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Estudiar desde casa: ¿Cómo viven los jóvenes su primer año en la universidad?

Cinco estudiantes de distintas carreras y de diferentes universidades contaron a galería cómo se están sintiendo con su primer año de facultad, cómo organizaron su rutina para cumplir con las lecciones online y cómo ven, en un futuro, la posibilidad de incorporar esta modalidad al plan de estudios de su carrera.

01.06.2020
2020-06-01T07:00:00
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Por Giovanna D' Uva

Hay cambios que permanecen por siempre en la memoria del estudiante y la transición del liceo a la universidad suele ser uno de ellos. A este desafío que ya supone ingresar a un entorno desconocido se le sumó este año la suspensión de las clases presenciales y la necesidad por parte de las organizaciones educativas de plantear estrategias para continuar con el año lectivo.

Julieta Broggi, estudiante de Contador Público en la Universidad de Montevideo.

Foto: Lucía Durán

En un escritorio ubicado en su cuarto, Julieta Broggi se dispone cada mañana a tomar las clases online del primer año de la carrera de Contador Público. "Me despierto y desde las ocho hasta la una y veinte no paro. La rutina de las clases se mantuvo igual a la presencial", comenta la joven, que apenas pudo concurrir unos días a facultad.

Herramientas como Zoom y Microsoft Teams son algunas de las que utilizan los profesores para impartir sus clases y si bien Julieta explica que se ha adaptado sin problemas a la modalidad, reconoce que la interacción con el profesor disminuye en comparación con la presencial. "Se pueden hacer preguntas, pero no se puede estar interrumpiendo constantemente. Es también difícil para los profesores explicar las cosas. Algunos hacen presentaciones en Power Point o comparten pantalla. Muchos tienen un pizarrón y desde ahí van dando la clase".

Esta falta de intercambio también se ve reflejada en el relacionamiento entre compañeros y al momento de realizar los trabajos en equipo. "En una materia nos enviaron un trabajo en grupos de a cinco y no tenía con quién hacerlo, porque no tuve tiempo de conocer a mis compañeros, ni de establecer vínculos con mucha gente", explica a la vez que agrega que en estos casos puntuales son los profesores los que designan los equipos para determinadas tareas.

Más allá de la exigencia de la carrera Julieta no duda en expresar sus ganas de volver a facultad. "Estoy ansiosa por empezar. Siento que es el primer año y me lo estoy perdiendo. Me encanta la carrera y estoy con muchas ganas de conocer un ambiente nuevo", concluye.


Javier Salles, estudiante de Medicina en la Universidad de la República.

Foto: Lucía Durán

"El primer año de Medicina es el filtro, por lo que las materias pueden no ser muy interesantes. A esto se suma que con las clases virtuales es muy fácil distraerse. Hay muchos estímulos que llevan a la desconcentración, entonces no le prestás mucha atención", explica Javier, que este año empezó la carrera en la Universidad de la República (Udelar).

Es por ese motivo que en algunas materias los docentes evalúan también el comportamiento del estudiante y se les exige tener la cámara encendida durante la lección.

La posibilidad de que haya solo algunas clases de asistencia obligatoria y que los materiales se encuentren a disposición del alumno en forma digital, favorece que cada estudiante organice su rutina a partir de sus necesidades. "Yo estudio, más que nada, con los materiales que nos pasan los profesores y si tengo dudas las veo en las clases online".

Esta flexibilidad de poder asistir o no a las asignaturas también tiene su desventaja. "La clase virtual requiere de mucha voluntad propia. Tenés que estudiar más por tu cuenta y arreglártelas por la tuya", dice. Por eso reconoce que si existiera la posibilidad de hacer su carrera de forma virtual, esta modalidad solo se podría aplicar a determinadas materias. "Las que son más teóricas, como Salud Pública, se podrían realizar a distancia, y así ahorrarse el viaje hasta la facultad y tener la libertad de entrar y salir cuando se quiera. Hay otras que sí o sí se necesita estar de forma presencial. Pero todo depende también de la persona, porque hay muchos que no cuentan con las condiciones para estudiar en sus casas y está bueno que exista un lugar como la facultad", comenta.

Sol Boutmy, estudiante de Gerencia y Administración en la Universidad ORT.

Foto: Lucía Durán

"Tengo clases en la mañana, de ocho a doce. Es un poco difícil pensar en la universidad y tener una rutina, porque nunca llegué a concurrir de forma presencial", comenta Sol Boutmy, que empezó su primer año en Gerencia y Administración de la ORT y que con la cancelación de las clases no tuvo la experiencia de concurrir a facultad.

Pese a ello, Sol asegura que la carrera "le encanta". Siente que la universidad adaptó perfectamente el plan de estudios a la modalidad online y de igual manera lo hizo ella que si bien reconoce que al inicio fue un tanto difícil, hoy vive sus clases a distancia con total normalidad. "Como mi carrera es muy práctica, con materias como Matemáticas y Contabilidad, fue un poco difícil porque hay que realizar los ejercicios para aprender. Pero siento que hubo un cambio y la organización es muy buena por parte de la universidad", asegura.

Si bien el pasaje de la educación secundaria a la terciaria fue notorio para Sol, lo que más destaca es la "presión de tener que estar más atenta a las clases y mucho más concentrada". No obstante, siente que hasta el momento lo está manejando bien.

Más allá de todo, Sol no duda en responder respecto a su deseo de iniciar las lecciones presenciales. "Me encantaría empezar las clases, tengo la intriga de saber cómo son las personas con las que hasta el momento solo puedo conversar de forma online, y lo mismo con los profesores", concluye.

Florencia Furest: estudiante de Arquitectura en la Universidad de la República.


Para Florencia no existe duda respecto a la carrera que eligió. Sabe que Arquitectura es lo suyo y por eso, a pesar de los inconvenientes a los que se enfrenta con las clases a distancia, sigue apostando a ella. "Tenemos clases por Zoom y son un poco complicadas. La parte online no está muy buena porque cuesta más entender el tema. En las lecciones presenciales se pueden dar más ejemplos, mientras que en la clase online es más difícil, lleva más tiempo y se pierden minutos de clase", comenta.

Además de estos inconvenientes, Florencia cuenta que son muy pocas las instancias en las que se puede establecer un intercambio con el profesor, ya que son muchos los alumnos que se conectan al Zoom a la misma vez. "Al principio de año éramos 400 personas conectadas a una misma materia, por lo que los docentes tenían que hacer un vivo en YouTube para los alumnos que, por un tema de límite del programa, no podían ingresar a la plataforma".

"Es un cambio muy grande y el hecho de que las clases no sean presenciales hace que todo lleve más tiempo", comenta. "Ver un ejemplo en un pizarrón no es lo mismo que darlo en clase. Responder dudas es más simple en modo presencial. Pero es bueno destacar el método y la rapidez con que la facultad se adaptó a las lecciones a distancia".

Joaquín Scaletti, estudiante de la Licenciatura en Estadística de la Universidad de la República.


Para Joaquín, este primer año de la Licenciatura en Estadísticas iba a ser muy especial. No solo por el cambio a nivel educativo sino porque este joven, oriundo de Paysandú, se instalaría en Montevideo. "Tenía planeado mudarme a un apartamento con unos amigos, pero tuvimos que suspenderlo todo", cuenta.

Actualmente, desde su casa en el interior, Joaquín lleva adelante las clases virtuales a través de la plataforma EVA y, si bien aún no ha notado la exigencia de pasar a la facultad, reconoce que existen muchas diferencias entre las clases en esta modalidad y las presenciales. "El tema es el compromiso con el seguimiento. A veces, cuando depende solo de uno, se tiende a procrastinar un poco, a diferencia de cuando uno está en clase. Eso es lo que vuelve más dificultoso el curso", dice.

En la Licenciatura en Estadística de la Udelar, presenciar las clases de forma remota no es obligatorio, e incluso se le brinda al alumno la facilidad de verlas en diferido y de elegir entre diferentes horarios para asistir a la materia.

Más allá de la dificultad de encontrarles el ritmo a las clases virtuales, Joaquín reconoce que le gusta la carrera y que tiene ganas empezar de forma presencial. "Estaba con la mentalidad de mudarme y empezar la facultad y me quedé con las ganas", concluye.