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Muerte y misterio

El final de Adolf Hitler: a 75 años de la muerte del asesino de 70 millones

Acorralado y abatido, el Führer se suicidó el 30 de abril de 1945; le sobrevivieron las teorías conspirativas y el antisemitismo

08.05.2020

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2020-05-08T06:00:00
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Por Leonel García

Adolf Hitler llevaba 105 días atrincherado en su búnker subterráneo en Berlín, su último cuartel general, el Führerhauptquartiere, como líder de la Alemania nazi. Hacía 109 días que la Unión Soviética había entrado a territorio alemán y solo catorce que el mariscal Gueorgui Zhukov había comenzado el ataque a la capital. La Segunda Guerra Mundial, producto de los sueños megalómanos de un hombre cada vez más acorralado, desencajado y acobardado, estaba llegando a su fin. Hacía también ocho días que este hombre, nacido en la actual Austria en 1889, había sufrido un brutal colapso nervioso al darse cuenta de que la última batalla estaba perdida al no producirse el contraataque del general Felix Steiner que él mismo había ordenado, lo que fue reflejado en la escena más famosa de la película La caída, de 2004. Solo hacía un día que se había casado con Eva Braun, su otrora asistente 23 años más joven, y que se había enterado de que su principal socio en la empresa sangrienta, el líder italiano Benito Mussolini, había sido ejecutado junto a su amante, Carla Petacci, por partisanos comunistas. Los cadáveres de ambos fueron colgados y exhibidos en una plaza suburbana de Milán. Hitler no estaba dispuesto a que eso le pasara.

El 30 de abril de 1945, hace 75 años, Adolf Hitler se suicidó. Tomó cianuro y se disparó en el cráneo. Así concluyeron científicos franceses que accedieron a los restos del Führer y publicaron sus conclusiones en mayo de 2018 en el European Journal of Internal Medicine. Ese estudio, autorizado por los servicios de inteligencia rusos, que poseían los escasos y minúsculos restos del dictador que quedaban, se basaba en la identificación de los pocos dientes que le quedaban a Hitler (usaba prótesis), la ausencia de restos de carne en toda la dentadura (era vegetariano) y sí de marcas azuladas (reacción al cianuro). También se encontró un agujero de bala en el fragmento de la parte izquierda de un cráneo compatible con la morfología conocida del líder nazi, también en poder de Moscú. Se descartó que el disparo haya sido en la boca, ya que no había restos de pólvora en ninguna de las piezas dentales.

Se esperaba que esto pusiera fin a las teorías conspirativas que tantos fanáticos generan y adoran. Se sabe que Hitler y Eva Braun, que fueron marido y mujer poco más de 24 horas, se suicidaron junto a dos de sus perros a eso de las 15.30 de ese día, luego de un desayuno frugal, un almuerzo también liviano, un saludo al personal no militar que trabajaba ahí y la escucha de los últimos y lapidarios partes de guerra: el Ejército Rojo estaba a unos 500 metros del búnker. La mujer solo utilizó cianuro. Hitler había dado instrucciones de quemar los cuerpos y enterrarlos en los jardines de la Cancillería del Reich, muy cerca del búnker, para que no sufrieran la suerte de Mussolini y Petacci. "Yo mismo y mi esposa elegimos la muerte, para evitar la vergüenza de la destitución o la capitulación", dictó en una suerte de testamento, el 29 de abril.

Ambos engrosaban así la lista de más de 70 millones de muertos -incluyendo el Holocausto que mató a seis millones de judíos- que causó la guerra que él mismo inició invadiendo a Polonia el 1º de setiembre de 1939.

Pero no. La idea de que Hitler hubiese sobrevivido y hubiese escapado ha resultado demasiado atractiva como para desaparecer. "Al ser humano le agrada el misterio, máxime en estos tiempos donde la capacidad de asombro se ha extinto y los mitos casi no existen", señala a galería Diego Delgrossi, que más allá de actor y comediante es profesor de Historia, especializado en conflictos armados. El contexto donde ocurrieron los hechos - "en la profundidad del edificio de la Cancillería del Reich, totalmente rodeado por el Ejército Rojo y cuyos efectivos tenían a la vista las instalaciones del inmueble"- contribuyó al misterio: "Todo se desarrolló en un espacio físico muy reducido o acotado y con gran densidad de presencia de seres humanos armados y en estado adrenalínico de alerta máxima", agrega.

Además hay otro tema: nadie les da absoluta certeza a los documentos y materiales que posee Rusia, heredado de la antigua Unión Soviética. Aun así, el Centro Simon Wiesenthal, cuyo nombre homenajea al histórico cazador de nazis, nunca dio crédito a las teorías conspirativas.

El hundimiento. El suicidio de Adolf Hitler fue el final de un proceso iniciado en 1943, cuando se torció el destino de la guerra para las fuerzas del Eje, hasta entonces en plena ofensiva. El 31 de enero de ese año la Wehrmacht (Fuerzas Armadas unificadas nazis) se rinde en la batalla de Stalingrado, incapaz de vencer la resistencia del "general invierno" ruso. El 12 de mayo, el Afrika Korps se rinde en Túnez. El Eje nunca volvería a tener la iniciativa en los frentes oriental y norteafricano.

"Desde 1943, la personalidad del Führer comenzó a adoptar características de ciclotimia agravada, motivada por las derrotas militares, la tensión inherente a su cargo y responsabilidades, a lo cual no debemos descartar el componente médico", dice Delgrossi, apuntando a que el canciller alemán era "altamente dependiente de verdaderos cócteles de psicofármacos y diversas sustancias" que eran administrados obedientemente por su médico de confianza, Theo Morell. El año 1944 trajo el desembarco aliado en Normandía y la llegada de los soviéticos a los campos de concentración de los nazis, cuyo capítulo más simbólico ocurrió en enero de 1945, en Auschwitz (Polonia). Para entonces, Hitler estaba acuartelado, sin escapatoria, y su ejército en retirada de todos lados.

A criterio de Delgrossi -estudioso apasionado de la Segunda Guerra Mundial desde hace más de 30 años-, la desobediencia de Steiner fue la gota que desbordó el vaso: "Eso en cierta manera provocó exteriorizar a sus allegados la toma de contacto con la realidad de la derrota, ya con los rusos a pocos metros del búnker de la Cancillería". También influyó en su decisión final la muerte de Mussolini, "por el cual sentía sincera admiración y amistad, hecho que lo hizo autopercibirse mortal como nunca antes en toda su carrera".

El 1° de mayo, a las cuatro de la madrugada, portando bandera de parlamento, el general alemán Hans Krebs se apersonó ante su par soviético Vasili Chuikov -que luego de ser uno de los héroes de la resistencia de Stalingrado dirigía uno de los ataques a Berlín, lo que daba idea de su calibre militar- y le dijo: "Voy a hablar de asuntos altamente secretos. Son ustedes los primeros extranjeros en saber que Adolf Hitler se murió, se suicidó, en la tarde". "Lo sabemos", respondió, lacónico, el oficial rojo, que en realidad lo intuía o deseaba: habían pasado horas bombardeando la Cancillería del Reich. Iosif Stalin fue informado de inmediato pero se mostró escéptico. Esa misma mañana, el breve sucesor de Hitler, Karl Dönitz, les daba la noticia a los civiles alemanes y a la Wehrmacht: "Nuestro Führer, Adolf Hitler, ha caído (...). Toda su vida estuvo dedicada a servir a Alemania. Su compromiso en la lucha contra la marejada bolchevique fue más allá de Alemania para (llegar a) Europa y todo el mundo civilizado".

Si bien recién el 8 de mayo la Alemania nazi firmó su capitulación incondicional ante los aliados, poniendo fin a la guerra en Europa (aunque la Segunda Guerra Mundial siguió hasta el 2 de setiembre de 1945 con la rendición de Japón, tras las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki), el suicidio de Hitler fue el verdadero final, así como el izamiento de la bandera soviética en Berlín.

"Como acontecimiento histórico objetivo, es la muerte de un líder tiránico", concluye Delgrossi. "El simbolismo de su muerte representa la materialización de la caída de un régimen, el cual tenía a su persona como inspiración palpable, viva, humana e insustituible en el aspecto gubernamental, militar, político y hasta místico. Recordemos que incluso luego de los bombardeos que arrasaron la ciudad germana de Dresde (en febrero de 1945) y la propia Berlín, el pueblo alemán no se rindió, contrariamente a lo que pronosticaban los estrategas y analistas aliados, más que nada los británicos".

"Indudablemente el suicidio de Hitler representa un hito histórico que debería marcar el fin de una era y de alguna manera es así, fue la caída del mal mayor", señala a galería Rita Vinocur, profesora y directora del Museo de la Shoá de Uruguay, así como secretaria general del Centro Recordatorio del Holocausto de Uruguay. "Pero muchos de sus cómplices quedaron en libertad instilando el veneno de la ideología nazi cada vez que les era posible, aunque fuese de manera secreta con identidades ocultas, más allá de los que fueron juzgados en los juicios de Nüremberg".

La duda que sigue. La Unión Soviética (URSS) fue la responsable de que se difundiera la hipótesis de que Hitler en realidad había escapado. Stalin, el líder soviético, restringió la información lo más que pudo (que no fue mucho, tras el anuncio público de Dönitz); Zhukov, el comandante de las fuerzas sitiadoras de Berlín, dijo en junio de 1945 que no se habían encontrado los restos de Hitler, más allá de la existencia -ya confirmada- de piezas dentarias enviadas a Moscú, a las que se les sumarían fragmentos de cráneo descubiertos en 1946, escondidos a medio metro de profundidad en el sitio donde supuestamente habían sido enterrados Eva Braun y él.

En la célebre conferencia de Postdam del 18 de julio de 1945, en el marco de una charla informal, Stalin le dijo al presidente de Estados Unidos, Harry Truman, que Hitler había escapado, posiblemente hacia Argentina, previa escala por España. La bola empezaba a rodar y continúa creciendo hasta hoy. "Al caer la URSS en 1991, se desclasificaron los archivos de investigaciones sobre el paradero de Hitler. Ninguno menciona como ‘seguro' que el Führer haya muerto ese 30 de abril de 1945", señala Delgrossi. Cierto también es que un pedazo de cráneo en poder de Moscú, que se creía era del canciller alemán, resultó ser -tras un análisis de ADN- el de una mujer.

Los soviéticos varias veces señalaron que Hitler había sido protegido por sus exaliados occidentales, ahora reconvertidos en enemigos durante la Guerra Fría. Eso motivó airadas críticas británicas y una investigación minuciosa del historiador Hugh Trevor-Roper, una de las mayores autoridades del nazismo y la Segunda Guerra Mundial.

Si bien algunas de las teorías más disparatadas ubicaban el escondrijo de Hitler en el Matto Grosso de Brasil (con la complicidad del Vaticano), en una base secreta nazi en la Antártida o incluso en el lado oscuro de la Luna, las más populares dicen que el régimen peronista le dio cobijo en el sur argentino, adonde llegó -bigote rasurado y pelo rapado- ayudado por otro régimen, el franquista.

Eso lo ha sostenido, entre otros, el periodista argentino Abel Basti, autor de libros como El exilio de Hitler (2010), Tras los pasos de Hitler (2014) y Hitler en Colombia (2018). Este investigador, que asegura haber entrevistado a personas que lo vieron y que trabajaron con él -incluso a una tal Eloísa Catán, "catadora" de la comida del exlíder nazi, siempre temeroso de que lo envenenaran-, lo ubica moviéndose libremente por Argentina, Colombia y Paraguay, teniendo como base una gigantesca hacienda cerca de Bariloche llamada San Ramón. Incluso resaltó el seudónimo que usaba: Kurt Bruno Kirchner (sí, el mismo apellido que el expresidente).

Según distintos investigadores, su muerte habría ocurrido en 1971, 1973 o 1984 en algún lugar de Sudamérica.

Para los científicos franceses de la Universidad de Versalles Saint-Quentin-en-Yvelines, dirigidos por Philippe Charlier, ya no hay duda alguna. Los restos de Hitler en poder de Moscú -un fragmento de la mandíbula superior de 42 por 8 milímetros con un puente de metal dorado en el segundo premolar derecho, y tres de la inferior de 48 por 20, 30 por 32 y 40 por 27- son reales, aseguró. Hitler murió por la ingesta de cianuro combinado por un balazo autoinfligido, de una pistola Walther PPK de 7,65 mm. "Hitler murió en 1945", concluyó y publicó Charlier. La duda nunca morirá.

EDUCAR CONTRA EL ODIO QUE AÚN PERSISTE

"Hitler se suicidó, los nazis fueron derrotados, pero el nazismo, la ‘ideología' nazi, si cabe el término, lamentablemente no fue derrotada totalmente", afirma Rafael Winter, vicepresidente del Centro Recordatorio del Holocausto en Uruguay.

Adolf Hitler tenía al antisemitismo como uno de los pilares de su ideología. Se calcula que seis millones de judíos murieron durante la Segunda Guerra Mundial.

"El virus nazi se ha seguido esparciendo en estos 75 años en mayor o menor medida. Hay que luchar contra eso mediante la legislación y la educación por sobre todo: educación contra toda forma de racismo y discriminación. Educar por el respeto hacia la diversidad. Y no solo en las escuelas; en el hogar, a los niños desde pequeños. Y además, luego de la Shoá -precedida por el genocidio armenio- ha seguido habiendo genocidios en el mundo. Es horrible. No puede seguir pasando. No debe seguir pasando. Nunca más", concluye.

Este Centro fue creado por sobrevivientes del Holocausto en 1953. Cuenta con el Museo de la Shoá, reinaugurado a fines de 2019, y la Biblioteca de la Shoá Simon Wiesenthal, ambos ahora cerrados por las medidas sanitarias impuestas por el gobierno.

"Lamentablemente, el antisemitismo, la judeofobia, el negacionismo y la trivialización de la Shoá (Holocausto) jamás cesaron de existir y nadie es ajeno a que últimamente los hemos visto recrudecer de manera alarmante, como si la humanidad no hubiese aprendido nada. Por eso debemos estar alertas e insistir en educar a las nuevas generaciones para que tengan las versiones reales de lo que ocurrió porque el neonazismo no duerme", apunta por su lado Rita Vinocur, directora del museo.

LOS CAZADORES DE NAZIS NO DAN CRÉDITO A LAS CONSPIRACIONES

"De ninguna manera podemos dar crédito a una teoría conspirativa", sostiene Ariel Gelblung, director del Centro Simon Wiesenthal para América Latina, con sede en Buenos Aires, Argentina. De esta forma, el organismo defiende la tesis histórica ratificada por especialistas franceses: el líder nazi se suicidó en su búnker el 30 de abril de 1945.

Gelblug respondió a esta consulta de galería por mail a través de Rita Vinocur, directora del Museo de la Shoá (Holocausto) en Uruguay.

"Sí, quitando todos los calificativos, si nos preguntan si damos crédito a la postura que sostiene que Hitler no murió en el búnker y vivió posiblemente en Argentina, desde ya que nuestra respuesta es negativa", afirma Gelblung.

"Si bien los soviéticos no dejaron ninguna prueba en pie de la muerte de Hitler, entendemos desde el Centro Simon Wiesenthal, a través de nuestro especialista Efraim Zuroff (N. de R. Historiador israelí nacido en Estados Unidos y cazador de nazis), que ninguna de las teorías contrarias tiene sustento suficiente y son meras especulaciones. Hasta tanto exista una prueba evidente de lo contrario, la hipótesis de la muerte en el búnker es la sostenida desde nosotros", agrega.

De hecho, el desinterés de los cazadores de nazis y del Mossad (el servicio de inteligencia israelí), famosos por su persistencia, eficacia y sofisticación, ha sido uno de los mayores respaldos para todos aquellos que se apegan a la versión histórica de la muerte de Hitler. "El gobierno de Israel y los cazadores de nazis como Simon Wiesenthal nunca tuvieron dudas sobre la muerte de Hitler en Berlín. Buscaron sin descanso a otros nazis fugitivos o desaparecidos, como Martin Bormann, pero a Hitler no lo buscaron jamás", escribió el historiador vasco Juanjo Sánchez Arreseigor en su libro ¡Caos histórico! Mitos, engaños y falacias, de 2019.