Editorial
La unión en tiempos de crisis

Editorial | También esto pasará

En ese camino de catarsis y autoconocimiento, son fundamentales la familia, los amigos, los hijos y las pequeñas cosas para disfrutar de la vida

26.03.2020

Lectura: 5'

2020-03-26T08:48:00
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Por Daniela Bluth

Es domingo y los mensajes por WhatsApp, de trabajo y personales no paran de llegar. Hay cadenas con frases alentadoras, fotos de platos suculentos, información sobre el avance del coronavirus en el mundo, capturas de videollamadas entre amigos, rutinas de gimnasia y un extenso etcétera. En ese largo extra están los recordatorios de esos aplausos colectivos que desde hace varios días se repiten en todos los barrios de Montevideo: a las 21 por los médicos, a las 22 por todos los que están lidiando con la pandemia y sus efectos. En ese contexto, en el grupo que tenemos con los vecinos del edificio comparten el video de una persona de la cuadra que en la tarde y desde su terraza tocó el tema Hey Jude, de The Beatles. Horas antes había escuchado algo desde lejos, sin lograr identificar de dónde venía la música. El clima que produjo fue increíble, y los aplausos que le retribuyeron el gesto erizaban la piel. Uno de mis vecinos también es músico profesional y, habitualmente, cuando practica en su piano todos los del edificio disfrutamos. Como era de prever, la hinchada de copropietarios pidió show con aviso previo para esa noche.

Es innegable que la música, igual que los libros, la cocina, la gimnasia o el juego, se volvió uno de los grandes aliados de este aislamiento social. Para las personas, seres sociables por naturaleza, estar sin poder salir de sus casas no es sencillo. El hecho de que sea voluntario parece que hiciera las cosas aun más difíciles. Algunos reclaman la cuarentena obligatoria, como si precisaran que alguien los forzara a cumplir una norma que todos sabemos es la correcta. Pero más allá de números, tendencias, infectados, situaciones críticas en Italia y España, destaco lo que ya destacaron otros: los efectos positivos de la cuarentena, las oportunidades que surgen de las crisis. "Del aburrimiento nace la creatividad", esa frase que muchos escuchamos hasta el cansancio en nuestra niñez, cobra un nuevo significado y se confirma. En pocos días, profesores de gimnasia, cocineros, artistas de todo tipo se reconvirtieron y empezaron a usar las redes como una forma de compartir contenidos valiosos, en definitiva, su trabajo. Una de las iniciativas más movilizantes fue la de los psicólogos, que ofrecieron sus servicios -de forma virtual y gratuita- para aquellos que lo precisaran, sobre todo pensando en los afectados por otra de las epidemias del siglo XXI, la ansiedad. Un poco de todo eso se ve reflejado en las páginas de este número de galería, desde las recomendaciones de actividades culturales hasta las entrevistas e historias que contamos.

En esa suerte de catarata de posteos en redes sociales de la cual, debo admitir, no logro abstraerme todo lo que quisiera, también vi reflexiones interesantes. Una de ellas, que tiene ya varios días, dice: "Éramos felices y no lo sabíamos". Escéptica por naturaleza y descreída por (de)formación, me reconozco a la vez como una idealista extrema, al punto que el status quo, los logros, las ganadas, no suelen resultar suficientes. Tal vez por eso esa frase me golpeó donde más duele, me hizo pensar en volver a los orígenes de las cosas, en valorar lo realmente importante -como también se dice en las redes por estos días-, esperando que toda esta situación de película de ciencia ficción pase para volver a disfrutar de las pequeñas grandes cosas que por cotidianas dejamos de valorar. Salir a caminar con el viento golpeando en la cara, manejar por la rambla y mirar el mar, que tus hijos te cuenten cómo les fue en el colegio, sentarse en el pasto y sacarse los zapatos, ir a la feria a elegir frutas y verduras, soplar las velitas con fuerza en los cumpleaños, dar besos y abrazos.

Mientras buscaba ideas y disparadores para esta columna, llegué hasta uno de los libros que más me gustó en los últimos tiempos, También esto pasará, de Milena Busquets (esta es su segunda novela, de 2015; recomiendo también la primera, Hoy he conocido a alguien, de 2008). El título es más que elocuente, y tiene una explicación. Cuando Blanca, la protagonista, era niña, su madre le contó un cuento chino sobre un emperador que convocó a los sabios y les pidió una frase que sirviese a todas las situaciones posibles. Tras meses de deliberar, le dieron una respuesta: "También esto pasará". Y la madre agregó: "El dolor y la pena pasarán, como pasan la euforia y la felicidad". En la historia, la madre de Blanca murió y la protagonista transita el dolor y la pérdida mezclados con los recuerdos de lo vivido y aprendido. En ese camino de catarsis y autoconocimiento, son fundamentales la familia, los amigos, los hijos y las pequeñas cosas para disfrutar de la vida. La novela ya tiene varios años, pero la frase está más vigente que nunca. La vida sigue y esto también pasará. Mientras tanto, aprovecho y disfruto de la música que llega desde el balcón vecino.