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MIRADOR / MÚSICA

En el día del jazz, referentes uruguayos hablan de su relación con el género

Declarado por Unesco como un ejemplo de promoción de la paz, del diálogo entre culturas, del fomento de la igualdad y de la libertad de expresión; el jazz se ha convertido en un referente para la lucha contra toda forma de discriminación y racismo.

30.04.2020
2020-04-30T07:00:00
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Por María José Carricaburu y Giovanna D'Uva

En noviembre de 2011, durante la Conferencia General de la Unesco, se proclamó el 30 de abril como el Día Internacional del jazz y, desde entonces, esta fecha reúne a los artistas, músicos, historiadores, académicos y fans de todo el mundo para celebrar y rendir homenaje al género.

Alberto Magnone


Foto: Adrián Echeverriaga

Magnone nació con la música corriendo por sus venas. Su abuelo Óseas Falleri fundó el conservatorio Falleri Balzo, una de las escuelas de música más antiguas del Uruguay. Su madre, Estela Ibarburu, fue cantante, pianista y directora de coros y su padre, Dante Magnone, fue director de coros y orquestas.

El primer acercamiento del pianista y compositor uruguayo al jazz fue gracias a la oferta musical que había en su casa. "Mis padres tenían discos de Gershwin y yo los escuchaba", cuenta Magnone, que en esa época también disfrutaba de grabaciones de artistas del género como Ray Charles y Benny Goodman. Conocer y acercarse al Hot Club de Montevideo, creado por los hermanos José y Francisco Paco Mañosa, también fue muy importante.

El músico uruguayo identifica como sus principales referentes a tres estadounidenses: Miles Davis, Bill Evans y Keith Jarret. Sus discos favoritos son Kind of Blue y Birth of the Cool, de Davis; y We Will Meet Again, de Evans.

Al pianista, que también supo tocar el bajo eléctrico y la guitarra, le parece muy interesante el trabajo musical de varios jóvenes uruguayos. Destaca a Alfredo Monetti, Augusto Durañona, Mateo Ottonello, Juan Ibarra, Nacho Correa y los hermanos Maximiliano y Federico Nathan. Sin embargo, dice que no visualiza un gran desarrollo del género en Uruguay. "En general, los músicos que quieren progresar tienen que emigrar, dado que nuestro mercado es muy poco receptivo al jazz", sostiene.

Popo Romano


Foto: Damián Cejas

El primer acercamiento de Popo Romano al jazz fue 27 años atrás. "Fuimos con un grupo que integramos con Osvaldo Fattoruso, Mariana Ingold y Jorge Camiroaga a tocar jazz a un tambo, por una invitación que realizó Francisco Yobino, melómano apasionado del jazz. Íbamos con cierta intriga y fue fantástico. A la temporada siguiente, El Gran Trío de jazz -integrado por Jorge Navarro, Osvaldo Fattoruso y yo- participó en el primer Festival Internacional de jazz en Lapataia", recuerda.

Con gran reconocimiento en la música popular, tanto en Uruguay como en el extranjero, y tras haber compartido escenarios con artistas como Eduardo Mateo, Alfredo Zitarrosa y Jaime Ross, Popo se enamoró del jazz en aquella primera presentación. "El hecho de haber realizado esa temporada me permitió invertir en un buen contrabajo, meterme de lleno en el estilo, alternar con instrumentistas top del mundo, viajar y participar en festivales internacionales".

Si bien no se reconoce como un músico netamente jazzista, sino como apasionado por la música en su totalidad, entiende que Ray Brown, en el estilo más clásico, o Jaco Pastorius, en fusión, así como algunos uruguayos han sido sus referentes en el género.

En lo que refiere al desarrollo del jazz en Uruguay, el músico entiende que siempre estuvo presente en el país a través de organizaciones y generaciones de músicos anteriores muy valiosos. A lo largo de estos 25 años los festivales que se realizan en todo el país han permitido acercarlo a un público más amplio. "Ha habido un encuentro y un acercamiento de la música a la gente joven. Pero también es un estilo particular con determinada complejidad. Si bien lo aproxima, sigue siendo un género con un tinte elitista. Es difícil que un músico de jazz, por más destacado que sea al realizar una presentación, pueda llenar un lugar. No es una queja, es una característica del jazz que no se aproxima con cierta simpatía a un público masivo", explica.

Patricia López


Foto: Adrián Echeverriaga

El acercamiento de Patricia López al jazz surge de la búsqueda de un estilo en el que su saxofón fuera el protagonista y pudiera desarrollar su lenguaje al máximo. La joven estudió la Tecnicatura Superior de jazz del Conservatorio Manuel de Falla en Buenos Aires y continuó perfeccionándose en workshops y residencias en New York, Holanda y Brasil.

Además de la técnica, la intérprete entendió la ideología y filosofía del género, que nació en el marco de la Primera Guerra Mundial. "El jazz porta valores de profunda transformación en la historia musical y humana. Promueve la paz mundial y la comunión entre los músicos", explica.

La también flautista se identifica con referentes como Dexter Gordon, Lester Young, Cannonball Adderley, Charlie Parker, Lee Konitz, Joe Henderson, John Coltrane, Wayne Shorter, Sonny Rollins y Art Pepper, entre muchos otros músicos. De haber podido elegir una leyenda con quien compartir escenario habría sido Konitz, el recientemente fallecido saxofonista estadounidense.

Impulsada por la pandemia, fundó Worldwide Sax Alliance, una organización que promueve el trabajo de profesionales de jazz en el mundo. "Difundiremos materiales discográficos, videos, master classes y streamings con el propósito de generar ingresos y mitigar la pérdida económica de nuestro trabajo", asegura. La iniciativa se estrenará este jueves 30 con un concierto online que comenzará a las 17 horas de Uruguay y durará alrededor de cuatro horas con la actuación de 10 saxofonistas especializados en jazz de cinco países: Argentina, Chile, Estados Unidos, Holanda y Uruguay. Los tickets salen 10 dólares y se venden en la web worldwidesaxalliance.com.

María Noel Taranto


Foto: Glaucimara Castro

Como estudiante y miembro de la Escuela de Música del Crandon, María Noel tuvo contacto con música de distintos estilos y fue así que a muy temprana edad conoció el jazz. "Recuerdo que en el coro del liceo cantamos un arreglo de Mood Indigo, de Duke Ellington, y fue como una señal", comenta.
Pero fue con Ella Fitzgerald y Billie Holiday con los que se terminó de enamorar. "Comenzaron a llegarme sus grabaciones y esa fue una verdadera revelación. Cantar de esa forma libre, cantar esa música, jugar y ser parte. Allí me zambullí en el jazz".

A partir de sus visitas a las jam sessions que se organizaban, María Noel se dio a conocer como cantante en el ambiente.

Lejos de ser un impedimento, el ser una cantante de jazz mujer "tuvo más bien ciertas ventajas", asegura. "No había muchas que cultivaran este género. Yo era estudiosa, apasionada de la música y convencida plenamente de hacer y de promover el jazz. Con esas herramientas me manejé desde el principio", explica.

María Noel reconoce que todo el jazz que escuchó durante su vida, los músicos con los que habló o intercambió
escenarios y los viajes han sido una fuente de inspiración y aprendizaje. "He tenido el placer de compartir escenario con grandes cantantes como María Bentancur, Esteban Montaño, Jimena Molina, Elizabeth Rodríguez, Anabella Viera, Betho Godoy, Aída Martínez, Florencia Pasquet, Julieta Rada y Carmen Pi. Con Raúl Medina tenemos nuestra forma propia de hacer jazz, con un entendimiento que permite libertad de improvisación y armonías que disfrutamos mucho", agrega.

Respecto a la situación actual de este género en Uruguay, la cantante opina que el jazz está en uno de sus mejores momentos: "Hay instituciones y cantantes que lo fomentan, dejando el jazz vocal bien en alto y compositores e instrumentistas de formación sólida y fascinante inspiración", concluye.