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El hijo drag queen del presidente y una expresión artística que cada vez es más popular

Al compartir en redes sociales fotos vestido de mujer, Estanislao Fernández, hijo del futuro mandatario argentino Alberto Fernández, pone en primera plana al transformismo,que en los últimos años pasó de la marginalidad a la masividad.

06.11.2019 14:04

Lectura: 9'

2019-11-06T14:04:00
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Alejandra Pintos

A lo largo de su presidencia, Mauricio Macri no perdió oportunidad de mostrarse con su familia de revista, compuesta por la elegante Juliana Awada y la hija de ambos, Antonia. En las redes sociales se los podía ver cocinando, en el jardín o navegando. Siempre sonrientes, una familia perfecta. Ahora, quien asume la posta es Alberto Fernández y su caso no puede ser más diferente. Tampoco le interesa representar ese estereotipo. Para empezar, se divorció de su esposa en 2005 y desde hace un par de años está de novio con la periodista y actriz Fabiola Yañez, aunque nunca se casaron y no tienen planes de hacerlo. Esto lo convierte en el primero en tomar posesión del cargo con estatus de divorciado desde 1930. También tiene un perro, Dylan, a quien pasea a menudo por las afueras de su casa de Puerto Madero, que ganó popularidad durante la campaña y tiene "sus propias" redes sociales; el collie tiene en Instagram más de 100.000 seguidores.

Pero lo que más ha llamado la atención de la prensa es su hijo Estanislao, de 24 años. "Tani", como le dicen en su círculo de amigos, suele compartir en sus redes sociales fotos vestido de mujer; es cosplayer y drag queen. El primer término surge de la expresión en inglés costume player, una actividad que consiste en representar a personajes ficticios (de cómics, series, cine o videojuegos, entre otros) con elaborados disfraces. Esto puede ser en redes sociales o en instancias como las Comic-Con, un evento multitudinario que gira en torno a la cultura de las historietas. Estanislao, fanático de los videojuegos y de los cómics -de hecho, estudió ese tipo de ilustración en la universidad-, empezó representando personajes de su mismo género y más adelante se animó a disfrazarse de personajes femeninos. Luego, lo llevó más allá y empezó a hacer performances de drag queen, que consiste en transformarse en una suerte de álter ego femenino.

Muchos asumen que el vestirse de mujer implica que Fernández es homosexual. Sin embargo, el hijo del presidente electo está de novio con una chica, con quien convive. "La sexualidad es un espectro infinito. Yo elegí estar en pareja con mi novia y estamos hace tres años. Vivimos juntos, optamos por tener una relación de orden monogámico, porque, por ejemplo, no tenemos tiempo para otras personas, solo tengo tiempo para ella", reconoció en diálogo con el periodista Franco Torchia de la radio La Once Diez. En esa misma entrevista contó que también estuvo en pareja con hombres.

Tanto el drag como el cosplay son expresiones de una minoría, que si bien hoy pueden alcanzar cierta popularidad entre las generaciones más jóvenes, tienen un origen marginal bastante cargado de estigma. Por eso, cuando su padre le anunció a Estanislao que entraría en la carrera presidencial, él temió que su imagen afectara negativamente la campaña. "Lo primero que se me vino a la cabeza fue: ‘Acá se termina esto para mí, voy a tener que cuidarme'. Si ya me venían diciendo cosas por hacer drag en eventos o, incluso, por ir de hombre disfrazado y que me vean como una cosa rara, ahora va a ser peor", contó Fernández hijo.

Pero sucedió exactamente lo contrario. Porque si bien ha recibido algunos comentarios despectivos en redes (por ejemplo, el escritor de ultraderecha Agustín Laje se burló de él, con consecuencias adversas para él), Alberto Fernández ha defendido a su hijo a capa y espada, lo que fue celebrado por la comunidad LGBTQ+. "Es el mejor pibe que conocí en mi vida. ¿Cómo me va a joder que me pregunten por mi hijo, si yo siento orgullo por él? Es uno de los tipos más creativos que vi en mi vida", dijo en una entrevista el presidente electo.

De la marginalidad a la masividad


Aquaria, ganadora de la temporada 10 de RuPaul's drag race.

Que los hombres se vistan de mujer en el ámbito artístico en sí, no es ninguna novedad. Por ejemplo, en Inglaterra, durante la época isabelina, los actores eran todos hombres y eran ellos los que interpretaban a los personajes femeninos caracterizados como mujeres. Incluso, en Estados Unidos los shows de drag (palabra que es un acrónimo de dress as a girl) fueron bastante populares hasta la década de 1920, cuando una ola conservadora los llevó a refugiarse en el under.

Ya en la marginalidad, el drag volvió a resurgir en el marco de los ballrooms, fiestas de la comunidad LGBTQ+ que tuvieron su origen hace unos 50 años principalmente en Nueva York. En estas celebraciones, los participantes concursaban en diferentes categorías, mezclando danza, modelaje, performance y lip sync (hacer la mímica de cantar al ritmo de una canción). En ese marco, mujeres trans competían por quién "pasaba" por mujer (este fenómeno se ve retratado en el documental Paris is burning y en la serie de FX Pose). Era un acto de desafío a las normas establecidas y una forma de reivindicación. "Cada vez que agito mis pestañas postizas, es una declaración política", afirmó RuPaul, un popular drag queen estadounidense.

Y fue RuPaul (ayudado por la coyuntura política y las redes sociales) quien llevó el drag a la masividad absoluta. En 2009 lanzó RuPaul's Drag Race en el canal de cable Logo TV, un reality show con formato de eliminación en el que diferentes "reinas" competían para coronarse como la mejor del programa. La primera temporada fue casi un experimento de bajo presupuesto, pero para la tercera, el asunto había alcanzado una dimensión que tomó a todos por sorpresa. A lo largo de sus 10 temporadas, el programa fue nominado a 23 Premios Emmy y los participantes (tanto ganadores como perdedores) se han convertido en verdaderas celebridades. "Es lo más cercano que tiene la cultura gay a un campeonato deportivo", sostuvo un crítico de televisión, aunque, de hecho, ha trascendido la comunidad gay y gran parte de la audiencia está compuesta por mujeres heterosexuales.


El transformismo en Uruguay


En el Río de la Plata, en cambio, los orígenes del drag tienen más que ver con el teatro de revista y el café-concert, con Alfredo Barbieri, Antonio Gasalla, Carlos Perciavalle y Jean François Casanovas (creador de Grupo Caviar) en Argentina y Cacho de la Cruz, con su personaje de Chichita, en Uruguay. Aunque no es exactamente lo mismo, y así lo explica Pablo Atkinson, drag queen argentino radicado en Uruguay hace 10 años: "Lo que se hace hoy da un paso más y toma elementos de los drag queens estadounidenses. En este transformismo, que surgió más desde el boliche gay, hay una búsqueda muy importante desde la estética", explica a galería rodeado de zapatos de taco alto, pelucas y vestidos de lentejuelas meticulosamente ordenados.
Originario de Mar del Plata (meca del teatro de revista), desde niño Pablo Atkinson supo que quería ser actor y se fue formando en ese rubro. Sin embargo, cuando por primera vez vio un show de transformismo a los 16 años supo que era exactamente eso lo que quería hacer. "Me encantó ese humor irónico, irreverente, ver cómo se había transformado para estar en el escenario", recuerda.

Pablo Atkinson en plena preparación. Foto: Johnny Olivera.

Gran admirador de Jean François Casanovas, fue siguiendo sus pasos y aprendiendo del arte del drag. A los 22 años llegó a Uruguay para dar un show en el ahora extinto boliche Alexander y se encontró con una escena totalmente diferente a la argentina, más rudimentaria, y vio una oportunidad para establecerse. "Fue un boom, porque no estaban acostumbrados a ver una producción importante de pelucas y vestuario, era un estilo más performativo, algo que se hacía en Argentina en la década de los 70", asegura.

Después de unos años haciendo espectáculos en boliches gay, Atkinson sintió que era momento de trascender ese nicho y llegarle a otro tipo de público. "Me costó un par de años que los teatros abrieran las puertas a este tipo de shows, que entendieran que más allá de que venía del ghetto gay, la propuesta estaba buena y podía gustarle al público en general. El problema es que no había una referencia que les pudiera mostrar", cuenta. Después de varias conversaciones logró convencer en 2015 al teatro El Tinglado de que lo dejaran montar su show Humorísimas, protagonizado por cinco drag queens y con unos 50 cambios de vestuario. Con un público que combinaba los fans del trabajo de Atkinson que provenían del ambiente gay con aquellos que seguían la programación de ese teatro (entre ellos parejas heterosexuales que rondaban los 60 años), tuvo muy buenas repercusiones y recibió una mención especial en los Premios Florencio en 2017.

Y ahora la escena se ha vuelto a transformar. La nueva masividad de los drag queens (por ejemplo, la última temporada de RuPaul's Drag Race fue vista en promedio por 723.000 personas y está disponible en Netflix) llegó a Uruguay, cautivando a un nuevo público. Jóvenes de unos 20 años, que no tuvieron relación con los orígenes del transformismo a nivel local, siguen los pasos de sus drags favoritos a través de Instagram, Twitter y YouTube. Esto ha dado lugar a un nuevo estilo de performers, que tienen la vista puesta afuera y un estilo más experimental. "En el último tiempo han aumentado el interés y la apertura. Cuántos de mi generación habrán querido hacer transformismo y no se animaron; ahora hay más libertad, prueban viendo un tutorial. En eso también surgen artistas", explica Atkinson.

Pablo Atkinson en drag.