Actualidad
Ciencia, humor y realidad del covid

Diez personajes que trajo la cuarentena: la fauna de la pandemia

Aprensivos, botones, focas nuevas, focas viejas, despreocupados totales, fans de la masa madre y más

02.05.2020 06:00

Lectura: 15'

2020-05-02T06:00:00
Compartir en

Por Leonel García

Hasta el viernes 13 de marzo, cuando se anunciaron los primeros cuatro casos positivos de Covid-19 en Uruguay, la vida transcurría en la vieja normalidad. A partir de entonces todo, pero todo, ha pasado por el filtro de la pandemia del coronavirus. Esto provocó el cambio en las actividades laborales, recreativas y familiares. Ha hecho que todo el mundo esté pendiente de las noticias y de las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Y que cada uno tenga su propia opinión acerca de las "perillas" sobre las que el gobierno justifica sus acciones, avances y retrocesos.

Esto ha causado el surgimiento y proliferación de unos especímenes humanos que hasta aquel viernes estaban hibernando, quizá desde la época de la gripe española de 1918. Y así como historiadores, científicos y antropólogos se han dedicado a reconstruir la sociedad que sufrió las pandemias de siglos pasados, no es de extrañar que en un futuro investigadores (¿zoólogos?) deban dedicarse a estudiar la fauna que emergió en Uruguay (y en el resto del mundo también) en tiempos de cuarentena. Todo el mundo ubica a alguien así en su casa, o en la de al lado, o en la siguiente.

De cualquier forma, las redes sociales hacen muy fácil identificar a cada uno de estos ejemplares, ninguno de los cuales está -ni cerca- en riesgo de extinción. Se espera (se ruega) que muchos de ellos se vayan junto con la pandemia de este annus horribilis.

El ultraaprensivo
(Homo pestis pestis)

Desde el día cero, incluso quizá antes, su vida es una constante angustia; angustia que se contagia a los que viven con él/ella y a los que tienen la mala idea de contactarlo/la. Se horroriza con la gente en la calle, los jueves ya empieza a sudar pensando en el fin de semana, reza que llueva sábado y domingo. Sigue las conferencias desde Torre Ejecutiva en vivo, calcula mentalmente el porcentaje de positivos entre los testeados y se enoja de la bajísima cantidad de exámenes hechos. Tiene todos los teléfonos de los deliveries y todos tienen terror de que los llame. Si sale a la calle, es pura y exclusivamente por un motivo de extrema fuerza mayor (el gato dejó de respirar o similares) y vuelve con un estado de angustia aun mayor del que tenía cuando se fue. Clama por cuarentena obligatoria. Se autocolocó en un pedestal de superioridad moral respecto al resto de la población. Tiene cansado a todo el mundo. Está convencido de que el país camina rumbo a ser Milán o Guayaquil. Por momentos parece que lo deseara.

El vigilante voluntario
(Homo pestis magistratus)

Es una variante del caso anterior. Pero mientras el ultraaprensivo es solo malo para él (y para todos los que tienen la desgracia de estar a su alrededor), este pasa de la palabra a la acción. Saca fotos de gente en la rambla, en las ferias o en los parques y las sube a las redes; si tiene balcón, increpa a los transeúntes que no tienen barbijo, chismosa o un herido de guerra sobre los hombros; a veces sale a dar vueltas en auto para filmar todo lo que le parezcan aglomeraciones. No repara en que para realizar tan magnas acciones él también debe romper su encierro, sumándose a las aglomeraciones de las que abjura. Tampoco registra que mucha gente no tiene espacio, comodidades ni trabajo que se pueda hacer de forma remota. La primera vez que posteó algo en las redes fue replicado clamorosamente por otros aprensivos como él; ahora tiene cada vez más podrido a todo el mundo.

El discípulo de Carmela
(Homo pestis ridiculum)

Hay una senadora oficialista que diría que es un "fundamentalista de izquierda" que busca boicotear al gobierno. Pero eso implicaría un ejercicio ideológico que este espécimen no puede ni le interesa hacer. Más a la usanza de un Jair Bolsonaro, Donald Trump o Boris Johnson (antes que la Huesuda le tocara timbre, vale aclarar), es lo contrario del aprensivo: va a trabajar fuera de su casa y no porque precise "hacer el peso", va a la feria, saluda a su gente (la que es como él), no usa tapaboca, no se ha privado de juntarse con amigos a tomar algo y habla de una "gripecita". Su única concesión al problema es quejarse de alguna aglomeración medio grande, sin demasiada convicción. Cree que por alguna extraña causa que ha provocado el Maracanazo, el Milagro de los Andes, y que Al otro lado del río haya ganado un Oscar, el Covid-19 no va a causar tanto relajo en Uruguay. Es como Carmela, pero después de Carmela. Tiene asustado y con bronca a todo el mundo.

El que tiene la posta
(Homo pestis intolerabile)

Tiene toda la data sobre el coronavirus de todo el mundo, la oficial, la extraoficial y las fake news. El problema es que no distingue cuál es cuál y reenvía toda a todos sus contactos. Navega en Internet por todos los portales del mundo que, por supuesto, giran sobre un único tema. Se mira las tres horas diarias de informativo (que son tres horas de coronavirus) central, los de la mañana, los del mediodía y, de tener más de un televisor, mira los de canales distintos. ¿Se desmayó una enfermera en Madrid, exhausta? Lo sabe. ¿Bolsonaro se dio un baño de pueblo en Belo Horizonte? Lo sabe también. ¿Están ensayando una vacuna en Tokio? Tiene los detalles. ¿Una infectada viajó de Blanquillo a Sarandí del Yi en Durazno? Sabe quién era, quiénes estuvieron con ella, a quiénes llamaron las autoridades y a quién no. Lo grave es que le da lo mismo que la fuente sea Álvaro Delgado, el Instituto Pasteur, la BBC, una cuenta en Twitter o el amigo de un primo de una enfermera de la policlínica en Solís de Mataojo. Como no filtra, es capaz de dejar en pánico al más guapo. Todo el mundo le busca desesperadamente una distracción para que no moleste: una película en Netflix, un curso de cocina microbiótica online, un libro de Paulo Coelho, lo que sea...

El soldado del gobierno
(Homo pestis parebant)

Se le ilumina la cara cuando escucha hablar a Álvaro Delgado. Salta presuroso a elogiar al presidente Luis Lacalle Pou cuando encabeza las conferencias de prensa. Está encantado/a con el canciller Ernesto Talvi en su operación Todos en Casa y su manejo de la crisis en el Greg Mortimer. Incluso defiende sin hesitar a los ministros Daniel Salinas y Azucena Arbeleche, cuyas capacidades comunicativas han recibido más críticas. Aplaude hasta los conceptos más abstractos y los mensajes más aparentemente contradictorios. Defiende la "libertad con responsabilidad", defiende -y asegura entender- los conceptos de on-off o nueva normalidad, aplaude el inicio paulatino de la actividad, se pone tapabocas, no sale a la calle si no es necesario, critica al PIT-CNT en general y a cada sindicato en particular, señala que la gente que está quedando en peor situación refleja "la mentira de los 15 años anteriores", apoya con las dos manos que hay que dejar tranquilo al malla oro para que luego cinche al pelotón, asegura que la cuarentena obligatoria es inviable y -en los casos más extremos, algunos de ellos ocupando bancas en el legislativo- desliza que "la izquierda" es la que envía gente a la calle. Todo eso sustentado solo en una disciplina partidaria que ya querría algún cabeza de lista. Son las nuevas focas. Los que piensan como él, están encantados; los que no, le huyen como a la peste.

El opositor atrincherado
(Homo pestis irrationali)

Caceroleó. Sigue reclamando que "el gran capital" (aunque no tenga una real idea de qué es) apoye al Fondo Coronavirus. Cuestiona, critica e insulta cualquier decisión del gobierno, aun las mejor intencionadas y las menos cuestionables, aun siendo un funcionario público o dirigente sindical de peso (lo que puede motivar una llamada al orden por el lado de la Fiscalía o una aceitada marcha atrás). Reclama subsidios para los cuentapropistas, para los trabajadores independientes, para los feriantes, para los ambulantes... para todo el mundo, bah. Grita a los cuatro vientos que el nuevo gobierno "arrasó con todo" en un mes. Está convencido, sin más sustento que la certeza que puede dar un ejercicio contrafáctico, que el Frente Amplio manejaría mejor la crisis. Asegura que los bajos números de infectados son mentiras, sonríe cada vez que Azucena Arbeleche o Daniel Salinas dan una conferencia de prensa, ironiza con la idea de ir a comer un lehmenyún, subraya que las plataformas educativas digitales impulsadas en los últimos 15 años son las que están permitiendo que los estudiantes sigan cursando, dice que Ernesto Talvi tiene fascinación por las cámaras de televisión y que el gobierno argentino está piloteando mejor la situación. A veces da la sensación de que quiere que todo reviente en serio. Al igual que el caso anterior, se retroalimenta con los suyos; para los del caso anterior, precisamente, serán el perfecto chivo expiatorio si el sistema colapsa.

Acuarentenado pero a la moda
(Homo pestis esnob)

Las canchas de paddle, los videoclubes o La Macarena ya fueron. Pero nada tan trivial como una pandemia global va a ponerles fin a las modas. Y nunca mejor usado el término pan-demia: abunda quien amasó y preparó su propio pan, ya sea para hacer economía, aprovechar el tiempo libre para la cocina o las dos cosas. Ahora, ¿de dónde salió este súbito amor por la masa madre? ¿Qué corno es la masa madre? ¿Paga una multa el que no tenga ni idea de qué es la masa madre? Los medios de todo el mundo han escrito ríos de tinta sobre el aumento de las búsquedas en Google de "receta + pan", de cómo se ha ido la harina de las góndolas y de cómo todo el mundo se volvió maestro panadero. Y como ya ha pasado con la inauguración del Antel Arena o el recital de Patti Smith, nadie puede decir que se mandó su pan de masa madre si no lo sube a las redes sociales. Se cree que el que lo comparte en un videíto de Tik Tok, ya directamente está inmunizado del coronavirus.

El mago de los números
(Homo pestis computandi)

Es ingeniero, economista, estadígrafo o simplemente-para aquellos que padecieron los 80- un nerd. El número de contagios, recuperados, analizados y fallecidos son sus insumos. Hace gráficas, habla de aplanar curvas, de picos, de funciones exponenciales, de cálculos logarítmicos y simula escenarios con o sin tapabocas/distancia social/cuarentena obligatoria/países gobernados por mujeres. En sus gráficas, compara la situación de Uruguay con la de otros países del mundo, a partir de lo numérico, sin tomar en cuenta la situación del sistema sanitario, temperatura media ni presupuestos destinados a combatir la pandemia. Dos de ellos, con los mismos datos, pueden llegar a conclusiones diametralmente opuestas. Mucha gente atiende a lo que dice; casi nadie refuta sus conclusiones; nadie consigue entenderlos completamente.

El difusor conspiranoico
(Homo versum pestis)

Uno podría pensar que desde el siglo XIV, cuando la mayoría de los europeos le atribuyeron a la cólera divina el advenimiento de la mortífera peste negra, la humanidad había evolucionado bastante en su razonamiento. Ja. Ahora, la ira de Dios por los pecados de la humanidad se sustituyó según el gusto de estos especímenes por: el virus del Covid-19 fue elaborado como arma biológica por China o como instrumento de dominación mundial en las tecnologías 5G; es una estrategia de Estados Unidos para pulverizar a China y volver a reinar solo en el Nuevo Orden Mundial (así, con mayúsculas); lo creó Bill Gates (sí, ese) para poder patentar una vacuna y volver a ser el hombre más rico del orbe; con el mismo objetivo, lo crearon los laboratorios; que es un invento de los medios (faltaba más); que es un año bisiesto, que lo crearon los murciélagos para conquistar el mundo, que ya lo predijo Nostradamus, que el comunismo está involucrado (lo sugirió el canciller brasileño). Como ningún medio de comunicación serio les da atención a semejantes delirios, todo grupo de WhatsApp tiene un integrante que se encarga de difundirlas, absolutamente convencido, con la fe que solo puede profesar un converso. A diferencia de otros, estos no molestan mucho; de algo hay que divertirse.

El bufón en tiempos del Covid-19
(Homo meme pestis)

"La comedia es tragedia más tiempo", reza esta frase atribuida a muchos padres. Y como la cosa va para largo, es mejor ya empezar a reírse. Está el que ya saluda "a ver si nos vemos antes de fin de año", el que distribuye todo meme que cae en la vuelta (los nigerianos del funeral bailable son el nuevo hit) y el que se ríe de toda esta fauna que afloró en tiempos de pandemia. Así como hay gente que se puso más insufrible en estos tiempos, tanto en la vida real como en las redes, hay otros que se tornaron más necesarios. Si bien todo exceso termina siendo perjudicial, posiblemente estos sean los individuos más bienvenidos de todos los nombrados. ¡Si hasta volvió la Guambia!

 

CONDUCTAS QUE SE ACENTÚAN Y SE JUSTIFICAN

La fauna de la cuarentena, más allá de su costado humorístico, tiene un basamento científico y académico. En la clínica psicológica se ha percibido una notoria modificación de los rasgos de carácter de las personas que reciben algún tipo de atención. Los esquizoides se han encontrado en su salsa, los depresivos y los ansiosos son aun más depresivos y ansiosos, los narcisistas han tenido que calmarse y los obsesivos han encontrado justificación a sus actitudes.

Así lo señala a galería el psicólogo Luis Gonçalvez Boggio, magíster en Psicología Clínica y coordinador del Programa Psicoterapias de Facultad de Psicología de la Universidad de la República, quien aclara, sin embargo, que esto es observable en los individuos que ya están en consulta y no es extrapolable al resto de la población.
La cuarentena y el distanciamiento físico "les produjo un alivio" a las personas esquizoides, "ya que los pone en sintonía con la forma como se relacionan con el mundo exterior". Gonçalvez Boggio señala que los individuos con estas características lamentan la posibilidad que tienen otros de relacionarse en bares o discotecas, por lo que acá encuentran -vía WhatsApp, Zoom y Skype- un justificativo a esas actitudes.

El experto también explica que, en la cuarentena, las personas obsesivas encuentran "una justificación" para sus conductas obsesivas, pero que al mismo tiempo pueden intensificarse ya sean los miedos, la hipocondría o la obsesión por la limpieza.

"Los depresivos se sintieron más confortables al comienzo de la pandemia, cuando todo el mundo tuvo que desacelerarse con las medidas de confinamiento, y se pasó a convivir en cuarentena, en una modalidad más doméstica", indica el psicólogo. Pero con el paso de las semanas, ya surgieron los problemas para salir de la cama, higienizarse y vestirse. "Se comenzó a instalar, en sus pensamientos, una visión muy pesimista de la salida de la pandemia. Se intensificó su miedo al futuro y al porvenir, sintiendo una tensión interna en relación con los conflictos sociales, lo que les provocó un miedo al colapso de sí y del mundo, percibiéndose a sí mismos más vulnerables, desprotegidos y desamparados".

Similar acentuación de su personalidad sufrieron los ansiosos, más expectantes que nunca, en una postura "que puede ir desde una simple alarma a un estado panicoso". "Voy a perder el trabajo", "me pueden asaltar o copar la casa", "puedo enfermarme y contagiar sin saberlo a mis seres queridos", "mis padres se pueden morir", son algunos de los pensamientos que este terapeuta les atribuye. "Consumen mucha información referida al Covid-19 sin poder ponerse límites, y las alertas que antes eran vividas como fantasías ahora se transforman en una posibilidad real", agrega.

El narcisista, añade, sufrió un "shock inicial" que le cambió el humor, hasta que le "cayó la ficha", se amargó y finalmente "aceptó la nueva realidad". Eso sí, a su manera: "No paran de hablar de sí y de todo lo que perdieron, como si fueran los únicos afectados", ya sea propuestas laborales, proyectos personales o viajes.

Las personalidades psicopáticas son las más proclives a apegarse a las teorías conspirativas, al tiempo que buscarán minimizar lo que ocurre o negar sus emociones. "Esto va a pasar", "fue un invento de los chinos", "es una gripecita que a la mayoría no nos va a dar síntomas", "yo estoy inmunizado porque soy joven y hago deportes", son algunas de las frases con que las relaciona el especialista. "Se les dificulta mucho cambiar los patrones de conducta habituales, no solo porque niegan el miedo, sino porque no les interesa pensar en el entramado de relaciones afectivas que el cuidado amerita, como única forma de prevención del contagio", concluye.

 

ASÍ REACCIONAMOS

"Problemas de atención y concentración, dificultad para realizar tareas automáticas, olvidos, sentirse embotado, tener rumiación de ideas (dar vueltas sobre el mismo tema sin poder controlarlo), preocupación excesiva por uno mismo y por los demás". En el plano cognitivo estas son las respuestas más comunes frente a la pandemia, según el informe Reacciones ante la situación de emergencia, realizado por la psicóloga Graciela Loarche, docente del Instituto de Psicología de la Salud de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República.

Entre las reacciones físicas, más allá de la sintomatología típica del coronavirus (tos, fiebre, dificultades para respirar y un largo etcétera ya muchas veces descrito), el informe habla de "dolor de cabeza, fotofobia, hiperventilación, alergias, falta de energía, sensibilidad frente a los ruidos".

Esto deriva, continúa el estudio, en "dificultad para realizar tareas rutinarias, verborrea o silencios prolongados, impulsividad, desinhibición o mayor aislamiento del necesario, dificultades para dormir o trastornos del sueño". No es raro que se generen manifestaciones de angustia, miedo, agobio, enojo, tristeza, culpa, ansiedad y autorreproche.