Personajes
Romper barreras

Diez personajes que desafiaron los límites y fueron más allá

Para celebrar los 20 años de un espíritu que nos identifica -el de quebrar moldes y superar prejuicios- galería fue en busca de estas personas que hacen que Uruguay evolucione, cada uno en lo que disfruta y sabe hacer o en el camino que decidió emprender

08.10.2020

Lectura: 44'

2020-10-08T07:00:00
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Hay personas que no se conforman con el statu quo, que no quieren aceptar las condiciones que se les imponen, que prefieren rebelarse ante una adversidad, construir donde había una necesidad que nadie identificaba, animarse a intentar algo que hasta ahora no se había hecho, llegar a lugares que parecían vedados. Algunos dicen que el mundo es de los desobedientes, de los valientes, de los temerarios, y que si ellos no existieran la humanidad no avanzaría.

Para celebrar los 20 años de un espíritu que nos identifica, el de quebrar moldes y superar prejuicios, galería fue en busca de estas personas que hacen que Uruguay evolucione, cada uno en lo que disfruta y sabe hacer o en el camino que decidió emprender.

A Rafael Radi le tocó ser la imagen pública y mediática de una ciencia hasta ahora de muy bajo perfil. Yamila Badell es la primera futbolista uruguaya profesional en conseguir un pase al exterior y la que marcó el primer gol uruguayo en la historia de los mundiales femeninos. Ana Livni, junto con Fernando Escuder, fueron los pioneros de la moda lenta en Uruguay. Paul Bennet estaba convencido de la importancia de impulsar la agricultura orgánica para darle al mercado lo que hoy consume cada vez más. Gloria Rodríguez echó por tierra la injusta tradición de que las personas negras no pisaran el Parlamento. Álvaro García, siendo estudiante de Sistemas tuvo una idea con otros dos amigos que se terminó convirtiendo en la startup uruguaya que vale 2.000 millones de dólares, PedidosYa. Abigail Schcolnik, con 17 años, decidió dejar de quejarse desde el sofá y tomar acción en favor del planeta, impulsando una petición de Change.org que reunió más de 100.000 firmas para prohibir el uso de pajitas de plástico. Cuando estuvo al frente del Ballet Nacional del Sodre, Julio Bocca acercó la danza a la gente y hoy las entradas del Auditorio se agotan, convocando tanto jóvenes de championes como señoras con abrigos elegantes. Alfonsina Maldonado no aceptó que un accidente que le dejó una mano diferente le impidiera convertirse en amazona y atleta paralímpica. Fernando Epstein fue uno de los responsables de que el cine uruguayo se conociera y se valorara en el mundo.

¿Cómo lo hicieron? Ellos tienen la respuesta.

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Rafael Radi | Científico y referente del GACH

"Con la pandemia, la ciencia logró visibilidad y validación como nunca antes"


Este año, que quedará marcado para la eternidad como el de la pandemia de Covid-19, el médico, bioquímico e investigador biomédico Rafael Radi (57) está viviendo una experiencia inédita: lo reconocen en la calle, cuando sale a caminar cerca de su casa, en el Prado. Por un lado, dice, le da pudor; por el otro, se siente reconfortado. "Me han dicho cosas que no había escuchado antes en mi carrera, sobre mi trabajo. Antes me decían ‘qué interesante', ‘qué original', ‘qué complejo'. Ahora me dicen que transmito tranquilidad".

Radi es uno de los integrantes del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), que el gobierno armó con referentes de distintas disciplinas para enfrentar este mal aún sin vacuna. El rostro, la voz y las palabras de este padre de dos hijas, doctor en Medicina desde 1988 y en Ciencias Biológicas desde 1991, integrante de una generación "bisagra" en el desarrollo científico en el país, se hicieron presentes en los medios con una frecuencia inusitada para un investigador. Una cosa buena que dejará este 2020, un punto de inflexión: es que la ciencia "logró visibilidad y validación como nunca antes", reflexiona.

"Luego del restablecimiento de la actividad universitaria, en la década de 1980, siempre fue difícil que la gente viera la importancia de lo que hacíamos los científicos. Era visto más bien como algo de nichos. Lo que pasó con esta pandemia fue que la gente comenzó a pensar tipo: ‘Ah, lo que ustedes hacen está bueno'", dice Radi. Este apoyo social puede traducirse en apoyo político. Y el apoyo político, lo sabe, suele -o debería- traducirse en más recursos. Es que más allá de creaciones como el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba, en 1986) o la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII, en 2007), la ciencia nunca pudo dar un salto cualitativo muy grande ni en presupuesto ni en consideración pública; al menos hasta ahora.

"Esto puede alentar muchas vocaciones científicas nuevas", se ilusiona el bioquímico. Más allá de la pandemia, en Uruguay la ciencia había logrado la llegada del Instituto Pasteur, inaugurado en 2006, la descentralización con el Instituto de Virología en Salto y la presencia hoy de 2.000 profesionales en el área, entre dedicaciones totales y alumnos avanzados becados, en el Sistema Nacional de Investigadores.

No ha sido fácil. Hay países donde la relación sociedad-ciencia es muy intensa, como Alemania, Japón, Corea del Sur o Estados Unidos. Pero hay barreras que incluso responden a una idiosincrasia: "Hay una tradición cultural de los países latinos. No en vano, en el sur de Europa -España, Portugal, Italia- hay un vínculo más achatado entre la ciencia y la sociedad. Hay una cultura más inclinada hacia el arte, la literatura o la historia". A escala de diseño institucional, agrega, la ciencia no tiene un lugar claro y visible en Uruguay. "Hay un Ministerio de Educación y Cultura en el cual la ciencia ocupa una división. Hemos hablado con el ministro (Pablo da Silveira), y él está de acuerdo con avanzar hacia un Ministerio de Educación, Cultura y Ciencia. Ir hacia un Ministerio de Ciencia y Tecnología no es algo que vea a corto plazo, pero sí a mediano o a largo".

En la década de 1990 acá no llegaba ninguna pandemia, pero la ciencia tenía un techo. Esa fue la primera barrera a cruzar. "Debimos convencernos de que podíamos hacer una ciencia competitiva a escala internacional, que dialogara con otros científicos en el mundo". La decisión de su generación, resume, fue ir y volver. En su caso particular, su posdoctorado lo hizo en la Universidad de Alabama, en Estados Unidos. Otros se fueron a Francia; otros, a Hong Kong. Y al volver mandaban a sus alumnos cuando lo que querían investigar era imposible en el país, por un tema de fondos o infraestructura. Lo que hicieron fue tejer redes, algo que acabó siendo clave en 2020.

"Cuando en febrero o marzo el ministro (de Salud, Daniel Salinas) se comunica con investigadores de la Universidad y el Pasteur para ver cómo elaborar los test PCR, nosotros nos contactamos con la Universidad de París, de Hong Kong, varias de Estados Unidos, que nos facilitaron reactivos y protocolos. Test no te iban a dar, ¡los precisaban! Pero el capital de conocimiento Uruguay lo tenía, conocía a sus científicos, eran creíbles, había confianza, por eso te mandaban lo que te mandaban", cuenta con orgullo.

Cuando la pandemia pase, espera que algo de esta permeabilidad de la ciencia en la gente permanezca. Que quede también la visibilidad y la validación social. De cualquier forma, los científicos tienen que desarrollar una piel de elefante. "Para seguir en esto, el camino es muy largo. Un científico es un ser resiliente, con gran tolerancia a la frustración". Como muestra, tiene que ocurrir un evento sin precedentes a escala mundial para que salten a los primeros planos.

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Yamila Badell | Pionera del fútbol femenino uruguayo, ahora en Racing Féminas de España

"La respuesta a los prejuicios la daba tratando de jugar bien y mandándola a guardar"


Quién marcó el primer gol uruguayo en la historia de los mundiales femeninos? Yamila Badell. ¿Y el segundo? Misma respuesta. Yamila Badell. Pionera del fútbol femenino en Uruguay, cuatro veces ganadora del Campeonato Uruguayo, goleadora del Campeonato Sudamericano Femenino Sub-17 de 2012 en Sucre (Bolivia), vistiendo la Celeste, Badell es una referente del fútbol femenino local y embajadora de Uruguay en el exterior. O, dicho de otro modo, es la futbolista uruguaya que abrió las puertas de Europa.

Arribó a España en 2015, con 20 años, para vestir la casaca del Málaga durante la temporada 2015-2016. Regresó a Uruguay para jugar en Colón, en 2016, conquistando por cuarta vez consecutiva el Campeonato Uruguayo. De vuelta en España jugó dos temporadas en el C.D. TACON, logrando el ascenso a primera división. De ahí pasó al Racing Féminas, filial femenina del Real Racing Club de Santander, que compite en la segunda división femenina. En julio, la delantera renovó contrato por un año más, por lo que acompañará a otra uruguaya, la defensa Daiana Farías, procedente del Paio Pires de Portugal.

Hija del exfutbolista Gustavo Badell, Yamila se inició en el baby fútbol mixto, en el club Playa Honda, a los seis. Era la única niña del equipo. Los primeros goles los festejaba sola: sus compañeros varones no sabían o no se animaban a celebrar con el abrazo de gol. "Al principio estaba ese respeto, o ese temor, tal vez, a acercarse", recuerda ahora, vía Zoom, desde su apartamento en Santander que le provee el club y donde vive junto con otras jugadoras del Féminas (una uruguaya, una canadiense y una ghanesa). "Creo que está bien tener respeto y cierta distancia, pero no era para tanto, porque al final estábamos disfrutando de un juego", dice Badell a galería. "El lado positivo de eso es que, salvo un caso puntual que se habló y se aclaró en su momento, nunca hubo gestos irrespetuosos y siempre me sentí muy cuidada". Los prejuicios más notables, recuerda, no estaban en la cancha, sino del otro lado del alambrado. "Quizás en su momento sufrí algunos comentarios absurdos. La respuesta a esos comentarios basados en prejuicios la daba tratando de jugar bien y mandándola a guardar".

Habla con la lucidez y la serenidad que confieren los años de experiencia. Sin embargo, todavía no cumplió los 25. No identifica en qué momento decidió que abrirse camino en el fútbol era una posibilidad real de vida, tal como la vive ahora, con un contrato profesional en un medio donde el fútbol femenino tiene visibilidad y causa interés. "Si bien jugaba para divertirme, siempre me tomé muy en serio los entrenamientos. Llegaba a casa y le preguntaba a papá cómo me había visto y en qué veía que podía mejorar. Era una niña, quizás no era del todo consciente, pero se ve que esa niña quería crecer y transitar este camino". Un camino que incluyó, por ejemplo, jugar en primera división con 15 años, participar en competencias internacionales, tanto a escala de clubes (con Colón, en Copa Libertadores), como a escala de selección (Sudamericano y Mundial FIFA). "Fui disfrutando cada etapa", resume.

Un referente: Luis Suárez, a quien empezó a seguir con atención cuando jugaba en Nacional. "Seguí su carrera por Europa, obvio. No jugamos en la misma posición, yo soy delantera izquierda, pero hay muchas cosas de su juego que me atraen". Por la poca visibilidad del fútbol femenino, de niña no tenía referentes mujeres. Hoy sí: Mariona Caldentey, delantera del Barcelona. "Me gusta mucho ver la Liga Española, endulzarme con eso, quizás el día de mañana pueda competir en esa liga".

Es bastante activa en las redes sociales, sobre todo en Instagram ("busco dar más visibilidad al fútbol femenino", comenta). También en Twitter lanza algunos bocadillos. Como cuando, tras la goleada 8 a 2 del Bayern Múnich al Barcelona, escribió: "Un partido de fútbol femenino termina 8-2 y las mujeres no tienen que jugar al fútbol, son horribles". Y agregó: "Ahora el resultado es del fútbol masculino, ¿se tienen que dedicar a lavar los platos?". El tuit provocó un hilo de comentarios y un microdebate sobre las diferencias entre ambas categorías. "El trabajo y el apoyo y la historia que tiene el fútbol masculino es mayor que el femenino. Si tenemos en cuenta esos factores, no tendrían que existir esos resultados". Considera que en España la categoría femenina viene creciendo de forma considerable. "Todavía falta. Todavía seguimos varios escalones abajo".

Actualmente, debido a un desencuentro de opiniones con Ariel Longo, el actual director técnico de la Celeste, Badell no está en la selección. "Estoy disponible para cuando consideren que sea necesaria mi presencia y pueda ir y luchar por la camiseta. Ojalá que el día de mañana nos sentemos, con esa madurez que se pide, y con ese profesionalismo que buscamos", apunta. "Acá estoy".

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Ana Livni y Fernando Escuder | Diseñadores de moda, pioneros de la moda lenta en Uruguay

"Hay cosas que te interpelan, pero siempre fuimos muy fieles a nuestros ideales"


El atelier de Ana Livni y Fernando Escuder en Ciudad Vieja no es el mismo que hace seis meses. En una mesa exhiben variedad de tapabocas confeccionados con excedente textil y sus características estampas, una estrategia para reutilizar y, al mismo tiempo, vender en tiempos de pandemia. Entre los buzos de lana fieltrada y los vestidos de seda, unos bolsos de lienzo llaman la atención por el mensaje que llevan estampados: "Sin prisa, sin pausa". Es una frase que encontraron pintada en la calle y que representa el proceso creativo de la dupla desde hace 18 años, cuando presentaron su primera colección en el mercado. "Nosotros siempre decimos que crisis es igual a oportunidad", asegura Livni.

Ambos pertenecen a las primeras generaciones del Centro de Diseño Industrial (hoy Escuela Universitaria Centro de Diseño), de la época en la que cada año entraban por concurso un puñado de alumnos. Comenzaron su vínculo cuando eran estudiantes y egresaron en 1995 y 1998, siendo Livni la menor de la dupla. Al poco tiempo empezaron a trabajar juntos en Astilan, una empresa que hasta fines de los 90 fue una de las principales exportadoras de indumentaria del país. Inspirados por el discurso de la arquitecta italiana Franca Rossi, académica detrás de la carrera de Diseño, a principios de la década del 2000 se fueron a estudiar un posgrado a Italia en Gestión de Moda. Pensaban que regresarían a trabajar en la fábrica y que sería allí donde aplicarían sus conocimientos. Sin embargo, poco antes de su vuelta Astilan cerró y quedaron sin trabajo. "Vivimos toda la decadencia, el endeudamiento y la problemática de la industria. La lana era una fibra que se estaba desvalorizando, se estaba dejando de usar en la moda, sustituida por las fibras sintéticas. Pasó a ser un producto de lujo, de nicho, algo sustentable para conocedores", explica Escuder.

La situación era crítica, pero para ellos representó un impulso. No tenían nada que perder. En 2002, en plena crisis, decidieron abrir su propio atelier. Sus antiguos empleadores pusieron a disposición la fábrica, telas excedentes y un puñado de empleados. Para esa primera colección trabajaron con los mejores materiales y exploraron distintos estilos y técnicas. Luego, el declive de la industria los llevaría a tener que desarrollar sus propios textiles y a confeccionar en un taller ubicado en la parte trasera del estudio.

En aquella época el diseño de autor era apenas un murmullo en Uruguay. Sin embargo, era el único camino que les interesaba. Sentían la necesidad de tener un espacio para cuestionar reglas que parecían inamovibles en la moda, para hacer las cosas diferentes. No querían hacer dos colecciones al año, cambiar completamente sus diseños de una colección a otra o hacer liquidaciones que desvalorizaran sus prendas.

En Italia habían conectado con el movimiento del slow food y trasladaron sus principios a su industria. Entonces, intuitivamente, le llamaron a su manera de hacer las cosas moda lenta, en oposición a la moda frenética, pasajera y obsoleta. Entre que acuñaron el término y escribieron un manifiesto, en 2008, la académica Kate Fletcher escribió el primer tratado sobre el tema (2005). Esto les confirmó que aquello en lo que ellos creían con tanto convencimiento era el futuro. "No al consumismo, sí al consumo responsable", pasó a ser una de sus frases de cabecera.

No fue fácil que el mercado local lo entendiera. No comprendía por qué repetían tipologías y estampas colección tras colección o por qué no seguían las tendencias. Para ellos era algo evidente: no les interesaba la moda, sino el diseño, "que no es efímero, sino que perdura en el tiempo", dice Livni. Por eso salieron al exterior, desde el incipiente Palermo Soho porteño a Estados Unidos. Dieron charlas, ganaron premios, vendieron ropa y se convirtieron en referentes. Luego, en Uruguay comenzaron a prestarles atención.

"Estuvimos de moda y dejamos de estarlo. Fuimos furor, estuvimos en todos lados con el slow fashion que pegó muy bien en Sudamérica, hasta que llegó un momento en el que dejó de funcionar todo eso. Eso nos llevó a cuestionarnos, a pensar si no era que nos teníamos que renovar. Después nos dimos cuenta de que no. Y ahora pospandemia todo se confirma. Hay que renovarse, pero dentro de una línea, de una identidad que le da valor al trabajo. Hay cosas que te interpelan, pero siempre fuimos muy fieles a nuestros ideales", asegura Livni.

Livni y Escuder labraron un camino que luego decenas de marcas uruguayas transitaron. Fueron los primeros en trabajar el concepto de "marca país" asociado al diseño y generaron un cambio cultural en los consumidores, que ahora entienden a la moda uruguaya como un diferencial, que valoran lo hecho a mano, de forma artesanal y local.

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Paul Bennett | Productor orgánico e impulsor de la regional Sauce-Santoral de la Red de Agroecología del uruguay

"No muchos se permiten el beneplácito de la duda y la fortaleza de la transición"


Paul Bennett llegó a la agricultura orgánica por convicción filosófica. Y fue a través de la producción que comenzó a especializarse en la generación de semillas, llegando a tener más de 400 variedades. Este camino lo llevó, en 2004, a Sauce, donde había dos productores orgánicos, además de la Cooperativa Punto Verde de San Bautista -que nació a instancias de un pedido de productos orgánicos de una gran superficie- y la Cooperativa Santa Rosa, ubicada en esta localidad.

En 2006 ocurrió el primer hito de muchos que convertirían a Sauce en la localidad con mayor cantidad de cultivos orgánicos certificados del país. "Una empresa compró un viñedo de 500 hectáreas para convertirlo en cultivo de soja transgénica. La incertidumbre ante la viabilidad de la coexistencia de los sistemas obligó a productores orgánicos y convencionales a salir de sus predios, en un hecho histórico", recuerda Bennett. Para empezar, debido a que en Sauce no hay agua de OSE, por lo que la sanidad del recurso hídrico depende del cuidado particular de las napas, pero, además, preocupaba la cercanía del emprendimiento a una escuela rural y la vecindad. Esto motivó a que distintos actores de la zona se juntaran a discutir el impacto de esta explotación. Más de 1.000 productores participaron en una gran feria para demostrar la diversidad que había allí.

"Retrasamos un año la llegada de la soja y logramos que la empresa quedara restringida a las hectáreas que había comprado, porque no hubo quién quisiera arrendarles más campo. Hasta hoy se cuidan de no contaminar a los vecinos", cuenta. Entonces, Bennett ocupaba un rol muy activo en el cuestionamiento del modelo del agronegocio.

En 2008, la Asociación Fomento de Villa Nueva, en Canelones, llamó a Bennett a sumarse a un proyecto financiado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para relevar la identidad de la zona a partir de las semillas que los productores guardaban por algún motivo, fuera sentimental o productivo. "Muchas de estas semillas no tienen visión comercial, pero se siguen plantando todos los años y forman parte del acervo cultural de la zona. Compartir esas historias de vida generó la apertura para hablar de producción orgánica y agroecología".

A partir de la articulación de ese proyecto, en 2010, se creó el área de agroecología en la Sociedad de Fomento, financiada por el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP), un espacio de intercambio sobre producción orgánica. Esta área, que Bennett coordinó, sumó 12 familias más que cultivaban de forma convencional. "Para encontrarnos nos basamos en las coincidencias, como la importancia de cuidar el agua, el suelo, de armar cortinas de viento para salvaguardar los cultivos. La raíz estaba en que todos éramos productores familiares. De 12 pasamos a ser 35 familias certificadas orgánicas y se siguen sumando. De estos, 90% antes fueron convencionales".

Ese mismo 2010, surge, a instancias del cocinero Alejandro Morales -también oriundo de Sauce y hoy responsable de la cafetería Escaramuza-, un trabajo en torno a los tomates antiguos. El chef era el jefe de cocina del Parador La Huella y quería armar un plato con al menos ocho variedades de tomates antiguos. "Entonces, comenzamos una nueva fase, la de la venta colectiva, y no paramos nunca más".

En 2012, ya afianzados como colectivo de productores orgánicos, Bennett convocó a Punto Verde y la Cooperativa Santa Rosa para solicitar a la Red de Agroecología -donde también funciona la Asociación Certificadora de la Agricultura Ecológica del Uruguay- la formación de la regional Sauce-Santoral, que fue aprobada.

Desde 2015, Bennett asume el rol de coordinador de la Cooperativa Calpamas y la tienda de comercio directo Ecomercado, en Pocitos. Además, fomenta la creación de nuevos puntos de comercialización al aire libre a más productores (como la feria de Millán y Luis A. de Herrera) y gestiona la apertura de un nuevo comercio en el Centro.

"En 2020 la regional cuenta con el mayor número de productores hortícolas y frutícolas orgánicos del país y mayor área y volumen de producción hortícola orgánica de todo el país", dice Bennet con orgullo. Además, agrega: "Para llegar a esto tuvimos que romper muchas barreras: la de los ingenieros agrónomos de la zona que se resistían a cambiar su forma de trabajo; la del modelo del agronegocio, que veía a la producción orgánica como una amenaza; y la del propio productor, que debió cambiar su manera de hacer las cosas. No muchos se permiten el beneplácito de la duda y la fortaleza de la transición. Modificaron su sustento de vida en pos de algo que les parecía que estaba muy bien, pero de lo que no tenían certeza. Mi gran satisfacción es que ninguno se arrepintió".

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Álvaro García | Fundador de PedidosYa, la startup uruguaya que vale 2.000 millones de dólares

"Fue fundamental ser ambiciosos en el problema que estábamos resolviendo. Nuestro mercado tenía que ser el mundo"


Esta es la inspiradora -casi romántica- historia de los tres jóvenes que salieron del salón de facultad con una idea que se terminó convirtiendo en una empresa de 2.500 empleados distribuidos en buena parte de América Latina, casi la mitad en Uruguay. Es la empresa que los referentes del ecosistema emprendedor pronuncian sin titubear si tienen que elegir el caso más exitoso del país. Los hitos de PedidosYa son conocidos: en 2014 la startup creada por Álvaro García, Ariel Burschtin y Ruben Sosenke dio su gran salto al ser adquirida por Delivery Hero, multinacional alemana líder global en pedidos de comida online. Fue un espaldarazo que permitió expandir los horizontes de la empresa y que alimentó aún más las ganas de los emprendedores de "comerse el mundo".

En 2017 la alemana cotizó en la Bolsa de Frankfurt con un valor de 5.140 millones dólares y se potenciaron las posibilidades de crecimiento de la uruguaya. Aunque el delivery de comida es -y seguirá siendo- el corazón de su negocio, hace al menos dos años que PedidosYa dejó de ceñirse únicamente a esa función. Empezó por incorporar supermercados y farmacias, lanzó su flota de deliveries y hoy tiene minimercados propios que proyecta expandir por todo Montevideo. Busca entrar al mundo financiero y terminar de consolidarse como una aplicación para usar todos los días.

Pero detrás del éxito hay un camino recorrido que es como una pista llena de vallas: hubo que saltar muchas para toparse con otras más altas. Y la carrera de obstáculos sigue. El crecimiento exponencial de PedidosYa se explica, sobre todo, por la mentalidad global que los emprendedores tuvieron desde un principio. Sin embargo, pensar en Uruguay como el "laboratorio" sobre el que escalar, significaba sobreponerse primero a las barreras de emprender en un mercado pequeño.

Para eso, la ambición fue clave, admite su cofundador Álvaro García: "Eso siempre estuvo claro. El mercado para nosotros era América Latina. Era hasta un capricho". El mayor desafío de ampliar fronteras, no obstante, era conseguir el capital para hacerlo. Ahí apareció otra barrera, ya que los montos a los que se puede acceder en Uruguay para poner en marcha un proyecto, según García, no alcanzan para despegar. Participar en el evento Innova, en España, fue un golpe de realidad. "Estábamos en pañales cuando me fui y volví con la cabeza nueva. No había emprendimiento allá que estuviera en la etapa de validación que no hablara de 300.000 euros para arriba. Hoy los apoyos del gobierno (en Uruguay) son de 20.000 o 30.000 dólares. Eso hoy sinceramente no te alcanza", explica.

Esa visión llevó a los emprendedores a buscar fondos en el mercado mundial, lo que implicó también aprender a presentar la startup ante inversores (elevator pitch) de todo el mundo, una herramienta que, según García, "no es común" que los emprendedores uruguayos dominen. Hubo que aprender a "pensar realmente la idea de negocio, cuál es el servicio que se va a dar, el valor, cómo vas a hacer para retener clientes" Esa etapa fue de "puro aprendizaje", recuerda. "No veníamos de una preparación enorme y la parte de training es fundamental, son obstáculos que uno tiene que romper". Hoy, admite, el ambiente es otro: "Va a haber cambios positivos teniendo Mercado Libre una pata en Uruguay y siendo PedidosYa tan grande. Hay muchas personas logrando entrar en estas compañías que trabajan con objetivos claros y a un ritmo de trabajo y crecimiento muy fuerte".

En la práctica, para escalar fue necesario "arremangarse y embarrarse" las manos. "Hasta hoy seguimos buscando combinar esas dos cosas, gente capaz y con experiencia, con muchas ganas de construir y que no tenga miedo de embarrarse las manos a la hora de hacer las cosas".

En 2011 los emprendedores cerraron una ronda de financiación liderada por Kaszek Ventures, firma de capital de riesgo liderada por Hernán Kazah (cofundador de Mercado Libre) y Nicolás Zennstöm (cofundador de Skype). "Captar capital del exterior para nosotros fue clave", admite. La compañía fue una especie de escuela para PedidosYa, que además los ayudó a preparar el terreno para la adquisición por parte de Delivery Hero.

El crecimiento también se explica por sus constantes saltos. Durante los meses de pandemia la demanda de PedidosYa se multiplicó por 10. Eso requirió "acomodar el cuerpo" para luego capitalizar la experiencia. El salto más reciente fue la compra de la española Glovo en América Latina por 201 millones de dólares. La empresa que hasta hace pocos meses era competidora de PedidosYa en Uruguay -hasta que dejó de operar en el país- y que continuaba compitiendo en otros mercados, se convirtió ahora en la vía para proseguir con la meta de expandirse por todo el continente.

Y los desafíos siguen. García repite que la compañía sigue estando "en pañales" y hay un dato que lo sustenta: para 2024 proyectan que el volumen de órdenes crezca 14 veces. Para la empresa uruguaya que vale 2.000 millones de dólares (sin ser unicornio, ya que cotizó en Bolsa con un valor de 500 millones de dólares) el mayor obstáculo es seguir actuando con el corazón y la agilidad de una startup.

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Abigail Schcolnik | Estudiante e impulsora de una petición de Change.org que reunió más de 100.000 firmas

"Nunca seguí la corriente del resto; nunca me importó ser normal de esa manera"


Tiene 17 años y la lista de prioridades muy clara: el cuidado del medioambiente está en primer lugar, entendiendo que sin planeta o con un planeta enfermo no existe nada más. Cuando Abigail Schcolnik empezó a evitar ir al supermercado para no ver la proliferación de plástico desechable en las góndolas, se dio cuenta de que algo tenía que hacer al respecto. Terminó de confirmarlo al asistir a un campamento de líderes de Latinoamérica -al que se postuló y quedó seleccionada- en Brasil. "Si bien tenía la iniciativa, nunca había hecho nada porque pensaba que sola no podía o que necesitaba más ayuda para llegar a lo que quería conseguir", cuenta. "Ahí me dieron una visión diferente, de que podía hacerlo sola y no tenía que esperar por nadie".

Entonces se puso en marcha. El primer paso fue lanzar una petición en Change.org con el objetivo de juntar firmas para que se prohíba el uso de sorbetes plásticos. "Creo que una de las cosas que peor le hacen al planeta, y en lo que yo puedo ayudar, son los plásticos; había visto que ya se había hecho en Buenos Aires. Primero pensé en plásticos de un solo uso, pero era demasiado y quería empezar con algo más chiquito, como las pajitas, a ver si la gente estaba interesada en firmar". La petición reunió, hasta el momento, más de 100.000 firmas y, según le informaron a Abigail, fue una de las más rápidas en crecer en 2019 y de las más potentes del año.

Partiendo de eso armó -con ayuda- un documento legal que presentó a la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) en diciembre del año pasado como "petición calificada". Aunque esto implica que el organismo debería dar una respuesta en un máximo de 120 días, todavía no han tenido respuesta. El abogado que la asesora y que está haciendo el seguimiento del proceso corroboró que está en etapa de "calificación", y asumen que la demora puede tener que ver con el traspaso de documentos al nuevo Ministerio de Ambiente. Hasta ahí puede llegar la injerencia de una joven, y de cualquier particular: ahora puede decirse que la resolución o posible respuesta está en manos de la administración del ente.

Pero Abigail no se quedó esperando de brazos cruzados. Esta chica decidida a tomar acción decidió usar el laboratorio del colegio al que va para intentar crear un papel film de plástico biodegradable. "Todo empezó porque tenía que hacer un proyecto curricular y no quería que quedara en eso, quería hacer algo que realmente funcionara", cuenta. Entonces recurrió a un docente de Química y le comentó que le gustaría inventar un material que reemplazara al plástico. "Me basé en diferentes estudios que se han hecho, y finalmente salió. Recién lo terminé de hacer. Ya lo usé para experimentar, porque mi trabajo para el colegio era medir si servía para empaquetar frutas. Ahora tengo que buscar una manera de darle seguimiento a ese plástico, pero me parece que es un buen camino".

Desde hace un tiempo Abigail da clases online como coach de inglés para otros jóvenes que quieren acceder al mismo campamento de liderazgo al que asistió ella y no saben el idioma: "Ellos me ayudaron y ahora yo los estoy ayudando a ellos", explica. Además, desde que empezó la pandemia ha estado colaborando con un grupo de mujeres mayores que tejen gorritos y sobrecitos de lana para bebés prematuros nacidos en el Pereira Rossell; "las ayudé con la parte tecnológica, para que pudieran mostrar lo que estaban haciendo", dice. También, con un grupo de voluntarios del colegio, impulsó un proyecto para hacer mascarillas para donar.

Hace un tiempo Abigail fundó la organización ME4U, que, además de dar cuenta de sus proyectos, se propone ayudar a gente de todas las edades con iniciativas para producir cambios, conectándolos y orientándolos en cómo poner a andar sus inquietudes.

"Nunca seguí la corriente del resto; nunca me importó ser normal de esa manera", asegura. En cuanto a la barrera que le ha tocado derribar -y a la que todavía se enfrenta-, es la de su edad. "Mucha gente no me toma en serio porque soy chica, piensan que no tiene sentido lo que estoy haciendo o que no tiene fuerza. Pero la verdad es que, mientras genere un cambio mínimo, me parece importante seguir".

Aunque cualquiera podría deducir que la ambientalista sueca Greta Thunberg (de su misma edad) podría ser un ejemplo inspirador, Abigail dice que no le gusta compararse con ella, ni con nadie. "Hay cosas que hace que me parece que están bien, y otras con las capaz que no estoy de acuerdo. Con el tema político yo, personalmente, no me metería, pero entiendo por qué lo hace. Entiendo que si quiere que sea más poderoso su mensaje se tiene que meter en ese mundo. Creo que cuanta más gente se de cuenta de la importancia del tema ambiental, va a ser más fácil no tener que meterse en política, porque va a ser algo obvio que tenés que cuidar el planeta; va a ser algo sobre lo que todo el mundo piense igual".

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Julio Bocca | Bailarín, coreógrafo y exdirector del Ballet Nacional del Sodre

"La intención fue que la gente pudiera entender, disfrutar y vivir la magia de la danza"


Setiembre de 2020: Edinson Cavani viste malla y zapatillas de danza y ensaya pasos y posturas junto a un grupo de bailarines. La secuencia se hace viral, es tendencia en las redes y pone al ballet masculino en los medios y en las conversaciones de los uruguayos. Se trata de un video promocional creado para la difusión de la Escuela Nacional de Formación Artística del Sodre. Un golazo. Celebrado como un valioso aporte en tren de derribar prejuicios, tiene alcance internacional e incluso algunos medios asumen que el salteño incursiona en el ballet para mantenerse en forma.

Nada viene de la nada. Años atrás, Julio Bocca protagonizó una acción similar. Fue tapa de El Gráfico, la legendaria revista deportiva de Argentina, junto a Juan Román Riquelme, Guillermo Barros Schelotto, Rodolfo Arruabarrena y Diego Cagna, entonces jóvenes futbolistas de Boca. La intención, recuerda el maestro argentino, era "desmitificar, derribar prejuicios y acercar la danza a la gente".

Hace poco más de 10 años, Bocca asumió como director del Ballet Nacional del Sodre (BNS), cargo que ocupó hasta fines de 2017. Y esa intención de desmitificar, derribar prejuicios y acercar la danza a la gente estuvo desde el día cero. Bocca reclutó como primera bailarina a María Noel Riccetto, que regresó a Uruguay tras más de una década en el American Ballet Theatre de Nueva York. Invitó a importantes figuras del mundo de la danza a participar en las producciones del BNS, que vivió su segunda época de oro, llegando al interior del país y proyectándose al mundo en exitosas giras internacionales.

Hoy, a los 53 años, quien fuera un niño prodigio de la danza sostiene que empezó a romper barreras el día que empezó a estudiar ballet. Y, prácticamente, no ha parado. Porque lo que siguió, cuando regresó de Moscú (con la medalla de oro en el Concurso Internacional de Danza), fue emprender la aventura de "hacer del ballet algo más popular", comenta durante una breve charla con galería. "De llegarle a la gente y que la gente pudiera entender y pudiera disfrutar y vivir toda la magia de lo que es la danza". Empezando, dice, por "romper con esa imagen que se tenía del bailarín como una especie de figura de elite".

Bocca llegó a Nueva York, a los 19 años, convocado por Mijaíl Baryshnikov. Un argentino, un latino, como primer bailarín del American Ballet Theatre. Primera vez en la historia. "Siendo tan joven y, además, de Sudamérica, ya era una rareza", dice. Es que, desde entonces, Bocca fue al mismo tiempo la excepción y la regla. "Si en esos momentos un bailarín de esa edad llegaba de Europa más o menos había una idea de dónde venía, de las escuelas y las historias que lo precedían. En mi caso, no había referencias de las que guiarse, por más que el ballet del Colón existía desde 1925. Había que demostrar que teníamos una escuela, una historia, demostrar que valía, que en Sudamérica había buenos bailarines". Su ingreso al American Ballet Theatre, sostiene, también abría el camino a otros: "Si él puede, yo también tengo que poder".

Bocca creó su propia compañía, una fundación que lleva su nombre, algo poco común, sobre todo en estas latitudes. Otra vez: la excepción y la regla. Y fue con ese camino recorrido que llegó a Uruguay, donde se encontró con otras tantas barreras, otros tantos obstáculos. Y, haciendo foco en la solución, no en el problema, provocó cambios. "No fue algo que hiciera solo. Fue con un equipo. Junto con Gerardo Bugarin buscamos generar un quiebre, romper con la idea de lo que es trabajar ocho horas, programar dos años en adelante, vender entradas antes, con tiempo, algo que no se acostumbraba simplemente porque no se hacía el intento.

Arrancaba un espectáculo y se vendía para el próximo, que ya se empezaba a agotar, y entonces la gente se fue acostumbrando a sacar las entradas con tiempo. En ese sentido hubo un quiebre. Como también lo hubo con la idea de que el ballet iba con espectáculos importantes por todo Uruguay, que salía de gira nacional, no solo a Salto o Paysandú, que tienen sus teatros históricos, sino ir a otras zonas del país, donde quizás había un teatrito muy pequeño. Eso también fue romper con algo establecido". Lo que era excepción pasó a ser regla y quedó estipulado que "todos los años se salía y se llegaba a la gente", apunta. "El teatro ahora tiene un lugar de sastrería, que es impresionante cómo se trabaja, tiene talleres donde se hacen escenografías, telones, espacios que se habían perdido". Y no solo eso: los telones diseñados por Hugo Millán y confeccionados por los talleres del Sodre para El Corsario, fueron comprados por el Ballet Nacional de Hong Kong, y premiados en el 20th Hong Kong Dance Awards. "Se ve un cambio, una estabilidad que ojalá no sea solo estabilidad sino que siga creciendo, que se sigan superando, que sigan rompiendo barreras".

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Alfonsina Maldonado | Amazona y atleta paralímpica

"Cada vez que te abren una puerta es importante dar tu máximo, esforzarte y valorar esa oportunidad"


El 1° de mayo de 1985 hubo un antes y un después en la vida de Alfonsina Maldonado. Tenía apenas seis meses cuando la habitación en la que dormía se incendió por completo. Estuvo más de un mes en coma, pasó por muchos tratamientos y vivió los primeros cinco años de vida en la Unidad de Quemados del Hospital Militar.

El accidente no solo le provocó quemaduras de primer grado en el cuerpo, sino también la pérdida total de su mano izquierda. Sin embargo, y pese a decenas de cirugías y tratamientos, nunca perdió las ganas ni la sonrisa. Cuando pudo ir a la escuela, en su Florida natal, eligió hacerlo a caballo. "Nací entre animales, en el campo, y sin lugar a dudas es algo que llevo en las venas. Siempre sentí la comprensión en ellos, y la aceptación inmediata, sin cuestionarme ni preguntarme, aceptándome tal cual soy. Me aferré a eso, a su amor, y a que podía compartir con ellos y no me iban a criticar, ni a mirar raro", cuenta.

La adolescencia ya no fue una época tan fácil. Debió enfrentarse a una sociedad que la miraba y calificaba por ser diferente. "Creo que esas han sido las barreras dentro de mi país; ven a alguien que le falta una pierna o un pie, y no lo pueden tomar como algo sumamente normal. A lo mejor lo tenés todo, pero hay una parte de tu cuerpo que no te gusta, y eso es una discapacidad también", opina.

Con 13 años, en paralelo al liceo, comenzó a montar en el Cuartel de San Ramón, donde practicaba salto, la disciplina más popular en Uruguay. También cursó tres años en la Escuela de Avicultura de Florida, donde se graduó con el título de técnico agropecuario; luego comenzó Facultad de Veterinaria, pero no le convenció.
El dressage y su sueño olímpico llegaron bastante tiempo después, a los 21, cuando decidió probar suerte en Europa. Dejó su país, su familia y sus amigos y, con solo 365 euros, comenzó una nueva aventura. "Llegar a Europa con 21 años fue sanador y liberador. Te encontrás con un millón de obstáculos, te ven sola, te explotan, es muy duro, pero es parte del camino. Si realmente estás dispuesto a cumplir ese sueño, y estás sacrificando tanto, tenés que seguir y luchar. Cada vez que te abren una puerta es importante dar tu máximo, esforzarte y valorar esa oportunidad".

Allí apostó a perfeccionar sus conocimientos ecuestres, lograr competir de manera profesional, demostrarle a Uruguay que sí se puede y, sobre todo, no defraudar a aquella niña que aun desde una cama de hospital soñaba con ser atleta olímpica. En el camino tuvo buenos y malos momentos. La falta de recursos y entrenamiento le impidieron ir a los Juegos Paralímpicos de Londres 2012. Sin embargo, cuatro años más tarde, consiguió disputar los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016 en la modalidad de adiestramiento ecuestre. "Llegué, pero fue una cadena de obstáculos. Competí en condiciones de una chica que soñaba, no de una deportista. Porque hasta 48 horas antes de embarcar tuve problemas. Eso es agotador, pero sin lugar a dudas mis ganas siempre fueron más grandes".

Hoy, Alfonsina descartó la ida a los Juegos Paralímpicos de Tokio 2021, pero ya tiene nuevos objetivos por cumplir: los Juegos Paralímpicos de París 2024. "Me encantaría hacerlo para ganar una medalla, no ir por ir. Eso de ir por ir ya lo he hecho, ya está."

Mientras tanto, practica otra de sus pasiones, la cocina, desde el set de MasterChef Celebrity, el nuevo ciclo de Canal 10. "Acepté el reto para sobrepasar mis límites y demostrarle a la gente que hay que superarse constantemente", concluye. Está convencida de que el destino de todos está marcado. Y que aquel accidente le ocurrió a ella para poder transmitir la fuerza, el valor y las ganas que la acompañan todos los días.

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Fernando Epstein | Editor y productor de 25 watts y Whisky, primeras películas uruguayas en ganar en Cannes y en Róterdam.

"Era obvio que era necesario primero ser reconocidos fuera para luego ser reconocidos dentro"


Cuando Fernando Epstein hace un flashback a los años que lo llevaron a convertirse en editor y productor de cine, se encuentra con el camino sinuoso que lo llevó, primero, a la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Udelar, después a probar suerte en la licenciatura en Letras, poco después a intentar con Filosofía y, más tarde, a empezar el profesorado de Literatura en el IPA. Le tomó unos cinco años -que incluyeron un paso por la empresa familiar, una fábrica de medias- llegar a donde verdaderamente comienza la historia. Cuando empezó Comunicación en la Universidad Católica tenía 25 años.

El verano del 94 al 95 -cuando se estrenó Pulp Fiction- terminó de consolidar un grupo que, visto en retrospectiva, cambió la historia del cine en Uruguay. "Aunque vimos Pulp Fiction por separado, todos quedamos enfermos con la película, y eso nos empezó a unir, teníamos gustos en común y mucho tiempo libre, así que nos juntábamos en el bar de enfrente a la facultad". Pedían equipos prestados en la universidad para hacer videos y cortometrajes por su cuenta y Epstein empezó a convertirse en el editor de su generación, una particularmente talentosa y prolífica.

25 watts se convirtió en el proyecto de tesis de Pablo Stoll, Juan Pablo Rebella y Fernando Epstein. "Me acuerdo del día que terminamos el corte de 25 watts. Era un miércoles de invierno, hacía mucho frío y no había muchos lugares abiertos, así que nos fuimos a La Commedia. Ahí me encontré con Santiago (Butler), el guitarrista de La Vela Puerca, que también estaba recopado porque venía de terminar de grabar el primer disco. Nos encontramos de casualidad y creo que no nos escuchábamos el uno al otro de tan emocionados que estábamos con lo que nos estaba pasando. Fue uno de esos momentos que, si miro hacia atrás, digo: ‘sí, algo estaba pasando'".

En la misma isla de edición, en la misma computadora en que de noche se editaba 25 watts, de día se montaba En la puta vida. "Salimos el mismo año, con un mes de diferencia. Hasta hoy nadie alcanzó la taquilla de En la puta vida. Se dio como un momento con gente muy cinéfila, con ganas de hacer cosas, y se dio además en un momento en que las cosas estaban cambiando en el mundo", dice Epstein. En el 2000, el año anterior a que 25 watts ganara en el Festival de Róterdam, Pablo Trapero ganaba en el mismo festival también por su ópera prima, Mundo grúa, una película que afianzó el nuevo cine argentino. "En Róterdam aprendimos mucho, éramos esponjas", recuerda Epstein. Si existiera el nuevo cine uruguayo como concepto, Epstein, Rebella y Stoll serían sin duda los primeros exponentes.

Con Whisky pasó algo similar. Todavía estaba en cartel 25 watts cuando Stoll y Rebella le dieron para leer el guion de su segunda película, ya terminado. "Leí el guion de Whisky y vi la película. Funcionaba como un reloj. Fondo que presentamos, fondo que ganamos, menos uno en Francia. En un año y medio teníamos toda la plata para filmar. Y todo lo que pasó después: presentarla en Cannes (en la sección Una cierta mirada), que la película entrara y la agarrara uno de los mejores agentes de ventas internacionales que había en el momento hizo que la película circulara por todo el mundo. Fue una época preciosa". Aunque le cuesta admitir las hazañas que lograron con ambas películas, Epstein reconoce que les tocó ser protagonistas de una época en la que, afortunadamente, ya era posible hacer cine en Uruguay. "Agarramos el inicio de un cambio de paradigma que vino junto con la revolución digital; hoy con una idea hacés una película". Whisky fue una vidriera al mundo del cine uruguayo, "cuando estuvo en Cannes la gente vio que en Uruguay se filmaba".

Según Epstein, "era obvio que era necesario primero ser reconocidos fuera para luego ser reconocidos dentro". "Nos tocó romper el techo con la cabeza. El techo en Uruguay siempre es muy bajo. El interés de parte del Estado nunca fue algo que nos empujara a nosotros a hacer, sino que nosotros empujamos para que el interés apareciera y que la institucionalidad nos acompañara". Empezar siempre es un obstáculo, dice. Y agrega: "Creo que hoy hay muchas más herramientas, más formas de aprovechar lo acumulado, y eso es una ganancia, pero no te garantiza nada".

Hizo unas 15 películas más como productor y unas 25 más como editor, pero hoy lo siguen reconociendo como el productor y el editor de estas dos. Casi 20 años después del estreno de 25 Watts, el hijo de 14 años de Fernando Epstein la vio en el cine. "Ya la había visto cuando era más chico, pero ahora la vio con compañeros de liceo y se recoparon con la película, esas son las cosas que me emocionan de verdad", asegura. El tiempo pasa, pero sigue vigente. Eso de la inmortalidad solo le pasa a las grandes películas.

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Gloria Rodríguez | Primera senadora negra del Uruguay

"Estoy harta del discurso de que somos el colectivo más empobrecido, ¡hagamos algo!"


Si de cruzar barreras se trata, la primera que notó la hoy senadora Gloria Rodríguez fue cuando asistió a una fiesta liceal en el club Unión de su Melo natal. Era un lugar donde no se permitía la entrada a las personas negras. Ella tenía 15 o 16 años, no recuerda bien. Sí recuerda que entró, que notó ciertas miradas, ciertos murmullos, cierto "mirá quién está", "qué está haciendo acá", que había ido con muchas expectativas, con las ansias típicas de una adolescente y que no pudo disfrutar el baile.

"Quedé marcada", dice hoy Rodríguez, política del Partido Nacional, a sus casi 60 años. En la legislatura pasada fue la primera mujer negra -palabra que prefiere a afrodescendiente- en ser electa diputada, así como desde este año es la primera senadora negra. Lo consiguió luego de un largo periplo como activista social y dirigente barrial en Malvín Norte, un territorio que -a diferencia de Cerro Largo- no es un feudo blanco. Negra, sin antecedentes políticos partidarios familiares, vecina de un barrio con más presencia en las noticias policiales que en las sociales, no es una dirigente que uno desde el prejuicio asociaría a las huestes oribistas. Y sin embargo ahí está, habiendo sorteado varios obstáculos y sin ganas de parar.

"Hace pocos años estaba en un restaurante comiendo en Melo cuando se me acercó el dueño: ‘Yo era mozo en el Club Unión cuando usted fue. Yo sé lo que usted vivió, porque fue el comentario de todos, que había una estudiante negra. No sabe la alegría de ver dónde llegó'. Yo era diputada entonces. Ahí uno se da cuenta de lo difícil que es llegar acá por un tema étnico. El primer lugar donde uno vive la discriminación es en la escuela, cuando uno sale del hogar, de estar con sus iguales, cuando un compañerito te dice: ‘Negra', y la maestra no sabe cómo reaccionar", cuenta a galería.

Llegar al Parlamento fue el mayor obstáculo que le tocó sortear. Le llevó años de militancia, que comenzó en 1992, cuando llegó a Montevideo con sus dos hijos y su bisabuela. Entró por la ley de cuotas, admite, y por un trabajo de hormiga dentro de sus propias filas. "La discriminación existe y no voy a decir que el Partido Nacional no discrimina, ¿por qué iba a ser una excepción? Lo que les dije a mis compañeros fue que dejaran el discurso de que todos somos iguales ante la ley y que hay oportunidades para todos". Rodríguez empezó a trabajar "de forma fuerte y casi impositiva" por la Ley 19.122, de acciones afirmativas hacia el colectivo afrodescendiente. Esta era impulsada sobre todo por el Frente Amplio y por las organizaciones civiles y barriales. No hace falta decir desde dónde lo impulsaba ella. Reconoce al hoy ministro Luis Alberto Heber, entonces presidente del directorio nacionalista, el envión para que esta colectividad casi bicentenaria "metiera el tema negro en su agenda, que no lo tenía". El resultado es el Movimiento Afro Nacionalista.

Los obstáculos estuvieron dentro y fuera. "Viví y todavía vivo la estigmatización: ‘¿cómo vas a ser negra y estar dentro del Partido Nacional?', me dicen. Eso es un relato que se ha creado. Y ojo, yo pienso como piensa el Partido Nacional. Y hoy por hoy no hay negros en cargos de decisión en otros partidos. En su momento, cuando comenzaron con las acciones afirmativas, los hubo. Luego se olvidaron". No se refiere solo a otros partidos políticos, también a organizaciones civiles afrouruguayas que, asegura, han intentado "castigarla" por ser del Partido Nacional. No lo han logrado, se ufana. Le duele, admite. "No pienso nombrarlas porque en las organizaciones civiles seguramente hay compañeros que no piensan igual. Pero todos saben que esas organizaciones están identificadas abiertamente con partidos políticos".

La próxima barrera que quiere cruzar apunta a su colectividad y a la educación. El 74% de los afrodescendientes no completa los estudios secundarios en Uruguay; menos del 3% culmina los estudios terciarios. "Yo quiero abrir un camino porque no quiero ser la excepción; si soy una excepción, es un fracaso. Si no nos educamos, no vamos a crecer. ¿De qué serviría una ley que nos da el 8% de los cupos para los llamados a trabajar en el Estado si no tengo gente preparada? Estoy harta del discurso de que somos el colectivo más empobrecido, ¡hagamos algo! No pertenecemos a un colectivo vulnerable, yo no nací vulnerable, ¡mis derechos fueron vulnerados! Mi principal objetivo hoy es la educación. Busquemos la forma para que aquel que quiera seguir adelante con sus estudios lo pueda hacer".