Cultura
La historia de Cicco

De periodista, actor porno y sepulturero a místico musulmán

El periodista y docente argentino Emilio Fernández Cicco se inició en el sufismo y cuenta su proceso en Rock and roll Islam: la conversión menos pensada, un libro fascinante en el que también ofrece un recorrido por la historia de la fe con el peor marketing de Occidente

09.08.2020

Lectura: 25'

2020-08-09T07:00:00
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Por Juan Andrés Ferreira

"Me inicié en el islam un día de noviembre de 2009 como hice tantas otras cosas en mi vida: sin pensar a dónde me metía". Así resume Emilio Fernández Cicco parte de su conversión al sufismo, la rama mística del islam. "Minutos más tarde, era musulmán y tenía nombre propio: Abdul Wakil, Servidor del Guardián", cuenta. "No le conté a nadie, ni a amigos, ni a hijos, ni a la familia extendida, que iba a hacerme musulmán. Sentía que era como anunciarles que iba a dedicarme al consumo de heroína. Tarde o temprano, según ellos, acabaría mal", continúa el periodista y docente argentino, exeditor de Newsweek Argentina y de la sección Cultura de la revista Noticias.

El relato está contenido dentro de una narración mayor que se despliega en Rock and roll Islam. La conversión menos pensada (Tusquets), un libro fascinante, en el que Cicco/Wakil, además de narrar su experiencia, ofrece un recorrido por la historia del islam y del sufismo en el mundo y, muy especialmente, en Argentina.

Viaje al corazón. "Sentía que el islam, en Occidente, tiene un malísimo marketing. Es como si le fallara el departamento de prensa", cuenta Cicco a galería, desde su casa en Lobos, un pequeño pueblo a 100 kilómetros de Buenos Aires donde vive desde 2008, acerca de los motivos por los que decidió escribir Rock and roll Islam. "El islam es el único camino que si te lo tomás en serio, te dicen que te vas a convertir en alguien peligroso. No sucede ni con el budismo ni con el cristianismo ni con Hare Krishna", explica. "Ya llevaba 10 años de ser musulmán. Entonces decidí aplicar lo que sabía de periodismo para comunicar el camino. Al principio elegí historias que me habían impactado mucho. La historia de la reliquia (un pelo que perteneció al profeta Muhammad) y de cómo llegó a la Patagonia. La historia del único latinoamericano que memorizó el Corán. La de este grupo de gente que decía que se venía al fin del mundo y se fue a vivir al sur. Y mi editora (Leila Guerriero) me dijo que tenía que contar más de mi propia experiencia. Yo le iba pasando capítulo a capítulo y ella, en un momento, me hizo esa observación: 'Tenés que contar tu historia'".

Cicco en 2002, cuando publicó Rodrigo Superstar

Y es una historia interesante. Antes de la conversión, Cicco fue actor porno, sepulturero, asistente del boxeador Rodrigo “La Hiena” Barrios, autor de una biografía de Julio Cortázar, otra de Rodrigo Bueno, “El Porto”, la estrella del cuarteto cordobés, y coautor de Zen para principiantes y, dentro de la misma colección, un libro de introducción a Gurdjieff. Estos oficios y estas tareas llegaron a través del periodismo, que continúa ejerciendo, tanto como redactor y como docente. Y antes de eso, fue un niño que, asombrado por un truco de magia, a los 12 años quiso ser místico, aunque no sabía bien qué significaba la palabra ni a dónde lo llevaría. Este libro ensaya algunas respuestas.

Rock and roll Islam ilustra ese recorrido, que no describe una línea recta sino un trayecto ondulante, fluctuante, helicoidal, donde se cruzan y se apilan emociones opuestas y complementarias, frío y calor, luz y oscuridad, la sensación de comprenderlo todo y la de no tener la más mínima idea de nada. Es un libro intenso, profundo, también llano y muy divertido, que se mete en asuntos complejos de una manera amable, lúdica, didáctica, por medio de un lenguaje accesible, anécdotas jugosas y metáforas muy ilustrativas, y que inaugura lo que Cicco/Wakil decidió llamar "periodismo místico".

"El mundo islámico sostiene que el sufismo es el corazón del Islam", comenta Cicco en diálogo con galería. "Es la parte mística, la que tiene que ver con el autoconocimiento, con saborear lo que el profeta saboreó. Los sufíes son los nerds del Islam. Son los que se quedan en la mezquita y hacen más de lo que tienen que hacer. Y te quedás en la mezquita por amor. A la vez tenés un maestro, un guía, que de alguna forma reproduce y actualiza las enseñanzas del profeta. Es todo mucho más cercano, más visible, no pasa tanto por los libros sino por el contacto con una persona viva a la cual la ves hacer y deshacer. Y eso me parece que es mucho más eficaz que seguir un camino por los libros", resume.

"En los cuentos orientales, los sufíes siempre tienen barba blanca, visten con harapos, andan en camello y tienen nombres larguísimos", cuenta el autor en la introducción. "Los sufíes que hay en este libro, sin embargo, no vienen de familias de Medio Oriente. Llevan apellidos como Felpete, Malano, Colombo, Bize, Ocampo. No viven en Meca o Medina o Estambul. Viven en Avellaneda, en Colegiales, en Mallín Ahogado, en Mar del Plata, en un lugar de Mendoza llamado Las Vegas. Son empleados bancarios, artesanos en plaza Francia, cocineros en restaurantes internacionales. Atienden maxikioscos (un grupo de sufíes senegaleses tenía su lugar de reunión en el subsuelo de un drugstore en el Abasto). Militan en política. Son rockeros. Fueron ladrones. Hay sufíes con puestos de frutas en el Mercado Central". También hay profesores de tenis, taxistas, y claro, periodistas. Personas como él. Y él mismo. "Nunca imaginé que escribiría un libro sobre islam o sufismo. Y menos aun que buena parte de ese libro trataría sobre mi propia vida". Él, que buena parte de su vida estuvo buscando personajes para notas acabó convertido en personaje de notas. Y, ahora, de un libro. Desde su conversión le han hecho varias entrevistas. Y más de uno ha sospechado que en realidad todo sea un montaje, un experimento más dentro de un género del que Cicco es su profeta: el periodismo border.

En su época de periodista border (2006)

La historia de tu vida. Emilio Fernández Cicco es un flaquito de pelo largo y rulos cuando ingresa a revista Noticias. Tiene 18 años. Se abre paso como periodista de cultura y sociedad. Con el correr del tiempo se posiciona como uno de los mejores cronistas de Argentina. Un día empieza a firmar sus notas simplemente como Cicco. En 2003 decide hacer un reportaje sobre el cementerio más grande de Latinoamérica, el de Chacarita, Buenos Aires, y no se le ocurre mejor idea que hacerlo desde adentro: trabaja varios meses como sepulturero y vuelve para contarlo en la primera de una serie de notas que enmarca en lo que denomina periodismo border.

La premisa del border es que además de narrar la nota, el periodista debe vivirla. "La vivencia otorga autoridad", explica Cicco en un texto publicado en la revista Etcétera, de México, en el que expone los puntos clave del género. Recomienda leer a (y aprender de) H. L. Mencken, P. J. O'Rourke y Dave Barry, y emplear técnicas de enmascaramiento de los asesinos en serie. Cita al místico G. I. Gurdjieff. Sugiere seguir la estrategia de Columbo, el detective interpretado por Peter Falk, que "se hacía pasar por idiota para desenmascarar asesinos". 

Para un reportaje sobre la producción de cine pornográfico en Argentina se convierte en actor porno por un día y actúa en la quinta entrega de la serie Pornodebutantes. Dentro de ese mismo viaje border escribe artículos demoledores sobre vivos y muertos. Ve en el border un arma para destruir "todo lo falso e hipócrita de este mundo", dice. "Empezando por las celebridades". En uno de los puntos presentados para Etcétera, "Animalización y asesinato del personaje", sostiene lo siguiente: "Recuerde que las celebridades representan siempre todo lo falso y descartable que hay en este mundo. Así que tómese su tiempo, utilice sus mejores habilidades y simplemente fusílelas. No las necesitamos". Hace notas a celebrities, pensadores, políticos, artistas, intelectuales. Elabora perfiles de Mirtha Legrand, Bernardo Neustadt, Jorge Bucay y Leticia Brédice (una polémica nota de tapa para Rolling Stone). Mirtha dice que nunca más le da una nota. “Es el primer periodista que conozco que tiene el ego más grande que yo", afirma sobre él Roberto Pettinato. Mientras tanto, Cicco gana todo tipo de premios y sus notas se replican en medios de prestigio y en publicaciones cool de las tres Américas.

Hay quienes lo llaman "el Hunter Thompson argentino". Aunque Cicco lleva el periodismo gonzo de Thompson a otra escala. Una escala que surge de una mezcla de hartazgo y afán de experimentación y exploración. En cierta medida, el alumno aventajado de Thompson se vuelve heredero del David Foster Wallace cronista, el Wallace de Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, el de Arriba, Simba, el de Hablemos de langostas. Recurre a un lenguaje más dulce, si se quiere, aunque irreverente y hasta irrespetuoso. La técnica de Wallace -que no escatimaba en humor y en recursos de otras disciplinas- consistía en convertirse en "un enorme globo ocular que flota por encima de algo e informa de lo que ve" (la definición es de Wallace). La de Cicco, en cambio, es inmersiva. "Es como cuando te ponés un perfume. No sentís los demás perfumes. El border es ir a la nota sin perfume y olerlos a todos", comentó en una entrevista. Y de este modo, al igual que Wallace, desde una mirada tan inteligente como inocente, Cicco volvía interesante lo que a primera vista no lo era. Sus crónicas border se recopilan en Yo fui un porno star y otras crónicas de lujuria y demencia (2006), que cuando se publica muchos consideraron el mejor libro del año y otros tantos, el peor. 

Cicco se inició en la orden Naqshbandi y recibió el nombre Abdul Wakil (Servidor del Guardián)

Los rasgos idiotas del varón moderno. Un día, en Noticias quieren hacer un informe sobre Osho, que en la redacción le llaman el "nuevo gurú de la farándula". Cicco se comunica con el filósofo Thomás Abraham para que escriba una columna. "Nos gustaría que le des duro", le dice. Pero Abraham le para el carro: Osho era bastante más que el gurú de los famosos. Le dice que hablaba de Freud, de Jung, del Zaratustra de Nietzsche. Que citaba a Ouspensky y a Gurdjieff, a los Vedas y al Bhagavad Gita. Que sabía de qué hablaba cuando hablaba de los evangelios apócrifos y del Canon Pali del budismo. "No te fijes en las celebridades que lo defienden", le recomienda Abraham. "Si querés, escribo una defensa de Osho. Un ataque, jamás".

Dicen que los grandes favores son aquellos gestos insignificantes que se llevan a cabo incluso sin saber que acabarán transformando la vida de la otra persona. Abraham no lo sabía, pero con esa parada de carro, el periodista rebelde y multipremiado recibe una de las lecciones más importantes y transformadoras de su vida.
Esa tarde, sintiéndose un alumno regañado, compra El libro del hombre, "un diagnóstico de Osho sobre los rasgos idiotas del varón moderno", según recuerda en Rock and roll Islam. Y esa tarde y ese libro marcan el cierre de un episodio, el fin de esa vida que, a esa altura, tiene a Cicco aturdido y fragmentado. Y es que el éxito profesional tiene como contrapartida una vida personal al borde del desastre y la salud bastante maltratada (sufrió de siete cólicos nefríticos). "Todo lo que me pregunto está respondido allí. Todo lo que me incomoda está señalado allí. A diferencia de otros pensadores, Osho da una salida. Y esa salida es mística".
A partir de entonces lee todo lo de Osho. Se hace fan. Regala El libro del hombre en cinco oportunidades. No falta quien le pregunta: "¿Este no es el gurú de los famosos?". Se anota en un curso de meditación, la única vía, según el gurú, para salir del atolladero. Meditar: el arte de no hacer nada, de dejar que todo se haga por sí mismo. Meditar: "El arte de mirar hacia adentro y encontrar la clave del mundo de afuera". Meditar: estudiarse a sí mismo para olvidarse de sí mismo y, al hacerlo, estar en comunión con la totalidad. Renuncia a Noticias, se muda a Lobos y se propone saldar cuentas, entre ellas, leer los clásicos que nunca pudo.

Periodismo místico. Poco antes de morir, a Osho le preguntaron qué camino espiritual recomendaba. "Recomiendo el budismo zen. O el sufismo, la rama mística del islam". Cicco, el Osho-fan, ingresa al zen, practica intensamente durante tres años. Se ordena bodhisattva, el paso previo a ser monje. Aunque le parece demasiado áspero. Y abandona.

"La meditación, en el zen, tiene como una llave que te permite empezar a desapegarte de tu personaje, que es lo que todo camino espiritual quiere lograr”, comenta Cicco a galería. “En el sufismo hay otras herramientas, pero es más o menos el mismo objetivo: tomar distancia de tu biografía y empezar a descubrir que hay otras dimensiones. Eso me lo abrió el zen y lo continué con el sufismo que, para mí, es un camino más amoroso. El zen es más marcial, lo sentía un poco seco. Taisen Deshimaru (maestro budista japonés que difundió el zen en Europa) decía que cada meditación era entrar en el ataúd. Y los monjes tienen eso, sentís que algo en ellos murió de verdad".

Claro, la prensa que tiene el zen es mucho más benévola que la prensa del sufismo, especialmente el islam. "Cuando decía que practicaba budismo zen se me abrían puertas, la gente me sonreía. Cuando empecé a decir que era musulmán, se me empezaron a cerrar, desaparecían las sonrisas. Así que, en el sentido social, las realidades del zen y el sufismo son diferentes".

Rock and roll Islam no es un libro de autoayuda, aclara su autor. "No está escrito desde la montaña. Parte del barro. Luego va subiendo. Aborda algunas sombras de las personas, gente que se desvió del camino, gente que no queda tan bien. No es todo flores. Da cuenta del barro y también de cuenta de la luz. Porque las dos van ensambladas, como el yin y el yang, la luz sola es cartón pintado, la sombra sola también es mentira. El ejercicio, creo, es ver cómo se combinan esas dos fuerzas y poder contarlo con sinceridad".

Sostiene que el suyo es un libro de periodismo místico, género que él mismo fundó. Así lo cuenta en una nota con la revista digital argentina Artezeta: "No se puede abordar un fenómeno espiritual con las herramientas tradicionales del periodismo, es decir, recoger testimonios, reconstruir escenas y compilar información. Uno se va a perder la esencia de lo que hay que contar. Es como entrar a una perfumería con tapones en la nariz. El periodismo místico propone entre otras cosas que, para narrar un camino espiritual, el reportero se debe involucrar también con el corazón. Sin perder la objetividad, pero pasando la historia por el cuerpo. De lo contrario, es como hacer la crítica de un restorán sin haber probado la carta".

En Masyid al-Haram, la mezquita más importante del islam, en Meca, Arabia Saudita: detrás suyo, la Kaaba

Quien se acerca a las páginas de Rock and roll Islam encuentra información, historia, filosofía, y también mucho humor. El texto ofrece un breve glosario de términos y expresiones que se intercalan entre los capítulos, los cuales tienen definiciones tan ilustrativas como esta: "Tariqa es una hermandad. Es una cofradía. Es una organización. Es un despelote". La tariqa de Wakil se llama naqshabandi, y es una de las más importantes del islam. Otras definiciones: "Shahada es contraseña en la puerta de entrada al islam", "El sufismo es no poseer nada ni dejarse poseer por nada". Una más: "El sufí da la espalda al mundo para poner la frente en dirección a Dios" (Abul Qasim Al Junayd). Y otra más: "El islam es jardinería interior. Antes que nada, hay que podar las ramas que no conducen a ninguna parte, las flores marchitas, las raíces que tarde o temprano partirán los cimientos de la casa. El problema es que nos encariñamos con todo ese follaje". 

Muchas otras cosas se entera el lector durante este viaje. Que se sospecha que el maestro esotérico Gurdjieff era, en secreto, musulmán. Que mucha gente acaba en el islam a través de Shakira. Que se come de pie. Que se entra al baño con el pie izquierdo y se orina sentado ("salpicarse no es bueno"). Que estar cerca de la tierra "favorece la humildad": todos los profetas anduvieron descalzos sobre la tierra y todos fueron pastores. Que el profeta decía que el origen de todas las enfermedades está en el estómago y que recomendaba, cuando uno comía, llenar el estómago una tercera parte de comida, una tercera parte con agua y la tercera parte dejarlo vacío. Que el ayuno a su vez es un ejercicio espiritual muy poderoso. Y que el ayuno intermitente, tan de moda en estos días, "tiene bastantes similitudes con el ayuno que hacemos en el mes del Ramadán".

El título del libro tiene varias lecturas. "Una es que el rock and roll y el islam tienen una familiaridad histórica", comenta Cicco. "Aunque nadie lo dice, el rock es el tataranieto del islam, pues su origen se remonta al blues, y el blues se remonta a los esclavos africanos, y el 30% de esos esclavos africanos que llegaban a Estados Unidos eran musulmanes y cantaban con el mismo lamento con el cual recitaban el Corán en las mezquitas de su África natal", se lee en el prólogo. "Ahí hay un link", dice. Y agrega: "Por otro lado, las primeras generaciones de rockeros, rebeldes ante la sociedad y ante sus propias familias, tienen mucho que ver con las primeras generaciones de musulmanes, que también conformaron un movimiento de rebeldía en una sociedad de Meca donde adoraban a muchos ídolos que estaban albergados en la Kaaba, y lo que proponía el profeta Muhammad, la paz sea con él, era justamente quitar a todos esos ídolos y mucha de la gente que lo siguió terminó peleada con sus pares y con sus familias (y muchos fueron perseguidos y torturados y tuvieron que emigrar a Medina)".

Y aquí va otro link. En la década de 1970, varios músicos se acercaron a los grupos sufíes que se formaban en Buenos Aires. Luis Alberto Spinetta fue uno de ellos, aunque pasó y siguió de largo. Miguel Cantilo fue otro, y se quedó. Y Miguel Abuelo, fascinado con el sufismo, entraba y salía. Abuelo fumaba, bebía, consumía drogas. No era, lo que se dice, un buen practicante. Y escribió Himno de mi corazón, un hermoso tema de amor que habla de la práctica del Dhikr, "la repetición de los nombres divinos de Dios y suras del Corán. Él lo canta como si fuera Rumi. Nadie lo ha dicho tan bien como él. La letra continúa y la canción continúa siendo muy sufí y muy islámica. Todo lo que dice es muy lindo". Hace una pausa y agrega: "El Himno de mi corazón es la práctica del sufismo. El sufismo es un himno del corazón. Es el idioma del corazón”.

 

Un tramo delicioso y conmovedor de Rock and roll Islam es el que está dedicado a la llamada seclusión, la práctica más intensa del sufismo: un retiro de 40 días, lejos de todo, solo con uno mismo, comiendo lentejas. Cicco cita al sheikh Abdullah al Faiz de Daguestán, que tiene un largo currículum de seclusiones: "Si no experimentas el retiro, si no te olvidas de tu ego, nunca vas a encontrar tu identidad verdadera".

"Lo que sucede en la seclusión son cosas de otro orden, responden a lo puramente espiritual", explica el autor a galería. "Algunas se pueden contar y otras no porque no quiero que el lector piense que estoy loco y se corte el canal de comunicación con él. Fue la parte más difícil de hacer. Esa ha sido la práctica más secreta y más reservada. Los maestros han hablado poco de eso. Y a mí, como periodista y como divulgador, me parecía muy lindo que la gente leyera sobre esa práctica tan secreta y tan intensa por dentro". El relato de esta experiencia, a su vez, está trasladándose a un cómic. En Místico, que saldrá el año que viene, Cicco recrea, junto con el dibujante Roberto Mur, aquella travesía interior.

Boceto para Místico, la novela gráfica sobre la seclusión

Otro dial. Actualmente en pareja, Cicco se ha casado y se ha separado en distintas oportunidades. Es padre de cuatro hijos. Construyó una mezquita en su casa. Escribe en la web Hipercrítico, hace traducciones e imparte clases de periodismo y escritura creativa. Da un taller de crónica dentro de una maestría. Por estos días prepara un seminario llamado Espiritualidad Islámica aplicada a los nuevos tiempos, que, como es usual en estos nuevos tiempos, se realizará vía Zoom (dos jornadas: jueves 20 y 27 de agosto). Continúa en el periodismo, dice, porque es su fuente de ingresos y porque todavía le da excusas para explorar lo que le sigue interesando. "Soy quien soy gracias a las herramientas del periodismo".

Al recordar su etapa border, dice: "Algunas cosas me parecen buenas o muy buenas. Otras, muy irrespetuosas. A otras les falta sutileza. Aquello era un periodismo a todo o nada. Iba con una ametralladora y tiraba. Pero no tiraba para agredir sino para descubrir quién había detrás. Siempre iba a fusilar, por así decir, a la celebridad, para descubrir quién era en verdad. A veces la celebridad tenía fama de tonta y lo que intentaba hacer era tirar abajo ese preconcepto, ese cartón en el que se transforma una celebridad pública, y a menudo lo que descubría del otro lado era distinto de lo que se veía. A veces era mejor, a veces era peor. En ese sentido siento que no tenía abierto el corazón, era un sicario. No sé quién soy yo, pero sé que no me siento identificado con otras cosas que hacía antes. Simplemente vibro en otro dial. Ni para bien ni para mal, es otra radio".

Ya no lee humor, no ve comedia. "No porque me haya llenado de moralidad y sea un santito. Simplemente no me hace reír. Es como cuando sos niño y dejás de jugar con los muñecos y con los autitos. Ya no está esa magia. Cuando era chico me gustaban los caramelos, los chocolatines y veía que mi papá comía lupines y alcauciles. Me daba a probar y para mí eran horribles. Mi papá decía: 'Vas a ver que cuando seas grande te va a gustar'. Y es lo que pasa cuando hacés un camino espiritual. Desarrollás otro paladar. Lo otro te empalaga. Hay gente que no desarrolla ese paladar y se queda comiendo caramelos toda la vida".

Reglas y privaciones. "Creo que la idea más tremenda que se tiene acerca del islam es que si vos lo transformás en un camino espiritual en serio, te vas a convertir en alguien peligroso. Eso fue lo que a mi familia, mis amigos, a todos los que no eran musulmanes, les chocó más o les resultó más difícil aceptar cuando me hice musulmán. Pensaban que si me lo tomaba en serio, iba a tener problemas. Recién se quedaron tranquilos cuando pasó un tiempo y nada, veían que seguía siendo el mismo pavo de siempre", dice Cicco con una ligera sonrisa.

Para explayarse sobre los preconceptos, propone una analogía con el fútbol. "Alguien que nunca vio un partido de fútbol ni juega al fútbol y la única información que le llega del fútbol es de cuando hay disturbios en las canchas, va a decir que en las canchas son todos unos delincuentes, son todos violentos, y que ha visto en el informativo cómo se matan y se cagan a tiros entre ellos. Querés contarle tu amor por el fútbol, tu amor por la camiseta y la destreza de Messi, tratás de explicarle que es un caso aislado, pero difícilmente cambie de parecer. Con el islam pasa lo mismo. Vos le querés contar del amor por el camino, lo lindo que se siente el salat, que no es rezar, es otra cosa, pero esa persona tiene instalada esa imagen del islam. A eso sumale una serie de ingredientes políticos, económicos, que implican que Occidente demonice el islam. Una vez un sheikh (un sabio dentro del islam) me dijo: 'Si los países budistas tuvieran petróleo, los enemigos en las películas serían los budistas. Pero da la casualidad que los países que tienen petróleo son los musulmanes'. Y es una explicación que creo interesante".

Otra idea errónea: el papel de la mujer. "El islam tiene a la mujer en un lugar de mucho respeto. Lo más loco es que en Occidente hay un gran prejuicio con eso mientras que la presentan como un cacho de carne para vender autos y perfumes. La mujer de Occidente parece no tener problemas con esa presentación. Pero si le ponen un pañuelo o un hiyab o la cubren les parece como un horror".

De nuevo: el islam, insiste Abdul Wakil Cicco, tiene un pésimo departamento de prensa. "Mucha gente dice que el islam es complicado, que tiene demasiadas prohibiciones y obligaciones, que rezan en árabe y qué se yo", agrega. El error es contar las cosas a través de las reglas y las privaciones. De hecho, Cicco se enteró de las privaciones del islam después de hacerse musulmán. "Si querés jugar al fútbol y lo primero que te digo es que no podés agarrarla con la mano y que hay un tipo que no conocés que te va a marcar las reglas, vas a decir que en el fútbol son todos autoritarios. ¿Por qué no la puedo tocar con la mano si es lo que yo quiero? Para que el juego sea lo que es, para que el fútbol suceda, hay ciertas reglas. Es un error comunicar así. Y muchas veces el islam se comunica a través de las privaciones: tenés que rezar cinco veces al día, tenés que ayunar durante un mes, no podés hacer esto, no podés comer lo otro, una vez en la vida al menos tenés que viajar a Meca, que está lleno de gente. No, ni en pedo me hago musulmán, decís. Parece una carga insoportable. Sin embargo, es como si fuera un hechizo. Como si fuera un filtro. Es como si fuera un jardín con carteles afuera que te dicen que adentro está lleno de espinas. Nadie se mete. Pero alguien se da cuenta de que si hay espinas, hay rosas. Y se mete. Y el que se mete, descubre. El que no, se lo pierde".

MÍSTICO: UN VIAJE INTERIOR LLEVADO AL CÓMIC

Místico es una novela gráfica que recrea la seclusión de Abdul Wakil Cicco. El proyecto, todavía en proceso, lo llevan adelante el propio Cicco junto a Roberto Mur, dibujante y periodista argentino. Mur había entrevistado a Cicco para una nota que se publicó en Diario Contexto, de La Plata. "Lo conocía a través de sus crónicas", cuenta Mur. "Después de hacer la entrevista quedamos en contacto a través de las redes sociales. Él vio mis dibujos en Instagram y me propuso hacer el cómic. Era una idea que ya tenía masticada". El cómic toma como tronco lo que está narrado en el capítulo dedicado a la seclusión en Rock and roll Islam, aunque también retoma elementos de sus vidas anteriores, dice Mur. "Lo busca la historieta es sumergirse en aspectos de esa experiencia que quizás no pueden ser abordados de la misma manera a través de la prosa". La colaboración entre Hunter Thompson y Ralph Steadman fue el primer link que se generó en la mente de Mur, ilustrador notablemente influido por el punk. "Uno lee las crónicas de Thompson y ve los dibujos de Steadman y encuentra ese mismo nervio, esa misma electricidad, y ese fue el primer horizonte que se presentó en la cabeza", dice el dibujante y periodista. Desde el principio comenzó a trabajar en una combinación de elementos fácilmente identificables en la escritura de Cicco, que el define como "adrenalínica, muy veloz, muy dinámica, con elementos de crónica periodística y de realismo sucio de Bukoswki y Carver, junto con un costado poético, espiritual y místico". El desafío, sabe, es enorme. "Esta convivencia de elementos hace que el dibujo pueda ser caricaturesco, gracioso, disparatado y bizarro y transformarse en algo más oscuro y perturbador. Cicco traza la idea de que en el sufismo hay una cuota muy grande lo punk, y eso, precisamente también se traslada al dibujo".