Estilo de vida
Arquitectura Pequeña

El movimiento Tiny House: Hogares a medida

Con conciencia ambiental y construcciones de 50 metros cuadrados, el movimiento Tiny House se impone como una nueva filosofía de vida, y llegó a Uruguay

09.09.2019

Lectura: 8'

2019-09-09T22:46:00
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Por Florencia Pujadas

Hasta hace poco, la idea de una buena vida se asociaba con las grandes casas. El poder de los reyes se medía por el tamaño de sus palacios y el patrimonio de los millonarios se escondía en el número de habitaciones de sus mansiones. Las personas estaban -y todavía están- dispuestas a pagar miles de dólares por vivir en la mayor cantidad de metros cuadrados posible. El espacio era poder. O al menos eso se creía hasta que apareció Tiny House, un movimiento arquitectónico que transformó el estereotipo del hogar de ensueño.

A diferencia de las edificaciones más tradicionales, que en Estados Unidos alcanzan los 200 metros cuadrados, estas casas apenas llegan a los 50. Es algo así como un tetris con piezas que encajan a la perfección, sacando provecho de cada centímetro. Las habitaciones están pensadas para lograr su mayor funcionalidad sin dejar de ser cómodas. Porque por más que sean chicas, la comodidad no se puede perder. Las tiny houses son un sinónimo de lujo en tamaño pequeño. La mayoría está construida con materiales ecológicos y diseñada para ahorrar espacio. Tienen interiores de doble propósito, artefactos multifuncionales y muebles personalizados. El desafío: hay que ser ingenioso.

Al vivir en estos pequeños hogares, los dueños aprenden a gestionar el espacio y dejan de acumular cosas innecesarias. Es un razonamiento sencillo: cuanto más grande es una casa, más costosa es su construcción, su mantenimiento, la calefacción y hasta los impuestos. En los espacios más pequeños, se reducen los gastos y se minimiza la huella ecológica. Los adeptos dicen que el movimiento es una filosofía de vida orientada a la sencillez y el respeto por el medioambiente. Además de ahorrar en su mantenimiento, las tiny houses están pensadas para adaptarse a ciudadanos nómadas que no quieren anclarse a la vida en un solo lugar. Por eso, suelen estar montadas sobre ruedas y con una estructura liviana para moverse de un lado a otro.

Un estilo de vida alternativo. A pesar de que recién se expandió en los últimos años, el movimiento Tiny House surgió a fines de la década de los 90 en Estados Unidos. El nombre fue adoptado por la arquitecta Sarah Susanka en su popular libro The Not So Big. En esta publicación, que se volvió el manual del movimiento, se mostraban las ventajas de cambiar un estilo de vida consumista por uno más sencillo. Las minicasas se presentaban como el futuro de la arquitectura. Por aquellos años, además, en Japón también se impuso como tendencia la construcción de pequeñas viviendas de lujo a precios más económicos. Este nuevo giro arquitectónico fue el resultado de la escasez de tierra, los altos costos de las propiedades y los impuestos, además del inminente peligro causado por los terremotos que sacuden con regularidad a la sociedad japonesa. Su éxito fue más rápido que en Estados Unidos.

A principios de los años 2000, y después de la publicación de Susanka, Gregory Johnson y Jay Shafer fundaron la cooperativa Small House Society, que se instaló entre los ciudadanos de Estados Unidos. Pero la expansión recién llegó después del huracán Katrina, que destruyó más de 200.000 hogares en 2005. El movimiento fue muy útil. Aquellas casas no eran lujosas ni tenían una estética personalizada -dos características que identifican a las tiny-, pero sirvieron como recurso para familias que ya no tenían techo. Esta misma funcionalidad apareció cuando estalló la crisis financiera, en 2008.

Una década más tarde, las tiny houses redefinieron su lugar en el mercado como una solución para combatir el daño al planeta por la actividad de los seres humanos. Personajes como Verónica Padilla, una de las fundadoras del movimiento, hasta Andrew Morrison, un famoso constructor en YouTube, aseguran que estas casas tienen un impacto positivo y se alejan del consumismo de las sociedades modernas. Es una forma de "consumir de forma inteligente", dicen sus seguidores cuando aparecen en programas como Tiny House Nation, una producción de Netflix. Algunos de sus adeptos dicen que se mudan a estas pequeñas casas para ahorrar gastos. Sin embargo, el motivo detrás de sus mudanzas suele estar vinculado a la ecología. En los últimos años, el nivel de consumismo de las sociedades se volvió preocupante. Hemos gastado más recursos de los que el planeta es capaz de producir en un año. Ambientalistas y ciudadanos comprometidos encuentran en las tiny una solución habitacional más sustentable.

Hay diseños para todos los gustos y necesidades: están las más tradicionales, las vanguardistas y las inspiradas en la arquitectura japonesa. También están las más austeras, las minimalistas y las rústicas, que se adaptan al clima de montaña. Entre estudiantes alemanes, de hecho, se popularizaron las M-CH, casas pensadas para el uso diario. Son compactas, equipadas con tecnología avanzada y con lo necesario para vivir. No tienen mucho más que eso. Y son conocidas como casas microcompactas. En Austria, además, el arquitecto Peter Jungmann también diseñó y construyó el Ufogel, una microcasa de 40 metros cuadrados que funciona como un hotel. Hay tantas propuestas como lo permite la imaginación de los arquitectos y los dueños. Lo único que se mantiene es la conciencia ambiental y el tamaño estrecho, que va de 16 a 50 metros. Nada está librado al azar.

Un nuevo camino local. En Uruguay, el movimiento Tiny House todavía está en pañales. A pesar de que cada vez más firmas de arquitectos y emprendedores coquetean con estas viviendas, hay reticencia entre los clientes locales. "La mayoría de las personas que conocen este concepto son extranjeros. Trabajamos con argentinos, estadounidenses, de distintos lugares", dicen Valentina Rivero y Joaquín Rodiño, los uruguayos que trajeron el movimiento al país.

Detrás de Tiny House Uruguay, instalada en Maldonado, esta pareja promueve el estilo de vida del que se enamoraron cuando vivían en Toronto. Entonces no les faltaba nada. "La sociedad canadiense es consumista, todo está al alcance, pero a nosotros nos faltaba lo esencial. Empezamos a profundizar en qué era y nos dimos cuenta de que teníamos un apartamento lleno de banalidades. Nos enamoramos de las tiny houses y vimos que con esta filosofía dejás de perder tiempo en esas banalidades que no te terminan de llenar. Te liberás de las preocupaciones de mantener una casa y se vuelve una vida más sencilla. Cambiás el orden de prioridades", dice Valentina, mientras Joaquín asiente.

Su proyecto empezó en una visita a Uruguay. La pareja diseñó una casa pequeña y compacta para el terreno que tenían en Maldonado. Joaquín se encargó de la parte estructural, de conseguir los materiales más adecuados y diseñar los muebles que Valentina iba diseñando. Ella es la encargada de la parte estética. "Estas casas están pensadas para que se adapten al estilo de cada uno. Tienen que cumplir con sus necesidades, ser atractivas y funcionales", dice la emprendedora.

Luego de terminar su propio hogar, que les llevó unas ocho semanas, la pareja subió fotografías a una nueva página web y volvió a Toronto. Pero debieron volver por la demanda de nuevos clientes. Como su nombre es Tiny House, su sitio es el primero que aparece en la búsqueda de los que desean una vivienda de este estilo. Básicamente, trabajan en proyectos que se venden entre los extranjeros como pequeñas construcciones de lujo. La mayoría de sus clientes los escoge para edificar casas de veraneo, pero otros también los eligen para sus residencias permanentes. Cada construcción es artesanal y puede durar entre dos y ocho semanas. Siguiendo con su filosofía ambiental, usan productos nacionales y un sistema de residuos para contaminar menos. Los muebles también suelen estar hechos con materiales reciclados o piezas reutilizables. "Buscamos bajar el impacto de cada uno", dice Joaquín.

Si los dueños piensan mover la casa una vez al mes, se tienen que poner sistemas alternativos para los servicios de luz y agua, y utilizar fuego para calefaccionar. Si buscan dejarlas en el terreno, las conexiones son normales. A diferencia de los contenedores, estas casas no tienen humedad porque tienen sistemas de respiración.

En promedio, una casa de 30 metros cuadrados -equipada con más de un dormitorio- ronda los 45.000 dólares. Pero el costo varía según las demandas y el estilo que busque el cliente. Sin embargo, "nosotros decimos que las tiny houses son para todo el mundo; no todo el mundo es para las tiny houses", asegura Valentina. La construcción de una vivienda es un camino único y particular. "Es como un arte personalizado", concluye. Y no se equivoca.