Personajes
Icono feminista atemporal

El último adiós a Raffaella Carrà, la reina de la fiesta

La muerte de la estrella italiana sorprendió al mundo y reavivó el amor de sus fanáticos, que reivindicaron su imagen y su música; este jueves 15 se estrena Explota Explota, musical inspirado en sus canciones, dirigido por el uruguayo Nacho Álvarez

15.07.2021

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2021-07-15T07:00:00
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"Raffaella nos ha dejado. Se ha ido a un mundo mejor, donde su humanidad, su inconfundible risa y su extraordinario talento permanecerán para siempre", escribió en un comunicado Sergio Japino, quien fue socio creativo y pareja de Raffaella Carrà durante muchos años. Ese mundo mejor está en la memoria de sus fans, de todas aquellas personas a quienes la artista italiana conquistó con sus canciones y sus coreografías, con su carisma y con esa fuerza imparable que, escribió Japino, "la impuso en la cima del sistema estelar mundial".
Carrà, quien gozó de gran popularidad en España y América Latina en las décadas de 1970 y 1980, falleció el lunes 5 a los 78 años. Llevaba poco tiempo luchando contra un cáncer de pulmón que mantuvo prácticamente en secreto. Esa fuerza imparable de la que hablaba Japino, junto con una voluntad de hierro, estuvieron presentes hasta el final, "asegurándose de que nada de su profundo sufrimiento se filtrara".

A lo largo de una carrera artística que se inició en los años 50 y que incluyó además de la música varios papeles en el cine y un consagratorio pasaje por la televisión, Carrà se volvió mundialmente famosa y venerada por canciones como Hay que venir al sur, Fiesta, Caliente, caliente, Lucas o En el amor todo es empezar, así como por su carismática presencia en programas de la televisión italiana, argentina y española.

Raffaella Carrà fue el nombre artístico elegido por Raffaella Maria Roberta Pelloni para proyectar su carrera en el mundo del espectáculo. Lo hizo a sugerencia del director y guionista cinematográfico Dante Guardamagna, gran aficionado a las artes plásticas, que asociaba su nombre real, Raffaella, al de Raffaello Sanzio, también conocido simplemente como Rafael, el legendario pintor y arquitecto del Renacimiento. Guardamagna le propuso usar otro apellido, más precisamente el del prolífico y vanguardista Carlo Carrà, pieza clave en la creación del movimiento futurista, que luego se volcó a la pintura metafísica.

Nacida el 18 de junio de 1943 en la ciudad italiana de Bolonia, se trasladó a Roma para estudiar danza clásica en el Centro Experimental de Cinematografía. Debutó en el cine en 1952 con el filme Tormento del pasado. A partir de entonces inició una carrera como actriz que se despliega en 80 producciones de cine y televisión.
Después de una temporada en Estados Unidos, donde actuó con Frank Sinatra en El expreso de Von Ryan (1965), regresó a Italia y se convirtió en presentadora de Canzonissima, magazine televisivo inspirado en Broadway que con frecuencia presentaba números de canciones y bailes interpretados por ella. En la década de 1970, Carrà provocó uno de los mayores escándalos en la historia de la televisión italiana cuando apareció en el escenario frente a millones de espectadores mostrando su ombligo. El episodio enfureció al Vaticano y a los líderes del Partido Demócrata Cristiano.

Como cantante, llegó a grabar más de 30 discos, 18 de ellos en español. Es que en la década de 1960 viajó a España, donde filmó películas como El caballero de la rosa roja y Comando del infierno, y fue entonces cuando comenzó a grabar canciones en español, "con letras pegadizas y picantes que la hicieron todo un mito en la sociedad española, que era muy conservadora en esa época", apunta una nota de la BBC.

Alcanzó la fama en España y América Latina a partir de 1976 tras grabar para Televisión Española (TVE) cuatro programas titulados La hora de...; en 1985 recibió la medalla al Mérito Civil de España, que se convirtió en otra plataforma de proyección internacional. Su programa de entrevistas y concursos Hola Raffaella, en TVE, fue uno de los más populares de la década de 1990. Después siguió el éxito en A las 8 con Raffaella y En casa con Raffaella.

Su popularidad se extendió a Latinoamérica, lo que la llevó a Argentina, Chile, México y Uruguay, donde muchas de sus composiciones son verdaderos hits. En 2005, en Argentina, llegó a conducir Raffaella Carrà hoy. Su última participación televisiva fue en 2016 en España, conduciendo la gala de los 60 años de TVE. Dos años más tarde editó su último disco, una recopilación de canciones navideñas titulado Ogni volta che è Natale (2018).

Sencillez y sofisticación. La gran diva de la televisión italiana recibió el viernes 9 el último gran aplauso en su funeral. Un aplauso como los que solía suscitar en todos los espectáculos con los que fascinó al mundo entero, señala una crónica de la agencia EFE. Las exequias tuvieron lugar en la iglesia de Santa María in Ara Coeli de Roma y congregaron a unas 200 personas, entre amigos y autoridades, dentro del templo, así como a cientos de admiradores en la calle, siguiéndolo en pantallas y soportando estoicamente el calor romano.

El féretro, expuesto en los últimos tres días en la capilla ardiente en el palacio del Campidoglio, el ayuntamiento de la capital italiana, entró en la iglesia a hombros, tras haber hecho un último recorrido en un coche escoltado bordeando los Foros Imperiales. 

Flores amarillas (las favoritas de la artista), mensajes y recuerdos rodearon el sencillo féretro de la diva de la televisión, el cine y la canción (Foto: ISabella Bonotto, AFP)

La ceremonia dejó ver algunas lágrimas entre los asistentes, especialmente en el que fue su pareja y amigo, Sergio Japino, pero un largo y sentido aplauso rompió la solemnidad del momento, recordando de algún modo la estrella que fue.

"¡Qué gran mujer, artista y persona! Ha sido un símbolo que ha cruzado un siglo y un milenio. Quizá solo ahora vemos todo lo que fue, un regalo. Este aplauso es todo para ti", proclamó desde el altar de la iglesia la presentadora y amiga de Carrà Lorena Bianchetti.

Centenares despidieron a la estrella televisiva italiana en un funeral en la iglesia de Santa Maria in Ara Coeli de Roma, que fue transmitida por televisión (Foto: Filippo Monteforte, AFP)

Una nota publicada en la edición italiana de la revista GQ destaca, ante todo, su sencillez. Cuenta que Carrà pidió para ella un ataúd de madera rústica y una urna para poner sus cenizas. El autor de la nota, Francesco Menichella, la define como "un monumento a la sencillez capaz de llegar a las personas con la mirada, la risa y los movimientos". Una sencillez nacida de la intuición, dice Menichella, una sencillez que era a su vez la demostración de hasta qué punto "no es cierto que la estupidez sea simple y la inteligencia complicada". Y cita a Leonardo da Vinci, para quien la sencillez era una muestra de la máxima sofisticación.

Mientras tanto, en la edición italiana de Esquire, bajo el título "Raffaella Carrà, punk antes que tú", se establece un repaso de la carrera musical de la reina de la televisión italiana y finaliza diciendo: "Gracias a ella nos hemos vuelto más humanos, más excéntricos, más vitales: pero sobre todo, más libres.

Revolucionario icono LGBTQ+. "Es técnicamente un icono porque su imagen, gracias a la televisión de la que no solo fue una estrella sino también una innovadora, se ha difundido por todos lados durante los cincuenta años de historia de nuestro país. Ni siquiera el intelectual más esnob e insular podía fingir no conocerla", escribió el periodista Daniele Cassandro en Internazionale.

En el obituario, Cassandro evoca sus "ojos brillantes e inteligentes", y sostiene que la diva también fue memorable por su risa. "Efectivamente, ahora que se ha ido, es precisamente el que resuena en la memoria: una risa plena, exagerada y contagiosa. Una risa algo despeinada, muy romana, de mujer serena y segura de sí misma".

Tiempo atrás, en entrevista con Galería, el cineasta uruguayo Nacho Álvarez, director de Explota Explota, el musical inspirado en las canciones de Carrà -que se estrena hoy jueves 15-, también remarcaba este rasgo. Rememorando su encuentro en Roma, Álvarez contaba: "Como nos recibió en la oficina pensé que iban a ser cinco minutos y ya está, pero cuando entró Raffaella me preguntó superentusiasmada, con mucha curiosidad: ‘¿Qué es esto?'. Yo le dije -en español, porque ella habla perfecto español-, que soy superfan, que se me ocurrió hacer una peli con sus canciones y que habíamos ido a contarle a ver qué le parecía. Ahí saqué el iPhone y le iba poniendo play a las canciones a medida que iba contándole la historia: ‘Y ahora suena tal canción, y ahora Hay que venir al sur, y ahora a la pareja le pasa esto y suena esta'. Ella se moría de risa y no podía creer que estuviéramos haciendo una película con sus canciones. Hay algunas en la película que no son muy conocidas pero que a mí me gustan y funcionan para la historia. Lo importante en un musical es que las canciones fluyan y que se sienta que forman parte, que no las estás poniendo por poner. De algunas canciones ella me decía: ‘¡Creo que la he cantado dos veces y no lo hago desde el 84!.'"

En The Vision, en una nota titulada "Raffaella Carrà y la dulce revolución televisiva contra la intolerante Italia", la periodista Maria Cafagna la define como un icono feminista atemporal. "Su ombligo descubierto fue un acto revolucionario: su cuerpo no fue descubierto para satisfacer el deseo masculino, sino para liberar el cuerpo femenino", apunta Cafagna, quien también escribe un sentido agradecimiento a la cantante en la versión italiana de la revista Weird. "Por esta necesidad de autodeterminación lúdica, no existe y quizás no exista un cuerpo más político que el de Raffaella Carrà. Y esta es la razón por la que la comunidad LGBTQ+ la ama tanto".

"Raffaella Carrà fue la madrina de los bichos raros", dice la edición italiana de Rolling Stone. "Fue un ejemplo para las mujeres en busca de redención en una Italia intolerante y sombría, pionera del derecho a exponerse"

Por su parte, Pedro Almodóvar dijo: "Raffaella no es una mujer. Es un estilo de vida". En un artículo publicado en Il Fatto Cotidiano, Francesco Canino afirma que Carrà ya era un icono gay "cuando la palabra gay aún no existía en el vocabulario italiano". Es que Carrà se convirtió, sin saberlo, en el símbolo de toda una comunidad. "Me convertí en un ícono gay a pesar de mí misma, no hice nada", dijo una vez. "Creo que les agrado a los homosexuales porque soy la muñeca que nunca se dieron cuando eran niños", comentó en una entrevista, tratando de encontrar una explicación.

A menudo recibía cartas de jóvenes gais que le decían: "No me suicido solo porque estás aquí", por ejemplo. "A un amigo gay, editor de una revista en español, le pregunté: ‘¿Qué es lo te gusta de mi persona?'. Me miró como si fuera una tarta de chocolate: 'Todo'. La verdad es que moriré sin saberlo. En la tumba dejaré escrito: '¿Por qué les agradaba tanto a los gais?'.

Despedida nacional, sin banderas. El funeral de Carrà fue vivido como un acontecimiento nacional, reuniendo a autoridades, amigos, colaboradores, bailarines o seguidores, y, de hecho, fue retransmitido en directo por el principal canal de la televisión pública italiana, la RAI.

La iglesia de Santa Maria in Ara Coeli, considerada una de las más bellas de la capital, en lo alto de una de sus colinas, se engalanó con flores amarillas, el color preferido de la artista, y sus fotos más icónicas para este último adiós. En su interior se sentaron, debidamente distanciados, sus más allegados, entre ellos el bailaor español Joaquín Cortés y la coreógrafa italiana Carmen Russo, mientras que en el exterior cientos de admiradores seguían la ceremonia en pantallas gigantes.

El 24 de octubre de 2005, Raffaella fue invitada al ciclo televisivo La noche del 10, que conducía Diego Maradona en Canal 13 de Argentina (Foto: Canal 13, AFP)

Mientras el féretro era sacado del templo, los fieles de la musa no escatimaron en aplausos y entonaron algunas de sus canciones más famosas; después pasaron uno a uno para tocar o besar la sencilla caja de madera en la que reposaba. El funeral fue oficiado por el padre Simone Castaldi y cuatro frailes capuchinos del monasterio de San Giovanni Rotondo, custodio de los restos del santo más venerado de Italia, el Padre Pío, del que Raffaella era sumamente devota.

Castaldi alabó su ejemplo de humanidad y bondad práctica, pues la suya no fue una vida "retórica". "Quién sabe si nos damos cuenta de la importancia de los artistas, de cuánto bien generan en las personas", proclamó el sacerdote frente al féretro, rodeado de flores y fotografías. "Reencontrarse en el cielo será una fiesta y estoy seguro de que encontraremos a Raffaella en ella, en primera fila", sostuvo. Porque, explicó el sacerdote, a pesar de las dudas que surgen antes de perecer, ella era consciente de "todo el bien que había sembrado", un bien "sin banderas ni colores".

El padre Castaldi habló además de la profunda fe de Raffaella, sobre todo hacia el Padre Pío, santo de gran devoción popular. La artista acudía a menudo al monasterio, había amadrinado su nuevo centro de comunicaciones y en 2002 presentó un documental sobre su figura. Por esa razón anunció que la voluntad de la diva era "volver" al lugar en el que se veneran los restos del santo. El cuerpo de la artista fue cremado y las cenizas trasladadas al monasterio de San Giovanni Rotondo; luego, la urna se llevó al lugar en el que se quedará para siempre, su villa del Argentario, un monte en una península frente las costas toscanas.


Nacho Álvarez, director de Explota explota, el musical inspirado en las canciones de Raffaella Carrà
"Raffaella evoca una parte de tu vida en la que siempre es verano y alegría"

La diva tiene una breve participación en la película de Álvarez (Foto: Paolo Ciriello)

"La primera imagen que se me viene a la cabeza cuando me mencionan su nombre es la de una sonrisa. Raffaella, para mí, es una sonrisa. Raffaella significa alegría, felicidad. Así ha sido desde siempre. Creo que cualquier persona que escucha su nombre, sonríe. Siempre. Raffaella evoca una parte de tu vida en la que siempre es verano, calor y alegría".

Quien dice esto es el realizador uruguayo radicado en Madrid Nacho Álvarez, director de Explota explota, musical que rinde homenaje a los éxitos de Carrà, y que se estrena en los cines este jueves 15. El filme es una producción de Tornasol Films, casa productora de títulos como la oscarizada El secreto de sus ojos (Juan José Campanella), Un cuento chino (Sebastián Borensztein), Los crímenes de Oxford (Alex de la Iglesia) y Plata quemada (Marcelo Piñeyro), entre otros.

"Esta fue una semana muy rara", dice Álvarez a Galería desde su casa en Madrid. "Realmente pienso que le debo a ella mi inicio en el cine. Si ella no hubiese existido a mí no se me hubiese ocurrido hacer un musical con sus canciones. Ahora que no está, cambió el significado de la película y cambió el significado de ella en mi vida".

Aún hoy Álvarez no logra identificar todos los elementos que le atrajeron de quien, en definitiva, es la gran responsable de su debut como director. "Aunque pienso hacia atrás, en la primera vez que la vi, y me acuerdo perfectamente. Yo tenía 14 años y la vi en la RAI, en el cable. Ella estaba con unos bailarines y unos paraguas blancos. Yo estaba con mis padres y mi hermano Federico (también cineasta, director de No respires). Recuerdo que pregunté quién era ella. Mi madre me dijo algo así como que era una estrella italiana. Y después, la siguiente vez que la encontré yo tenía 24 y ya no vivía con mis padres. Fue en la feria de Tristán Narvaja, en un puesto de vinilos, estaba a la vista, en un lugar destacado, Fiesta, un disco de ella que tiene todos los hits. Siempre estoy tratando de acordarme por qué decidí comprar ese vinilo, que creo que me costó 25 pesos. A partir de ahí, siempre que iba a Tristán Narvaja iba a comprar un disco de Raffaella. El año pasado, en verano, estuve en Uruguay y fui al mismo puesto donde compré Fiesta y le conté al vendedor la historia de ese disco, mi primer disco de Raffaella, y que estaba haciendo una película con sus canciones. Llegué a estar muy obsesionado con Raffaella, y esa obsesión fue cambiando. La primera vez que fui a Italia soñaba con cruzármela en la calle. Nunca pasó, obvio. Después, en 2013, me la encontré en una exposición en Barcelona. Y ahí sí nos sacamos una foto. En algún momento me distancié un poco de esa obsesión y de la música de Raffaella. Es que cuando empecé a escuchar sus discos estaba en pareja, luego me separé, y a veces sucede que al dejar una relación también se deja atrás las cosas que te llevan a recordar esa relación. Más tarde, cuando me vine a vivir a España, en mayo de 2017, llegué y a los 15 días Raffaella se presentaba en una exposición italiana en un barrio muy cerca de donde yo estaba. Fui. Y ahí reconecté con ella. La tuve al lado, prácticamente. Diez días después me junto con los productores, con Mariela Besuievsky (productora uruguaya de Tornasol Films), y le cuento la idea de hacer un musical con las canciones de Raffaella Carrá. Y al escuchar su nombre todos sonrieron. Y todos dijeron de hacerlo ya. Nadie dudó ni un segundo. Eso generaba Raffaella".

La diva italiana tiene una breve participación en la película, la cual llegó a ver terminada. "El año pasado, en octubre o quizás fines de setiembre, hicimos una entrevista juntos para una radio de España, y me contó que iba a verla", recuerda Álvarez. "Me volví loco porque me moría de ganas de ir a Roma y verla con ella. Pero eran tiempos de covid y estaba todo muy complicado. Los pasajes estaban regalados pero realmente era muy complicado hacer un viaje así, aunque me moría de ganas. Todos mis amigos me decían que era una locura ir a Roma. Y tenían razón. También pensaba que era un peligro ir, podía terminar contagiándola. Hoy, con la muerte de ella, me arrepiento de no haber ido. Es que en el momento no pensé que se iba a ir tan pronto. Lo lindo es que ella me mandó un mensaje de audio cuando salió del cine. En ese audio se aprecia bien su personalidad, su sentido del mundo, su buena onda, su buen corazón. Atesoro ese audio".

El audio es conmovedor. Se escucha a Carrà entusiasmada, hablando en español, deseando lo mejor para la película, para el director y para el equipo. Carrà se encontraba todavía en la sala de cine mientras grababa el mensaje de voz. Elogia la historia, los arreglos musicales y los actores. Dice que la dirección es perfecta. Y agradece, sobre todo agradece. "Ella claramente sabía qué piropo decirme", dice el director. "Hoy me quedo con eso. Con que a Raffaella le encantó la película, le encantó su homenaje".

Raffaella en la apertura del 64º Festival de la Canción de San Remo, Italia, en febrero de 2014 (Foto: Manuel Romano, AFP)

Álvarez recibió la noticia del fallecimiento el mismo lunes, mientras estaba en su casa en Madrid. "Estaba con mi pareja y con una amiga uruguaya que vive en Barcelona y estaba de visita por Madrid. Eran más o menos las cinco de la tarde. Tenía el teléfono cargando y no paraba de sonar. Me acerqué y vi por arriba dos mensajes de texto. Uno decía que falleció Raffaella. Quedé en shock. Me angustié mucho. Después me llamó todo el mundo: mi hermano Andrés, mi cuñada, mi madre, muchos amigos, familiares, conocidos. Era como si se hubiese muerto un familiar".

Fue, además, un día muy emotivo, agrega el realizador. "El fin de semana en España habían asesinado a un chico por ser gay. Ese lunes se hacía una marcha en Sol. En un momento entonces me escapé para ir a la marcha por Samuel. El resto de los días estuve muy conmovido. Pensé en viajar a Roma para estar en el velorio, pero no me animé. Vi el velorio y la misa en vivo, llorando a mares. La pandemia nos pateó a todos. Al momento que la película se estrenó en España empezaba la segunda ola. Y ahora que se va a ver en Uruguay quisiera estar allá. Fue una semana muy rara. Yo quería estar en Roma, en Montevideo, en Madrid. Me da mucha rabia, mucha tristeza no haber podido ver la película con ella, no haber podido ir a festivales y presentarla con ella. Pero me llena de felicidad haber podido hacerle un homenaje en vida y que ella haya podido ver ese homenaje y disfrutarlo. Me quedo con eso".