Cultura
Más allá del cine

El arte en la Navidad: pinturas, lecturas y música con el espíritu de la época

Esta fecha, una de las más importantes del calendario cristiano, fue musa de innumerables creadores.

25.12.2020 06:00

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2020-12-25T06:00:00
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Por Leonel García

En estas fechas, los canales de cable pasan hasta el hartazgo Mi pobre angelito, de 1990 (insólita traducción para Hispanoamérica de Home Alone, quizá del mismo traductor que convirtió Airplane! en ¿Y dónde está el piloto?). Hollywood se ha hecho un festín con las películas de Navidad, tanto que ya son un subgénero en sí mismo que incluye comedias, animaciones, musicales, de acción o de terror.

Por este motivo, lo que sigue son ejemplos de expresiones artísticas basadas en esta fecha con excepción del cine.

Artes plásticas. La Navidad, en tanto una de las fechas cumbres del calendario cristiano, ha sido un motivo recurrente del arte sacro. Uno de los mayores nombres del Renacentismo italiano, Michelangelo Buonarroti, tuvo, además de los Médici florentinos, a los distintos papas de Roma entre sus mecenas. Y su obra en tal sentido trascendió mucho más que la majestuosa bóveda de la capilla Sixtina. Lo que más le gustaba, empero, era la escultura. Y la Sagrada Familia (o Tondo Doni) que pintó como el regalo de bodas que el acaudalado tejedor Angelo Doni le hizo a su esposa Maddalena, en 1506, une ambos mundos. Es un óleo y témpera sobre madera cuyas figuras, la Virgen María con el niño Jesús delante y San José detrás, están tan bien logradas que efectivamente parecen tener tres dimensiones. De gran tamaño (dentro de un marco cuadrado de 1,20 metros de lado), se exhibe hoy en la galería Uffizi de Florencia.

El Renacimiento, Florencia y los Médici fueron un enorme caldo de cultivo para las artes. Pero la Natividad Mística de Sandro Boticcelli, de 1501, es diferente a las demás obras de su tipo más allá de representar al nacimiento de Jesús, al buey, al asno, a la Virgen María y San José, así como la adoración de los pastores y los Reyes Magos. Hay algo en este óleo sobre tela, de importante porte, que más allá de la venida del Salvador refleja decadencia y malos augurios. Las artes también son hijas de su tiempo y en esta época estaba muy en boga la prédica en esa ciudad del dominico Girolamo Savonarola, que denunciaba la corrupción en las altas esferas de la Iglesia católica y en las poderosas familias florentinas. Hay tamaños desmesurados en algunas figuras (María, por caso) y pequeños demonios encadenados en la parte inferior.

La Natividad con San Francisco y San Lorenzo, un bellísimo óleo barroco de Caravaggio pintado en 1600, está repleto de ternura y melancolía, apenas matizada con la alegría que emana de un ángel anunciador. Sin embargo, no es solo reconocido por ser una de las obras más representativas de la Navidad, sino por haber sido robada en 1969 del Oratorio de San Lorenzo en Palermo. Desde entonces, no se sabe nada de su paradero. Valuado en unos 20 millones de dólares, es el tercer robo de arte más cuantioso de la historia. En su lugar está ubicada una réplica en el presente. Se dice que la mafia, la presunta autora del hurto, la expone en las reuniones de los capos como muestra de su poder. Y es imposible no verlo: mide 268 por 197 centímetros.

Más allá de las expresiones más clásicas (Rembrandt, Durero, Da Vinci o Rubens), las hubo más devotas o más políticas. Pero también las hubo surrealistas, a cargo de su máximo exponente, el español Salvador Dalí, y los resultados fueron, al menos, cuestionables. En rigor, fue un encargo de la cadena de tiendas estadounidense Hallmark que desde 1948 acostumbraba a pedirles a pintores famosos que hicieran tarjetas para obsequiar a sus clientes. En 1960 le tocó a Dalí, quien exigió 15.000 dólares de adelanto y nada de censura (ni críticas, ni plazos de entrega) por 10 tarjetas. El resultado fue escandaloso: un árbol de navidad hecho de mariposas, un espantoso camello en primer plano junto a los Reyes Magos, un ángel sin cabeza, una escena en la que había que hacer mucho esfuerzo para notar una adoración. Solamente dos de las 10 tarjetas -las de digestión más fácil- fueron finalmente distribuidas.

Literatura. Llevado al cine, al teatro, a la televisión y hasta a las series de dibujos animados, Cuento de Navidad, del escritor británico Charles Dickens (A Christmas Carol es su nombre original), sigue siendo la más conocida obra literaria dedicada a esta fecha, desde su publicación en 1843. El protagonista, el avaro Ebenezer Scrooge, es visitado por tres fantasmas navideños, desde el pasado, el presente y el futuro, y cambia su egoísta modo de ser. Escrito en la época victoriana, su influencia es tal que se cree que tuvo mucho que ver con la concepción moderna de la Navidad, como una época de reunión familiar, de perdón, de sacar (aunque sea por una noche) lo mejor de nosotros mismos. Como apenas una pincelada de cómo perduró esta historia en expresiones artísticas más modernas, el nombre original de Rico McPato -el Tío Rico del Pato Donald- es Scrooge McDuck.

Al pensar en John Ronald Reuel Tolkien, J.R.R. Tolkien, lo primero que salta a la luz es la trilogía El Señor de los Anillos, publicada entre 1954 y 1955, obras maestras de la ficción fantástica décadas después transformadas en obras maestras del cine. Pero antes, mientras enseñaba el idioma anglosajón en la Universidad de Oxford, les escribía a sus hijos pequeñas cartas simulando que las redactaba Papá Noel y que eran enviadas desde el Polo Norte. En esas cartas, en vez de Saurón, Legolás y Frodo actuaban gnomos rojos, muñecos de nieve y osos polares. Padre de cuatro hijos, comenzó esta tradición en 1920, cuando el primogénito John tenía tres años, y lo culminó en 1943, cuando la menor Priscilla tenía 14 (y ya estaba bastante grandecita para creer en un viejo que trae regalos en un trineo). El texto se publicó en 1976, tres años después de la muerte del escritor, titulado simplemente Las cartas de Papá Noel.

Truman Capote, uno de los mayores nombres del llamado Nuevo Periodismo, es considerado el padre de la literatura de No-Ficción con clásicos como A sangre fría (1966). Comenzó a escribir desde muy joven, durante su infancia y adolescencia en el sur de Estados Unidos, donde nació en 1924. De sus memorias de esos años nacieron Una Navidad (publicado en 1983, un año antes de su muerte) y Un recuerdo navideño (1956), dos relatos cortos con más frescura e inocencia de lo que solía ser habitual por parte del autor de Desayuno en Tiffany's, que generan, por partes iguales, ternura y melancolía.

Mujercitas (Little Women), el clásico de la estadounidense Louise May Alcott, publicado en 1868 y llevado al cine en varias oportunidades (la última en 2019), es más una primera experiencia de novela "feminista" en el contexto de su época que una historia de Navidad. Sin embargo, uno de los más destacados de los 23 capítulos de la edición original fue el segundo, titulado Alegre Navidad. Las cuatro hermanas quieren agasajar a su madre en esta fecha con un banquete, pero ella prefiere cederle esos manjares a una familia necesitada. Tamaña generosidad y pensamiento en el prójimo tendrá su obvia recompensa.

Música popular. Más allá de los oratorios y los villancicos, la música popular también se ha inspirado en la Navidad para dar mensajes de paz, amor y esperanza que, más allá de lo bienintencionados que sean, suelen ser redituables desde el punto de vista comercial. Y si no, que se lo digan a Bing Crosby.

Bing Crosby, nacido en 1903 y fallecido en 1977, fue el arquetipo del crooner norteamericano. Predecesor de Frank Sinatra, cantó el tema más vendido de la historia. Se trata de White Christmas (Blanca Navidad), cuya edición en disco single (para los que llevan pocas Navidades: discos de vinilo a 45 revoluciones por minuto con uno o a lo sumo dos temas por lado) alcanzó las 50 millones de copias en todo el planeta. Ese récord, de acuerdo con el Libro Guinness, se mantiene desde 1942 y en épocas de streaming ya no hay miras de que lo superen.

La Navidad fue el tópico central para que un hombre (Bing, cuyo verdadero nombre era Harry Lillis) vendiera más discos que nadie. Y sucedió lo mismo en su momento con una mujer. En otra época muy diferente y en un estilo (pop bailable) totalmente distinto, Mariah Carey se apuntó el mayor éxito de su carrera con All I Want For Christmas Is You (Todo lo que quiero para Navidad es a vos), que como corte de difusión de su disco de 1994, Merry Christmas, (ya no eran solo singles) vendió 16 millones de copias, en una época en que ya dominaban los álbumes, en cualquiera de sus formatos. Solo que su reinado duró poco, porque tres años después el My Heart Will Go On de Céline Dion (la de la película Titanic) vendió 18 millones.

El de Crosby era un tema nostálgico de las fiestas infantiles entre nevadas y trineos. La de Carey es una canción de amor y de prescindir de lo material. El Do They Know It's Christmas? (¿Ellos saben que es Navidad?) del proyecto Band Aid, de 1984, tuvo un fin benéfico: juntar fondos para paliar la hambruna en Etiopía. Lo compusieron Bob Geldof y Midge Ure, convocaron a estrellas como Paul McCartney, David Bowie, Phil Collins, Bono, Duran Duran, Spandau Ballet, Boy George y otras luminarias del rock británico, y a 1989 -cuando se dejó de vender- llevaban comercializadas 11,7 millones de copias. Como aditivos, este tema se adelantó en un año a su "colega" norteamericano We Are The World y sentó las bases para el megaconcierto transatlántico Live Aid, también de 1985.

En el rock, posiblemente la primera que viene a la mente es Happy Xmas (War Is Over), de John Lennon acompañado por la Plastic Ono Band. Es una canción navideña-pacifista, con la opinión pública estadounidense ya de punta contra la Guerra de Vietnam, que se editó en diciembre de 1971. Repetida hasta la saciedad desde entonces por estas fechas, fue un éxito dos veces: cuando se lanzó, que llegó al número 4 en Gran Bretaña, y todavía más en diciembre de 1980, cuando trepó al 2; eso fue días después del asesinato de Lennon. Otro Beatle ("el" otro, en rigor), Paul McCartney, compuso también su villancico, Wonderful Christmastime, en 1979. Mucho menos conocida que la de su viejo compañero de ruta, aún le reporta en regalías unos 400 mil dólares anuales, según la Forbes. Y, muy a su manera, The Ramones ensalzaron el espíritu de esta época con su Merry Christmas (I Don't Want To Fight Tonight) de 1989; ni siquiera ellos -que se llevaban bastante mal en la interna- querían pelear ese día.

VERDADERA NOCHE DE PAZ

Se dice maliciosamente que las buenas actitudes y los buenos deseos se terminan con el brindis de Navidad y al día siguiente cada uno vuelve a su mundo. Quizá el extremo haya sido la Tregua de Navidad de 1914 en los campos belgas de Ypres, donde 100.000 combatientes alemanes e ingleses estaban masacrándose durante el primer año de la Gran Guerra, luego rebautizada como Primera Guerra Mundial.

Fue un cese al fuego totalmente informal. Los soldados del Imperio alemán comenzaron al atardecer del 24 de diciembre cantando Stille Nacht, Heilige Nacht, un villancico austríaco de principios del siglo XIX que en español es conocido como Noche de paz, noche de amor. Sus pares del Imperio británico reconocieron la melodía, que ya era absolutamente universal, con la versión inglesa, Silent Night. De ahí, pasaron a los saludos a la distancia; de ahí, a abandonar las trincheras, saludarse mutuamente por esa noche, intercambiar cigarrillos, recoger los cuerpos de sus camaradas caídos y -según algunas crónicas- disputar un partido de fútbol.

De acuerdo con un artículo de La Vanguardia de Barcelona del 24 de diciembre de 2014, centenario de ese episodio, a los altos mandos militares no les hizo ninguna gracia esa pausa y esa camaradería entre enemigos que tenían la orden de sacarse los ojos mutuamente.

Cosa que siguió pasando. Horas después, volvieron los disparos, los obuses y la muerte. Pero esa noche de Navidad fue de paz.