Estilo de vida
Diseño de muebles

Entrevista a la artista uruguaya Jessie Young, radicada en Los Angeles

Jessie Young formará parte, junto con su socia en Estudio Persona, Emilia González, de un libro de Phaidon que reunirá a las mujeres más influyentes del diseño en los últimos 100 años

13.03.2021 07:00

Lectura: 12'

2021-03-13T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

Jessie Young, artista conceptual, uruguaya, opina que cuando se trata del éxito, el talento es solo una parte de la ecuación. También cuentan la suerte y estar en el lugar propicio en el momento correcto. Para ella, el momento fue en 2014, el lugar fue Los Ángeles, y la suerte, coincidir con la diseñadora industrial Emiliana González y que la sinergia de trabajo entre ambas fuera "increíble". Es sabido que lo más difícil en una sociedad es justamente eso, la sociedad.

Este año Estudio Persona cumplió siete años. Lo bautizaron así una tarde en que pensaban un nombre para el proyecto. No querían que fuera "muy fancy", ni que fuera en inglés. "Nos fuimos de veteranas para allá, yo tenía 30 años, no me fui a los 18 al college. Me fui a luchar, con una hija, reuruguaya, uruguayaza; me fui en la segunda parte de la vida", dice Young. Entonces, la película de Ingmar Bergman vino al auxilio desde un rincón de la memoria. Según Young, que se reconoce obsesiva del filme Persona desde sus años en la facultad, "el nombre cerraba por muchos lados". El cine era parte de su pasado (en Uruguay trabajaba en vestuario de proyectos audiovisuales, y González en arte), y de su presente (Young está casada con el director de fotografía Pedro Luque y González con el director Fede Álvarez): "El cine es parte de nuestra vida".

Desde mediados del año pasado la diseñadora de mobiliario está instalada con sus dos hijas en Montevideo. El Covid se propagaba sin control en Los Ángeles y con el panorama de todo un año por delante con clases a distancia, decidió venir a pasar unos meses en su país, cerca de su familia. "Me vino bien parar el mundo un tiempo. El trabajo de hecho se triplicó, pero se paró todo lo que es in person, y se dio un marco en que me pude tomar un año sabático en Uruguay".

Mientras su marido trabaja en un rodaje en Buffalo, Estados Unidos, con temperaturas cercanas a los cero grados, ella trabaja con vista al Río de la Plata y cuando abre la puerta de la casa que alquila en Punta Gorda "es como que estuviera en un barco". Lo está disfrutando, pero se extraña, claro. Las cenas familiares son, por el momento, por videollamada.

De cómo se abrió camino en Los Ángeles, el ambiente laboral entre diseñadores, la competitividad, la inspiración, las mujeres en el diseño, el mercado de las celebridades y las perspectivas a futuro conversó Jessie Young con Galería.

Estudio Persona ya tiene siete años y en el último tiempo se ha hecho de un lugar de prestigio en el ámbito del diseño en Los Ángeles. ¿Cómo ha sido el recorrido?

Creo que se ha ido afianzando. Que Uruguay termine generando reconocimiento tiene su mérito, porque en realidad está lleno de voces allá, y algo cautivante capaz que hay. Pero me parece también que, siendo realista, nuestra narrativa cierra con un contexto sociocultural que se está dando: somos dos mujeres, latinas; es bastante más appealing que si sos un hombre, blanco, heterosexual. Para la gente, el consumo de la historia es también muy importante en el producto hoy en día. Antes había una cosa más impersonal con el consumo, pero ahora hay una conciencia: vos querés saber tu dinero a dónde va, qué impacto está teniendo. Entonces, hay gente que se apropia de eso para usarlo como marketing, y hay gente a la que le es natural. En nuestro caso se da que somos así: mujeres, latinas, trabajando en Los Ángeles. Eso facilitó mucho, y también creo que ser de Uruguay ayudó. El hecho de que no es un país muy diverso, no es multicultural en ningún aspecto, y es bastante plano, es bastante blanco, bastante católico, hace que sea muy particular, es como una especie de secta por momentos con respecto a otras ciudades del mundo. Medio impresionante. Creo que eso de no tener tantas influencias hace que no estés muy contaminado; no es que sos europeo y tenés una riqueza arquitectónica que te condicione un poco tu narrativa. Cuando salimos allá a producir o a pensar, no estamos expuestos a mucha variación, eso ayuda a que tengamos un punto de vista bastante único a la hora de hacer muebles. Tenemos un lenguaje propio, que por suerte a la gente le gusta, le parece interesante y lo consume. Pero yo tampoco siento que mi voz sea uruguaya, que trabaje con materiales uruguayos. Me parece sí, que hay una paleta de color bastante tenue, no hacemos nada fuera de nuestra escala. Hay cierta timidez gráficamente presente en nuestros muebles, eso que uno lleva siendo uruguayo de que nadie sea más que nadie (risas). Yo lo siento como sin quererlo, y Emiliana también. No se te da por llamar la atención porque sí. Me parece que eso tiene un poco que ver con esa modestia que creo que tenemos en el diseño. Tiene cierta sobriedad.

Antes de irte a Los Ángeles te dedicabas al audiovisual, hacías videoarte y vestuario.

Estuve trabajando como cinco años de vestuarista en películas y comerciales.

¿Ahí conociste a Pedro Luque, tu marido?

Conocí a Pedro en un cortometraje cuando estaba en facultad. Yo hice el arte y él era al único del equipo al que estaban pagándole, porque se decidió traer a un fotógrafo (más profesional). Lo llamaron y ahí flasheamos. Después empecé a laburar con mi cuñada, la hermana de Pedro, que es vestuarista, Valentina Luque, y después seguí haciendo eso. Antes, a los 20, ya iba a la Fundación de Arte Contemporáneo; después me concentré más que nada en eso y expuse en el Museo Nacional de Artes Visuales con una instalación. Estaba muy metida en el videoarte antes de irme, muy tranquila, no necesitaba irme de Uruguay, estaba bien. Pero Pedro me decía: "Yo estoy al máximo que puedo dar en Uruguay, es esto por 40 años más". Y creo que ahí decidimos sacudirnos un poco, y la verdad que la sacudimos bastante. Fue todo un viaje irnos. Los primeros dos años en LA fueron de navegar las aguas.

¿Iban con trabajo?

Pedro se fue con una película y nos fuimos todos. Pero después, hasta que arrancó a estar con un trabajo más fluido, llevó un tiempo. Aparte, Los Ángeles es ridículamente caro para vivir. Es muy caro alquilar una casa; tener una niñera, olvidate. Entonces es más sacrificado, porque tenés que hacer todo vos. Hasta que pintó más laburo fijo y yo también empecé a trabajar. Queríamos no aburrirnos, y no nos aburrimos.

En ese entonces Juana, tu hija mayor, tenía un año.

¡Claro! Cuando me fui no me daba la cabeza para meterme en el mundo del arte de nuevo, porque es bastante tóxico por momentos, tenés que entrar, conocer gente, dedicarle mucho tiempo de lobby, de ir a un opening, a esto, a lo otro; todas cosas que con una hija y sin mucha plata no podés hacer. Entonces eso para mí no era una opción. Estuve ahí unos meses y ya me estaba empezando a venir calor, ¿qué hago, qué hago? Fue ahí que me encontré con Emiliana, que le habían ofrecido un proyecto de interiorismo, y le dije: dale, vamos a hacerlo.

 

Jessie Young. Foto: Adrián Echeverriaga

Silla Nido, de Estudio Persona

 

Antes de irte coleccionabas luminarias y muebles vintage. ¿Sentís que tenías eso latente y lo desarrollaste allá?

Con Florencia Ottonello, una de las hermanas de Pastiche, teníamos un proyecto que se llamaba Yotto. Era un proyecto chiquito de restauración de muebles. Hicimos como una minicolección de muebles medio escandinava. Aunque nunca llegó a ver la luz, fue como un indicio de lo que se venía.

Siempre se dice que Estados Unidos es muy competitivo, en cualquier rubro. ¿Cómo lo vivís?

Es raro. Hay una energía muy hippie, yogui. No sé descifrarlo. No es Nueva York, que es mucho más tenaz. Acá está más esparcido. No siento que se palpe una energía competitiva, para nada. Capaz que hay una carrera sutil con otro por ser más único, diferente, pero para mí es una carrera personal con tu propio estudio.
¿Fue difícil dar con proveedores en un país totalmente nuevo y negociar materias primas, precios, calidad?
Está el talento y están los proveedores (risas). Se quiere creer que es como una comunidad, donde todos nos apoyamos, pero la realidad es que nadie te comparte un proveedor ni que le corten la mano. Yo tampoco lo hago, porque estuve dos años buscando proveedor, y si bien me encanta darle todo el trabajo del mundo, si me llega una orden de 40 productos y la tengo demorada porque les compartí el contacto a otras tres personas, me quiero matar. Nosotras tenemos la suerte de hablar español, y mucha mano de obra es latina. Tanto el carpintero como el tapicero son mexicanos, entonces hay una especie de facilidad para nosotras muy grande. Para la carpintería llevamos los mock up de cartón y terminamos de afinar con él todo lo que es el primer prototipo, y hay una fluidez completa de comunicación, nos entiende. Te da cierta ventaja también desde el momento en que te tienen más cariño porque sos uruguaya, más que a una gringa.

¿Con qué frecuencia diseñan colecciones? ¿El ámbito del diseño de mobiliario también se mueve por temporadas?

Ahora está medio bizarro, pero normalmente uno trabaja en función de las ferias a las que vas a ir. La primera arranca en marzo, AD, que es un poco más junior. Después en mayo tenés toda una camada; por lo general se debuta en el Salone de Milán, que es en abril. Pero para marzo tendrías que tener una colección, es anual. Nosotras hemos sacado una colección por año, es un proceso largo desde que tenés la idea hasta que efectivamente ese producto ve la luz.

¿Hay inspiración cinematográfica en los diseños de Estudio Persona?

Creo que sí, porque es parte de quienes somos. En el momento en que visualizamos el elemento en un espacio y cómo se recorta gráficamente, sí hay una influencia visual que contemplamos. Pero no es a nivel consciente.

¿Hay un mercado de celebridades?

Obvio. Donde se sienta Kim Kardashian se disparan las ventas. Pero capaz que es medio fugaz. Y tampoco son bobos, suelen asociarse a nombres consagrados, aunque puede pasar que vean un diseñador independiente a través de Matter, la tienda que nos representa en Nueva York, por ejemplo. Matter es una tienda que tiene tremenda selección de diseño del mundo, está relinda la curaduría que tienen; es una tienda en la que querés estar, básicamente. Te da cierto prestigio. Porque hay toda una cosa (en este negocio) que es igual al mundo del arte y las galerías: estar en Matter te valida, y al que compra le dice que está comprando lo correcto. Hay celebrities que sabemos que compraron cosas nuestras ahí. Creo que Uma Thurman se había llevado algo, y Hilary Duff había comprado la silla Nido. A mí me da lo mismo.

¿Cuál considerás que es la pieza insignia del estudio?

Antes había sido la silla Nido, y ahora estamos por hacer unas colaboraciones con una marca francesa que es bastante grande, y aunque a nosotras nos llamó la atención, ellos dicen que somos conocidas por la silla H y la Block. Los europeos trabajan distinto que los americanos. Según el sistema americano, vos diseñás, producís, vendés, todo. El europeo en cambio suele tener una empresa grande, de generaciones de gente que produce muebles de manera exquisita, y lo que hacen es llamar a un diseñador bastante icónico del momento y encargarle un diseño. Como diseñadora para mí es soñado, porque te llaman, te pagan un fee, vos diseñás y mandás los dibujos técnicos, después ellos producen y te dan un porcentaje de las ganancias, de un 2,5 a un 8 por ciento. Es una colaboración y no tenés todo lo engorroso de producirlo, venderlo; es ideal ese modelo porque vos como diseñador, diseñás, y ellos tienen todo un aparato ya funcionando que es genial.

Silla Nido, Estudio Persona

Silla H, de Estudio Persona

 

Con Estudio Persona son parte del Female Design Council, una comunidad que busca representar a las mujeres en la industria para asegurarles un lugar apropiado y seguro. ¿Es un rubro dominado por hombres el del diseño?

Te podría decir muchísimas cosas negativas de los norteamericanos, pero la realidad es que si no estuviesen abriendo todas estas marchas y cuestionamientos del lugar de la mujer... Yo creo que marcan bastante la tendencia en cuanto al comportamiento social a seguir. Sí, la mayoría de los diseñadores son hombres, porque es mucho más fácil todo. Porque ahora obviamente está cambiando, y nosotras siendo mujeres estamos viviendo ese cambio, pero siempre daba más seguridad comprarle a un hombre. Hay una concepción muy primitiva de que algo es más sólido porque lo hizo un hombre, entonces hay más confianza depositada en una empresa liderada por un hombre que por una mujer, y eso pasa en todo el mundo. Entonces el Female Design Council es iniciativa de una diseñadora de Nueva York. Ahora le otorgó una beca a un hombre y una mujer diseñadores negros, que no tienen mucha voz, que no tienen tanta visibilidad, y está buenísimo. Aporta.

Estás inmersa en un entorno muy cinematográfico, desde tu marido hasta tu socia Emiliana y el esposo de ella, Fede Álvarez. ¿Cómo es ese grupo? ¿Es una especie de comunidad de uruguayos en Los Ángeles?

No, no hay una comunidad uruguaya. En mi grupo de amigos, además de ellos, está la hija de una salvadoreña y un japonés, un inglés, una italiana-neoyorquina, una guatemalteca, una venezolana; es muy variado. Pero también es lo lindo, poder estar con otra gente que no es uruguaya. Es como una familia que se genera.
¿Te ves en algún momento trabajando en el Departamento de Arte de alguna película de Hollywood?
¿Te digo la verdad? Me apasiona mucho lo que hago. Si puedo hacer esto hasta que me muera, soy muy feliz.