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Así en la vigilia como en el sueño

Cómo los sueños afectan la realidad

Usando los datos extraídos de un banco de sueños, nuevas investigaciones apoyan la hipótesis de continuidad según la cual la relación entre la vida diaria y el mundo onírico no es unidireccional

07.11.2020

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2020-11-07T07:00:00
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Por Juan Andrés Ferreira

Los sueños de las mujeres se caracterizan por contener emociones más que interacciones en torno a determinadas actividades. Los de los hombres, en tanto, contienen más violencia y agresividad. Los adolescentes sueñan con personajes monstruosos y, a medida que se acercan a la temprana edad adulta, aparecen más escenas sexuales. Los sueños de un veterano de guerra están llenos de emociones negativas y agresión. Los de las personas ciegas incluyen más personajes femeninos y seres imaginarios. En tiempos de convulsión social, las personas suelen tener sueños más agresivos. Y, por último: la relación entre los sueños y la vida cotidiana no es unidireccional: la vida impacta en los sueños y viceversa.

Estas son, a grandes rasgos, algunas de las hipótesis que se desprenden del estudio realizado por investigadores de Nokia Bell Labs de Cambridge, Reino Unido, en el marco de un proyecto llamado Dreamcatcher, realizado a partir de la aplicación de inteligencia artificial (IA). Liderados por Luca Maria Aiello, los científicos -provenientes de las universidades de Cambridge y Roma III- sometieron a análisis un registro de 24.000 sueños, los cuales fueron extraídos de Dream Bank, la base de datos donde se almacenan y se comparten de manera pública más de 38.000 experiencias oníricas.

Dream Bank es el mayor depósito público en línea de informes de sueños escritos. Las descripciones recopiladas en este banco provienen de una variedad de fuentes verificadas. Los informes de sueños abarcan seis décadas (de 1960 a 2015) y contienen información sobre género, edad (entre siete y 74 años), profesión e historia personal del soñador.

Foto de Andreas Wagner en Unsplash

Los resultados de la investigación fueron publicados a finales de agosto en la revista Royal Society Open Science bajo el título Nuestros sueños, nosotros mismos: análisis automático de informes de sueños. Según los autores, Alessandro Fogli, Daniele Quercia y Aiello, el director del proyecto, por medio de este trabajo encontraron evidencia de que la mayoría de los sueños son en realidad "una continuación" de lo que sucede en la vida cotidiana. Eso es precisamente lo que los científicos del sueño llaman "hipótesis de continuidad".

No tan distintos. Es lo que sugiere esta hipótesis: el mundo de los sueños y el mundo de la vigilia no son tan distintos. "La hipótesis es consistente con las teorías de la 'simulación' de los sueños, según las cuales las amenazas percibidas en la vida cotidiana conducen a una mayor simulación de amenazas en los sueños". Una teoría reciente sugiere que soñar es terapéutico: ayuda a ensayar habilidades sociales y, al hacerlo, "fortalece las relaciones sociales de la vida real". Mientras sueña, la mente intenta resolver un problema mirándolo desde perspectivas inusuales.

En general, los investigadores pudieron probar la hipótesis de continuidad solo para una clase específica de individuos: pacientes clínicos. "Aquellos estudiosos encontraron que las personas con diferentes trastornos de salud mental, como ansiedad y depresión, trastornos del sueño y problemas de comportamiento, reportaron más pesadillas. La recopilación de informes de sueños se ha centrado en pacientes clínicos simplemente porque ese compendio es más sencillo de hacer". Aiello y su equipo buscan expandir el campo de acción. Y para eso crearon Dreamcatcher.

La herramienta usada para esta investigación. Teniendo los informes de los sueños, los científicos desarrollaron su propia herramienta de IA para el procesamiento del material, Dreamcatcher. Usando técnicas de procesamiento del lenguaje natural (PLN), el programa procesa previamente cada informe de sueño e identifica personajes, interacciones y palabras que refieren a emociones presentes en cada informe. "Elegimos centrarnos en estas tres dimensiones porque son las que definen la columna vertebral de la trama de un sueño y son consideradas las más importantes para ayudar a la interpretación", explican.

La herramienta divide el lenguaje de los informes de sueños en segmentos más pequeños: "párrafos en oraciones, oraciones en frases y frases en palabras". A continuación genera redes en forma de árboles para comprender cómo las palabras individuales se relacionan entre sí: "Si cada palabra es una hoja, entonces las ramas que las conectan representan reglas gramaticales". Los investigadores argumentan que el sistema podría ayudar a los psicólogos a identificar rápidamente los sueños "atípicos", lo que podría indicar fuentes de estrés o posibles problemas de salud mental. "Descubrimos que la mayoría de los informes de sueños eran, de hecho, una continuación de lo que probablemente experimentarían nuestros soñadores en la vida real", concluyeron.
Dreamcatcher es la continuación de un trabajo que se inició, hasta donde se sabe, en el siglo II a. C., con Artemidoro, quien recorrió Grecia recopilando sueños que acabaron registrados en los cinco volúmenes de La interpretación de los sueños, y que encontró un nuevo mojón en el siglo XIX con el trabajo de Sigmund Freud y su obra de igual título. "Freud se centró principalmente en dos necesidades humanas básicas ocultas: el sexo y la agresión", explican los investigadores. "Los científicos del sueño han demostrado recientemente que los sueños contienen mensajes ocultos, pero estos mensajes no deben reducirse a sexo y violencia. Lo han hecho desarrollando formas cada vez más sofisticadas de codificar sueños. Hay más de 150 escalas de análisis de contenido y clasificación de sueños, y la mejor validada y más utilizada sigue siendo la de Hall & Van de Castle".

En pocas palabras, este sistema de codificación ve un sueño como: 1) un elenco de personajes (por ejemplo, hombre deprimido, mujer amigable, un perro amigable); 2) una trama en la que los personajes interactúan entre ellos (el hombre deprimido acariciando al perro); y 3) un proceso que refleja diferentes estados afectivos (el hombre deprimido ahora se siente seguro y relajado).

Foto de Christophe Hautier en Unsplash

Con esta escala de análisis de contenido, Dreamcatcher calificó automáticamente 24.000 de los 38.000 informes almacenados en el banco de sueños. El algoritmo analizó los sueños de un trabajador de una fábrica aficionado a las apuestas de carreras de caballos (que anotaba sus sueños para predecir el ganador); los de una fotógrafa y artista plástica (que a veces usaba el material onírico como base para sus obras); los de varias personas ciegas (un conjunto de 400 sueños informados por personas afectadas por la pérdida total de la visión desde el nacimiento o durante más de 20 años); los de una adolescente de secundaria (4.300 relatos de sueños registrados por Izzy, una joven apasionada por coleccionar sus sueños, a lo largo de 13 años, desde los 12 hasta los 25); los de un veterano de guerra (que sirvió como médico en Vietnam); los de un hombre de negocios amante del cross-dressing (el acto de vestirse con ropas del género opuesto), que sirvió en el ejército en la Segunda Guerra Mundial, trabajó en Wall Street, se declara "felizmente casado" -su esposa lo sabe y lo apoya-, es padre de dos hijas y se siente "masculino por fuera y femenino por dentro"; y los de un grupo de jóvenes universitarias que están a punto de contraer matrimonio (o que al menos así lo desean). En total: 24.000 registros de sueños extraídos de la base de datos pública de DreamBank.

Resultados. En los sueños reportados por hombres detectaron más marcadores de agresión y, por tanto, más emociones negativas. En los informes femeninos contenían emociones más positivas e interacciones más amistosas. Dice el informe: "Los estudios culturales y psicológicos han demostrado repetidamente que la conducta agresiva es menos frecuente y menos intensa en las mujeres que en los hombres. Esas diferencias pueden resultar de factores evolutivos y de factores sociales, culturales y económicos. Además, la capacidad de expresar emociones, que se ha demostrado que alivia el estrés y aumenta el bienestar, es otro factor que influye en la agresividad. Esa capacidad está más desarrollada en las mujeres que en los hombres. Se ha demostrado que entre amigas suelen hablar de sus emociones, mientras que entre varones están más acostumbrados a reprimir las suyas. Como resultado, los hombres no reciben apoyo emocional el uno del otro, sino que ‘hacen cosas' juntos (por ejemplo, deportes, salir a tomar algo)".

Otro descubrimiento: los registros de las personas ciegas mostraban más personajes imaginarios o abstractos que los de las personas videntes. A su vez, en el registro de estos sueños usaron un lenguaje sensorial que no siempre involucraba la vista; por ejemplo, al describir una rosa se habla de ella a través de su aroma. También aparecen personajes femeninos en sus sueños. Esto responde a que por lo general las personas ciegas necesitan de cuidadores y que, usualmente, son mujeres.

"Aproximadamente 17% de las tropas estadounidenses que regresan de Irak y 11% de las que regresan de Afganistán han sufrido un trastorno de estrés postraumático (un trastorno de ansiedad causado por eventos muy estresantes, aterradores o angustiantes)". Los sueños del veterano de guerra analizados por Dreamcatcher se caracterizan por sentimientos de culpa y sensaciones agresivas.

"Nuestros resultados sugieren que es posible cuantificar aspectos importantes de los sueños, lo que hace posible construir tecnologías que cierren la brecha actual entre la vida real y los sueños". Y es que otro de los hallazgos refiere a lo que sucede durante tiempos convulsos. "Entre todos los soñadores, de 1960 a 2000, el nivel de agresión en los informes de sueños fue más alto en la década de 1960 y luego disminuyó constantemente, lo que coincide con las estadísticas oficiales de crímenes violentos en Estados Unidos", explicaron. Con este tipo de información se puede "ver cómo reacciona la gente psicológicamente a los eventos globales", argumentó Aiello. "Hoy puede ser la pandemia de Covid-19, mañana podría ser una crisis financiera, el día después podría ser el calentamiento global".

Debilidades. Sin embargo, Robert Stickgold, psiquiatra del sueño de la Universidad de Harvard, advierte que las diferencias aparentes entre hombres y mujeres pueden surgir en los informes de los sueños y no directamente de los sueños en sí. Las mujeres, sostiene Stickgold, no necesariamente experimentan más emociones dentro de sus sueños que los hombres. Quizás simplemente usen palabras más cargadas de emociones para describirlos. "Es posible que necesitemos un poco más de humildad sobre la distancia entre un sueño y un informe de un sueño", argumenta.

Otra debilidad se halla en el caso de los sueños de adolescentes. Solo se usaron los informes de una persona, Izzy. En el registro quedó documentado un cambio hacia emociones negativas y agresivas durante la adolescencia, seguido de interacciones sexuales recurrentes a medida que se acercaba a la edad adulta. "Dado que estos resultados se basan en un solo soñador, no podemos decir que nuestra hipótesis haya sido verificada", aclararon. Además del factor Izzy, los investigadores encuentran otras falencias en su trabajo, como un sesgo "hacia una población educada" y de Estados Unidos, además de contar con un número limitado de reportes de los veteranos de guerra.

Aiello espera algún día "ofrecer información algorítmica instantánea a partir de informes de sueños a una escala más amplia". Por ejemplo, por medio de una aplicación de celular. "Con el tiempo, se espera que esto incentive a más y más personas a compartir sus sueños con la comunidad de investigadores". Esto ayudaría a aumentar el conjunto de datos y facilitaría a los investigadores a sacar conclusiones, lo que "podría ser interesante para que uno comprenda mejor su propia vida y psique", según Aiello. "Si la mayoría de la gente compartiera esos sueños, podríamos monitorear durante las diferentes semanas de la pandemia, cómo se siente la gente al respecto. En principio, si suficientes personas compartieran sus sueños, esto podría hacerse en tiempo real", sostiene. "La relación entre sueños y realidad no es unidireccional. No solo la vida impacta en los sueños, sino que, si escuchamos lo que nos dicen los sueños, podremos también cambiar nuestra vida".