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El regreso tras las acusaciones

El lado menos amable de Ellen DeGeneres

El talk show inauguró su 18ª temporada después de haber recibido graves acusaciones de exempleados que dicen haber sufrido "racismo, miedo e intimidación", además de favoritismo y acoso sexual

25.10.2020 07:00

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2020-10-25T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

Siete minutos duró el monólogo en el que Ellen DeGeneres buscó su absolución. El primer programa de su temporada número 18 la mostró a ella, vestida impecablemente con blazer y polera blanca, jean y championes, también blancos, refiriéndose en un tono que podría definirse como de tenso humor, a las acusaciones que recibió su programa por parte de empleados y exempleados.

"Si están mirando porque me quieren, gracias. Si están mirando porque no me quieren, bienvenidos", empezó diciendo la comediante, que ha hecho de la línea "sean amables entre ustedes" su latiguillo personal, con el que termina cada uno de sus programas. Esa contradicción entre la "señora del sean amables" (Be kind lady en inglés) y las voces que denunciaron al show como un lugar tóxico para trabajar es tal vez lo que causó más controversia. Algunas acusaciones aseguraban que Ellen prohibía a los trabajadores de su programa que la miraran a los ojos, y que exigía -por tener algo así como un superolfato- a todas las personas que hablaran con ella que, antes de hacerlo, mascaran chicle. También que llegó a pedir a un estudio contiguo que no cocinaran carne por ser ella vegetariana. En marzo de este año la situación se agravó con denuncias de exempleados que dijeron haber sufrido "racismo, miedo e intimidación", además de favoritismo y acoso sexual por parte de algunos productores. A esto se sumaron los testimonios de algunos que fueron despedidos después de tomarse una licencia médica o por luto.

En ese momento, el comediante Kevin T. Porter publicó un tuit pidiendo a la comunidad que compartiera "las historias más descabelladas" que hubieran escuchado de Ellen, y recibió más de 2.500 respuestas, a cual más espeluznante.Aunque ella había respondido en un comunicado escrito que todo aquello era "delirante" y "mentiroso", la señora con 61 Emmy, que lleva 18 años aleccionando a su audiencia para que sea amable, está teniendo que demostrar que, cuando las cámaras se apagan, ella predica con el ejemplo.

Amables como yo. "Hay muchas cosas de las que quiero hablar. He estado deseando referirme a eso directamente hace tiempo, pero desafortunadamente hablar directamente a las personas fue ilegal por seis meses", dijo en su monólogo aludiendo al distanciamiento obligado por la pandemia. "Como habrán escuchado, hubo alegatos de un ambiente de trabajo tóxico en nuestro show, y después hubo una investigación. Supe que pasaron cosas que nunca tendrían que haber pasado. Me lo tomo muy en serio y quiero decir que lo siento mucho a la gente que se vio afectada".

Antes de estas disculpas públicas, durante el verano Ellen se había disculpado vía e-mail y videoconferencia con sus trabajadores. Pero, evidentemente, hacía falta que el público la escuchara admitir sus errores al aire. "Sé que estoy en una situación de privilegio y poder, y sé que con eso viene una responsabilidad, y asumo la responsabilidad de lo que pasa en mi show", continuó. Para demostrar que se tomaron cartas en el asunto, se despidió a tres productores, responsables, al parecer, de algunas de las "microagresiones" que sufrieron las víctimas en el entorno laboral.

El escándalo ha repercutido también en el rating, que cayó estrepitosamente desde el año pasado: de tener 2,3 millones de televidentes, pasó a tener 1,2 millones. El programa inaugural había sido prometedor en cuestión de números, probablemente porque se esperaba una declaración jugosa que aludiera a la controversia de los últimos meses -tal como sucedió-, pero la cifra de televidentes no se mantuvo.

Sin embargo, el programa tiene su espacio asegurado por un contrato que firmó la anfitriona de TV en 2019 que asegura que el show irá por NBC tres años más.

Hay quienes aseguran que en las últimas temporadas puede advertirse en DeGeneres un dejo de tedio y hasta aversión al estilo benéfico del programa, y cierto rechazo a esa alegría perpetua que se espera de ella. Hace dos años, decidió abandonar el baile que hacía cada día al abrir el programa; unos pasos típicos y personales que eran un rasgo inconfundible. Según su esposa desde hace 12 años, Portia Di Rossi, ya es hora de que DeGeneres cierre esta etapa y que busque otros horizontes. "Ella es más compleja que lo que se ve en el show. Tiene un rango mayor de emociones", comentó a The New York Times. "Simplemente pienso que es una actriz y comediante de stand up tan brillante que su creatividad no tiene por qué reducirse a este show. Hay otras cosas que podría encarar".

El domingo 11 de octubre, Día Nacional de la Salida del Closet en Estados Unidos, la comediante compartió una foto con su esposa, tal vez buscando generar identificación entre sus seguidores, enfocando la atención en asuntos menos turbios. "Brindemos por la salida del closet, mientras nos quedamos en casa", escribió junto a la foto que posteó en Instagram.

La investigación interna. En julio de este año Warner Bros. Televisión decidió iniciar una investigación interna, fundamentalmente a partir de 10 denuncias de exmiembros del staff del programa, y de un actual empleado. En el proceso se entrevistó a un total de 36 personas -algunos de ellos testigos de los maltratos y otros víctimas- para que contaran sus experiencias, que incluían agresiones del tipo de comentarios racistas e intimidatorios.

A partir de allí se concluyó que había "algunas fallas en el manejo diario del show", y el estudio decidió despedir a tres productores ejecutivos, Ed Glavin, Mary Connelly y Andy Lassner, que fueron acusados además de conductas inapropiadas de índole sexual (comentarios, manoseos, insinuaciones y pedidos directos de favores sexuales) con exempleados. DeGeneres, por su parte, envió un comunicado a los integrantes de su equipo reconociendo que había fallado en su premisa de que todos fueran tratados con respeto, y les pidió disculpas por eso.

Ellen vs. Ellen. El año pasado, escribió y protagonizó un especial de stand up para Netflix. El título, Relatable, es sumamente elocuente. En los últimos 18 años la vida de Ellen DeGeneres cambió radicalmente. Esta comediante, que se animó a declarar abiertamente ser gay en 1997 en un momento en que podía implicar un suicidio profesional, tuvo agallas y pagó, efectivamente, con su trabajo. Al poco tiempo de ser tapa de Time con el titular "Sí, soy gay" ("Yep, I'm gay"), la sitcom que protagonizaba y llevaba su nombre se canceló y ella se quedó sin trabajo. En aquel momento parecía que su carrera había llegado a su fin, y era difícil intuir el éxito que vendría. Su resurgir fue gracias a Dory, el personaje de Buscando a Nemo que sufre de pérdida de memoria a corto plazo y que escribieron pensando en ella. Cobró 75.000 dólares por prestarle la voz al simpático pez.

Ya tenía 45 años cuando le ofrecieron ser anfitriona de un talk show diurno de lunes a viernes. Esa Ellen, la que dio nombre a un programa que ya lleva casi 20 años, no es la misma de hoy. Por año, se embolsa casi 90 millones de dólares (según Forbes fue la 15ª celebridad mejor paga del año pasado).

A esa brecha que se abrió entre ella y su público es a la que alude en su stand up Relatable (cuyo significado en español es: cercano, que genera identificación). ¿Sigue generando eso en la gente? ¿Puede seguir vinculándose de la misma manera con su público? "Solía hablar de la comida de los aviones. ¿Qué hago ahora?", dijo en una entrevista con The New York Times. El especial muestra una cara desconocida de ella, diferente de la que conduce el programa luminoso que los estadounidenses sintonizan a las tres de la tarde. El humor es más ácido y no tiene reparos en referirse a su fortuna y el estilo de vida que compra con ella.

"Hay artículos en la prensa y redes sociales que dicen que no soy quien aparento ser en la televisión, porque soy conocida como la Be kind lady. Empecé a decir ‘sean amables entre ustedes' después de que un joven llamado Tyler Clementi se quitara la vida al ser blanco de bullying por ser gay. Pensé que el mundo necesitaba más amabilidad y fue un recordatorio. Creo que ahora la necesitamos más que nunca", explicó en su monólogo. "Ser conocida como la Be kind lady es una posición complicada en la que estar. Déjenme que les dé un consejo: si están pensando en ponerse un apodo, no elijan Be kind lady, no lo hagan", bromeó, y siguió: "La verdad es que sí soy esa persona que ven en la televisión. También soy un montón de otras cosas. Algunas veces me pongo triste, me enojo, me pongo ansiosa, me frustro, me pongo impaciente, y estoy trabajando en todo eso".

El cambio. Mientras Portia De Rossi la alienta a dejar el show y dedicarse a algo nuevo, que la desafíe, su hermano Vance le aconseja que se quede. Le dice que ahora, con lo que está atravesando el país, la gente necesita esa dosis diaria de energía y optimismo.

Por el momento, DeGeneres se está ocupando de algo más urgente: recuperar la credibilidad del público. "Mi intención es ser siempre la mejor persona que puedo ser, y si alguna vez decepcioné a alguien o herí sus sentimientos, lo siento mucho", expresó. "Ahora soy la jefa de 270 personas que ayudan a que el show sea lo que es, todo lo que quiero es que estén felices y orgullosos de trabajar acá". Para eso, según dijo, mantuvieron muchas conversaciones en las últimas semanas sobre el show, sobre el ambiente de trabajo y sobre el futuro. "Hicimos los cambios necesarios y hoy estamos empezando un nuevo capítulo", aseguró. "Todavía quiero ser esa hora al día a la que la gente recurre para escapar y reír".