Estilo de vida
Una leyenda en el mar

El velero Cippino se prepara para la mayor travesía de su historia

Fabricado en 1949 por el diseñador naval argentino Germán Frers, el velero se convirtió en el ganador de las emblemáticas regatas Europeas en la categoría Clásicos. 

 

27.02.2021

Lectura: 6'

2021-02-27T07:00:00
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Por: Giovanna D' Uva

El Cippino llama la atención desde su amarra en el puerto de Punta del Este. No es su tamaño lo que lo distingue de los demás, pues alcanza los 16 metros de eslora, sino su perfecto estado de conservación. Madera impecablemente lustrada y barnizada, y teca muy bien cuidada recubren la totalidad de la superficie del barco, mientras que la reluciente pintura blanca de su exterior con detalles en dorado crea una combinación armoniosa.

Su imagen actual poco deja entrever que estuvo más de una década abandonado en el Club Náutico San Isidro, en Argentina. "Estaba en muy mal estado, pero era recuperable. Estuvo más de 10 años cubierto con una lona y adentro era un reservorio de todo tipo de bichos", cuenta el vicecomodoro del Yacht Club Punta del Este y propietario del velero, Daniel Sielecki. "Un amigo, Luis Gold, fue quien lo encontró. Se lo compró a su dueño y decidió restaurarlo".

Llevarlo a su estado original fue un proyecto que le tomó a Gold unos cuatro años y una inversión de cientos de miles de dólares. "La restauración se realizó en Argentina y fue muy compleja porque había que hacerle toda la madera, las velas originales -que son manuales- y hubo que traer materiales de Portugal, entre muchas otras cosas. Además, sucede que los artesanos que se dedicaban a esto ya no están más", explica el vicecomodoro.

Una vez finalizada la restauración y con el aval de distintas asociaciones relacionadas con la náutica en el mundo, el Cippino comenzó a correr regatas en la categoría de clásicos, hasta que hace seis años Sielecki decidió aumentar la apuesta y llevarlo a otra clase de circuitos.

"Un día Luis vio que el barco estaba preparado para regatas más importantes, pero que él no las quería hacer y fue cuando decidí comprarlo y llevarlo a Europa a correr. Este barco llegó y sorprendió porque empezó a ganar muchas de las regatas y se convirtió en un clásico ganador".

A pesar de haberse construido dos ejemplares idénticos al Cippino, este es el único que se ha conservado y mantenido en actividad a lo largo de los años y desde que Sielecki lo adquirió ha corrido más de 80 regatas como las de Mónaco, St. Tropez y Cannes. "La más linda de ganar fue Mónaco por el lugar. Es un espectáculo por donde lo mires, superorganizado. Todo Mónaco se pone a ver las regatas de los barcos clásicos que atrae más gente que los barcos modernos", asegura Sielecki. Pero la regata que más lo enorgullece haber ganado es la de St. Tropez, dado que la competencia es más compleja.

Correr una regata en un barco clásico tiene un encanto único que remite al pasado, cuando la navegación era más artesanal. "Con los barcos modernos hoy casi no te salpica el agua, pero acá el barco escora, te salpicás, te mojás y pasas frío".

Para que el Cippino se consagrara campeón de las diferentes regatas en las que ha participado fue necesario contar con una tripulación que trabajara en conjunto, adaptada al barco y que fuera apasionada por el mar. "Se necesita una tripulación estable, con un buen capitán y gente bien entrenada que conozca el barco y sus características. Personas muy amantes de la náutica que estén dispuestas a estar una temporada corriendo regatas. Se necesitan jóvenes, porque es un trabajo que requiere fuerza, así como gente con mucha cabeza, como el táctico, que se encarga de estudiar los vientos y calcular las corrientes. No hay puesto más importante, todos lo son. Las regatas se ganan por segundos, si te equivocás perdés", explica el vicecomodoro, quien ocupa la posición de timonel dentro de la tripulación, pero solo en aquellas regatas que decide correr.

Los nueve integrantes que componen la tripulación del velero son mayoritariamente de origen argentino y fueron seleccionados por el timonel olímpico Martín Billoch. Algunos de ellos residen en España y se unen al equipo cuando el barco se traslada a Europa a correr las regatas.

La tripulación es también la encargada de conservar el estado del Cippino, que requiere de mucho mantenimiento, como quitar la sal luego de la navegación y cuidarlo diariamente. No obstante, pese a este mantenimiento siempre se necesita hacer reparaciones más importantes luego de cada temporada. "Lo paro en marzo hasta mayo para que llegue en buen estado a Europa. Hay que barnizarlo, pintarlo y cambiarle las velas. Las personas van con sus barcos clásicos en perfecto estado a las regatas, se glorifica una época de la náutica que se fue, por eso el mantenimiento es tan importante y debe hacerse al menos una vez al año".

Además de continuar posicionándose como uno de los veleros ganadores en Europa, Sielecki desea llevar el barco a competir en el circuito de Nueva York. "El New York Yacht Club es muy prestigioso y hay circuitos de regatas muy interesantes, pero hay que elegir entre estar en Europa o ahí, porque la competencia es al mismo tiempo", explica.

Otro de los deseos a corto plazo es que el Cippino cruce el océano Atlántico. Se trata de una travesía de 60 días en la que la tripulación deberá estar muy bien preparada para vivir la experiencia. "Tiene que ser poca gente y estar muy acostumbrada al barco. Tienen que gozar de buena salud tanto física como psicológica, porque hay un momento en que estás en el medio del mar, no ves otra cosa que agua y la cabeza tiene que estar dispuesta para eso. No existe el ‘quiero volver para casa'. Y además soportar lo hostil que puede ser el clima: la lluvia, el frío y el viento".

Antes de la aventura, que posiblemente sea en mayo, se deberá aprovisionar el velero y prepararlo para las condiciones a las que se enfrentará. "El barco está perfectamente acondicionado: tiene baño con ducha, cocina, seis cómodas cuchetas para descansar. Además cuenta con toda la tecnología para navegar. Para cruzar el océano se necesita un buen radar. Hay mucho barco mercante y con el radar lo ubicás, porque por más que él te vea no puede parar, por eso es importante poder detectarlo antes", explica el navegante. "Realmente es un lindo viaje para realizar, va a ser una gran experiencia", concluye.

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