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Cuatro bailarines cuentan cómo ensayan desde sus hogares

El living, el cuarto, la barbacoa o el garaje. Cualquier espacio de la casa es válido para que los bailarines continúen ensayando, tomando sus clases y manteniéndose activos.

14.05.2020
2020-05-14T07:00:00
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Por Giovanna D'Uva

Optimizar recursos, ser creativos y buscar las mejores condiciones para seguir ensayando fueron algunos de los desafíos que muchos bailarines tuvieron que enfrentar ante la cancelación de espectáculos y de clases. Cada uno desde su casa buscó hacerse de las herramientas y del espacio para hacer ejercicios, practicar pasos de baile y, sobre todo, para mantener su nivel profesional.

Iván Basán, bailarín de folclore.

Foto: Mauricio Rodríguez.

China, Dubái, Estados Unidos y Canadá eran algunos de los destinos en los que Iván Basán junto con su compañera de baile y una dupla más representarían a Uruguay en los estilos folclore, tango y candombe. "Teníamos asimismo en marzo, con el Ballet Folclórico del Sodre, el estreno de un espectáculo homenaje a Mario Benedetti, que también quedó suspendido", comenta.

Actualmente, los ensayos grupales y en pareja están suspendidos y, para continuar disciplinándose, Iván destina tres días a la semana a ensayar aproximadamente dos horas cada vez. "Tenemos reuniones por Zoom en la que hacemos una rutina de ballet y ejercicios con un profesor, y luego continúo practicando una hora más". A estas rutinas que realiza en su cuarto, especialmente acondicionado para ensayar, se le suman las horas en las que el bailarín ensaya coreografías como una forma de entrenamiento y expresión.

"La cuarentena nos afecta a todos tanto física como emocionalmente y se siente la pérdida de nivel al estar todo el tiempo quieto", cuenta Iván, que imagina la vuelta a la normalidad como un período de mucho trabajo. "Se van a reprogramar varios espectáculos que son muy distintos entre ellos. Se necesitará mucho ensayo y muy intenso para poder nivelarnos, ya que somos muchos y no todos tienen el espacio ni el tiempo para seguir entrenando", asegura.

Valentina Cayota, bailarina de danza contemporánea.

Foto: Adrián Echeverriaga.

Ser resiliente en un momento como este fue fundamental para Valentina Cayota, que desde el momento en que se detectaron los primeros casos de Covid-19 en el país comenzó a pensar estrategias para continuar impartiendo las clases de su academia, 678 Danza. "La intención era que mis alumnas no sintieran que la calidad de las clases disminuía; fue entonces cuando comencé con las sesiones online. Cambié el contenido y pensé coreografías adaptadas a lugares reducidos, porque en cada casa hay situaciones distintas", comenta.

Fue así que esta bailarina con más de 20 años de experiencia en el mundo de la danza -entre ballet, danza contemporánea y jazz- y tras haber bailado para compañías en Portugal y Brasil, decidió buscarle el lado positivo a esta situación. En el living de su casa, frente a un ventanal, estableció su sala de ensayos para tener la mejor luz para continuar con sus coreografías. Allí dispuso todos los materiales para crear secuencias, practicar y dar clases. "Para mí es muy importante el componente humano, que se sientan en un grupo de pertenencia. Busco que trabajen en equipo. Divido las sesiones online para que entre ellas se vean, se evalúen y haya feedback. Es fundamental el compromiso y también la creatividad. Trabajamos valores que puedan aplicar en su vida y no solo en la danza", explica.

Para Valentina, la vuelta a la normalidad va a ser paulatina, tanto para ella como para sus alumnas. "Vamos a tener que buscar alternativas para el tema del contacto físico, pensar ejercicios en los que este se reduzca, utilizar la creatividad y ver paso a paso cómo se va desarrollando todo", concluye.

Nazareno Listur, bailarín de tango.


Estar activo para mantener el estado físico fue una de las premisas que se planteó Nazareno Listur, que al enterarse de la suspensión de espectáculos y de las sesiones de tango no dudó en acondicionar su casa para ensayar. "Vivo con mi pareja de baile, Caroline Canola, por lo que siempre buscamos un tiempo para ensayar. Algunas veces movemos los muebles del living y practicamos allí, otras veces usamos el garaje porque tenemos espejos que nos permiten visualizar la secuencia, y así nos vamos acomodando", explica.
A estos ensayos, que realiza tres veces por semana, se le suman actividades como CrossFit, que hacen de forma online con un profesor.

Además de bailar, Nazareno imparte clases de tango en la Escuela Nacional del Sodre y frente a esta nueva situación tuvo que pensar cómo mantener las sesiones con sus alumnos desde la distancia. "Tuvimos que adaptarnos a transmitir la clase por Zoom de un baile que es de a dos. Hay alumnos que toman la clase en pareja, pero hay otros que están solos", comenta el bailarín, que ha modificado sus clases para que sus alumnos practiquen de forma individual.

Si bien esta cuarentena le ha permitido continuar preparándose, estudiando y experimentando más en la conciencia del cuerpo y en el contacto con la pareja, reconoce que la vuelta a la normalidad le causa preocupación. "El tango es un baile de contacto y en los lugares a los que concurrimos hay siempre mucha gente. Considero que va a ser muy lenta la vuelta a la normalidad. Seguramente se va a bajar el número de alumnos por clase y creo que se manejará una modalidad más individual, lo que no está bueno para el tango que es una danza social", explica.

Mientras tanto, él y Caroline continúan preparándose para la gira por Francia, prevista para octubre.

Vanessa Fleita, primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre.


En la barbacoa de su casa y con una barra improvisada, Vanessa Fleita se dispone cada mañana a tomar las clases que un profesor de la Escuela Nacional de Danza del Sodre imparte para todos los integrantes del cuerpo de baile, vía Zoom. Son aproximadamente tres las horas diarias que la primera bailarina destina a las prácticas, entre la lección que toma y los ejercicios que hace de forma individual para mantenerse en forma. "Nosotras estamos acostumbradas a hacer clase como ejercicio diario y como calentamiento previo a los ensayos. Por lo general, las jornadas se extienden a seis horas y ahora, en cuarentena, se reduce mucho el trabajo", explica.

En situaciones como estas el trabajo individual de cada bailarín para mantener su nivel, así como la creatividad para optimizar los recursos a su alcance, son imprescindibles. "Fui adaptándome a ensayar en mi casa, probando varios espacios. Al principio ensayaba con una silla, luego improvisé una barra", comenta, a la vez que reconoce que le ha resultado un tanto difícil coordinar los ensayos y las clases online, que imparte a las alumnas de séptimo y octavo curso en la Escuela Nacional de Danza del Sodre, con el trabajo de la casa y el cuidado de su hija.

Sin duda, la llegada de la pandemia afectó mucho la labor de los bailarines, principalmente por la suspensión de todos los espectáculos artísticos como Un tranvía llamado deseo, del que se realizó únicamente el estreno. "Los ensayos de producciones o bailes en pareja están momentáneamente suspendidos. Estamos apostando a la creatividad y a nuevas estrategias para producir contenido a la vez que estamos atentos a cuáles son los planes a seguir en la próxima temporada", concluye.