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El lado positivo de la cuarentena: más tiempo para pasar con mascotas

Alejandro De Barbieri, Ana Mola, Mónica Devoto, Claudia García y María Strasser cuentan cómo llegaron sus gatos y perros a sus hogares

04.05.2020
2020-05-04T07:00:00
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Por Giovanna D'Uva

Ya sea por la compañía, por la alegría que provocan o para darles un hogar en caso de maltrato o abandono, las mascotas llegan a la vida de las personas para formar parte de su familia. Sin importar su raza o edad, estos animalitos desarrollan un vínculo con sus dueños que es casi imposible de describir. Están presentes en cada momento, son considerados y tratados como hijos y logran en ocasiones llenar un vacío.

Alejandro De Barbieri

Mandela y Louis son los nombres de las mascotas que forman parte de la familia De Barbieri. Cada uno llegó de una manera muy especial a la casa y, desde hace 10 y ocho años, respectivamente, se integraron a la rutina del hogar.

De una cruza de labrador con un perro sin raza nació Mandela, que inicialmente fue adoptado por el hermano de Alejandro. Diferentes motivos llevaron a Mandela a desembarcar en la casa de Alejando hace seis años. Desde entonces el compañerismo y la alegría de este perro acompañan a todos los integrantes de la familia. "Es supercompañero, siempre está jugando y te busca para que juegues con él. Un perro muy cuidador, cariñoso y afectuoso", cuenta su dueño.

Mandela fue el primer perro que tuvo la familia, antes de él siempre habían tenido gatos. Hoy el perro comparte su rutina con Louis. "Lo trajo mi cuñado. Estaba abandonado en un galpón y nosotros lo adoptamos. Es un gato supercariñoso. Mis hijas lo aman, aunque a veces se asustan cuando caza algún pájaro por instinto", comenta.

La experiencia de adoptar un perro fue para la familia una acción muy gratificante. Además de las cualidades de Mandela, Alejandro reconoce el vínculo cercano que creó con él. "El perro es más cercano, podés interactuar más con sus emociones, con sus sentimientos: es compañero".

La llegada de la cuarentena cambió, sin duda, la dinámica. "Ahora que estamos en casa están un tanto desconcertados. El perro nos ve en la vuelta y como estamos teletrabajando no podemos prestarle siempre atención, pero él nos busca para jugar". Como Mandela ya no puede hacer sus paseos por la costa por la emergencia sanitaria, para que gaste la energía el jardín de la casa se transformó en un patio de juego: "Le tiramos sus juguetes y corre de un lado para el otro".

Ana Mola

Son 14 los años que su mascota Abril lleva acompañando a su dueña en su día a día. Hija de una labradora, llegó a su vida un verano en el que la familia vacacionaba en José Ignacio, cuando Ana decidió adoptar a uno de los siete cachorros que había tenido la perra de una amiga. "Abril vivió con nosotros todos estos años, en los que hemos pasado por muchas circunstancias, y siempre ha sido una perra muy buena y compañera", comenta.

Adoptar un cachorrito no era nada nuevo para Ana. "Siempre adopté y ayudé a los perros de la calle. Lo hicimos durante mucho tiempo con mi hermana. Por filosofía, yo castro a los animales, sean macho o hembra, porque es una cadena".

"Cuando se adopta un animal, hay que pensar que esa mascota va a estar más de una década con nosotros y eso implica una responsabilidad muy grande. Cuando son bebés son divinos. Luego crecen, tienen sus achaques y hay que hacerse cargo y acompañarlos. Hay que ser muy responsable con la tenencia de los animales", agrega.

Abril comparte hoy su lugar con Spooky, una gatita de tres meses que llegó a la familia por pedido del hijo de Ana. "En este momento ambas están en una etapa de sociabilización, principalmente porque la gatita es muy asustadiza. Abril siempre fue muy amiga de todos los perros y gatos que han pasado por esta casa".

Estos días de estar en casa han ayudado a fortalecer tanto el vínculo entre ambas como el de las mascotas con la familia. "Ellos sienten que hay un cambio y están felices de que yo esté en la casa. A Abril le encanta la comida y, al estar más aquí, hago muchas cosas que no hago cuando estoy entrando y saliendo. La que está más arriba mío es la gatita, que me sigue cual si fuera un perrito".

Para Ana, las macotas son alegría, es un amor incondicional, una compañía, un vínculo muy positivo y leal, y es por eso que valora el trabajo de organizaciones como Animales sin Hogar o Amores Perros, de Punta del Este, que de forma desinteresada se preocupan por cuidar a los animales. "Realmente espero que estos días de cuarentena nos ayuden a ser más empáticos con el entorno", concluye.

Mónica Devoto


Fiel amante de los perros, Mónica Devoto creció rodeada de ellos. Hoy son dos boxer los que forman parte de la familia: Homero, de 8 años, y Papik, de un año y medio.

La familia tiene perros de esta raza desde hace 30 años. "Cuando mis hijos eran chicos, decidimos tener boxer porque entendimos que son una raza que se lleva muy bien con los niños, son superjuguetones y cariñosos", explica Mónica.

Papik es el más pequeño y llegó a la casa como un regalo para Gerardo, el esposo de Mónica, por el Día del Padre. Desde entonces se transformó en el compañero de Homero. Para la familia es importante que sus mascotas tengan un compañero, por lo que siempre tuvieron de a dos perros. De esta manera, además de estar juntos, el mayor educa al más pequeño. "Una de las cosas que tienen prohibido es subir las escaleras e ir a los cuartos, y eso se ha transmitido de generación en generación. El mayor educa a los más jóvenes y lo hemos visto a lo largo de estos años", dice.

La inteligencia, el cariño, la fidelidad y la compañía que sus mascotas brindan es uno de los puntos que Mónica destaca, más aun en tiempos de aislamiento. "Con todo esto que está pasando, me di cuenta de la importancia de las mascotas para las personas que están solas. Los perros son una compañía. Son superfieles y, en este momento que estamos pasando, creo que son una compañía fundamental tanto desde lo psicológico como desde lo afectivo", reflexiona.

Claudia García

Ciro y Fleco son las mascotas de Claudia García. Un perro de 13 años y una gata de 10 que fueron rescatados del abandono. "Ciro fue el primero en aparecer. Era un cachorro precioso que estaba en la calle. Con la vecina nos preguntábamos de quién era y decidí entrarlo al jardín del frente esperando encontrar a su dueño. Sabía que tenía uno porque tenía un collar. Busqué en las páginas que publican animales perdidos y a su vez comencé a buscar en la nómina de perros buscados y ahí había un perro exactamente igual a él que se llamaba Ciro. Escribí avisando que lo había encontrado, pero nunca recibí respuesta. El perro finalmente se quedó en casa y yo decidí ponerle Ciro porque para mí era el perro perdido. Y resultó ser un buen nombre", cuenta Claudia.

Algo similar pasó con Fleco, que un día apareció en el fondo de la casa de Claudia. "Era superchiquita y dormía en el fondo. Estaba hecha un fleco cuando llegó, muy flaquita y débil. Le pusimos Fleco por eso, a pesar de ser una gata".

Cada uno a su manera, Ciro y Fleco han creado un vínculo especial con Claudia. Principalmente el perro, que ha transitado situaciones complejas junto a su dueña. "Tenemos una forma de entendernos espectacular, es un perro muy compañero y conmigo es un pegote, está siempre atento a mis movimientos. Para mí es como un hijo. Él me acompañó mucho cuando atravesé un momento difícil en mi vida y en cuanto me recuperé, él desarrolló un carcinoma en el cuello del que se curó perfectamente. Yo siento que eso le pasó porque absorbió todo ese mal momento por el que yo transité. Fue insólito", recuerda.

La vuelta de Claudia a la televisión cambió la rutina del hogar y su perro no demoró mucho en notarlo. "Estos meses previos a mi regreso pasaba bastante tiempo en casa y Ciro se acostumbró a verme todo el día. Ahora está medio desconcertado. No entiende mucho qué hago levantándome a las cuatro de la mañana. Él se para y me mira".

A diferencia de Ciro, Fleco es una gata muy independiente y no pasa tanto tiempo detrás de Claudia. "No podés tratar a un gato como tratás a un perro. Pero a su manera los gatos también se hacen querer, te retribuyen con cariño. Además, cumplen funciones de utilidad, son detectores de alimañas y controlan el lugar".

En su casa, Claudia disfruta de las tardes con sus mascotas en el jardín y se siente feliz de tener a sus fieles compañeros en su vida. "Agradezco la vida de ellos todos los días, porque nadie es eterno, pero los perros y gatos, para mi gusto, viven demasiado poco" concluye.

María Strasser

"Lulo es como una persona, un integrante más de la familia al que hay que cuidar, pero que acompaña y alegra todo", así se refiere María Strasser a su perro, un yorkshire de cinco meses. Amante de los animales desde niña, María creció rodeada de las especies más variadas como ovejas, gatos, pollitos, gallinas y corderitos. "Antes de Lulo tuve otro yorkshire que se llamaba Pipón, que vivió 14 años. Cuando falleció, el sentimiento de vacío era tan grande que decidimos traer a Lulo", comenta.

Esta cuarentena ha permitido estrechar el vínculo entre Lulo y María. "Se pasa pegado a mí. Tanto es así que si estás durmiendo, te camina por arriba y se acuesta arriba tuyo. Si estás en el piso, se trepa por la espalda y se sube al hombro. Tiene que estar pegado. Realmente no sé qué voy a hacer cuando pase la cuarentena, tendré que llevarlo conmigo para todos lados", dice María.

Vivir en un apartamento no ha apagado la energía y vitalidad de Lulo. "Tengo un balcón al que sale para tomar sol y estar un rato al aire libre. Todo el día se pasa corriendo de un lado al otro. Tiene una pelota de lana y todos sus juguetes por todos lados, que los heredó de Pipón, y con ellos se entretiene. Pasa de ser el demonio de Tasmania a caer dormido en brazos como un bebé", concluye.