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AUTOBIOGRAFÍA

Demi Moore: drogas, desengaños amorosos y la industria de Hollywood

La vida de la actriz estuvo marcada por una infancia abusiva, duras relaciones y adicciones a las drogas; así lo deja por escrito en su autobiografía Inside Out

06.11.2019 23:55

Lectura: 17'

2019-11-06T23:55:00
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Una noche de 2012, poco después de terminar su matrimonio con Ashton Kutcher, Demi Moore se drogó tanto que los invitados de su fiesta tuvieron que llamar al 911 porque temían por su vida. Tenía 50 años y estaba inconsciente en un sillón frente a una de sus hijas, que pronto iba a dejar de hablarle. La escena podría haberse sacado del guion de una película, pero poco tenía que ver con la inocencia de Ghost o la acción de Los ángeles de Charlie. La actriz estaba en el peor momento de su vida. De afuera, era el símbolo de belleza de una época en Hollywood. Por dentro, ahí donde pocos acceden, era una mujer que se sentía perdida. "Estaba completamente sola. No había llamadas de cumpleaños, mensajes de feliz Navidad. Nada. Todo a lo que me había apegado me había abandonado", escribió en su autobiografía Inside Out, publicada recientemente.
La actriz, conocida por sus papeles en clásicos como Propuesta indecente, estuvo bajo los focos por su carrera, su historia de amor con Bruce Willis y, más tarde, su relación con Ashton Kutcher. Apareció en tapas de revistas y cientos de publicidades, entre ellas de reconocidas marcas de moda. Pero ese año, al llegar a los 50, estaba en un momento muy oscuro. Se había retirado por un tiempo de la actuación y vivía desorientada en una enorme mansión. No sabía para dónde ir. Ahora, en su nuevo libro, hace un viaje por su cruda infancia, los golpes de su adolescencia y sus encuentros con la droga. Pero, claro, todo empieza por su historia familiar.

Actriz por necesidad. Antes de saltar a la fama por protagonizar películas como Ghost, Propuesta indecente o Acoso sexual, Demi Moore usaba herramientas de la actuación para camuflarse en su infancia. Cuando era pequeña se inventaba personajes para encajar en la escuela, en su casa y con sus padres. "Crecí actuando, interpretando roles para sobrevivir", cuenta. No tuvo una infancia fácil.

Su madre, Virginia, era una mujer inestable, que venía de un hogar pobre y quedó embarazada en su adolescencia. Tenía grandes sueños que fueron opacados por la crianza de sus hijos. Su padre, Danny, también era un adolescente que venía de una familia de inmigrantes, con una madre puertorriqueña y un padre irlandés, violento, desagradable y "terriblemente alcohólico". La actriz recuerda que sus padres tenían una relación tóxica, dependiente y que "no sabían cómo amar". Danny era un mujeriego, y cada vez que Virginia sentía el perfume de otra mujer en su camisa, encontraba un pelo en su ropa interior o sospechaba que la engaña, levantaba sus cosas, le avisaba a Demi que recogiera su ropa y se iba de la ciudad. Así, sin más. "Con mi hermano Morgan calculamos que fuimos al menos a dos escuelas distintas por año. A veces más. Cuando escucho a gente hablar de que tiene los mismos amigos desde que va al jardín, no lo puedo creer. No me puedo imaginar cómo se debe sentir", recuerda. Las mudanzas eran usuales, molestas y complicadas, pero no eran la parte más difícil.

Una noche de primavera -que recuerda con más dolor- se levantó por los gritos y la desesperación de Danny. Entró corriendo al cuarto y su madre estaba insultando mientras su padre le pedía ayuda. "Caminé hacia su cama como en trance, sin saber lo que estaba viendo: mi madre se estaba intentando matar. Lo siguiente que recuerdo es usar mis dedos, mis pequeños dedos de niña (tenía 11 años), para que ella escupiera las pastillas mientras mi padre me decía qué hacer. Una parte muy profunda de mí cambió ahí y nunca volvió a ser como antes. Mi niñez había terminado", cuenta.

Al poco tiempo, sus padres se separaron. Ellos eran inestables, pero con su hermano armaron un pequeño universo para protegerse. Estaban atentos a lo que le pasaba al otro y se cuidaban al volver a casa. Antes de ir a una escuela nueva, Demi estudiaba cómo eran las chicas "cool", les copiaba la vestimenta y el estilo para disfrazar sus problemas y pasar como una estudiante más. "Es posible que la adaptación que tenía que hacer me sirviera para convertirme en actriz: era mi trabajo ponerme en el personaje que creía que iba a ser más popular en cada escuela nueva, en cada pueblo nuevo", cuenta. Pero, claro, en cuanto se adaptaban a la nueva situación, se familiarizaban con el liceo y hacían nuevos amigos, la situación en casa volvía a cambiar.

En su familia no había límites: le prestaban el auto a Demi cuando tenía 13 años, dejaban que los chicos bebieran alcohol y los echaban de los restaurantes por ser agresivos. Su padre, además, estaba metido en negocios turbios y a menudo se tenía que fugar por no pagar deudas a la mafia. Pero todo esto no fue suficiente. En una de esas escapadas, la actriz se enteró de que Danny no era su padre biológico. "La justificación de mi madre por haberse guardado el secreto de mi verdadero padre era que Danny temía que, si yo me enteraba, iba a ser indiferente con él. Pero la realidad fue que una vez que lo supe fue él quien se alejó de mí. Incluso antes de que mis padres se separaran (su padre se había ido a vivir solo con su hermano Morgan) se volvió distante, se metió en las drogas y el alcohol. Dejó de hacer un esfuerzo por verme, dejó de llamarme; cuando nos veíamos -porque mi mamá veía a Morgan- apenas me miraba y sus abrazos eran forzados y extraños", cuenta la actriz años más tarde.

Demi todavía no había cumplido los 15 años, pero sentía que tenía el deber de cuidar a su madre. "Nunca sabía con qué me iba a encontrar cuando pasara la puerta del departamento: la autodestrucción de mi madre no tenía límites, era narcisista y no podía pararla. Yo era la chica cuya madre siempre trataba de matarse", confiesa.

Una historia de abuso. Cuando vivía con su madre en un complejo de apartamentos de Los Ángeles, Demi solía pasar las tardes con un grupo de amigos veinteañeros. Hacía un gran esfuerzo por impresionarlos y mostrarse como una mujer. Pero lo cierto es que apenas tenía 15 años, era vulnerable y se sentía sola. Era la víctima perfecta para aquellos idiotas. "Un día estaba en el departamento de uno tomando una cerveza y empezamos a coquetear con uno de mis amigos. Al principio era divertido: todavía era un poco inocente y recién empezaba a descubrir el efecto que tenía en los hombres. Pero no estaba preparada para las consecuencias. Uno hizo un movimiento sobre mí y el otro desapareció. Sentí que no tenía opción, que mi trabajo era darle lo que él quería. Me dejaron en un hueco, con un sentimiento vacío de ser usada. Era un nuevo tipo de soledad", dice. Así perdió su virginidad.

Demi se sintió sucia, usada y culpable. Y a los pocos meses estos sentimientos se multiplicaron. ¿La razón? Su madre permitió que un hombre, mucho más grande de edad, entrara en su casa y violara a Demi. Él era un popular empresario en Hollywood, que tenía un restaurante donde ellas, un día almorzando, lo conocieron. Virginia se hizo su amiga, pero el hombre solía invitar a Demi a comer y pasar el rato. Un día hasta la pasó a buscar por el liceo y, en lugar de dejarla en la puerta, entró a su apartamento y la violó. Ella no dijo nada. Una semana después, su madre le dijo que se iban a mudar y ella se sintió aliviada, pero el hombre reapareció para "ayudarlas" con las valijas. Ahí, mientras su madre sacaba cajas del auto, él se acercó y le preguntó: "¿cómo se siente ser prostituida por tu madre a 500 dólares?". Demi no supo cómo reaccionar. "Desafortunadamente, incluso cuando intentamos sumergirlo, por dentro, nuestro profundo dolor encuentra una forma de salir: a través de la adicción. A través de la ansiedad. A través de desórdenes alimenticios. A través del insomnio. A través de todos los diferentes síntomas del trastorno de estrés postraumático y comportamientos autodestructivos. Los incidentes pueden durar minutos u horas, pero tienen un impacto de una vida", asegura Moore en el libro. Y los episodios que marcaron su adultez son un retrato de esta explicación.

Más cerca de Hollywood. La carrera de Demi Moore -cuyo verdadero nobre es Demetria Gene- estuvo impulsada por su amiga de la adolescencia Nastassja Kinski, la modelo y actriz alemana que había crecido en una familia sumergida en la pobreza, y que, descubierta por Wim Wenders, se había mudado con su madre para seguir una carrera en Hollywood.

Demi apenas medía 1,65 m pero era muy hermosa: tenía la misma fascinación de su madre por los cosméticos y había heredado de ella su pelo negro, la piel pálida y los ojos verdes. Esa belleza natural le sirvió para empezar una carrera como modelo con unas polémicas imágenes -bajo el nombre de Vivianne Pollentier- en las que aparecía desnuda y en poses que rozaban lo pornográfico. Llegó a salir en revistas como Playboy y Penthouse, y fue seleccionada para interpretar un pequeño papel en la película para adolescentes Choices.
Antes de cumplir 18, Demi conoció a Freddy, integrante de la banda The Kats, y a los pocos meses se fueron a vivir juntos. Él era más grande, y le daba una seguridad que no tenía con su madre. Su padre murió a los pocos meses, y Demi decidió casarse ya sabiendo que era un error. De hecho, la noche anterior se acostó con otro hombre. "Me estaba casando como una distracción del duelo de la muerte de mi padre. Sentía que no podía hacer otra cosa. No podía salir del matrimonio, pero podía sabotearlo", cuenta. ¿Cómo? Con fiestas, engaños y drogas.

A los 21 años, fue elegida para actuar en la comedia romántica Échale la culpa a Río. La película se filmó en Brasil y Demi pasó el rodaje enredada en amoríos, el consumo de cocaína y las fiestas. "Freddy no estaba y era el lugar donde yo no tenía historia, así que podía experimentar quién era yo y quién quería ser. Era un despertar en tantas formas positivas y oscuras fuera del set. Había mucha cocaína. Casi me quemé las fosas nasales mientras estaba en Brasil", cuenta en el libro. Cuando consumía, Demi se sentía productiva, de mejor humor y más creativa. Pero era una ilusión que se derrumbó cuando volvió a Los Ángeles y terminó con su matrimonio. "Fue una época muy oscura para mí. Mi apetito por la cocaína había escalado hasta la dependencia, y aunque nunca me hubiese definido como una adicta, era en lo que me había convertido", asegura. La dependencia no solo era con la cocaína; tampoco podía controlar el consumo de alcohol.

Una salida y una relación con Bruce. Después del divorcio con Freddy, a los 23 años, Demi se internó en una clínica para rehabilitarse. "No quería volver a experimentar ese momento de levantarte e intentar acordarme qué había hecho el día anterior. No quería volver a vivir con esa vergüenza". Detrás de su internación también estuvo el director Joel Schumacher, que le dijo que solo iban a filmar El primer año del resto de nuestras vidas -su primer éxito comercial- si se mantenía limpia. Ella lo logró. Y no solo eso: a los pocos meses dejó de fumar. "Como mucha gente, cuando lo hice empecé a engordar. Eso se convirtió en un problema cuando, en verano de 1985, quedé seleccionada para la película One Crazy Summer, que requería que estuviera mucho tiempo en traje de baño. Tenía serios problemas alimenticios. Apenas podía mirarme al espejo porque odiaba lo que veía y estaba preocupada por cómo iba a verme en la pantalla", confiesa.

Mientras filmaba esta película fue seleccionada para una audición de la comedia romántica ¿Te acuerdas de anoche? El director Ed Zwick le dijo que la quería como protagonista pero debía bajar de peso. "Estaba sobria, seguro, pero toda mi ansiedad se había volcado a la comida. Usé la comida como una especie de castigo por todo lo que creía que estaba mal y sucio conmigo misma", confiesa.

En la noche del estreno de Procedimiento ilegal (1987), un hombre la vio entrar y se olvidó de la mujer con la que había ido a la cita. Su nombre era Bruce Willis. "Mi primera impresión fue que era un poco imbécil. Pero cuando lo vi en la after party me pareció más simpático. ¿Puedo invitarte un trago?, me dijo". Esa noche terminaron juntos en la casa de Bruce en Malibú, y no quisieron separarse más. "Creo que Bruce me vio como una especie de ángel salvador cuando nos vimos la primera vez. Él me hacía sentir como una princesa: vivía a lo grande y de pronto yo también. Cuando Bruce y yo nos juntamos, nuestros traumas se encontraron. Él tuvo una infancia difícil: era tartamudo y por eso se metió en la actuación. Así que Bruce y yo habíamos crecido actuando, interpretando roles para vivir".

Los actores estuvieron juntos durante 13 años en un matrimonio que Demi recuerda como su salvación. "Los dos compartimos la misma visión sobre nuestro futuro. Creo que los dos deseábamos llenar ese vacío, esa sensación de que algo grande estaba pasando". Es cierto que tuvo altibajos, sí, pero la actriz encontraba refugio en su marido y, un poco más tarde, en sus tres hijas: Rumer, Scout y Tallulah. "Ellos me dieron la oportunidad de redirigir el curso de mi vida antes de que destruyera todo. Y estoy muy agradecida porque sin esa oportunidad, sin su confianza en mí, hoy no estaría aquí", dice. Con los años, los dos se desconectaron, se enfocaron en sus proyectos y decidieron divorciarse. Ahora Demi describe a Bruce como un compañero, un amigo, que nunca quiere perder. "Estamos orgullosos de nuestro divorcio; nos llevamos bien. Nos reunimos y consultamos en todo". Sin embargo, en el libro la actriz deja entrever que Bruce era bastante controlador, no le gustaba que ella trabajara y derrochaba el dinero sin ningún sentido.

El amor de su vida y una vuelta al alcohol. Demi pasó varios años alejada del cine para cuidar a sus hijas. Se dedicó al hogar, a sus perros y a su cuidado personal porque no quería repetir los errores de su madre. Sin embargo, en 2003 recibió una llamada de Drew Barrymore para aparecer en la segunda película de Los ángeles de Charly. La propuesta no la convencía, pero le aseguraron que el rodaje no iba a tardar más de 20 días y sus hijas querían que participara. Fue ese mismo año que conoció a Ashton Kutcher. "Yo estaba afuera, en el pasillo del hotel deseándoles buenas noches a mis hijas por teléfono cuando la puerta se abrió y Ashton se acercó. Me miró con ojos serios, casi tímidos. Me dijo que esas palabras eran la cosa más hermosa que había escuchado. En ese momento pasó de ser un adorable joven a alguien profundamente interesante. Esa noche, en la cena, sentí como si no hubiese nadie más alrededor. Nos quedamos toda la noche hablando, contándonos nuestras historias de vida y entendiendo todo lo que la otra persona estaba diciendo", recuerda.

La conversación siguió por mensaje y fue el inicio de una larga relación. Por primera vez, ella se sentía cómoda, segura con su cuerpo y con lo que provocaba en el otro. "No me sentía insegura con él. Era la manera que siempre soñé que fuera: un amor que se sentía puro, simple y profundo. Sabía lo que quería de la forma más específica que nunca y parecía que la vida me estaba presentando justo eso: intimidad real. Un alma gemela", recuerda. Ella tenía 40 y él quince años menos, pero no sentían que la diferencia fuera un inconveniente. Al menos al principio, claro. Ashton se llevaba bien con sus hijas y no tardó mucho en mudarse con la familia. Pero la prensa no les perdonaba la diferencia de edad: el agente de la actriz le dijo que la relación estaba dañando su reputación y no podían salir a la calle sin tener una cámara sobre sus narices.

La relación fue a la velocidad de la luz. Ambos sentían una conexión más fuerte de lo que las revistas pronosticaban -era común que los titulares anticiparan su ruptura- y buscaban agrandar la familia. También les gustaba divertirse, salir de fiesta e irse de viaje. "Un día, Ashton estaba disfrutando una copa de vino y me dijo que no sabía si el alcoholismo era algo real. Yo quería ser la chica que necesitaba. La chica que se podía tomar una copa de vino en la cena o un shot de tequila en una fiesta. En mi mente, Ashton quería eso. Así que intenté convertirme en eso: una chica divertida, normal", recuerda. El problema fue que subestimó su control sobre el alcohol y, un tiempo después, el consumo pasó al grado de adicción.

Un duelo, cuatro pérdidas. La pareja se casó a los dos años de empezar a salir. La fiesta fue simple, en la playa y para unos pocos invitados, pero significó más que un casamiento. Además de unirse por amor, era una excusa para celebrar el embarazo de Demi. Ambos esperaban a una bebé que iba a llamarse Chaplin Ray, pero la actriz sufrió un aborto espontáneo a los seis meses. "Quedé devastada. Me cambié a modo supervivencia. Intenté permitirme estar en duelo, pero todo era confuso. ¿Cómo podía hacer el duelo de una persona que nunca vio el mundo? Ni siquiera sabía cómo era. Sólo sabía que la quería devuelta con cada molécula de mí", dice en el libro.

La actriz recuerda que Ashton y sus hijas hicieron "lo mejor posible" para conectarse con ella después de la pérdida, pero ella sentía que era su culpa, creía que había fallado. El dolor se transformó en ausencia y de a poco se alejó de sus hijas. Estaba desesperada por volver a ser madre y se sometió a más de un tratamiento para quedar embarazada. No funcionó. "Cada vez que me venía el período era una prueba de que otro ciclo había fallado, sentía que revivía la muerte de Chaplin y me iba a un lugar muy oscuro. Lo mantenía completamente en secreto. Era un soldado parado. Por fuera parecía optimista, práctica. Por dentro, me estaba muriendo", confiesa.

De a poco, sus problemas con el alcohol se agudizaron. Ashton se alejaba y ella intentaba de todo para mantener la relación a flote. Incluso sentía que era "adicta" a él. Estaba convencida de que no lo podía perder y perdonó sus infidelidades (que aparecieron en revistas de todo el mundo). "Ashton estaba cada vez más ausente. Yo quería ser la mujer que necesitaba, por eso cuando me expresó su fantasía de traer a una tercera persona a la cama no dije que no. Quería mostrarle qué divertida y buena podía ser", dice. Pero no resultó.

En 2011, después de que los tabloides amanecieron con la noticia de que Ashton se había acostado otra vez con una veinteañera, Demi anunció públicamente su divorcio. Volvió a refugiarse en las drogas y el alcohol, y sus hijas dejaron de hablarle. Estaba llegando a un límite, y después de aquella noche de 2012 se dio cuenta de que no podía vivir así. Se internó en rehabilitación y, de a poco, retomó el ritmo de su vida. Perdonó a sus padres, habló con sus hijas y por encima de todo se perdonó a sí misma. Por eso escribió Inside Out, porque quiere ayudar al menos a una persona que se pueda sentir identificada. Y esta es su historia.