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Gastronomía | Reseña

El bar de copas que a Pocitos le hacía falta

En la emblemática esquina de Barreiro y Chucarro hace un mes abrió Astoria MVD, una propuesta que combina coctelería con gastronomía

27.08.2021 07:00

Lectura: 6'

2021-08-27T07:00:00
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Por Marcela Baruch Mangino

Astoria es un simpático barrio de estilo europeo en el distrito de Queens, en Nueva York, en el que se inspiró Gabriel Caubarrère para dar nombre a su segundo restaurante. Ubicado en el mismo espacio gastronómico que ocupó durante décadas el Bar 62, este nuevo bar-restaurante llega después de varias aperturas y cierres en el lugar. Caubarrère, también propietario del legendario Clyde's en Carrasco, cuenta a Galería que siempre lo cautivó esta esquina de Barreiro y Chucarro. "Cuando se liberó del último alquiler le dije al dueño de la casa que quería poner algo. Me dio permiso para tirar todo abajo: parrilla, entrepiso y barra".

Para la puesta en escena contrató al estudio de arquitectura y diseño de interiores de Hassen Balut, que renovó este emblemático bar de Pocitos. Primero quitaron el entrepiso y dejaron la casa con su doble altura original -que falta acondicionar para mejorar la acústica- y, segundo, ubicaron una gran barra central en forma de óvalo, desde donde el bartender Iván Volken (ex jefe de barra de Imarangatú en Punta del Este) se luce con la coctelería. "La barra de mármol original fue cortada y reutilizada como tapa de algunas de las mesas históricas con pie de hierro", relata el dueño. Además, destaca que las lámparas se diseñaron especialmente y que a las paredes azul petróleo las acompañan algunos cuadros. Para terminar de generar el ambiente, la luz es muy tenue, propia de un bar neoyorquino.

Caubarrère apunta a que Astoria ayude a devolverle vida a Pocitos. "En los últimos años vi que el barrio se deprimió un poco. Los boliches se fueron a Punta Carretas y Parque Rodó, y pese a que muchos me dijeron que era un error abrir acá, sobre todo porque no hay lugar para estacionar, me la jugué. Ya más de un vecino pasa caminando con el perro y reserva mesa para después", comenta.

Desde la barra apuesta a los tragos más que a los vinos, que son casi exclusivamente de Bodega Garzón, más unas pocas etiquetas argentinas y chilenas en una gama alta de precios. Del menú clásico llama la atención que incluyan el Penicillin (whisky, drambuie, limón, almíbar de miel y ginger ale), de los refrescantes como el mojito o la margarita, que tengan una versión propia del Mai Tai (ron, jugo de ananá y de naranja, orgeat y angostura) y la Michelada con cerveza, salsa inglesa, tabasco, jugo de tomate y de limón, sal y pimienta. Además, hay tragos de autor y especiales con distintas versiones de martinis, spritz, negroni y tónicos.

Para la gastronomía, con la asesoría de Fabrizio Sergio (chef de Café Misterio, entre otros) apostaron a un mix entre fritos de bar y platos más elaborados. Este no es un restaurante de tapeo como los que abren todos los días en distintos puntos de la ciudad; las entradas y los principales son generosos, y están bien ejecutados.

La noche del jueves en que la mesa de cuatro de Galería visitó el restaurante se probó primero el Pink Tonic, un gin saborizado con frutos rojos, tónica y decorado con pimienta rosa, naranja y cereza como aperitivo. Después se pidieron como entradas dos croquetas de empanado muy fino y crocante, unas rellenas de espinaca -muy suaves-, y otras de asado que no tenían gusto ahumado, como se puede imaginar a priori. Luego siguieron unos langostinos con salteado de hongos frescos, leche de coco, sriracha, notas cítricas y brotes de rúcula, con reminiscencias al sabor del sudeste asiático; y unas empanaditas fritas de cordero con cebolla caramelizada, queso gruyere, curry y miel, que llegaron a la mesa como invitación.

Después se eligieron los principales: un pejerrey con cremoso de arveja, emulsión cítrica y tomates cherry, que podría haber estado ligeramente menos cocido; un risotto de remolacha llamado de estación, que vino a la mesa en buen punto; la ensalada de verdes con peras grilladas, queso de cabra, garrapiñada de nueces y vinagreta, muy refrescante; y la entrada de tartar de salmón macerado, palta y quinua crocante. Este último fue un plato muy sabroso, aunque los trozos de pescado estaban cortados algo toscos.

Del menú quedaron por probar la sopa del día, un camembert grillado, el pulpo con puré de maíz dulce, aceite verde, chips de boniato y brotes de rúcula, y los panes planos que son una especie de pizza blanca.
Además, entre los principales también hay pastas como ñoquis soufflé cuatro quesos y carnes como una bondiola breseada con puré de boniato criollo o un bife ancho. Para quienes quieran algo más clásico de bar, también hay una hamburguesa con pepinillos, cebolla a la plancha, cheddar, panceta y papas fritas caseras.

Para acompañar los platos elegidos se pidió una botella de Albariño Reserva de Garzón, que merecía mejor copa que una de vidrio clásico, pero que, gentilmente, llegó con una champañera con hielo antes de tener que pedirla. El servicio de Astoria es atento y rápido, de esos que atajan a los comensales con los especiales y los faltantes al entregarles la carta. 

De beber, además de vinos y tragos ofrecen distintas cervezas y jugos sin alcohol como pomelada, limonada o kombucha de hibiscos, entre otros.

Por último, los postres elegidos fueron un New York cheesecake bañado en caramel en vez de frutos rojos y un postre especial del día, de chocolate, que era como una tarta rellena de un buen chocolate, pero sólido. También se puede optar por una tarta de maracuyá, un falso Chajá, crumble de frutos rojos y una torta húmeda de chocolate con brownie con almendras, mousse de chocolate blanco y helado de chocolate amargo.

La cocina de Astoria MVD tiene algunos toques exóticos, con platos bien ejecutados y en una buena relación precio-calidad. Pero, más importante que eso, se postula como un gran candidato para ocupar el sitio de bar de copas que a Pocitos le faltaba.

Miscelánea

· Si sufre de presbicia lleve lentes, la letra de la carta desafía hasta la vista de uno de 20. 
· En primavera abrirán los fines de semana durante todo el día, y por la noche a partir de las 6 de la tarde. 
· No se cobra cubierto, pero sí la panera, que llega a la mesa sin preguntar.

 

  • Por dos Pink Tonic, un albariño, agua, langostinos, las croquetas, el pejerrey, el tartar, la ensalada, el risotto, el cheesecake y el postre de chocolate, Galería pagó 5.835 pesos. 
  • Miguel Barreiro 3301. Teléfono 2706 6496. Martes a sábado de 19 h en adelante. Precio promedio por persona: 1.000 pesos.

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