage: Advice to Young Ladies Eager for a Good Time (1979); L.A. Woman (1982) y Black Swans: Stories (1993). Sus libros se imprimieron en tiradas pequeñas y se dejaron de publicar en los 90.

Joan Didion, que también murió en diciembre pasado, parece ser su calco opuesto en ese sentido. “Mientras Babitz encontraba magia, Didion veía ruina”, escribieron en su obituario en The New York Times. Si bien Didion tuvo una vida atípica para lo que eran las mujeres de la época, era respetada por sus colegas —y jefes— hombres: ella no era la protagonista de sus crónicas, sino una observadora atenta, y, por sobre todo, estaba casada. 

Había cierta rivalidad entre ellas, pero Didion fue quien le consiguió a Babitz su primer trabajo para la Rolling Stone. Luego continuó escribiendo para otras revistas, entre ellas Vogue y Esquire, donde publicó el ensayo Roll Over Elvis: The Second Coming of Jim Morrison. “Estar en la cama con Jim era como estar con el David de Miguel Ángel, solo que tenía ojos azules. Su piel era tan blanca, sus músculos tan puros, él era tan inocente. La última vez que lo vi fue en una fiesta, no llevaba remera, su piel estaba profanada por cicatrices, toxinas e hinchazón. Lo quería matar”, narró.

“Solía ser encantadora”. Eso mismo que le reprochó a Morrison, le sucedió a ella: se volvió tan adicta a la cocaína que en la década de los 80 una amiga la encontró inconsciente en su apartamento, lleno de sangre y pañuelos descartables (así lo cuenta en Black Swans). Lo que es divertido y hasta encantador al principio se termina transformando en un asunto problemático.

En 1997, Babitz manejaba su Volkswagen Beetle e intentó prender uno de sus cigarros sabor cereza cuando se le cayó el fósforo encendido y su vestido de gasa entró en combustión, al igual que sus medias de nylon. En carne viva y en shock logró llegar a lo de su hermana, Mirandi, y le dijo a los paramédicos, que llegaron luego, “mis amigos me matarían si me muero”.

Babitz, que tanto había sido alabada por su belleza, sufrió quemaduras de tercer grado en la mitad de su cuerpo. Pero sobrevivió. “Para mucha gente la idea de un descanso prolongado suena celestial. Pero lo cierto es que, cuando estás postrado, nadie te respeta y ser un quemado es una tortura. Todo el mundo te dice que te relajes, pero no hay forma de hacerlo”, escribió en I Used to be Charming (Solía ser encantadora), una frase que solía repetirle, en broma, a su enfermero.

Como no tenía seguro de salud, sus amigos artistas organizaron una subasta de diferentes obras en el Cateau Marmont para financiar los gastos médicos y la recuperación. Además, su hermana demandó a los fabricantes del inflamable vestido y recibió una pequeña suma de dinero.

Tras el incidente, la escritora se aisló junto con su gato en un apartamento en el oeste de Hollywood y cayó en el olvido. Decía que nunca llegó a ser exitosa, solo estuvo lo suficientemente cerca para “sentir el olor de la fama”, hasta que el mundo la volvió a descubrir.

El otro Hollywood es el único libro de Babitz traducido al español.

El otro Hollywood es el único libro de Babitz traducido al español.

Ave fénix. Si hay una imagen apropiada para describir a Eve Babitz es la de un ave fénix, que resurge de sus propias cenizas. Alrededor de 2015 una nueva generación de lectores —sobre todo lectoras— volvió a descubrir a Eve Babitz. En su Instagram dedicado a la lectura, la actriz Emma Roberts recomendó sus libros y en el reboot de Gossip Girl se puede ver a una de las protagonistas leyendo Black Swans en la escalera del MET. 

A raíz de este renovado interés las editoriales reeditaron sus libros y, según su agente, logró ganar 10 veces más dinero que en su debut. “Estaba feliz y agradecida de que las personas la estuvieran leyendo y escribiendo sobre ella. Este renacimiento hizo posible su vida después de la rehabilitación”, dijo Spellman Silverman. Incluso, según Vanity Fair, tenía tarjetas de presentación que decían “mejor roja que muerta”, en alusión a sus cicatrices.

Una de sus nuevas fanáticas, Lili Anolik, incluso escribió su biografía Hollywood’s Eve (2019). Y en una reseña, la periodista Marie Solis escribió para The Nation: “Babitz no vivió una vida libre del patriarcado, pero los lectores modernos podrán concluir que encontró una forma de burlar sus normas. Como una insider, logró evitar sucumbir a los encantos de las celebridades masculinas, en cambio, hizo que todos obedecieran sus reglas”.