Cultura
30 años del fraude Milli Vanilli

El éxito mundial que resultó ser la mayor farsa de la historia de la industria musical

Su único disco, varias veces platino, arrasó con los AMA y ganó un Grammy. El dúo arrasaba con su imagen y su baile; pero la voz nunca fue la de ellos.

16.11.2020 06:00

Lectura: 9'

2020-11-16T06:00:00
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Por Leonel García

Hay picardías en el mundo de la música, hay engaños en el mundo de la música, hay fraudes en el mundo de la música. Y está el caso Milli Vanilli. El 12 de noviembre se cumplen 30 años del fin de una farsa descomunal que ocurrió durante dos años ante los ojos y oídos de todo el mundo, cuando MTV y los videoclips tomaban el mundo por asalto, y cuando el envase no tenía por qué ser menos importante que el contenido; de hecho, debía serlo más, mucho más.

Ese día, el productor musical alemán Frank Farian, tan exitoso como inescrupuloso, decidió contarle al mundo que su compatriota Robert Rob Pilatus y el francés Fabrice Fab Morvan, los sexies integrantes de este dúo, nunca, jamás, en ningún momento, habían puesto sus voces en las canciones de Milli Vanilli. No lo habían hecho en vivo, haciendo playbacks que más de una vez los dejaron en evidencia, y tampoco lo habían hecho en su único disco, Girl You Know It's True (1989; toda una ironía el título), ese exitazo que logró seis veces la certificación de platino en Estados Unidos.

"Dos personas en el estudio y otras dos sobre el escenario. Una parte grabada, otra visual. Es una forma de arte en sí misma. ¿Dónde está la traición? ¿Alguien se creía que Village People o los Monkees cantaban sus canciones? La música (de Milli Vanilli) era fantástica, la gente estaba contenta, ¿cuál es el problema entonces? Por favor, todo el mundo lo lleva haciendo hace 25 años. Madonna, Janet Jackson, todos esos espectáculos con coreografías perfectas que el público exige ahora", dijo el productor en una rueda de prensa sin previo aviso.

¿El motivo? Farian se hartó de las exigencias de Fab y Rob. Las exigencias eran en realidad una sola: que ellos pudieran ser los cantantes de sus propios temas en el segundo e inminente disco. ¿Por qué lo hizo quien es -aunque muchos no lo reconozcan como tal- el verdadero villano en este lío? Sus propias palabras lo delatan: por pedante. Los integrantes de The Monkees, la respuesta norteamericana a The Beatles, no tocaban sus instrumentos en sus discos. En Boney M., otra creación de Farian, en pleno auge de la música disco, la voz masculina en las grabaciones era la suya y no la del enérgico Bobby Farrell. Madonna debía apelar al playback en sus conciertos dada la complejidad de las coreografías en escena. ¿Qué problema habría en dar un pasito más allá?

Pero fue demasiado. Pese a que revistas especializadas como la Rolling Stone consideraba al pop-soul-limpio-romántico-y-rítmico de Milli Vanilli como una verdadera porquería, el público los amaba y la industria también. Habían logrado cuatro éxitos mundiales -el tema que le daba título al disco, Girl I'm Gonna Miss You, Baby Don't Forget My Name y Blame It On The Rain-, en enero de 1990 habían ganado tres premios de la American Music Awards (AMA) y al mes siguiente fueron distinguidos con un Grammy por mejor artista nuevo. "Hay un montón de artistas en esta sala y hay, también, un montón de artistas afuera que podrían haber obtenido este premio hoy al igual que nosotros", dijo Fab Morvan al momento de recibir la estatuilla. ¿Confesión? Luego de que la verdad saliera a la luz, la Academia pidió por primera vez en su historia que devolvieran un Grammy.

Nace un producto. Luego de que la naranja de Boney M. (Ma Baker, Rasputin, Rivers of Babylon) dejara de dar jugo, en el declive de la música disco, cuando los 70 le daban paso a los 80, Farian precisaba algo nuevo para ofrecer. Probó con el rock, con Far Corporation, y colaboró con Meat Loaf. Un día le preguntó a un DJ alemán que trabajaba mucho en las discotecas a las que iban militares estadounidenses (eran épocas de Guerra Fría) qué se escuchaba; este le mostró un disco de un grupo llamado Numarx que contenía el tema Girl You Know It's True. Le pareció una buena canción que le pedía a gritos aggiornarse con nuevos ritmos, pero la facha de los tipos no le gustó mucho. Sí le había llamado la atención la pinta de dos bailarines afrodescendientes que acompañaban a la cantante italiana Sabrina Salerno (otra artista cuyo mayor atractivo radicaba en su físico): Pilatus y Morvan.

Pilatus era un bailarín de break dance y futbolista frustrado nacido en 1964. Morvan era modelo y dos años más joven. Se habían hecho amigos, no tenían un peso en el bolsillo y estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para triunfar. En enero de 1988 firmaron un contrato con Farian en el que se comprometían a grabar unas 10 canciones por año. Tenían peinados rastas, rasgos delicados y una belleza exótica-andrógina que hacía que la gente no pudiera quitarles los ojos de encima. El canto, empero, no era lo suyo. Y así como el productor no había tenido ningún prurito en poner su propia voz en Boney M. en detrimento del cantante masculino, acá contrató a vocalistas de nivel como Charles Shaw, Brad Howell y John Davis. Rob y Fab lo único que tenían que hacer era la mímica del canto, las coreografías y verse bonitos.

Y eso pasó. El tema -remasterizado con ritmos modernos- fue un éxito, el disco fue un éxito, y ese éxito cruzó el Atlántico desde Europa a Estados Unidos. "Ya es muy tarde para parar", le respondió Pilatus a Farian cuando este esbozó un primer cuestionamiento. Quizá ni el propio productor esperaba tamaño suceso.

Dos tipos lindos que bailaban bien y cantaban bárbaro lograron un impacto instantáneo entre el público teen norteamericano. Pero la primera luz de alerta surgió en un recital en Bristol, Connecticut, ante casi 20.000 personas, el 21 de julio de 1989. La pista de su hasta entonces mayor éxito quedó trancada como en loop: "Girl, you know it's..., Girl, you know it's..., Girl, you know it's...". Asustado, Pilatus huyó del escenario y tuvo que intervenir el staff de la cadena MTV -que organizaba el evento- para convencerlo de terminar el show. Ironías del destino: la grabación quedó trancada en "verdad". Hubo escándalo, pero duró poco. Es que Milli Vanilli era el penúltimo participante de un tour de variedades musicales llamado Club MTV cuyo número de fondo era Paula Abdul, quien admitió que a veces debía acudir al playback dado lo complejo de las coreografías.

En diciembre de ese año, antes de la avalancha de premios, Charles Shaw, el verdadero cantante de la canción, furioso por los tristes seis mil dólares que había cobrado por un exitazo, le aseguró al New York Newsday que él era una de las tres voces reales de Milli Vanilli. Pocos días después se retractó públicamente diciendo que solo buscaba su propia promoción. Farian le había puesto en el bolsillo unos más generosos 150.000 dólares.

Rob y Fab salían cada vez con más frecuencia en los medios con declaraciones que luego se tendrían que tragar. En marzo de 1990, Pilatus fue citado en Time asegurando que era "el nuevo Elvis". En esas entrevistas algo hacía ruido: si el inglés de estos divos era bastante rudimentario, ¿cómo era posible que tuvieran una perfecta dicción aun rapeando en el disco?

Tras el descarte. Devolver el Grammy no fue lo único. Su sello en Estados Unidos, Arista, ofreció una devolución -primero parcial, luego total- a quienes hubieran comprado el disco. Rob y Fab dieron, a su vez, otra conferencia donde admitieron el engaño y pidieron una oportunidad real. En 1993 editaron el disco Rob & Fab, del dúo homónimo que crearon. Solo vendieron 2.000 copias; Girl You Know It's True había colocado siete millones.

Pilatus cayó en un espiral de drogas y depresión. Después de tres intentos de suicidio fue encontrado muerto en una habitación de hotel el 3 de abril de 1998. La autopsia reveló grandes cantidades de drogas y psicofármacos. La muerte fue considerada, empero, "accidental".

El que iba a ser el segundo disco de Milli Vanilli se editó de todas formas. Farian -que pensaba en un simple cambio de piezas- reclutó a los verdaderos cantantes y convocó a otros artistas, rebautizó al grupo como The Real Milli Vanilli y a la placa como The Moment Of Truth (1991), rompiendo los medidores de cinismo. Tampoco pasó nada con este trabajo.

Fab Morvan, de a poco, se fue reconvirtiendo. Ha sido cantante, DJ, músico de sesión, escritor, pintor y hasta diseñador de modas. Intentó revivir a su dúo pero la muerte de Rob Pilatus se lo impidió. Armó otros dúos con Charles Shaw y John Davis; sí, dos de los verdaderos cantantes de Milli Vanilli. A uno de ellos le puso por título Face Meets Voice (La Cara Conoce a la Voz). También editó un disco solista, Love Revolution (2003), y otros como parte de proyectos musicales. Básicamente, vive de haber sido parte de un fraude musical mayúsculo.

Farian asumió el golpe y armó en los 90 otros grupos de pop exitosos y descartables: La Bouche y No Mercy. Hoy es un venerable productor y compositor de 79 años que disfruta de una jubilación dorada en Miami, gracias a las 800 certificaciones de oro y platino de los discos en los que metió mano. Jamás reveló sentir algo parecido a un cargo de conciencia.