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Los magnates del espacio

Elon Musk, Jeff Bezos y Richard Branson: multimillonarios que buscan conquistar el espacio

La nueva carrera espacial es impulsada por la colaboración internacional, con empresas privadas lideradas por multimillonarios carismáticos que invierten fortunas y se animan a soñar en grande

21.06.2020

Lectura: 11'

2020-06-21T11:30:00
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por Clementina Delacroix

Hay tres nombres que resuenan entre los nuevos empresarios del espacio: Elon Musk, Jeff Bezos y Richard Branson. El físico, inventor y emprendedor Elon Musk, propietario de Tesla, Pay Pal, fundó en 2002 SpaceX, una de las empresas de industria espacial privada más grande del mundo, que recientemente logró enviar su primera nave tripulada a la Estación Espacial Internacional (EEI). Su clásico rival es otro de los pesos pesados del sector privado de la industria espacial y el hombre más rico del mundo, el empresario estadounidense Jeff Bezos, director ejecutivo de la gigante de venta online Amazon y de la empresa espacial Blue Origin, comprometida desde hace 20 años con crear un camino hacia el espacio para que allí los niños puedan construir el futuro. El tercero es un multimillonario empresario inglés, conocido por su marca Virgin, con más de 360 compañías que forman Virgin Group y Virgin Galactic, la empresa fundada en 2004 que tiene como objetivo ser pionera en la construcción de las naves espaciales del siglo XXI con el fin de "cambiar el mundo para mejor". 

Además de compartir el interés por el desarrollo de la industria espacial, los tres tienen un perfil similar en el que disfrutan de su popularidad y de vincularse con el mundo del entretenimiento con una alta exposición. No es casualidad que todos hayan participado en películas y series famosas: Musk formó parte de un episodio de Los Simpson y de la película Iron Man 2, Jeff Bezos apareció en Star Trek y Richard Branson en un capítulo de Friends filmado en Londres.

Jeff Bezos.

Richard Branson.

Elon Musk

Durante años la conquista del espacio ha sido monopolizada por países como Estados Unidos y Rusia, pero olvidada ya la vieja lucha, y a medida que se va acercando la llegada de vuelos turísticos al espacio, han surgido otros actores de la mano de grandes empresarios o de grupos empresariales como Boeing, la importante compañía de fabricación de aviones, también comprometida con la exploración espacial. De la mano de estas y otras empresas y de países como China, India y Japón, que suman esfuerzos, hoy hay un nuevo impulso en esta industria millonaria.

El acceso al espacio, que antes era reservado para agencias gubernamentales, hoy está en manos de privados. Los más optimistas coinciden en que esto provocará la aceleración en el desarrollo de nuevas tecnologías e innovación y la caída de los costos, mientras que los más escépticos cuestionan los riesgos que la apertura al acceso al espacio pueda provocar. Uno de los temores es que sucedan accidentes, algo más plausible cuanto más satélites haya en órbita y, sobre todo, cuando no existe ninguna oficina internacional que registre los lanzamientos civiles.

Tanto Musk como Bezos han desarrollado un sistema de retorno y aterrizaje vertical de sus cohetes, lo que implica que los costos se abaratan. Mientras, la compañía del inglés realiza sus lanzamientos desde una nave nodriza que puede utilizar en todos sus vuelos. Bezos y Branson planean comenzar con vuelos por debajo de la órbita, elevándose 100 kilómetros sobre la superficie de la Tierra y atravesando apenas las zonas altas de la atmósfera, mientas que Musk está planificando un viaje en el que rodea la Luna en una travesía de tres días.

La experiencia de Bezos durará alrededor de 11 minutos, tendrá un costo cercano a los 280.000 euros por pasajero, con capacidad para seis personas. El vuelo propuesto por Branson también será para seis pasajeros, pero tendrá una duración de dos horas y media, y un costo cercano a los 240.000 euros por persona. Finalmente, la propuesta turística de Musk tendrá una capacidad para siete pasajeros a un costo estimado de 160 millones de dólares por persona, y los llevará en una travesía más larga alrededor de la Luna, en un recorrido de más de 700.000 kilómetros.

UN NUEVO MOJÓN EN LA CONQUISTA DEL ESPACIO. Tras un intento el miércoles 27 de mayo, que fue cancelado porque las condiciones climáticas eran adversas, el sábado 30, el cohete Falcon 9 y la cápsula Crew Dragon fueron lanzados exitosamente rumbo a la Estación Espacial Internacional desde la plataforma 39A del Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral (Florida). La misión de SpaceX, la empresa del multimillonario Elon Musk, entró a la historia de la exploración espacial como el primer lanzamiento de un cohete tripulado privado. Fue el primer viaje con una tripulación humana de la empresa de fabricación de cohetes y naves espaciales fundada por el magnate sudafricano responsable, entre otras cosas, de las empresas Pay Pal y Tesla.

Para el empresario, que sueña con establecer a la civilización en Marte, este lanzamiento fue la prueba final antes de empezar a trazar objetivos más ambiciosos. SpaceX ya está planificando viajes de turismo espacial para finales de 2021 o principios de 2022, viajes a la Luna en 2024 y a Marte en 2030.

Hace años que SpaceX se encarga de llevar provisiones y cargamento a la EEI. Pero este viaje fue diferente. Luego de muchas pruebas, entre las que llegaron a hacer explotar el cohete para chequear el sistema de seguridad de expulsión de emergencia de los astronautas, la compañía espacial se animó a enviar tripulación. La cápsula en la que viajaron los astronautas se llama Crew Dragon, cuenta con sus propios motores para moverse una vez que se desprende del Falcon 9 y realiza el retorno a la Tierra a través de paracaídas.

Una de las grandes misiones de Musk es la de abaratar los costos de los viajes espaciales. Con esa meta desarrolló el propulsor Falcon 9, muy revolucionario porque es reutilizable. En lugar de destruirse en el espacio, aterriza, se reacondiciona y se vuelve a usar. Esto implica un gran ahorro, ya que construir un propulsor cuesta alrededor de 60.000.000 de dólares, de los cuales el combustible representa solo una fracción mínima, por lo que los costos asociados a cada lanzamiento disminuyen de manera drástica.

Fue la primera vez en nueve años que astronautas estadounidenses despegaron en una nave de una empresa estadounidense y desde suelo estadounidense. El éxito de la misión de SpaceX trae consecuencias muy positivas para la NASA, que desde que se discontinuó el programa del transbordador espacial en 2011 tiene que recurrir a la agencia espacial rusa para poder enviar a los astronautas estadounidenses a la EEI. Trabajando de forma asociada a SpaceX, la NASA va a lograr independencia con respecto a Rusia.

Un dato curioso es que uno de los tripulantes de la misión, Douglas Hurley, fue el último en despegar en la era del transbordador espacial y es el primero, junto con Robert Behnken, en hacerlo en la era de SpaceX. Ambos cuentan con una buena trayectoria en el sector espacial internacional y se van a quedar en la EEI entre seis y 16 semanas realizando experimentos junto a los demás astronautas que se encuentran allí.

DOS HOMBRES Y UN DINOSAURIO. En la misión de la nave Crew Dragon, que llevó a los astronautas Robert Behnken y Douglas Hurley a la EEI, hubo lugar para uno más. La mascota del histórico viaje fue un pequeño dinosaurio de peluche, bordado con lentejuelas, llamado Tremor. Llevar peluches como indicadores de gravedad cero forma parte de una larga y simpática tradición entre astronautas, por lo que no fue la primera vez que un juguete viajó al espacio exterior. En marzo de 2019, en el vuelo de prueba sin tripulación de la Crew Dragon, por ejemplo, voló el planeta Tierra en miniatura de peluche llamado Earthy, que a la fecha se encuentra en la EEI y aparece de vez en cuando en alguna foto.

Llevar peluches como indicadores de gravedad cero forma parte de una larga y simpática tradición entre astronautas. La mascota del historico viaje fue un dinsaurio de peluche, bordado con lentejuelas, llamado Tremor.

Tremor, por su parte, abandonó su asiento, indicando gravedad cero, unos 10 minutos después del despegue y apareció flotando en diversas tomas de la transmisión en vivo del lanzamiento. Lo curioso es que Tremor no es ni siquiera el primer dinosaurio en visitar la EEI. En 2013 la astronauta Karen Nyberg, esposa de Douglas Hurley, confeccionó un dinosaurio de peluche como regalo para su hijo Jack a partir de retazos que encontró en la estación. Su hijo y el de Behnken fueron los encargados de elegir qué mascota viajaría junto a sus padres en la histórica misión, y de entre todos los dinosaurios de peluches que había en ambas casas eligieron a Tremor para emprender tamaña misión.

No se imaginaban la notoriedad que el pequeño juguete cobraría, puesto que resultó un gran negocio para Ty, la empresa que lo fabrica. Las ventas de ese producto en particular se multiplicaron exponencialmente. Muchos niños y algunos adultos quieren tener un recuerdo de esta histórica travesía al espacio en sus manos.

Robert Behnken y Douglas Hurley hicieron historia como astronautas de la primera misión de un cohete tripulado privado, a cargo de SapaceX, la empresa del multimillonario Elon Musk. 

DE LA CIENCIA FICCIÓN A LA REALIDAD ESPACIAL. El diseño de los trajes usados por Robert Behnken y Douglas Hurley el 30 de mayo para su viaje al espacio es totalmente distinto a lo que estábamos acostumbrados a ver, tanto en lanzamientos anteriores como en las películas más realistas. Se parecen más a los trajes de películas de ciencia ficción o a los de alguna de superhéroes. La reminiscencia al estilo hollywoodense no es casualidad. Su diseñador, el mexicano José Fernández, es un exitoso escultor y diseñador de vestuario de Hollywood, célebre por vestir a Spiderman, Catwoman, Capitán América, Thor, Batman, Los 4 Fantásticos y hasta los grupos de música Daft Punk y Black Eyed Peas.

El cambio de estilismo hay que agradecérselo a Elon Musk, el fanático de la ciencia ficción, que quería que los trajes se vieran "cool" y habría rechazado los diseños de otras seis compañías antes de dar con Fernández.
Los trajes, que son el primer encargo espacial en el que ha trabajado Fernández, son apodados Starman, en homenaje a David Bowie y su famoso tema homónimo. Su diseño es de color blanco, minimalista y futurista, con apenas algunos detalles en negro, el logo de SpaceX y el de la NASA. A diferencia de los anaranjados apodados Calabaza que se usaban antes, estos son elásticos, livianos y se adaptan al cuerpo de los astronautas.

El diseño de los trajes estuvo a cargo del mexicano José Fernández, célebre por vestir a Spiderman, Capitán América, Batman y hasta los grupos de música Daft Punk y Black Eyed Peas. 

Luego de que Fernández terminó el diseñó, el equipo de SpaceX incorporó las últimas tecnologías para que además de estéticos fueran funcionales y pudieran garantizar la supervivencia de los astronautas frente a situaciones adversas. Los cascos están fabricados con tecnología de impresión 3D y tienen un sistema de micrófonos que posibilitan las comunicaciones dentro de la cápsula. Además, pueden proteger a los pilotos frente a una despresurización en la nave gracias a un sistema de respiración de emergencia y la capacidad de presurizar al usuario si la cabina pierde oxígeno. Regulan la temperatura, son ignífugos y se pueden conectar con todos los sistemas de soporte vital a través de un solo punto a la altura del muslo.

A pesar de que conquistaron buena parte de la atención el día del lanzamiento, esa no era la primera vez que un Starman atravesaría la línea de Kármán (límite entre la atmósfera y el espacio exterior). Un maniquí que se lanzó al espacio exterior a bordo de un Tesla en 2018 lo llevaba puesto así como también lo hacía otro maniquí apodado Riley, en el vuelo de prueba sin tripulación de la Crew Dragon a la EEI en 2019. Sí fue la primera vez que el Starman cumplió su verdadera función, la de permitir que un astronauta de carne y hueso sobreviviera en el espacio.