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MIRADOR / Yoga

El yoga, una práctica ideal para controlar la ansiedad en tiempos de pandemia

Para continuar con la actividad física o explorar una nueva técnica durante el período del aislamiento social, el yoga se convirtió para muchos en un camino de exploración personal con beneficios para el cuerpo, la mente y el espíritu.

06.07.2020

Lectura: 10'

2020-07-06T06:00:00
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Por Rosana Zinola

La palabra yoga significa unidad y simboliza la unión entre el cuerpo y la mente. Esta práctica física, mental y espiritual de tradición milenaria se originó en la India y en la actualidad se practica en varias formas. El primer ministro de la India Narendra Modi en su discurso pronunciado en la 69a sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas manifestó: "El yoga es un don inestimable de nuestra antigua tradición. Representa la unidad de la mente y el cuerpo, el pensamiento y la acción, y, en consecuencia, ese enfoque holístico resulta valioso para la salud y el bienestar. El yoga es una manera de descubrir el sentido de identidad de uno mismo, el mundo y la naturaleza". El 11 de diciembre de 2014, Naciones Unidas proclamó el 21 de junio como el Día Internacional del Yoga en reconocimiento a la popularidad universal y para contribuir a la concientización sobre sus beneficios.

Como consecuencia de las medidas de distanciamiento adoptadas para luchar contra la pandemia de Covid-19, los institutos de yoga se cerraron, por lo que se recurrió a impartir clases a distancia. Durante la cuarentena, quienes ya practicaban yoga continuaron en sus casas con la guía online de sus profesores. Muchos otros se iniciaron para hacer alguna actividad física o en busca de un camino que los ayudara a enfrentar la ansiedad y el estrés, y descubrieron un cambio en sus vidas.

Yoga Carrasco


Cuando Jorge Zoppolo estudiaba simultáneamente Química y Agronomía sentía que su cuerpo se endurecía. Una amiga le aconsejó hacer yoga para mantener la flexibilidad y descubrió un mundo más que amplio. En 1976 se formó con Swami Vishnu Devananda y tres años después se acercó a las enseñanzas de Swami Satyananda, en Francia. "Yoga es un manual de vida muy sabio", explica el fundador de Yoga Carrasco, del Instituto Uruguayo de Yoga Satyananda Niketan, de la Escuela de Satyananda Yoga del Uruguay y de Niranjan Kutir.

A tres meses de la emergencia sanitaria, en Yoga Carrasco se está volviendo con algunas clases presenciales mientras que la modalidad online continúa por Zoom en el caso de alumnos de tercera edad o del extranjero.

Para la gente que buscaba hacer alguna actividad durante el aislamiento, el yoga resultó ideal. Se puede practicar de forma individual o en grupo, no exige más que el espacio que ocupa el mat y considera al ser humano como un ser completo, abarcando la respiración, la relajación y la concentración. Además, plantea una técnica de autoconocimiento y desarrollo de los potenciales. Por ejemplo, "cada respiración es única, distinta y la calidad de la respiración determina tu calidad de vida". Según explica Zoppolo, la respiración es muy importante como puente entre el cuerpo y la mente. "En yoga se dice que el vínculo entre cuerpo y mente es una doble avenida de igual importancia en cada una. Cuando se habla de lo psicosomático, el yoga dice que la manera de manejar el cuerpo va a influenciar a la psiquis", agrega. Por lo que el primer abordaje a la mente es a través del cuerpo.

Cuando se está estresado, recomienda el ejercicio del "leñador": uno toma un hacha imaginariamente, inhala profundo y exhala por la boca gritando "¡ah, ah!". Entonces, la respiración ayuda a alimentar el cerebro con la energía de la respiración. Si bien no resuelve la situación crítica, ayuda a canalizar y a disminuir ataques de pánico.

Meditación significa "estar en la mitad", saber lo que está sucediendo afuera y adentro de cada uno y encontrar el equilibrio entre lo interno y lo externo. "Para un sistema de vida agitado es bueno tener momentos de observación interna, de observación de la respiración y de las situaciones que pasaron en el día sin juzgar, simplemente observar", dice. Para meditar se debe estar en una posición tranquila, en un lugar calmo (no es necesario cerrar los ojos) y dejar que suceda lo que el cuerpo y la mente necesitan. Cuando se metabolizan los sucesos, los pendientes se pueden comenzar a resolver; es la oscilación entre el sistema nervioso simpático (el que se plantea la lucha, huida o apareamiento) y el parasimpático (el que te plantea digerir y descansar) hasta encontrar el equilibrio.

"Todas esas nuevas ondas de neurociencia, de neuroplasticidad, confirman lo que los yoguis o videntes plantearon empíricamente: ellos experimentaron con su cuerpo y sabían que ciertas prácticas nos benefician", concluye.

Escuela Dharma Yoga Integral

En la era de la nueva normalidad, la directora de la Escuela Dharma Yoga Integral, Paia Irigoyen, ve que los principiantes que se iniciaron en la cuarentena están ansiosos por las clases presenciales mientras que los alumnos intermedios prefieren quedarse en casa. Las razones por las que la gente empieza yoga son variadas: por curiosidad, porque se mudaron al barrio o porque quieren combatir el estrés. La escuela está instalada desde hace 10 años en la calle 9 de Junio, en Malvín, pero su origen se remonta al 2006. Sin embargo, Paia se acercó al yoga hace 40 años por sugerencia de su pareja, que le decía que ella sería una "buena yoguini". "Fui a probar, me resultó y nunca más lo dejé", recuerda la maestra y formadora de instructores.

Se anotó en un curso de un mes de la Escuela Sivananda en un monasterio en Paradise Island, en Bahamas, y después durante cuatro años recorrió el mundo con la intención de llegar a India, siempre conectándose con el mundo del yoga.

"Y desde ese momento mi vida fue solo yoga", cuenta Paia, quien al regresar a Montevideo comenzó a dar clases mientras estudiaba Psicología. "En un momento pensé que podía ayudar a la gente con la psicología y trabajé como terapeuta gestáltica, pero finalmente el yoga se transformó en mi actividad central", explica. La escuela comenzó a crecer y algunos de los instructores que formó se quedaron para acompañarla.

En esta experiencia de cuarentena las personas que se acercaron a tomar clases confesaron que fue lo que los sostuvo emocionalmente. "El yoga tiene un trabajo interno que ayuda a sentirse bien, un trabajo espiritual que armoniza a las personas internamente y con el entorno, haciendo que se sientan tranquilos", dice.

Dharma es una escuela que integra varios métodos y los maestros tienen la libertad de incorporarlos según los perfiles de cada uno. Hay gente a la que le gusta lo devocional, otros prefieren más lo físico o las instancias filosóficas. Pero también realizan ceremonias o rituales, como el que se basa en el fuego, que inició la jornada del Día Internacional del Yoga. Los que siguen avanzando en yoga realizan una formación de 12 años hasta alcanzar el grado de maestro.

Paia considera que el yoga, con el estilo adecuado, es necesario para todos, e incluso lo recomienda para niños. La cuarentena fue un "parate que nos llevó a reflexionar y a descansar", y el yoga ayudó a "aquietar la mente y a regularse", asegura.

Universo Yoga

Desde el inicio de la cuarentena, la profesora de Yoga Alejandra Brea, de Universo Yoga, mantuvo y aumentó su comunidad a través de un programa online que comparte por YouTube y Zoom.

Su acercamiento al yoga surgió mientras vivía en Francia, en 2015. Sintió la necesidad de viajar a India y a la semana de llegar conoció a Surinder Singh, quien se convertiría en su maestro. Cada año regresa para continuar su aprendizaje, además de formarse con diferentes maestros del hatha e iyengar yoga como Asish, Jorge Zoppolo, Alinda Nuñez y Flor Mompo. En Montevideo comenzó a compartir la experiencia del hatha yoga hasta que en 2019 abrió el espacio Universo Yoga.

"A la distancia, ahora me doy cuenta de que la primera vez que fui a India fue para conocer a mi maestro. Estaba en Francia y tuve el impulso de viajar a India. Había practicado yoga algunas veces, pero desde que comencé a practicarlo en Rishikesh con Surinder Singh me transformó la vida", cuenta Alejandra.

Cuando regresó a Uruguay comenzó a compartir sus prácticas. "Realmente estaba muy interesada en el yoga y sus beneficios, y en India encontré una persona que manejaba un lenguaje que para mí era familiar en un mundo totalmente diferente que pude aplicar en Occidente", recuerda.

Sus prácticas se caracterizan por expandir la conciencia en el plano físico, mental y espiritual, desde una sesión fuerte y exigente de asanas (posturas corporales) -respetando los niveles de cada practicante- hasta la suavidad justa que permite integrar cuerpo y mente con cada respiración, observar el momento presente, desarrollar la aceptación, experimentar la entrega y habitar la verdadera naturaleza.

Desde que se comenzaron a aplicar las medidas de distanciamiento en marzo, muchas personas se acercaron en busca de un camino que ayudara a minimizar el impacto de la situación. En un plano físico, la práctica de yoga otorga fortaleza física y, al trabajar además con la mente y la respiración, "nos acerca al alma". Si el cuerpo está tenso, repercute en la mente, y si la mente recibe información compleja, emociones de angustia o de incertidumbre, la práctica de yoga "regala claridad a la mente, paz y armonía", dice.

En la actualidad se vive un "momento superfrágil para la humanidad, en el que se pueden abrir las puertas para sostenernos desde la fe y la conciencia espiritual", entonces el yoga resulta "un apoyo para las personas", asegura.

Ticky Yoga

A Mariana Vega, conocida por todos como Ticky, el yoga le cambió la vida y la forma de ver y relacionarse con el mundo. Mientras estudiaba Comunicación Corporativa sintió que ese no era su camino y comenzó con su búsqueda interior.

"Cuando terminaba mi carrera estaba muy triste, angustiada y me recomendaron meditar, entonces hice un curso que me ayudó a alivianar el estrés, me desenchufó la cabeza y quedé en estado de expansión, paz y felicidad", relata Ticky. "Descubrí que mi misión era ayudar a conectar hacia adentro y redescubrir el potencial de cada uno", explica la profesora de Hatha y Vinyasa Yoga. En su estudio, Ticky Yoga, da clases, brinda talleres y también organiza viajes o retiros. Se formó con Surinder Singh, en India, con Nancy Goodfellow en Costa Rica y, gracias a Sri Sri Ravi Shankar, Ticky cuenta que descubrió su "verdadero potencial, conocimiento y sabiduría interior".

A mediados de marzo, cuando se decretó la emergencia sanitaria, Ticky se tomó un tiempo para adaptarse y transformar las clases a la modalidad online. Esas semanas de incertidumbre provocaron ansiedad y sus clases a distancia se convirtieron en un momento de "encuentro" para casi 50 personas, en el que compartían una "energía" que las ayudó a sostenerse. Al final de las clases se quedaban a conversar: fue un "espacio de reflexión, una terapia de sostén", asegura. El yoga ayuda a "aquietar la mente, a relajarse y a aceptar el momento, porque contribuye a la aceptación para fluir con lo que está pasando".

Cuando uno está en su centro, "respirando el momento presente", sabe qué hacer, qué decisión tomar. Solo cerrando los ojos y mirando hacia adentro se puede encontrar la paz