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El olfato, el sentido olvidado

Sus alteraciones pueden ser síntoma de distintas enfermedades, tiene una función defensiva y permite sentir placer.

 

29.07.2020

Lectura: 9'

2020-07-29T20:25:00
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Por Clementina Delacroix

"Los otorrinos le damos muy poca bolilla al olfato y los neurólogos también", confiesa el profesor grado 5 de Otorrinolaringología (ORL) de la Udelar Gustavo Costas. En su opinión, el desplante que hacen los médicos a la capacidad de detectar olores tiene que ver con una opinión difundida entre los profesionales de que la pérdida del olfato es algo altamente frecuente y que ante esa realidad hay poco para hacer. Su colega, la especialista en Rinología y Olfato Cecilia Morales coincide hasta cierto punto. "Creo que el olfato es el sentido olvidado y no es solo acá, es en el mundo, y no solo para los otorrinos, sino para los médicos en general. Está muy subestimado y se ha dejado de lado durante mucho tiempo". Sin embargo, asegura que la creencia entre los médicos, y los otorrinos en particular, de que ante la pérdida del olfato no se puede hacer nada "no es tan así". "Hace muchos años que hemos encontrado datos que nos ponen en camino con ciertos tratamientos que tienen un poder de recuperación enorme y es lo que más nos está estimulando a seguir trabajando", agrega la exjefa de clínica grado 2 de ORL de la Universidad de la República.

EL SENTIDO MÁS PRiMITIVO. El sistema olfativo es la parte más antigua del cerebro, y su integridad proporciona una medida de la integridad general del cerebro. El sentido del olfato es un mecanismo básico que se basa en estructuras profundas dentro del cerebro. "Indudablemente es importante", dice Costas. "Te brinda la sensación de placer, de que te guste la comida, pero también tiene una función defensiva", advierte. Es importante, por ejemplo, para detectar alimentos en mal estado, una fuga de gas o humo, y para estimular el apetito.

El sabor es lo que se siente a través del olfato. "Cerca de 80% del sabor se detecta por ese sentido. Cuando te ponés un alimento en la boca se dispersan moléculas, que son odoríferas, que van por vía retronasal y llegan al epitelio olfativo donde el nervio del olfato siente y eso lo traduce en el sabor de la comida", explica Morales.
Nacemos con olores ya grabados en la memoria olfativa. El bebé nace reconociendo el olor de su mamá, por eso en el momento del nacimiento está probado que es lo que lo calma. A lo largo de la vida, además, se desarrolla la memoria olfativa que también se conoce como memoria afectiva; generalmente uno siente determinado olor y eso lo lleva inmediatamente a un momento específico de su pasado.

OLER MUCHO, POQUITO, NADA. Dentro de los trastornos del olfato hay muchas variantes. La más importante es la anosmia, la pérdida completa del sentido del olfato, le sigue la hiposmia, que es una pérdida parcial. Pero hay otros grupos como la hiperosmia, el sentido del olfato agudizado -como sucede en algunos casos con las embarazadas-, la disosmia, que es un alteración en la percepción del sentido del olfato, la fantosmia o alucinaciones olfatorias -que suelen darse en pacientes psiquiátricos que sienten olores que no están presentes- y la paraosmia, en personas que perciben los olores distorsionados, por ejemplo, tras sufrir algún problema neurológico. Otro trastorno importante es la presbiosmia, que implica que el sentido se va perdiendo con la edad, al igual que sucede con la vista o el oído. Esta afectación se puede empezar a manifestar alrededor de los 60 a 65 años y es bastante frecuente.

El sentido del olfato es uno de los únicos con plasticidad neuronal. Hasta los 75 años se ve que el epitelio olfatorio se puede regenerar a partir de unas células precursoras que se diferencian en neuronas. "En los pacientes con estos trastornos planteamos la rehabilitación olfatoria, que ayuda a que las neuronas retomen su función. Por supuesto que no se recupera el 100%, pero en aquellos que tienen una pérdida importante puede darse una franca mejoría", destaca la especialista.

Hay muchas enfermedades que pueden causar estos trastornos. "Si uno no respira bien por la nariz, ya tiene un problema, porque para poder oler tiene que llegar la corriente de aire con vectores de olor sueltos a conectar con el techo de la nariz, lo que sucede al respirar, pero también se percibe por el aire que hay en la boca o en la faringe. Si hay congestión nasal, por ejemplo, es muy difícil percibir un olor", apunta Costas, y asegura que en una persona que respira bien, que no está sufriendo una enfermedad aguda y que no ha sufrido un traumatismo, puede haber otro problema que esté obstruyendo la captación de olores.

Los trastornos de olfato pueden ser síntomas de varias enfermedades y como las causas pueden ser tan heterogéneas, lograr el diagnóstico acertado es fundamental. "Yo estoy trabajando en olfato desde 2010 y lo que he ido aprendiendo es que a los pacientes con este tipo de problemas hay que dedicarles tiempo, no es una consulta común de 10 minutos, porque hay que investigar mucho, la mayoría de los datos se obtienen de lo que el paciente va relatando, ahí va surgiendo generalmente la causa", explica Morales, cofundadora de la primera policlínica de olfato y gusto del Uruguay. "En una segunda instancia, lo que hacemos es evaluar por intermedio de un estudio olfatométrico para confirmar el grado de afectación", continúa.

PATOLOGÍAS QUE AFECTAN EL OLFATO. En primer lugar, están las rinosinusopatías crónicas, que son todas aquellas enfermedades que dan inflamación de las fosas nasales y los senos paranasales. Incluyen desde la sinusitis crónica y la rinitis alérgica hasta la rinitis no alérgica y la poliposis. En Uruguay, dadas las características climáticas, hay un amplio predominio de patologías alérgicas que se tratan con medicación antiinflamatoria tópica como pueden ser los corticoides nasales, con buenos niveles de recuperación. Otra patología inflamatoria bastante común es la poliposis nasosinusal, para la que en general se inician tratamientos o requieren soluciones quirúrgicas.

Otros tipos de pérdidas del olfato se dan principalmente a partir de daño de los nervios, como las posvirales y las postraumáticas, donde hay una lesión de los nervios olfatorio, oftálmico y maxilar. Aquí los medicamentos no son efectivos, aunque existe un tratamiento de rehabilitación olfatoria "que tiene muy buenos resultados, ya que el olfato se regenera" según Morales.

En otro orden se encuentran las enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y el Alzheimer. "En estas enfermedades el trastorno del olfato aparece mucho antes que el resto de los síntomas. Por ejemplo, en el Parkinson se estima que al menos unos cinco años antes de la aparición de los síntomas propios de la enfermedad ya aparece el trastorno olfatorio y en el Alzheimer hay estudios que demuestran que hasta 20 o 25 años antes de desarrollar la enfermedad ya se manifiesta un trastorno del olfato. Esto es fundamental para el paciente porque si bien no hay un tratamiento para evitar la enfermedad, sí lo hay para evitar la aparición precoz de los síntomas. Por otro lado, enfermedades neurológicas, como la epilepsia olfatoria y la esclerosis múltiple, y enfermedades endocrinológicas, como el síndrome de Kallmann o displasia olfato genital, también son causa de trastornos del olfato. Existen además las anosmias congénitas. "Esto es lo que se conoce como anosmias familiares porque se ven en varios integrantes de una misma familia, incluso de diferentes generaciones, por ausencia del bulbo o vía olfatoria", agrega Morales.

PANDEMIA SIN OLFATO. "Al principio tendimos a no darle importancia porque esa alteración del olfato era la misma que sucede con cualquier virosis. Pero al confirmarse la evidencia de que muchos pacientes manifestaban pérdida del olfato como único síntoma y después daban positivo al Covid-19, se comenzó a jerarquizar la presencia del síntoma", asegura Costas. "Lo que nos inquietó, al punto que llegamos a tener una entrevista con el ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, en abril, es que estábamos viendo una alteración del olfato en pacientes jóvenes que no presentaban otros síntomas. Y si no evaluábamos el trastorno del olfato, significaba que muchos pacientes volverían a la comunidad sin ser testeados. En ese momento no era tenido en cuenta como síntoma, pero logramos que se incluyera en el triage que hacen los médicos generales y un alto porcentaje dio positivo solamente por el trastorno del olfato. Lo que se está viendo es que el Covid-19 no está afectando la neurona olfativa como sucede con otros virus, sino que afecta las células de sostén, que rodean a las neuronas. Al no haber una afectación directa, la recuperación del olfato es más rápida, con un promedio de 15 días, mientras que las virosis que afectan la neurona olfativa tienen un plazo promedio de recuperación de un año.

OLFATEANDO LA RECUPERACIÓN CERABRAL. Un estudio que consistió en exponer a pacientes con lesiones cerebrales graves a olores agradables, desagradables y neutros, midiendo el aire que inhalaron en respuesta a dicha percepción olfativa, permitió determinar con precisión la recuperación de esos pacientes, a la vez que ayudó a los médicos a elegir el tratamiento adecuado.

Al efectuar la medición, los investigadores pudieron analizar el funcionamiento de sus estructuras cerebrales profundas. "Sorprendentemente, todos los pacientes en ‘estado vegetativo' que respondieron a la prueba de olfato, recuperaron la conciencia durante los cuatro años siguientes", explica la neurocientífica Anat Arzi, del Instituto Weizmann (Israel) y la Universidad de Cambridge (Reino Unido), que dirigió el estudio.
Si una persona inconsciente y con daño cerebral responde al olor a través de un ligero cambio en su patrón de flujo de aire nasal, es probable que recupere la conciencia, concluye el estudio. Según sus hallazgos, 100% de los pacientes con lesiones cerebrales e inconsciencia que reaccionaron a una prueba olfativa desarrollada por los investigadores, recuperaron la conciencia, durante el período de estudio de cuatro años.

Esta prueba simple y económica podría ayudar a los médicos a diagnosticar y determinar con precisión los planes de tratamiento de acuerdo con el grado de lesión cerebral de cada paciente. Su hallazgo resalta el papel clave del sentido del olfato en la organización del cerebro humano.

En Uruguay estos hallazgos no han sido utilizados, explica Costas, ya que están en una etapa experimental. Morales indica que sería muy interesante combinarlos con técnicas de neuroimagen que permitan determinar qué zonas del cerebro se activan con el estímulo. "No lo veo fácil de llevar a cabo en Uruguay porque en general los pacientes con ese tipo de afecciones están con ventilación mecánica y respiran a través de un circuito cerrado con un tubo en su aparato respiratorio", concluye la doctora, que de todas formas encuentra el estudio muy prometedor.