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SALUD

Daniel López Rosetti:“Vivimos con un cerebro nuevo y un corazón viejo”

La epidemia de estrés, la sociedad moderna y los beneficios de la meditación: entrevista al cardiólogo argentino, especializado en enfermedades relacionadas con las emociones

14.11.2019 14:23

Lectura: 10'

2019-11-14T14:23:00
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Florencia Pujadas

Daniel López Rosetti es el doctor de las palabras fáciles de entender. Antes de hacer un comentario, el cardiólogo argentino se toma unos segundos para pensar en cómo dar un mensaje concreto, claro y que tenga un impacto real sobre quien lo escuche. "Hablar es clave para conocernos y saber cuál es el problema", dice. Tiene sentido: su trabajo es hablarles a pacientes y a grandes auditorios sobre el estrés crónico, ese conjunto de alteraciones que se volvió una pesadilla en la sociedad moderna.

Es cierto que en las últimas décadas los países occidentales mejoraron los sistemas sanitarios y que nunca se depositó tanta energía en el tratamiento de enfermedades. Sin embargo, el estrés es un fantasma que sobrevuela la vida cotidiana. "Estamos en un momento de transición. Históricamente, vivíamos situaciones de estrés ante un predador; hoy ya no hay un tigre que te quiera comer en la calle, pero está lleno de tigres", dice el médico, especializado en enfermedades relacionadas con las emociones, que también integra la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés. Los tigres actuales -los estímulos dentro del trabajo, la familia y los pensamientos- son más peligrosos, complejos y difíciles de controlar. Su riesgo es tan grande que la Organización Mundial de la Salud advirtió que estamos ante una epidemia global.

El estrés crónico está ligado al ritmo de vida y se esconde detrás de 25% de las consultas de los pacientes a sus médicos de cabecera. Diversos estudios muestran que en algunos casos esta enfermedad está asociada a patologías como la depresión, problemas cardíacos y alteraciones cardiovasculares, por lo que es uno de los responsables del aumento en el consumo de antidepresivos y ansiolíticos en el mundo. "Si vos te adaptás a la sociedad, no lo sufrís, pero si no te adaptás, lo sufrís. Y eso es lo que nos está pasando", dice Rosetti a galería en una visita a Montevideo. El experto fue el protagonista de una conferencia sobre el estrés organizada por la Fundación Tzedaká Uruguay, que ayuda a los miembros más necesitados de la comunidad judía a través de programas sociales y educacionales.

¿Por qué nos cuesta tanto convivir con el estrés?

Nos cuesta porque no nos enseñaron cómo vivir sin estrés, nunca tuvimos educación emocional. Siempre digo que aprendemos a los golpes. Desde el punto de vista biológico, y por la evolución de la especie, el cerebro se desarrolló mucho en poco tiempo. El problema es que el corazón no. Metafóricamente, vivimos con un cerebro nuevo y un corazón viejo. En los últimos cuatro millones de años el cerebro evolucionó muy rápido, por la cultura, que genera tanto cosas extraordinarias como otras que no lo son tanto. Y ahí aparece el problema con el estrés. Antes teníamos un estrés agudo, ese que te defiende contra una amenaza. Históricamente, vivíamos situaciones de estrés ante, por ejemplo, un predador. Hoy no hay un tigre dientes de sable que te quiera comer en la calle, pero está lleno de tigres. La vida moderna tiene muchos depredadores chiquitos. Todo el tiempo estamos expuestos a estresores. 

¿La mayoría de los pacientes que ve en el Hospital de San Isidro sufre por estresores externos?

No. A veces las personas consideran a los estresores como algo externo a uno. Dicen "me estresa la sociedad, me estresa el trabajo", pero muchos de los estresores son internos. De hecho, nosotros decimos que hay cuatro categorías de estresores o amenazas: verdaderos, falsos, grandes y chicos. En nuestra experiencia hospitalaria en San Isidro, que es un hospital público y gratuito, observamos que la mayoría de los pacientes tienen estrés por factores que no existen, son imaginarios; o que sí existen, pero los agrandan. La existencia de un estresor depende de la percepción, que es un proceso individual y no es la realidad. Es lo que tú ves desde tu historia y tu experiencia vital, desde tus propios procesos psíquicos. Por eso, lo que para ti es estresante puede no serlo para Pedro. Esa es también una de las puntas del ovillo del tratamiento del estrés. Lo que pasa hoy es que la vida moderna va rápido, la exigencia es rápida y se está sometiendo al ser humano, a nuestra especie, a un esfuerzo adaptativo al que no estaba habituado. La palabra estrés, incluso, se instaló en 1936 como síndrome general de adaptación. Un síndrome, en medicina, es un conjunto de signos y síntomas. Si vos te adaptás a la sociedad, no lo sufrís, pero si vos no te adaptás, lo sufrís. Y eso es lo que nos está pasando.

¿Somos esclavos de un estilo de vida que elegimos? Suena contradictorio...

Exactamente; por eso, en nuestro servicio hacemos un tratamiento del estrés con un perfil de orden médico, uno psicológico cognitivo y otro sobre el bienestar percibido; si querés, podés llamarlo felicidad. Es una filosofía con la que te tomás tu vida. El objetivo final que tenemos para combatir el estrés es que la persona esté en el momento y aprenda a disfrutar de su rutina. Para mí es fundamental.

Solemos definir el estrés como si fuera un fenómeno negativo, pero también es un mecanismo de supervivencia. Entonces, ¿podemos decir que es necesario?

Claro, es lo que te permite sobrevivir. Tiene mala fama pero es un mecanismo necesario. Si en el hospital recibiéramos a alguien con un nivel de estrés muy bajo, tendríamos que estresarlo para que disfrute de la vida. No es malo en sí mismo porque es un fenómeno adaptativo. El estrés es un proceso normal del organismo, pero es evidente que esta vida moderna aceleró los tiempos biológicos. De hecho, algunas de las metáforas que describen enfermedades asociadas lo vinculan al apuro. Estamos viviendo un momento transicional que se caracteriza por la velocidad, el aumento de información, de la comunicación, y la pérdida de los ciclos diarios (día, noche). Estamos conectados con cualquier parte del mundo y en cualquier momento. Es agotador. Podríamos compararlo con el azúcar en sangre: hasta un punto es normal y después se transforma en diabetes. El estrés tiene muy mala prensa y parece que si lo tenés, tenés una virosis. Ahí hay un punto interesante, porque si bien no es una enfermedad contagiosa, porque no es una bacteria ni una virosis, es contagioso.

¿En qué sentido?

La persona con estrés contagia al resto; hay ambientes estresores, como el laboral o el psicosocial. Aunque, claro, el que te hace daño es el estrés crónico, que tiene que ver con los temores al futuro. El ser humano es el único que puede visibilizar el porvenir. Y tiene dos posibilidades: cuando ancla su vida al pasado puede tener una tendencia a la melancolía, y cuando lo hace con el futuro podrá sentir estrés y ansiedad. 

¿Las elecciones, que pueden traer cambios y algunas incertidumbres, influyen en los pacientes con estrés?

Seguramente lo potencien. Pero también están los medios de comunicación, que hacen que el input de información sea inmediato, en tiempo real. Uno no solo ve lo que pasa con las elecciones en su país sino que ve lo que está pasando en todo el mundo. Lo que enferma es la gota que horada la piedra; el estrés es variable, dependiendo de la persona. 

¿A qué síntomas hay que estar atentos?

El síntoma podría ser cualquiera. Puede estar asociado con la ansiedad pero también puede pasar por la acidez gástrica, la úlcera y, obviamente, por los infartos agudos de miocardio, la diabetes. También hay factores de riesgo que pueden hacer que te enfermes más fácil.  Por ejemplo, si fumás, es más probable que te enfermes de tal cosa; si tenés diabetes, de otra; el estrés en sí mismo -por la adrenalina y elevación de cortisol- ya enferma de forma directa. Alguien que fuma y tiene estrés, es probable que fume más. Es más probable que tenga hipertensión arterial, que coma peor. Te terminás enfermando más.

Entonces actúa como un círculo vicioso...

Es un círculo vicioso. Hay una tríada comportamental, vivencial, que son el temor, la duda y la incertidumbre. En palabras muy simples, el estrés se traduce en no pasarla bien. Eso de qué será del día de mañana es lo que duele más.

¿En qué se diferencia de la ansiedad? Hay personas que se autodiagnostican y usan los términos como sinónimos.

Son muy parecidos porque el estrés aparece cuando una circunstancia amenaza tus intereses de orden vital. Esa amenaza activa un circuito cerebral muy estudiado, que es el miedo, la más estudiada de las emociones. El miedo, que lo hemos sentido todos, es una vivencia que tiene un objeto determinado, que puede ser una enfermedad, un asalto. Al que tiene miedo, vos le preguntás a qué le teme y te lo va a poder decir. La ansiedad utiliza el mismo circuito del miedo. Es un miedo chiquitito, sostenido en el tiempo y que no tiene objeto. Vos le preguntás a un ansioso por qué tiene ansiedad y no puede decírtelo con la misma precisión. El circuito es el mismo, porque la raíz es el miedo y el circuito neurológico cerebral tiene variables de ansiedad como el pánico, la fobia, el estrés postraumático. Por eso, de hecho, entre los síntomas del estrés está la ansiedad. ¿Pero de qué estrés? El que es crónico, el que está sostenido en el tiempo. 

¿Qué prácticas recomienda para canalizar el estrés?

Hay técnicas que están muy de moda. Cualquier cosa que te cause paz es importante. No hay persona feliz sin paz, estabilidad y equilibrio. En los términos de la meditación, sus beneficios están comprobados  científicamente. Se ha hecho hasta con resonancia magnética nuclear funcional. Se sabe qué parte se desarrolla del cerebro, cuáles conexiones y circuitos intervienen y con qué características. Si bien se han hecho estudios de meditación en meditadores profesionales, por llamarlo de algún modo, se ha demostrado que cualquiera de nosotros puede obtener el beneficio de la meditación en muy pocos minutos, es casi instantáneo. 

¿Qué piensa del mindfulness?

Es extraordinario, aunque habría que aclarar que fue impuesto en Occidente de forma magistral, pero viene de la aplicación en Oriente. Es muy bueno pero no es fácilmente adaptable a nosotros porque tenemos modos de vida distintos. Hoy, vos no tenés 12 horas para meditar. En el hospital hacemos ejercicios de meditación simples, de muy poca duración y que te producen efectos enseguida. Si googleás "servicio de medicina del estrés" vas a entrar a nuestro servicio y te dice mucho sobre el Promes, programa de manejo del estrés, y del Promeco, que es el programa de meditación en colegios. Ya tenemos más de 8.000 chicos en Argentina que hacen meditación y está dentro de la Unidad de Bioética de la Unesco. 

¿Se aprende a convivir con la incertidumbre y la velocidad de la sociedad moderna?

Claro, todo se puede mejorar. Lo importante es la filosofía de vida e intentar pasar bien el día. 

¿A usted le costó lograrlo?

Sí, es un trabajo constante. En mis exposiciones me gusta terminar con una frase de Desiderata que dice: "Esfuérzate por ser feliz". Es una de las últimas oraciones del poema, que también dice "ten cuidado". No se es feliz espontáneamente. Le tenés que poner pilas y filosofía de vida. La razón nunca secó una lágrima y las cosas pasan por las emociones. No somos seres racionales; somos seres emocionales que razonan. Y eso es el manejo del estrés. Es una linda profesión, porque en otras especialidades los pacientes son los otros, y en la medicina del estrés, somos todos.