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Edinson Campligia, Rivera y demás

Cuando hacer reír es cosa seria: ¿Cuáles son los límites del humor?

Un cuplé de un personaje ficticio deriva en escándalo, pedido de disculpas, denuncia penal, horas de aire y ríos de tinta; y deja claro que el contexto limita el humor

21.06.2020

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2020-06-21T06:00:00
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Por Leonel García

"Triboniano se las ve negras". El título de esta historieta de actualidad, publicada en el semanario Mundo Uruguayo el 25 de diciembre de 1924, hoy sería ofensivo; y su contenido seguramente ameritaría clausura, boicot y repulsa general. Su protagonista observaba el éxito que los deportistas afro tenían con las mujeres blancas -no lo menciona, pero hay una evidente referencia a José Leandro Andrade, que en ese año deslumbró tanto en las canchas como en las pistas de baile de París-, por lo que decide pintarse la cara con betún. Paseando en un barrio negro, mientras disfrutaba su dicha, sus habitantes descubren el ardid y le endosan una paliza descomunal. En la última viñeta infame de esta tira firmada por un tal Foreman, la mucama de Triboniano -negra, faltaba más- le pregunta a su convaleciente patrón si precisaba algo: "Sí, un par de costillas nuevas y el reglamento del Ku-Klux-Klan".

Esta publicación es recordada en el libro Gloria y tormento, una biografía novelada de José Leandro Andrade, del periodista y escritor Jorge Chagas (2003). El autor, que tuvo que hacer una investigación exhaustiva para su libro, no recuerda que alguien se haya sentido ofendido entonces porque el personaje de una tira "cómica" haya pedido ingresar, por despecho, a una organización racista, supremacista y asesina. Casi un siglo después, el 5 de julio pasado, un personaje radial -un viejo presentador carnavalero de los tablados de antaño- calificó a la gente de Rivera (la ciudad del interior donde el Covid-19 se ensañó más) en términos incuestionablemente agraviantes, pasados bajo el filtro de un humor que no todos entendieron igual. La acción derivó en una denuncia penal y extensos debates en los medios.

"El humor varía según el contexto, según la época. Yo me pregunto: ¿hoy la gente se bancaría un personaje como Abayubá, el que hacía Eduardo Freda en Decalegrón?", desliza Chagas a galería, hablando a partir de su propio libro. El mencionado Abayubá protagonizaba el sketch La cola, de ese legendario programa humorístico que emitió Canal 10 durante la segunda mitad de la década de los 80. Freda -un entrañable actor ya fallecido que también había encarnado décadas atrás a Pilán- personificaba a un homosexual que actuaba de la misma forma exageradamente amanerada que lo haría un peluquero de una película de Porcel y Olmedo. Siempre coincidía en la fila con Ricardo Espalter -otro nombre de peso en las artes nacionales, también fallecido-, a quien hostigaba y quien lo reprendía constantemente: "¡No me toque!". "Ma quería una nena; Pa, un varón", le contaba Freda. "A usted no lo esperaba nadie", retrucaba Espalter, provocando el estallido de los reidores.

Por esos mismos años, en la actuación de una importante murga, un cupletero en un rol también afeminado al paroxismo cantaba que el SIDA significaba "Sindicato de Amorosos". Esa enfermedad recién había estallado, se conocía poco y nada, causaba estragos y todavía se le denominaba "la peste rosa". Y tampoco nadie parecía ofenderse demasiado.

Los límites del humor acompañan el espíritu de los tiempos y son el reflejo de una sociedad. El actor, comediante y comunicador Christian Font opina para galería que si el humor es una reacción, "catártica o fisiológica", entonces "hablar de límites es un contrasentido". "En todo caso puede que el humor tenga una regulación no establecida, propio de códigos sí establecidos según la época". El humor le viene de familia: su abuelo Armengol Font escribió "comedia ligera en los años 40 y 50 en Uruguay con gran éxito". Según su nieto, con la perspectiva actual los diálogos y las situaciones son de una ingenuidad tremenda. "Después sí, va en cada quien consumir humor en sus variantes", concluye.

El guionista y dramaturgo Andrés Tulipano, quien también ha incursionado en el carnaval, señala que no es el humor el que tiene límites: "Lo que tiene límites es el cuándo y el dónde, lo que limita al humor es su contexto y su auditorio". Entonces, de acuerdo con su visión, sí hay límites. "Estoy contra la censura y la autocensura, pero el humor tiene límites. Podría ser demagógico y contestarte que ‘debería no tenerlos', pero sería mentira porque el humor en los medios masivos tiene límites y los marca el contexto. Tal vez para un asado de amigos, pararse en una silla y hacer chistes de enfermos de coronavirus funcione, pero la misma situación no funcionaría en el velorio de un tío que murió por el virus".

El contexto "y el receptor con su elección" son los únicos límites que ve para el humor Fernando Schmidt, otro destacado escritor de textos para radio, televisión, cine y carnaval. "La diferencia es que antes estaba todo más encasillado y había un tipo de humor que tenía lugar en el tablado, otro en el café concert, otro en el cine y otro en los medios invasivos, como son la radio y la televisión. Hoy todo se ha mezclado y una humorada que en un medio sería celebrada, en otro resulta agraviante". Si, como decía Ortega y Gasset, "yo soy yo y mi circunstancia", al humor lo hace el contexto social y el formato donde surge.

Cambia todo cambia. Y los contextos cambian. El humor "verde" (término en desuso si los hay) le provocó a Los Capablanca (Roberto y Vicente) tanto éxito en los tablados como noches en las comisarías, allá por los 60 y 70, luego de la denuncia de algún asistente escandalizado de más. Nadie se enojó lo suficiente en los años 80 por el programa argentino No toca botón, de Alberto Olmedo y su troupe, acá emitido por Canal 12, donde había una cosificación de la mujer que sería inaceptable hoy.

En 1996, la letra de El día que Artigas se emborrachó, de los todavía irreverentes Cuarteto de Nos, motivó al diputado nacionalista Agapo Palomeque a pedir que se tomaran acciones legales, luego desestimadas por el fiscal José Luis Barbagelata, según recordó el periodista Diego Zas en un hilo de Twitter. Claro, acá se había mancillado la marmólea figura del prócer.

En el Carnaval 2013, el personaje Gayman, el superhéroe homosexual -con todos los clichés incluidos- que interpretaba Walter Cucuzú Brika en los olvidados Humoristas C4, provocó duros cuestionamientos por parte del hoy presidente del Sodre, Martín Inthamoussu. No pasó a mayores, pero ya era una señal de que había cosas que empezaban a no tolerarse. Cuando ese mismo año en Argentina repusieron Poné a Francella, una ONG denunció que el sketch La nena, el que hizo saltar a la fama a Julieta Prandi, incitaba a la pedofilia. Nada de eso había pasado cuando ese programa (que acá lo transmitió Canal 4) salió al aire por primera vez en 2001.

Si los contextos se han ido cambiando, ¿los límites del humor se han ido corriendo? "¿Qué no es duramente criticado hoy por la razón que sea?", se pregunta Font. "Todos tenemos el ‘ofendidómetro' tan saturado que ya cuesta discernir cuáles son batallas con sentido y cuáles rabietas del momento", agrega. Estudioso de los fenómenos sociales, Font -también músico, murguista y escritor- recuerda por caso que No toca botón tuvo su auge a la caída de la dictadura en Argentina, lo que provocó una suerte de "destape" que incluyó lo erótico y lo sexual, tras años de grisura, censura y mojigatería. De cualquier forma, las burlas al enanismo de Pildorita -parte del decorado del sketch del Mano Santa- serían tremendamente condenados hoy. "La sensibilidad social podría ser un valor en sí mismo si no fuera porque suele haber un componente de pose y sobreactuación. Como en cualquier caso, depende del emisor. No sé si ha perjudicado a los humoristas, pero ese argumento de que los condicionamientos ‘te obligan a ser más creativo' es un disparate", concluye.

Por separado, Schmidt y Tulipano también coinciden en sus apreciaciones al ser consultados por galería: más que corrimiento de límites, lo que cambió fue el mundo, y consideran injusto opinar sobre expresiones humorísticas de antaño con la óptica actual. "Algunos sketches de hace 25 años hoy son impensables, pero el revisionismo del humor no es un acto de justicia. Aquel humor era tan machista y discriminador como la sociedad de la que emergía", señala Schmidt. "Si hoy tenemos una sociedad más integradora, es de esperar que el humor también lo sea. Cada generación tiene el humor que se merece", agrega. La sensibilidad social actual no perjudica al humorista porque, concluye, "la realidad es un punto de partida, no de llegada".

En ese contexto, el actual y los viejos, Tulipano sostiene que el humor "sirve de termómetro para medir hasta dónde llegamos a reírnos de nosotros mismos" y que una sociedad "es sana cuando es capaz de reírse de sí misma".

El "Campiglia gate". El reciente incidente causado por el personaje Edinson Campiglia, que Rafael Cotelo personifica en el programa de radio La mesa de los galanes (Del Sol FM), causó molestia en ciudadanos y dirigentes políticos riverenses, lo que derivó en un pedido de disculpas de los comunicadores y una denuncia penal por discriminación. Esto se sumó a una singular intervención del senador Guillermo Domenech de Cabildo Abierto, reconociendo prácticas endogámicas pero no incestuosas en el interior, aseveración que seguramente los augustos salones del Palacio Legislativo no habían escuchado jamás. Las expresiones del abogado denunciante, Fernando Araújo, en Algo contigo, también fue un insólito spin-off de este episodio (ver aparte).

Tulipano no duda: el pretendido cuplé de Campiglia es de un humor "que camina por el borde de la cornisa". De este hecho, según Font, solo queda obtener aprendizajes. Uno, bastante elemental, pasa por separar la persona del personaje; aunque, claro, el personaje existe porque hay un estereotipo que lo sustenta. Según su razonamiento, verse contra un espejo duele: "En pos de reaccionar airadamente contra el discurso de un personaje de ficción, obviamos que el recurso expone una mentalidad que si querés combatirla, no es censurando una pieza humorística ni a su intérprete, sino incentivando a desarrollar políticas públicas que apunten a corregir posturas discriminatorias. Hoy el chivo expiatorio se llama Rafa Cotelo, después tendrá otro nombre".

Y si bien lo de la denuncia penal sí le preocupa más como un "gesto de intolerancia alarmante", Font señala que sería bueno reflexionar sobre la salud mental y "aceptar la neurodiversidad" para no emplear términos como "retardado" (como Campiglia calificó a los riverenses). "También hay mucha hipocresía en colegas que tertuliaron sobre este episodio muy ofendidos y a los que les he escuchado decir disparates como que el autismo es una enfermedad y que se puede curar", concluye.

Tulipano apunta también a otra realidad, propia de la "grieta" actual. Rafael Cotelo es visto como alguien vinculado a la izquierda, que cuestionó al único departamento gobernado por el Partido Colorado, y los mayores dardos políticos recibidos provienen de dirigentes de la coalición multicolor. No sería la misma reacción ni los mismos actores si el cuplé lo hubiese hecho, por ejemplo, Orlando Petinatti (aclarando que si bien es un seudónimo, no es un personaje), al que se lo ubica al otro lado del abanico ideológico. "Una gran parte del público que consume humor hoy en día lo hace con una lupa y mira quién escribe, quién lo dice y en qué medio sale. Todo ese combo, más los prejuicios y preconceptos de cada uno, pesan más que el texto a la hora de evaluarlos", asevera.

Schmidt -que también menciona el "rédito político" que puede obtenerse al denostar a alguien, así sea un personaje de humor- habla de la coexistencia de dos verdades: "El humor inofensivo no existe" y "todos tenemos derecho a ofendernos". Sin embargo, considera "absurdo" la demanda a un personaje de ficción. "Edison Campiglia es un personaje y "la intención hace el agravio', como decía Calderón de la Barca. Y yo creo que citar a Campiglia y a Calderón de la Barca en la misma frase ya es mucho más ofensivo que lo que pudo haber dicho ese malandra fracasado", ironiza este escritor.

Para este informe se buscó la voz de humoristas mujeres que aportaran su parecer pero, por distintos motivos, declinaron participar. Esta necesaria aclaración también es hija de los tiempos que corren.

DIXIT

"La xenofobia la debemos combatir, / está pasando algo terrible en la frontera. / El "covichino' se empezó a descontrolar / y ahora la gente está malaza con Rivera. / El que mató a todos los indios una vez / por el bien de nuestra patria fue Rivera, / yo me imagino que nos van a entender / si les pagamos hoy con la misma moneda. / A lo mejor lo que podríamos hacer / porque matarlos la verdad que queda feo / es aceptar que no lo podemos criar / y declararlos territorio brasilero / y ya está; quedátelo, Brasil, / no te hagas más el gil / si siempre fueron tuyos (...) / El riverense en promedio es retardado / te lleva un tupper si le decís hisopado".
Edison Campiglia (Rafael Cotelo), en La Mesa de los Galanes (Del Sol), 5 de julio. Luego agregó, siempre en ritmo de cuplé murguero, que "tienen pastores y se garchan entre hermanos" y que "más que uruguayos parecen africanos".

"Claramente confunden humor con grosería, con intento de humillación. Es un acto de xenofobia y de ofensa como nunca había visto en nuestro país. Ofensa a un humilde pueblo que por su ubicación geográfica está sufriendo un foco importante en la pandemia. Creo incluso que puede haber en este programa varios delitos penales que estudiaremos. El martes próximo lo plantearé como riverense orgulloso y como senador de la República en sesión del Senado. Uds. saquen sus propias conclusiones y quizá aunque no sea riverense o del interior, aunque sea montevideano también se indigne y comprenda lo que siente hoy todo el pueblo de la frontera".
Senador Tabaré Rivera (Partido Colorado), exintendente de Rivera. Facebook, 7 de julio.

"Tú los mirás en las redes sociales y parecen Gandhi, son todos por los derechos humanos, ni una menos, feministas, LGBT y todo eso. Son los reyes de la moral, pero son los primeros en discriminar a la gente de Rivera".
Edil de Rivera Larry Martínez (Partido Colorado), en un video difundido por las redes, 7 de julio.

"A las personas que se hayan sentido ofendidas e insultadas por mis palabras a través del personaje Edison Campiglia, particularmente a los riverenses, les pido disculpas (...). No pretendo que quienes detestan al personaje o a mí mismo, cambien de opinión, pero siento que es bueno aclarar que lo que dice Edinson Campiglia no es representativo de ningún pensamiento mío ni de ninguno de los que participamos en el programa".
Rafael Cotelo, en La Mesa de los Galanes, 8 de julio.

"Nos podemos equivocar en el estilo de humor, lo que no vamos a permitir es que se nos cargue con un delito. Esto no fue un delito. (...) No es en la justicia penal donde debemos discutir si el humor es bueno o malo".
Diego González, en La Mesa de los Galanes, 8 de julio.

"El dolor de Rivera es el dolor de todo el interior de la República (...). Se ha dicho que ‘garchan entre hermanos' diciendo que la gente del interior y particularmente los riverenses hacen prácticas sexuales aberrantes cuando sabemos que en todo el interior, y así se formó la patria, se practica la endogamia, pero nunca el incesto".
Senador Guillermo Domenech (Cabildo Abierto), en la Cámara Alta, 9 de junio.

"Si entramos en la porteñización de la comunicación, donde se dice cualquier disparate, terminamos en lo que es Argentina, que, colectivamente, es una sociedad que uno la ve enferma. Empecemos a respetarnos. Respetamos al homosexual, al adicto, respetamos al borracho. Respetamos a todos aquellos que tienen un problema".
Abogado Fernando Araújo (exdiputado del Partido Nacional por Rivera), impulsor de la demanda penal contra los comunicadores. Algo contigo (Canal 4), 9 de junio.

PERCEPCIÓN DE LOS LÍMITES*

"Tal vez no se puedan hacer más chistes de gallegos, ¡pero yo no sé si eran tan graciosos! Creo que la cosa va más por ahí. Vamos a decir la verdad: a vos te decían un chiste racista y no era que te rieras a carcajadas".
El Gran Gustaf

"Mirá, el humor no tiene moral. No hay moral. Si hubiera, no decís nada y no hacés nada. Está en la educación que vos tengas".
Laura Falero

"Trato de utilizar el micrófono con mucha responsabilidad. Yo respeto mucho al medio y la radio. Y... creo que quien está frente a un micrófono tiene que ser responsable de lo que dice. (...) Cuido mucho el humor pensando en la persona que puede estar escuchando. No hago humor con enfermedades, con desgracias ajenas, no hago humor de destrucción. Sí puedo ser irónico, sarcástico, ácido, cosa que me encanta y pesado...".
Orlando Petinatti

"A mí mucho no me ha afectado porque soy un hijo de estos tiempos, pero yo tenía la complicación de que mi personaje es machista y retrógrado, pero he intentado irlo mutando levemente para que no sea violento en los shows".
Pablo Fabregat, sobre el Tío Aldo

"No sé si el humor sale de lo dramático, pero sí de lo serio. No sale de la risa sino del llanto. A mí el humor que me gusta, y el que encaro, sale de la verdad y de la espontaneidad, de la parte seria. Que luego genere risas es otra cosa".
Graciela Rodríguez

"En el humor se puede decir todo, pero a mí no me gusta. (...) Yo quiero que la gente se ría y entonces mi humor es en primera persona y los palos me los llevo yo".
Maxi de la Cruz

"Tanto con Luis Charamelo como con Fito Galli nos manejamos de la misma manera: ‘Vamos a decir por lo alto lo que en el pueblo se dice por lo bajo'".
Petru Valenski, sobre ¿Quién le tema a Italia Fausta?

"Es algo que si yo lo digo acá en un bar nos reímos todos. Pero al aire... mis límites pasan por no herir a nadie. Vos podés usar el humor para criticar, pero no para joder con una enfermedad".
Andrés Reyes

"Cuando dejé la radio, que te obligaba a la inmediatez, más que ponerme límites, lo que hago es ver si se justifica poner determinado tema en un libreto. Si aporta, se lo incluye. (...) Jamás me cuidé, pero se dio naturalmente eso de no hacer chistes sobre las mujeres, los gallegos, los gais. Ni siquiera en carnaval. No me interesa ese tipo de humor, como tampoco usaba el tema político como barricada. No me interesa ir contra ninguna persona, salvo si también le puedo despertar algún tipo de humor".
Jorge Esmoris

"¿Sabés qué aprendí? El respeto al público, cuando una oración está de más, evitar meter una referencia innecesaria o algo sexista".
Manuela da Silveira

"Yo hablo de todo y no me privo de nada. Por eso trabajo para mí. Yo soy libre (...). Lamentablemente, porque los tiempos han cambiado, hay que hacer una ‘previa' para que la gente vea que uno está ahí para hacerlos reír y nada más. Uno aprendió a preparar a la gente para lo que hay que escuchar. Y me he dado el lujo de decir grandes disparates".
Walter Cucuzú Brilka


*Definiciones de límites del humor extraídas del libro Gente seria (Ediciones B, 2014), de Leonel García.