Estilo de vida
Oficio y terapia

Con las manos en la tierra: el nuevo auge de la cerámica

Al igual que la moda y la gastronomía volvieron a sus orígenes, los oficios también están atravesando un proceso de revalorización; la cerámica es la estrella, tanto como pasatiempo como objeto de decoración

04.06.2020

Lectura: 13'

2020-06-04T07:00:00
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Por Alejandra Pintos

Hacer tu propio yogur usando granos de kéfir, aprovechar los frutos de estación y preparar mermelada casera, moler café en casa que esté fresco, tener tu propia huerta. Bordar, tejer, teñir con batik. Después de décadas buscando la automatización y optimización de los tiempos, lo hecho a mano y lo casero han vuelto a estar de moda. Pero no es una moda pasajera, sino que burós de tendencias como WGSN señalan esta "vuelta a las raíces" como una transformación que se va a ir dando progresivamente en la sociedad.

Estas prácticas y oficios -al igual que la meditación y el yoga, también en auge- hacen de contrapeso a una vida acelerada, frenética y centrada en la tecnología, ofreciendo cierto balance. Y, en ese sentido, era predecible que la cerámica volviera a ganar popularidad, aunque tal vez nunca supere aquella escena romántica con Demi Moore y Patrick Swayze sentados frente al torno, ya sea como objeto de consumo o como pasatiempos. Un objeto de cerámica es cálido, imperfecto y único si está hecho a mano: tiene ese toque humano. Como hobby brinda la posibilidad de ensuciarse las manos, de conectarse con la tierra y, de paso, dejar el celular por un rato.

"Siempre estuvo ahí, pero en un lugar menospreciado. Por ejemplo, en la Edad Media la cerámica era para la gente pobre y los metales para la realeza. Creo que ahora está resurgiendo no solo la cerámica, sino los oficios en general, lo manual. Nos estamos replanteando qué es lo que vamos a consumir, incluso cómo gastás el tiempo", explica Manuela Uranga Cocco, artista y ceramista. De acuerdo con Google Trends, una herramienta del motor de búsqueda, actualmente la cerámica está en su punto más alto de popularidad en relación con los últimos cinco años, tanto en Uruguay como en Estados Unidos e Inglaterra.

En las tiendas de diseño, las revistas de decoración, en Instagram o Pinterest: no hay que ser demasiado observador como para notar que la cerámica, una técnica que tiene unos 26.000 años, está viendo un nuevo renacer.

Susette Kok / Tet Studio

Susette Kok atraviesa su casa descalza y al llegar al jardín se coloca un par de sandalias, recorre el pasto que la separa de su taller y se vuelve a descalzar. Inicialmente, la idea era compartir esta suerte de barbacoa con sus hijos, aunque la cerámica fue ganando terreno en su vida. Ahora este es su espacio, una estructura de vidrio luminosa, cálida, rodeada de piezas de arte, ingredientes, herramientas y experimentos en miniatura y a escala real. Actualmente le dedica unas tres horas al día a perfeccionarse en este arte y, aunque parezca mucho tiempo, cuando está "con las manos en el barro" el tiempo le pasa volando.

Susette Kok. Foto: Lucía Durán

Fotógrafa de profesión, Susette empezó a sumergirse en el mundo de la cerámica después de hacer un proyecto documental de explotación sexual infantil en Uruguay, que le resultó muy duro. "Había hecho tantos proyectos sociales que en un momento necesitaba literalmente tocar la tierra de nuevo y la verdad es que nunca pensé que esto podía ser lo que a mí me encantaría. Hace más o menos cuatro o cinco años empecé con algunas clases y me quedé fascinada, entonces fui profundizando cada vez más. Cuando me iba de viaje aprovechaba a hacer talleres de cerámica. En México, en Holanda, que es una referencia en cerámica, especialmente en Delft. Estudié muchísimo, compré libros, hice cursos online", explica.

Pudo haber comenzado como un pasatiempo, pero las piezas de Kok ya son obras de arte. Una de las más impresionantes es un yapa mala (rosario que se usa en el hinduismo y en el budismo) gigante, hecho de cuentas de cerámica. Cada esfera contiene un papel con los nombres de las personas que la marcaron a lo largo de su vida, y sobre el fondo del marco se entremezclan textos en inglés, español y holandés, en honor a sus raíces. Ahora llegó el momento de llevar su cerámica al siguiente nivel: Kok aprovechó la cuarentena para crear una marca propia, Tet, con la ayuda de una amiga. El nombre alude al apodo que le puso su padre cuando era chica.

Empezó como un hobby y te terminaste metiendo de lleno. ¿Fue así?

Sí, es un poco de locos porque por un lado me da un poco de vergüenza decir que estoy en esto cuando todo el mundo me conoce como fotógrafa, pero al final decidí no dejarme influenciar por eso y sumergirme en este mundo. Más acá, que no es como en Holanda, donde tenés tiendas enormes con tus fórmulas preparadas, tus arcillas preparadas. Acá lo tenés que hacer todo tú y ahí está la belleza. Esto tiene un componente de magia, de química. Tengo recetas de ceramistas famosos pero por los materiales que hay acá no las puedo hacer, entonces tengo que adaptarlas, vas buscando tu camino y creando con lo que hay.

También está todo el peso de la historia, lo ves en Latinoamérica y lo ves en India, donde no está tan valorado. Todavía no está visto como algo muy precioso, como sí lo es en Europa y América del Norte, la revaloración es increíble.

¿Qué sentiste cuando empezaste a trabajar con las manos?

Sentirlo en tus manos es algo muy tangible. Es algo que en la primera etapa es superfrágil y después se transforma en algo duro. Que vos hagas algo a partir de un pedazo de arcilla es maravilloso, es una entrega. Olvidás el tiempo. Pero mientras estás en el proceso hay un tiempo que tenés que respetar, te da la paciencia del proceso, que es largo. Tenés la arcilla, que después va tomando forma, después se tiene que secar por completo, luego se hace una horneada, después vuelve, hay que esmaltarlo y de vuelta va al horno y tenés que esperar 24 horas para poder abrirlo.

Es la paciencia de otra época, ¿no?

Tal cual, yo soy muy ansiosa, siempre quiero hacer cosas y esto me ayuda mucho a no pensar, no es tanto desde la cabeza, es más bien desde la intuición.

¿Quiénes te inspiraron?

La primera vez que lo viví fue a través de mi abuela, que era pintora y escultora. En su momento no lo valoraba tanto, ahora todo esto está haciendo que volvamos a sentir a nuestros ancestros. Ella siempre estaba creando en su tallercito, en su casa. Qué lujo es llegar a viejo y tener algo que te encanta hacer, el tener una pasión en la que vas profundizando. El tener algo en la cabeza y lograrlo, es muy especial. Después, en cada viaje hacía al menos un taller, es muchísima la gente que muy generosamente me compartió su conocimiento.

Manuela Uranga Cocco / Cosita Guaranga

Manuela Uranga Cocco. Foto: Lucía Durán

A los 17 años Manuela tenía claro que no le gustaba el liceo, a pesar de que estaba haciendo el Bachillerato que quería, el Artístico. Se decidió a probar suerte en la Escuela de Artes y Artesanías Dr. Pedro Figari (UTU) y cuando estaba haciendo la fila para anotarse aún no tenía elegido qué hacer. Terminó inscribiéndose en cerámica. Ahí tuvo una experiencia de reencuentro con "el barro", como le dice ella. Y encontró su vocación.

De eso ya pasaron 10 años y, además de terminar la UTU, hizo la carrera de Bellas Artes, de donde está a punto de recibirse. También probó diferentes talleres, como el de Patricia Magariños, a la que considera una amiga y una madre en el mundo de la cerámica. Ahora ella está en el lugar de profesora, dando clases en un taller online en Olímpica Oficios -un proyecto que busca, justamente, revalorizar lo hecho a mano- y en un centro juvenil.
Manuela habla abrazando una de las piezas más importantes de su carrera, una suerte de vasija de 50 centímetros, con distintos dibujos que hacen referencia a vivencias que la marcaron a lo largo de su vida.

¿Te acordás de la primera clase de cerámica en la UTU?

Fue el último año que la Figari estuvo en el edificio viejo, había una mesa larguísima y nos pusimos a preparar el barro entre todos, que éramos como 30. La cerámica tiene diferentes componentes y depende de para qué queramos la pieza final, qué mezcla le ponemos al material. Yo elijo preparar mi pasta, me gusta hacerlo. Esa primera clase me marcó.

¿Cómo es para vos trabajar el material?

Soy una persona muy ansiosa y en la cerámica hay muchos procesos, realmente tenés que ser paciente, yo me puedo pasar un día entero. Yo no trabajo ni con moldes ni con torno, todo lo trabajo con las manos y siento que te sumergís ahí y te perdés. Generalmente sigo la corriente, me gusta la técnica que se llama pellizco, que es la más originaria de la historia de la cerámica, voy viendo lo que pide el material, si el jarrón se te está desarmando es que no hay que ir por ahí.

En el tiempo capitalista tendés a apurarte y apurarte y en realidad necesitás dejar que las piezas sequen y se oreen.

¿La cerámica siempre estuvo ahí?

 Sí, siempre estuvo ahí, pero en un lugar menospreciado. Por ejemplo, en la Edad Media la cerámica era para la gente pobre y los metales para la realeza. Creo que ahora está resurgiendo no solo la cerámica, sino los oficios en general, lo manual. Nos estamos replanteando qué es lo que vamos a consumir, incluso cómo gastás el tiempo.
Tus piezas trascienden el vaso o la taza.

Para mí la cerámica es mi lenguaje de expresión, creo que a veces la gente se queda con lo que funciona, pero para mí es un mundo infinito que se va a acabar cuando me muera. Igual la gente pide que sea algo utilitario, el ser humano necesita saber siempre para qué sirven las cosas.

Diego Chiola / Gurí

Diego Chiola es licenciado en Diseño Industrial y desde su época como estudiante buscó incorporar la cerámica a sus proyectos, ya sea en una luminaria o un mueble, motivado también por su trabajo en el taller de Florencia Apud.

Sin embargo, durante un tiempo la cerámica se mantuvo como un espacio de experimentación, un pasatiempo o una terapia, como dice él. Hasta que llegó el Covid-19. Viviendo en Barcelona, el confinamiento era obligatorio y Chiola aprovechó el tiempo libre para formalizar su vínculo con el oficio. Así nació Gurí. Combinando sus conocimientos de diseño industrial con la cerámica, crea piezas orgánicas y simples, pero que buscan sacar a la cerámica de su "zona de confort", que trasciendan lo decorativo.

Diego Chiola

¿Qué te hace sentir la cerámica?

Lo que me generó la cerámica es el sentimiento de liberación, como la película de Ghost (risas). Esa hora y media que tenía en el taller era como ir al psicólogo, me concentraba, disfrutaba del contacto. Lo importante era fluir, si se rescataba algo genial, lo esmaltaba. Pero también podía ser que solo cumpliera la función de desahogarme, no siento presión de hacer algo puntual.

Además, está bueno dejar el celular por un rato...

Tal cual, mis amigos a veces me retan cuando no les contesto el teléfono y yo les pido perdón, pero es mi momento de terapia. Ahora que tengo una marca estoy más atento a grabar algún video, pero no quiero que interfiera en ese momento.

¿Cuándo pasó del pasatiempo al emprendimiento?

Mucha gente me preguntaba por qué no me ponía a vender, porque les gustaba lo que estaba haciendo. Pero a veces uno se autoboicotea, te parece que le falta, que no está terminado del todo. En un momento, influenciado por mi profesora de ahora, Paula Tapic, empecé a dar clases y abrí un capítulo nuevo, me gusta mucho enseñar. Ahí vi la oportunidad, fue justo cuando empezó el Covid y me quedé sin excusas, decidí aprovechar este tiempo que no sé si voy a volver a tener en generar un concepto, una estética y me lancé. Como soy diseñador soy muy autocrítico, pero traté de fluir como se hace cuando trabajás con esta técnica milenaria.

¿Ves un auge en la cerámica?

Sí, me sorprende cómo la gente joven lo está adoptando, lo vi mucho cuando estudié en la Figari, había muchos estudiando cerámica y madera. Es la vuelta a las raíces que se está dando. Por ejemplo, pienso en la comida de olla, es algo que se está reivindicando.

Dónde comprar cerámica en Uruguay

Di Campagna Cerámica / @dicampagnaceramica

Piezas de cerámica hechas a mano en La Paloma, Rocha. Di Campagna se enfoca más que nada en elementos de cocina como tazas, vasijas y cuencos en tonos tierra, que encuentran el balance perfecto entre lo rústico y lo refinado.

Singular ceramics / @singularceramics

Con colores más pop como rosa, amarillo y azul, Singular ceramics tiene un abordaje contemporáneo a la cerámica y proponen divertidas piezas para el hogar.

Lola Piñeyrúa / @lolapineyruaceramicas

Desde su taller en el departamento de Maldonado, Lola Piñeyrúa hace pequeñas producciones de piezas utilitarias y minimalistas que con sus tonos arena y azules dejan en claro que las playas son una gran fuente de inspiración para su creadora.

La arcaica / @la_arcaica

El estudio La arcaica es bastante nuevo, pero con sus macetas en formas de pechos y ojos proponen una visión fresca que contrasta con la sobriedad que tiende a asociarse al material.

Amaé cerámica / @amae.ceramica

Amaé se entre las formas irregulares e imperfectas, las texturas y las piezas más suaves y pulidas. Además de ofrecer una selección de productos ya hechos, también hacen por encargo y a medida.

Arapoty / @arapoty_dejardin

Arapoty comenzó con objetos diseñados en cerámica gres, principalmente macetas para fanáticos de las plantas de interior, pero uno de sus productos estrellas terminó siendo el mate de cerámica, que además de ser bellísimo tiene varios beneficios.

Niki Chataljdkian / @rompotodo

Ya desde el nombre se puede intuir que Rompo todo es un estudio de cerámicas poco tradicional. Niki, su creadora, usa colores pastel para crear desde candelabros y sahumerios hasta pipas para marihuana y despojadores de anillos. Es argentina pero vende en Uruguay a través de su tienda online y en Objeto Único Distinto.