Editorial
Columna, por Daniela Bluth

El país del sí se puede

Sobre la importancia de emprender (y de tener referentes)

25.11.2021

Lectura: 5'

2021-11-25T08:39:00
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Por Daniela Bluth

Cada tanto recuerdo la primera entrevista “de última” que hice y salió en aquel lejano primer número de Galería, allá por setiembre de 2000. Fue una larga charla con el maestro Federico García Vigil, a quien entrevisté varias veces más en los años posteriores y que falleció en 2020. Una de las preguntas era qué opinaba “de la chatura y el color gris de los uruguayos”. Respondió cuestionando qué tenía de malo el color gris y aclarando que no creía que fuéramos chatos. Y remató: “La materia gris es gris también”.

Sus palabras, que siempre venían acompañadas de una mirada pícara y cierto tono irónico, vuelven a mi cabeza cada vez que alguien o algo hace referencia a la idiosincracia uruguaya. Esta semana, el que disparó ese recuerdo fue Federico Lavagna, el emprendedor y empresario uruguayo que publicó el libro Cómo jubilarte a los 40, un trabajo en el que mientras recorre su camino como emprendedor aprovecha para dar su visión sobre los valores de ser tu propio jefe, sobre cómo nos relacionamos los uruguayos con el éxito y el dinero, qué cosas están mal vistas o son condenadas socialmente y por qué hay tan pocos emprendedores en América Latina en general y en Uruguay en particular. Y por ahí, transversalmente, deja entrever que —en realidad— su idea de jubilación tiene poco y nada que ver con la tradicional.

Más allá de su visión sobre las bondades y posibilidades de emprender en Uruguay, con las que no comulgo cien por ciento, quizás porque carezco de ese “bichito emprendedor”, como él le llama y a la vez admite que no todo el mundo tiene, comparto varios de los conceptos que arroja sobre los uruguayos. Dice, convencido, que en Uruguay a nadie le va bien, o en realidad a nadie le gusta decir que le va bien. La gente “está ahí”, “tirando”, “en la lucha”, “haciendo lo que se puede”. Él, en cambio, evita ese tipo de respuestas, aun a conciencia de que puede sonar soberbio. “Me niego a la respuesta uruguaya. Digo que estoy bárbaro. Genial. Te dicen: “pah, qué bueno, ¿estás ganando mucha plata?”. No, no tengo un mango, pero estoy bárbaro, estoy haciendo lo que quiero, estoy con ganas”, responde. 

En este número de la revista hay varias historias que demuestran que para ser feliz con lo que uno hace, ser emprendedor es uno de los caminos, pero no el único. La historia de Walter Debenedetti, el arquitecto, el funcionario de la Intendencia de Colonia, el alma detrás del proyecto de restauración de la Plaza de Toros Real de San Carlos, que reabre el 9 de diciembre después de más de un siglo a puertas cerradas, es un claro ejemplo. Debenedetti es director de Planeamiento y Patrimonio de la intendencia desde hace años, solo abandonó su Colonia natal para estudiar en Montevideo; pasó toda la vida viendo aquella mole en ruinas, pensando qué y cómo podía hacer para volverla a la vida. En la recorrida por la plaza, todavía en obra pero en los últimos aprontes para la reinauguración, le contó a Carolina Villamonte que para concretar ese sueño se debían dar tres cosas (difíciles, agrego yo) al mismo tiempo: un proyecto arquitectónico, voluntad política y dinero. Por eso, Debenedetti tomó el toro por los cuernos y armó el proyecto, esperando que los otros dos factores se concretaran en algún momento. “Siempre dije: ‘Yo quiero tener el proyecto armado porque un día la plata va a salir, y un día la voluntad política va a estar y lo único que no puede faltar es el proyecto’”. Esto ocurrió mucho antes de 2012, cuando el proceso de recuperación empezó a cobrar forma en los papeles. Ahora, el arquitecto asegura que tuvo la suerte de su lado, porque le tocó estar “en el momento en que se alinearon los astros”. Tal vez no es consciente todavía de que su actitud, sus ganas y su tesón también fueron clave para llegar hasta donde está hoy.

Como dos es casualidad y tres confirmación, en esta edición también hay una nota sobre el remo en Uruguay y cómo —pese a la falta de infraestructura y fondos— viene sumando adeptos después del buen desempeño de Bruno Cetraro y Felipe Klüver en los Juegos Olímpicos de Tokio. Lo que ocurre en disciplinas mediáticas y masivas como el deporte no es tan diferente de lo que podría suceder con un emprendedor o cualquier profesional destacado en lo suyo. 

Uno de los principales problemas que Lavagna señala en la entrevista es que en Uruguay, al igual que en la región, hacen falta referentes. Que los niños quieren ser Messi, Neymar o Suárez. Pero eso no está mal, siempre fue así y lo va a seguir siendo. Lo duro es que los que lo logran son unos pocos, las pruebas están a la vista. Por eso sí es necesario que, desde la familia y sobre todo desde la educación, se les dé a las nuevas generaciones herramientas para potenciar otras habilidades, quizá no siempre valoradas. Al talento natural siempre hay que sumarle trabajo y perseverancia. Pero también hay otros ingredientes, como la confianza en sí mismo, la capacidad de arriesgarse o las ganas de hacer algo diferente, que se estimulan, se aprenden y se ejercitan. Desde hace años, sobre todo en el universo femenino de la moda y el modelaje, se viene hablando de la importancia de la autoestima. Hay que quererse desde y en la diferencia. Y esto también aplica al desarrollo profesional. No todos somos buenos para todo. No todos somos buenos en lo mismo. Hay que encontrar nuestro don, que no será mejor ni peor que otros. Creer en él y apostar hacia adelante. A veces entra un poco en juego la suerte, otras los astros; la mayoría, el trabajo duro mezclado con el corazón.