Personajes
Periodista todoterreno

Danilo Tegaldo: "Hay que tener mucha cintura para hacer móviles de televisión"

Nombre: Danilo Tegaldo Edad: 45 Ocupación: Periodista Señas particulares: Cuando empezó la pandemia le dio por hacer todo tipo de panes, por 12 años se levantó a las cinco y media de la mañana, se casó un viernes 13.

02.06.2021 07:00

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2021-06-02T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

¿Cómo es estar del lado del entrevistado? ¿Se siente cómodo? Es raro. Siempre que me han hecho entrevistas me resulta difícil. Pero es un buen ejercicio en definitiva, porque uno desde este lugar siente lo que siente el entrevistado cuando uno está permanentemente requiriéndolo por distintos temas.

Es oriundo de San José. ¿A qué edad se vino a Montevideo? De San José no, de la república independiente y autónoma de San José (risas). De Ciudad Rodríguez, que está a unos 18 kilómetros de San José. Nací y me crié allá y después de terminar el liceo me vine a estudiar y a trabajar a Montevideo.

¿Es verdad que cuando recién llegó trabajó en un parking y lavadero de autos? Sí, porque mis viejos me ayudaban, pero no les sobraba nada. Tenía que costearme parte de mi estadía y tuve que encontrar laburo como fuera. Yo vivía en una casona en la zona de la Comercial y a dos cuadras había un garaje que tenía autos a pensión por mes y a la vez tenía un lavadero. Surgió una posibilidad y había que entrarle. No sabés lo que es lavar autos en invierno, pasábamos unos fríos tremendos. Pero son experiencias espectaculares. Yo había arrancado la licenciatura en Comunicación, era un momento bastante incipiente de la carrera y había pila de semestres que no te asignaban profesores porque no había. Entonces, para poder entrar a la cancha rápido, me anoté en el IPEP, que eran dos años, y tenía que costearme también esos estudios. A partir de ahí algunos profesores me ofrecieron la posiblidad de hacer pasantías, y desde ahí no paré.

Por bastante tiempo hizo móviles en la televisión. ¿Qué fue lo más raro que le pasó? Arranqué haciendo móviles cuando entré a Canal 10, en Arriba gente, al día siguiente de la asunción de José Mujica. Es increíble trabajar haciendo móviles para televisión, porque tenés imponderables de todo tipo. Vas a un lugar porque pasó algo, pero no sabés qué, y la tele no te espera. No tenés agenda, no tenés rutina. De pronto salís a la calle con una nota agendada con un diputado, y tenés que irte a un motín del Comcar. Hay que tener mucha cintura, porque además no es sencillo estar parado frente a una cámara con el Comcar atrás prendiéndose fuego y todos los familiares de los presos del otro lado, a dos metros tuyo, viendo qué decís. Hay que tener mucho respeto por el trabajo y apegarse mucho a la profesión para decir lo que hay que decir, sin pasarse de la raya.

¿Cómo fue el cambio de rutina al dejar Arriba gente y pasar a Subrayado Mediodía? A nivel personal me cambió pila, porque estuve prácticamente 12 años levantándome cinco y media de la mañana. Ahora llego al canal a las 11, hago el mediodía, después hago los flashes de la tarde, y hago Subrayado Especial 18.30, y a las siete ya me voy. Tengo más tiempo para mí en las mañanas. Me levanto a las siete y salgo a caminar por la rambla de Ciudad de la Costa, que está divina, y me despeja mucho la cabeza. Y ahora mis hijas están con clases virtuales, pero en marzo me di el gusto de llevarlas al colegio a las 10, que durante todos estos años no podía.

Es hincha fanático de Nacional. ¿Qué fue lo más loco que hizo por el cuadro? Me acuerdo de un día que el Chino Recoba hizo un gol maravilloso, un 19 de abril. Era la primera época de Recoba, faltaba media hora para que empezara el partido y no me acuerdo si el cable no lo transmitía o se había cortado en Ciudad Rodríguez ese día. Estaba con unos amigos y para llegar al Estadio Centenario teníamos una hora y cuarto. Si salíamos en ese momento, llegábamos para el segundo tiempo. Llovía y nos fuimos en auto infringiendo alguna norma de tránsito, pero llegamos a ver el gol del Chino, que fue una locura, porque eludió a todos los jugadores y la metió en el arco de la Amsterdam. También tengo un recuerdo maravilloso con mi viejo, que falleció el año pasado. Una sola vez fui a ver a Nacional con él, fue la final del 88, en el Centenario, cuando Nacional salió campeón de América. Ese recuerdo no se me borra más.

Tiene una perra, Nina; una weimaraner, de siete años. ¿Es cierto que espera a que usted se vaya para acostarse en su lado de la cama? Cuando me levantaba a las cinco y media se quedaba en su cucha hasta que yo me iba, y cuando escuchaba el último cling de la llave, apenas yo desaparecía del horizonte, se iba a la cama corriendo y ocupaba mi lugar. Eso fue hasta hace unos meses, ahora ya me perdió el respeto. Me levanto y cuando me voy a la cocina a hacer el mate, se va directamente a mi cama, ya no le importa que esté en casa. Es terrible.

Se casó hace 12 años, un viernes 13. Es de suponer que no es supersticioso. Nadie quería casarse un viernes 13, entonces el catering y el lugar eran más baratos (risas). La gente le huía al viernes 13, pero yo no creo en nada de supersticiones.

Cuando cumplió 10 años de casado le regaló a Lorena, su esposa, un anillo. ¿Es bueno con las fechas? De las fechas no me olvido y trato siempre de tener alguna gentileza, algún detalle. Soy un desastre, y lo confieso, a la hora de elegir un regalo. Me cuesta muchísimo. Cuando llega el momento digo: ¿Por qué no presté atención en las semanas anteriores? Seguramente alguna señal me tiene que haber llegado. Igual los hago y me salen bien, quejas rotundas no tuve. El peor regalo que le hice a mi esposa fue para una Navidad. Nos habían robado la casa y se habían llevado algunas cosas, y pensamos que si nos robaban la computadora perderíamos todas las fotos, entonces compré un disco extraíble de un Tera y se lo regalé. Nada romántico, seguro.