Cultura
Ícono cinematográfico eterno

El Padrino: aniversario de oro para una película de oro

Cumple 50 años un filme que ya nació con estatura de clásico y en el que todo deslumbra: elenco, música, fotografía, guión, edición...

26.03.2022 07:00

Lectura: 16'

2022-03-26T07:00:00
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Por Leonel García

Hay un lugar común que dice que el libro siempre es mejor que la película. El Padrino, un filme de Francis Ford Coppola estrenado hace 50 años, el 15 de marzo de 1972, basado en la novela homónima de Mario Puzo, es un tajante desmentido. El texto, escrito de apuro y con intenciones más que nada de venderse, fue un best-seller que rescató de la bancarrota a su autor. El filme se convirtió en un clásico de clásicos.

Exitosa para los críticos (al menos para la inmensa mayoría) y para la taquilla, para muchos El Padrino es la mejor película de todos los tiempos. Los principales nombres que la protagonizan son hoy leyendas del cine, la música es inmortal, la fotografía también, es difícil seleccionar una escena sobre otra, las tres horas se pasan volando.Y, más allá de este aniversario, si alguien se aferra a otro lugar común que dice que segundas partes no son buenas, ahí está El Padrino II —que llegará al medio siglo en 2024— para desafiarlo. El Padrino III, muy posterior, también despierta unanimidades, pero en sentido contrario.

También cambió la forma de ver al mafioso: si hasta entonces las “películas de gangsters” reflejaban al villano muy estereotipadamente definido a la usanza de un Al Capone —violento, burdo, malo-malísimo—, acá se mostraba tanto el poder de un capo de la mafia como sus aristas más humanas. Sí, era posible que el público empatizara con un asesino: un hombre que velara de la forma que lo hacía por su familia y que tratara tan amorosamente a un gato, como en los minutos iniciales, no podía ser del todo malo.

ESCENAS INMORTALES

El caballo muerto

Esta escena no podría rodarse hoy sin que los animalistas incendien la pradera. El arrogante productor cinematográfico Jack Woltz se niega a darle a Johnny Fontane, ahijado de Vito Corleone, el rol que este quiere. A la mañana siguiente, el magnate se despierta en su habitación contrariado, sin saber de dónde salió toda la sangre que inunda su cama. El terror se apodera de él cuando ve que a sus pies está la cabeza cortada de su caballo favorito, un semental de 600.000 dólares llamado Khartoum. La música y el juego de cámaras contribuyen a la muestra del poder que podía tener el Don. No era de utilería; era de un caballo faenado.

Intento de asesinato de Vito

Don Vito le niega a Sollozo colaboración para entrar en el mundo de la droga y se pudre todo. Los Tattaglia, protectores de Sollozo, sobornan al guardaespaldas Paulie Gatto y dejan solo a Vito en la calle con su segundo hijo, Fredo, que es más o menos como estar solo. Dos matones de la familia rival acribillan al Don y lo dejan tirado en la calle, ante la inutilidad de Fredo, que ni siquiera sabe cómo agarrar la pistola. Esta escena, patética y sobrecogedora, conocida como “la de las naranjas”, marcará el inicio de la guerra entre familias, la asunción de Sonny —corajudo pero de muy escasa materia gris— como Don y la transformación de Michael de mosca blanca de los Corleone a lo que sería después.

Pax Corleana

“Juro por las almas de mis nietos que no seré yo quien quebrante la paz que hemos acordado hoy aquí”. Ante los capos de las otras familias de la Cosa Nostra neoyorquina, los Barzini, los Tattaglia, los Cuneo y los Stracci, convocados por Vito Corleone, el abrumado mafioso proponía un borrón y cuenta nueva. Santino había muerto, Michael precisaba volver de su exilio, ya había corrido mucha sangre y había que evitar que corriera más. Vito decide permitir un ingreso “controlado” del tráfico de drogas, delito al que se había resistido (con el juego, la prostitución y el alcohol no tenía ningún reparo), y logra un salvoconducto para el arribo de su hijo menor. Se sella la paz, se inicia la vengaza.

El testigo de Vito a Michael

La brillante conversación entre Vito y su hijo Michael, ya en Estados Unidos y casado con Kay Adams, es la posta que se pasa entre uno y otro. Es la llamada “escena del jardín” y dura poco más de tres minutos. Son el Don que se va y el Don que viene, al que el patriarca no quería meter en el mundo criminal, para quien tenía otros planes, pero que demostró ser el más frío, calculador e inteligente de todos sus hijos. Entre resignado y orgulloso, Vito —que acababa de arreglar una precaria paz entre los dones— resume sus motivaciones, sus fracasos y sus convicciones; altivo y a la vez cariñoso ante su padre, Michael deja claro que está preparado para tomar su lugar. Y al viejo jefe le sobra el tiempo para avisarle a su hijo quién lo va a traicionar.

Kay queda puertas afuera

El Padrino dura casi tres horas y esas casi tres horas valen la pena. Elegir una escena (o tres, o cinco, o 17) es una tarea difícil. ¿Y la boda de Connie? ¿Y la muerte de Vito, plácida, jugando con su nieto? ¿Y la masacre a los capos rivales ordenada por Michael durante el bautismo de su sobrino? Todas tremendas, como la escena del final. Ya muertos todos los rivales y traidores a los Corleone, Kay encara a su ahora marido. Lo conoció jurándole que él no tenía nada que ver con el resto de su familia y se está desayunando que quien era un joven pulcro, héroe de guerra y con deseos de una vida normal, es el nuevo Don. Kay lo confronta y Michael, enojado primero, calmo después, lo niega. Kay se tranquiliza, pero al salir de la reunión ve cómo su marido es saludado de forma reverencial por sus caporegime. La puerta, la de los negocios familiares, la de los sueños de una vida tranquila, se cierra para ella.

“¿Por qué pegó tanto El Padrino? Primero que nada, porque es una enorme película. Nació ya con estatus de clásico. Es de esas películas que la agarrás en el cable, de la escena que sea, y la seguís viendo”, resume Eduardo Alvariza, el Chueco, periodista cultural de vasta trayectoria, recientemente jubilado de Búsqueda. “Si bien Coppola ya tenía alguna experiencia en cine, no era todavía un peso pesado. Esta es la primera de sus obras maestras, ¡acá orinó en el árbol de Hollywood! Tiene a Marlon Brando, con esa voz, esa mandíbula prominente… está repleta de actores monstruosos… Y muestra al mal con cierta simpatía, vos te ponés del lado de la familia, no los ves como asesinos, los ves haciendo ‘negocios’. Brando termina siendo un abuelo que se muere caminando entre los tomatitos con su nieto. Es una película extraordinaria en el tiempo, el ritmo, los colores, la música, todo, una película que empuja como un tren”.

FRASES PARA EL BRONCE

“Le haré una oferta que no podrá rechazar”

Las audiencias privadas con Vito Corleone durante el casamiento de su hija por sí solas merecen estar en una antología del cine; sobre todo, las que sostiene con el sepulturero Bonasera y con el crooner Johnny Fontane, su ahijado. Pero como solo hay que elegir una frase, vale apuntar a esta, quizá la más famosa de toda la película. Por un lío de faldas, el productor Jack Woltz le niega a Fontane un papel por el que podría alcanzar la ansiada cumbre. La oferta para que revea esa postura se la hará el Don. Y si se niega, realmente va a sufrir.

“No es nada personal, son estrictamente negocios”

Más terminología comercial al estilo de la familia. Michael Corleone, ya decidido a cruzar el Rubicón, convence con esta frase a su iracundo hermano mayor Sonny de que hay que matar a Virgil Sollozo y al corrupto policía Marc McCluskey, vinculados en el intento de asesinato de su padre. Los “negocios”, que en este mundo podían significar matar a alguien, debían tomarse con calma y evitando sentimentalismos. La metáfora se ha traspolado para casi toda situación, ya sea el arte, como los vínculos empresariales y hasta las relaciones interpersonales. Detrás de ella suele haber un cinismo a prueba de balas.

“Algunas personas pagarían mucho por esa información; pero entonces, su hija perdería un padre en lugar de ganar un marido”

Luego de matar a Sollozo y McCluskey, Michael Corleone se exilia en Sicilia para evitar ser blanco de represalias. Ahí, donde no se movía a ningún lado en ausencia de sus custodias, se enamora a primera vista de una bella siciliana durante una cacería. En una taberna le comentan al dueño la situación. El tabernero, a la sazón el padre de la joven, Apollonia, se ofusca muchísimo. Para descomprimir la situación, Michael primero se disculpa, luego se presenta, explica por qué está en Italia y, finalmente, le suelta la frase de arriba. El cine filmaba así su más contundente pedida de mano al padre de la novia.

“No quiero que su madre lo vea así”

Sonny, el futuro Don, acaba de ser cosido a balazos por los hombres de Barzini. Vito Corleone, convaleciente aún del intento de asesinarlo, toma la noticia con un dolor y una dignidad conmovedores. Su mayor preocupación es que en el funeral su primogénito luzca lo mejor posible. Por eso, acude al sepulturero más prestigioso de la ciudad para que trate de maquillar al cadáver repleto de agujeros de las Thompson. Imposible no perder el aliento.

“Dejá el arma, agarrá los cannoli”

Hay líneas históricas de la novela original de Mario Puzo que no se vieron en la película (“La venganza es un plato que se sirve mejor frío” es quizá la más conocida). Pero esta, a cargo del matón Peter Clemenza, un caporegime de los Corleone, ni siquiera estaba en el guion. La improvisó el actor Richard Castellano, luego de que el traidor Paulie Gatto es asesinado por Rocco Lampone en un auto. Clemenza, una síntesis de El Padrino, criminalmente humano, se limita a pedirle a su socio que deje la pistola dentro del vehículo y no se olvide de la comida, lo único importante en todo ese lío.

“Hablar mal de las películas de las que todo el mundo adora es una de mis tendencias. Quizá esté en mis raíces vascas eso de llevarle la contra a todos”, advierte Guillermo Zapiola, crítico cinematográfico con muchos años en el periodismo, hoy uno de los redactores de Cinemateca. “A mí me gusta El Padrino, como Casablanca, como Lo que el viento se llevó. Es una buena película, está bien contada, una estupenda banda sonora, una gran calidad de filmación, un ritmo solemne y eficaz, pero sinceramente nunca entendí la fascinación por ella, me resulta un absoluto misterio. Para mí sería una película de tres estrellas, ¡sé que nadie debe tener una opinión más negativa que la mía! El elenco es muy desparejo, va desde el excelente Al Pacino al insoportable Marlon Brando. Me gusta más El Padrino II, tiene una estructura dramática más sobria, las historias paralelas del padre y el hijo entrecruzadas y la ventaja de no tener a Brando. El Padrino III directamente no tendría ni que haber existido”.

OTROS ACTORES

De la mafia al boxeo

Al pensar en el monumental reparto de El Padrino, lo habitual es recordar a Marlon Brando, Al Pacino, Robert Duvall o Diane Keaton; una inmensa y conflictiva star de entonces y otros que comenzaban a cimentar una tremenda carrera. La actriz que se puso en la piel de Constanzia Connie Corleone fue Talia Shire, papel que repitió en las dos secuelas siguientes (de 1974 y 1990). Ella tendría un mérito alcanzado por muy pocos actores: tener un rol protagónico en más de una saga de las grandes. Es que Shire también fue Adrianna Peninno, la esposa de Rocky Balboa en las cinco primeras entregas de Rocky. Además, es la hermana del director Francis Ford Coppola.

Garantía y calidad

Seis años duró la carrera cinematográfica de John Cazale. Apenas filmó cinco películas, pero todas ellas, El Padrino, La Conversación, El Padrino II, Tarde de Perros y El Cazador, resultaron nominadas al Oscar. Reconocido por sus pares como un tremendo actor y un gran tipo, Cazale era de los llamados actores “de carácter”, eufemismo con el que se suele definir a los secundarios que llaman la atención y no son meramente de relleno. En este caso, le dio vida al débil y torpe Fredo, el hijo por el que Vito sentía menor orgullo. Murió de cáncer a los 42 años, en 1978.

La esposa italiana

Hoy posiblemente sería un escándalo. Simoneta Steffanelli tenía 16 años cuando se filmó la película y se puso en la piel de Apollonia, la primera esposa de Michael Corleone, cuyo papel incluía un semidesnudo en la noche de bodas con su marido (Al Pacino pasaba los 30). Dueña de una gran belleza mediterránea, su actuación fue breve (su personaje murió en un atentado que apuntaba a su marido) y su parlamento escaso (apenas hablaba inglés). En los últimos 30 años se reconvirtió en empresaria.

Conocimiento de causa

En la novela de Mario Puzo, Luca Brasi mató a su padre a palos a los 12 años y al amante de su madre tirándolo de un décimo piso apenas meses después, además de otras (horribles) acciones que dejaban en claro su sangre fría. No es difícil darse cuenta por qué Vito lo escogió como uno de sus sicarios favoritos: era valiente, violento, eficaz, fiel e idiota. En la película lo interpretó Lenny Montana, quien no solo había sido luchador profesional en su juventud sino que también había sido matón de los Colombo; una familia real del crimen organizado.

Y más mafiosos de verdad

Gianni Russo es otro actor que estuvo vinculado a la mafia. De chico hacía mandados para Frank Costello y se rumorea que tanto los Gambino como los Colombo “presionaron” a Francis Ford Coppola para que le dieran un papel. Marlon Brando no lo quería, por lo que Russo lo encaró y amenazó; Brando creyó que estaba actuando, quedó impresionado y dio el visto bueno. Su papel fue el de Carlo Rizzi, el abusador marido de Connie, al que Sonny muele a piñazos y luego Michael manda matar.

“Más que lo que tiene, habría que preguntarse qué no tiene El Padrino, porque en realidad lo tiene todo: fotografía, guion, edicion”, apunta Luciana Rodríguez Díaz, crítica cinematográfica en el programa de radio Café Express y en su propio blog Entre Nos, Libros, Cine y Más. “Se estrenó en épocas en las que las temáticas en el cine estaban cambiando y las historias de gangsters estaban pasadas de moda; sin embargo, esta película les gustó a todos y sigue gustando hoy. Llegó justo en un momento en que la sociedad estaba decepcionada de los gobiernos y no creía en la Justicia, entonces se podía empatizar con los códigos de los Corleone, de la calle, el ojo por ojo. Y todo el tiempo se jugaba con la dualidad entre lo legal y lo ilegal, la vida familiar y lo criminal, la luz y la oscuridad, el bien y el mal”.

DE ANTES Y DESPUÉS

El espíritu de Sinatra

Las ficciones tienen su basamento en la realidad. Si Puzo definió a Vito Corleone, es porque existió un Frank Costello. Si Virgil Sollozo murió como murió, es porque fue famosa la masacre de Coney Island. Pero ninguna relación es tan famosa como la que unió a Johnny Fontane con Frank Sinatra. El real y el de ficción vestían de blanco, ambos cantaban en el mismo estilo crooner, ambos eran mujeriegos y ambos fueron protegidos de la mafia. Una gran diferencia es que en el libro Fontane tiene casi tanto protagonismo como Michael Corleone (por algo la novela se llamó El Padrino y no El Padre o El Don), mientras que en la película la suya es una historia lateral. Dicen que esto fue así porque Sinatra puso el grito en el cielo ante Coppola.

Problemas varios

La novela El Padrino, publicada en 1969, fue escrita por Mario Puzo con la idea de hacer plata rápido y pagar las deudas que lo agobiaban. Francis Ford Coppola fue, por lo menos, la cuarta opción para dirigir la película, ya que sus credenciales como director no convencían a muchos. La Paramount no quería a Marlon Brando en el rol principal, ya que pensaban que era un actor acabado (solo tenía 47 años) e intratable. La Liga de los Derechos Civiles de los Italoamericanos —vinculada a la temible familia Colombo— protestó airadamente temiendo por el estereotipo que se generaría; de hecho, no se menciona la palabra mafia a lo largo del filme. El resultado es ya conocido.

Repercusión en los Oscar

Luego de sus gloriosos años 50, Marlon Brando volvió a su antiguo brillo gracias a Vito Corleone. Se puso algodones en la audición para asemejar un bulldog; esto fue la inspiración para la prótesis que luego utilizó en la película. Haber cambiado la forma en que se veía a un delincuente pesado le significó un Oscar a Mejor actor, premio que rechazó por el maltrato que Hollywood les daba a los indios. El Padrino tuvo 11 nominaciones y tres premios, entre ellos el de Mejor película. Para dar idea de la calidad de su reparto, James Caan (Sonny Corleone), Robert Duvall (Tom Hagen) y Al Pacino (Michael Corleone) fueron candidatos a Mejor actor de reparto; extrañamente, no lo ganó ninguno.

Legados culturales

Las escenas de El Padrino han sido replicadas de mil maneras distintas. Los Simpson acudieron a la saga en varias ocasiones. La paliza callejera de Sonny a Carlo fue “homenajeada” en la temporada 14 por la zurra que Marge le da al mismo ladrón que la había asaltado anteriormente. Lo mismo hicieron Los Soprano; incluso hay un atentado a Tony Soprano cuando este compra una botella de jugo de naranja (hay que modernizarse). Fuera de lo audiovisual, el guitarrista de Guns n’ Roses, Slash, apelaba a la inolvidable melodía de Nino Rota para su solo; es que este es uno de los casos en que una película trae inmediatamente a la cabeza una canción y viceversa.

La hija del director

Si se piensa en Sofía Coppola, lo primero que viene es la exitosa directora y guionista. Pero la hija de Francis Ford Coppola también fue actriz. Su rol más conocido fue el de Mary Corleone en El Padrino III (1990). Sin embargo, también participó de las dos anteriores (las buenas, bah). Siendo una bebé de meses, papá la hizo actuar, en el rol de Michael Francis Rizzi, hijo de Connie y Carlo, sobrino y ahijado de Michael. Es una inocente protagonista de la formidable escena en la cual los planos de Coppola y la música de Nino Rota acompañan el bautismo del bebé con la masacre de los enemigos de la familia. Dos años después, siendo una niña pequeña, también tuvo un cameo en El Padrino II. Dicen las malas lenguas que cualquiera de estas dos actuaciones fueron mejores y más naturales que su importante papel en la tercera entrega.