Estilo de vida
Entre el placer y el tabú

El masaje prostático: hombres buscando el mayor de los orgasmos

La estimulación de este órgano glandular puede ser una gran fuente de placer para los varones, aunque todavía hay muchos prejuicios por derribar.

05.02.2021 06:00

Lectura: 10'

2021-02-05T06:00:00
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Por Leonel García

Tanto médicos como psicólogos especializados en la temática sexual como vendedores de juguetes para el placer erótico coinciden en que el masaje prostático es una práctica cada vez más extendida, apreciada por hombres que buscan algo así como el non plus ultra de los orgasmos. La razón comercial es la razón del artillero: si hay estimuladores prostáticos de silicona con control de vibración y chiches varios por hasta 20.000 pesos, es porque hay gente que los compra; adiós discusión.

Sin embargo, pese a transcurrir el año 2021, las mentes más abiertas y una mayor habilitación para descubrir la sexualidad propia y ajena, es un tema que sigue siendo tabú y provoca aprensiones, que alimenta aún la falsa creencia de que es un asunto exclusivo de homosexuales, que definitivamente no es un motivo de charla habitual en la barra de amigos, quienes de eso no hablan.

Pero sí se habla. Y se practica. Cada vez más.

La otra nuez de Adán. ¿De qué hablamos cuando hablamos de la próstata? Es un órgano glandular perteneciente al aparato reproductor masculino. Gustavo Malfatto, urólogo jubilado el año pasado tras 40 años de profesión en el Casmu, el Hospital Evangélico y el Hospital Británico, explica que su función es aportar elementos de nutrición para el fluido seminal, permitiendo a los espermatozoides llegar a su pretendido destino: el óvulo femenino. Está ubicado, según añade Santiago Cedrés, presidente de la Academia Internacional de Sexología Médica, debajo de la vejiga y delante del recto, envolviendo a la uretra. La sexóloga clínica Magdalena Joubanoba hace una puntualización no menor: dice que la cara posterior de la próstata se encuentra "a aproximadamente dos falanges de dedo de distancia del ano".

Y es esta cercanía lo que hace que este órgano, descrito como una nuez, una castaña o una donut en países anglosajones, de entre 20 y 25 gramos de peso en un adulto joven, de un ancho de hasta cuatro centímetros en condiciones normales y repleto de terminaciones nerviosas, signifique una fuente de placer tan grande que se la ha dado en llamar el Punto P. Placer para el que se anime, claro está, para el que supere el tabú. Y los tabúes, como los prejuicios, son muy difíciles de quebrar.

"Si bien cada vez se habla con mayor naturalidad sobre la sexualidad, hay prácticas y zonas del cuerpo que todavía son tabú. Hay quienes creen que las prácticas que incluyen al ano del varón son exclusivas de los homosexuales", sostiene Cedrés. "Aunque en la práctica clínica se ve una mayor aceptación y apertura que antes".

Joubanoba, también coordinadora docente del curso de Sexología Clínica en la IUCS, repite algo que ya debería ser innecesario resaltar en estos tiempos: "Ser homosexual significa que una persona se siente atraída por personas del mismo sexo. No es un órgano (el ano o la próstata, por caso) lo que define a la homosexualidad y heterosexualidad". Y agrega algo que haría estallar a alguna que otra cabecita antediluviana: "En realidad, muchos homosexuales no tienen relaciones anales".

Aclarado lo obvio, dejando vivir a todo el mundo, se puede pasar a lo realmente interesante.

Placer y cuidados. Por fuera del aspecto médico, el placer erótico es el principal "beneficio" de la próstata, subraya la psicóloga y sexóloga clínica Vanesa Martínez. "Tanto estimulando esa zona solamente, como en simultáneo con otras prácticas, como la penetración o el sexo oral, se genera un tipo de orgasmo más intenso y más duradero", explica.

Cedrés dice que es aconsejable que la primera vez que se realice un masaje prostático, lo haga la propia persona, como si fuera una masturbación. "Se trata de una práctica nueva con sensaciones que pueden no ser placenteras". A diferencia de la vagina, el ano no lubrica y tiene que ser dilatado con masajes circulares antes de la penetración; tanto en solitario como en pareja, se recomienda el uso de lubricantes acuosos, así como se desaconseja la glicerina. El propio dedo alcanza para el masaje, frotando suavemente los lóbulos de la próstata, fácilmente reconocible al tacto.

Martínez, que también recomienda una estimulación digital como iniciación, señala que hay una gran variedad de juguetes de diferentes precios y tamaños para el disfrute individual o en pareja. "Hay dilatadores anales, dildos y estimuladores prostáticos. Pero en todos los casos conviene usar lubricantes, porque si se hace de forma brusca o sin lubricación, puede llegar a lastimar". Además, la especialista advierte que, si se usan los dedos, hay que tener cuidado con el largo de las uñas.

Yendo al aspecto emocional, la sexóloga también opina que es fundamental que haya confianza y apertura mental en la pareja para que el barco llegue a buen puerto.

Chiches nuevos. "Hoy hay mayor difusión de la medicina sexual y de la sexología a todo nivel, sobre todo en los medios de comunicación", dice Joubanoba para expresar el mayor interés sobre el Punto P. "Y en lo personal, mi objetivo es proporcionar conocimientos y habilitar lo relacionado con el placer". En ese sentido, la experta habla de la importancia del tema de los juguetes.

Adultos jóvenes, de entre 35 y 45 años, nivel socioeducativo medio alto, casi siempre con pareja estable. Así puede resumirse, según los distintos expertos consultados por Galería, el hombre que se anima a probar el masaje prostático. "Son hombres que no tienen ningún fantasma sobre su sexualidad atrás suyo", aporta Diego Lacuesta, encargado de la sucursal Punta Carretas de Boutique Erótica, la mayor cadena de locales de juguetes sexuales del país.

"Ves cada vez más hombres abiertos, con ganas de experimentar. O parejas en las cuales la mujer es más abierta o lo trae a él, que es más ‘conservador'. Pasa que todavía hay gente que lo ve casi como un ‘camino de ida' a la homosexualidad; pero, flaco, ¿no sabés que tu punto más erógeno está justamente ahí? Esto último está relacionado con la desinformación y la poca educación sexual", señala el comerciante.

De un tiempo a esta parte, esa cadena ha notado un incremento en la venta de los estimuladores prostáticos. Si bien en el mercado se pueden encontrar vibradores por 1.000 e incluso 800 pesos, lo barato puede salir caro, mucho más en una zona hipersensible. Los mejores estimuladores de próstata son de silicona y tienen la forma parecida a una palanca de cambios. En promedio, dice Lacuesta, la parte que se introduce en el recto tiene en promedio 11,5 por 3,5 centímetros. "Si bien los dedos pueden cumplir la función, estos juguetes tienen una curvatura pensada para masajear la glándula prostática". Algunos de ellos, además, tienen un estimulador externo -la caja de cambios, siguiendo con la analogía- de 6,5 por 3,5 centímetros, para masajear el perineo (esa zona ubicada en el suelo de la pelvis, entre el final del escroto y el ano).

Y la variedad da idea del interés. Se puede conseguir un estimulador de silicona que no vibre por 2.000 pesos; uno que sí vibre en 30 niveles distintos y recarga por puerto USB, por 4.000; con eso más control remoto y regulador de temperatura, 9.000; y la joya de la corona: un aparato que a todas esas posibilidades le suma que es sintonizable vía bluetooth, se puede manejar a través del teléfono celular, incluso de un país a otro, por 20.000 pesos.

Ellas empoderadas. En todo el mundo se ha destacado que este tipo de prácticas, en caso de una relación heterosexual, significa una suerte de "empoderamiento femenino", ya que la mujer asume un rol más activo a la hora de darle placer a su pareja. "Hay mujeres a las que les gusta mucho hacer esto, además de estar a gusto con una persona de más apertura sexual. Algunas cumplen la fantasía de ser ellas las que penetran y generan el mayor placer", indica Martínez.

Más allá del auge percibido (pero no cuantificado) de este masaje, la noción de la próstata como factor de placer sexual no es nueva. "Siempre se dijo que era el Punto G del varón. Con el paso del tiempo y las experiencias de algunos varones, o sus parejas, que practican la estimulación prostática, comienza a hablarse más y a desarrollar más curiosidad que apertura", afirma Cedrés.

De todas maneras, todavía hay que vencer tabúes y prejuicios. Las historias que todos en algún momento escucharon sobre desenlaces nefastos, siempre en tono de mofa y estigma, que hablan de hombres que aparecen en las emergencias hospitalarias con objetos impensables metidos en su anatomía (historias basadas en la realidad que, según la médica y sexóloga Magdalena Joubanoba, "incluso han requerido cirugía"), frenan a los interesados en experimentar. Calma, autoconocimiento paulatino, confianza en su propia sexualidad y en la pareja, y nunca olvidarse del lubricante parecen ser la clave para lograr lo que algunos llaman "el orgasmo de los orgasmos".

CUESTIONES DE CONSULTORIO

Más allá del vínculo con el placer, la próstata también ha estado históricamente vinculada a dos patologías habituales en el varón, el cáncer y la disfunción eréctil.

Apelando a información de la Comisión Honoraria de Lucha Contra el Cáncer, el presidente de la Sociedad de Urología del Uruguay (SUU), Enrique Cardozo, dice que el de próstata es el cáncer más frecuente en hombres, "registrándose en promedio unos 1.430 casos nuevos por año, lo que constituye el 16,6% del total de cánceres masculinos". Es, agrega, "la tercera causa de mortalidad por cáncer en los hombres luego del cáncer de pulmón y colorectal, con casi 580 muertes anuales".

Para detectar esta patología u otras similares, los médicos utilizan la técnica del tacto rectal. A diferencia del masaje, advierte el sexólogo clínico Santiago Cedrés, es difícil encontrar algo menos erotizante. "Se hace en un consultorio, con el dedo del médico o médica buscando un tumor o crecimiento anormal de la cara posterior de la próstata. No es una caricia", agrega por su lado su colega Magdalena Joubanoba.

Cardozo explica que el masaje prostático se realiza de forma no rutinaria para ver si hay riesgo de cáncer o para descartar infecciones. Lo que se hace con esta práctica es una "especie de drenaje". "Se realiza para obtener las secreciones prostáticas en una muestra de orina para identificar material genético, que permite distinguir qué pacientes tienen riesgo aumentado de padecer un cáncer de próstata clínicamente significativo, de aquellos que no", agrega el titular de la SUU.

Y si bien tiene la misma sensación erótica inexistente que puede tener una mujer en una consulta ginecológica, los tabúes están al firme. Un urólogo consultado para esta nota comentó lo paradójico que es hablar de un órgano que causa tanto placer sexual y a la vez tanto resquemor. "Las fantasías respecto a la masculinidad afectada son tremendas. Por caso, yo rara vez hacía un tacto rectal en el primer encuentro con un paciente, ¡como si fuera una primera cita!".

Un experiente médico consultado para esta nota, recuerda que décadas atrás, cuando se sabía poco y nada de las causas de la disfunción eréctil y fármacos como el Viagra no cabían ni en las mentes más imaginativas, "los urólogos les hacían un masaje prostático a los pacientes para que tuvieran una erección y pudieran tener relaciones sexuales". Muchas veces debían ir al propio domicilio del paciente, porque el efecto obtenido no era eterno.

A partir de los 45 años, un hombre debe hacerse estudios prostáticos de forma regular a modo de prevención. Si bien los análisis de fluidos son necesarios, hay inflamaciones y nódulos que pueden ser detectados al tacto. Y si hay antecedentes de cáncer de próstata en la familia, esos estudios deben comenzar a los 40 años.