Gastronomía
Gastronomía | Reseña

Club de Balleneros, cocinar y comer al lado del agua

Ubicado en la bahía de Punta Ballena, Club de Balleneros ofrece un menú variado, con productos frescos del mar y uno de los mejores atardeceres en el Este

06.03.2021 07:00

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2021-03-06T07:00:00
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Por Marcela Baruch Mangino

El almuerzo de Galería en Club de Balleneros fue excepcional, en las dos acepciones que le otorga la Real Academia Española a este adjetivo. Primero, porque fue una invitación de su concesionario, el cocinero Diego Marfetán, y por lo tanto una irregularidad en la regla común de visitar restaurantes sin avisar y pagar la cuenta como cualquier comensal. Segundo, porque rara vez es posible sentar en la misma mesa a dos cocineros un mediodía de jueves en plena temporada. En este caso, a Diego se le sumó su hermana María Elena, responsable de la cocina de Lo de Tere. Esto sucedió gracias a la pandemia.

Club de Balleneros es una sociedad privada con restaurante abierto al público, que no permite la libre circulación ni uso de las instalaciones -como la piscina- a quienes no son miembros, una situación que puede resultar incómoda para algunos comensales. Sin embargo, su privilegiada ubicación permite contemplar uno de los mejores atardeceres de la península. Además, su cocina tiene dos cosas muy difíciles de encontrar en el Este: majuga de pejerrey o mojarritas (alevines de pez mojarra) fritas y rabas caseras hechas con calamar, distintas a las congeladas que hoy abundan, rellenas de algo que no se distingue si es pescado o masa. "Los calamares son firmes y a veces a la gente le cuesta entender que son reales", cuenta. Este cocinero también es pescador y sale con la caña cada vez que puede, en estos tiempos, a buscar pejerrey. Aprendió con su padre, Lalo Marfetán, en La Paloma, donde vivió cuando era niño. "No erro", dice orgulloso al hablar de sus habilidades de pesca. Al dominio de la caña le suma la navegación, pues a diario lleva pedidos de comida a los barcos que paran en Punta Ballena.

"Amo el mar, estar en el agua, subir a los barcos", cuenta. Incluso invita a Galería a realizar una entrega en La Balconada, la pequeña embarcación con la que lleva su servicio a bordo, una travesía más que disfrutable en un mediodía calmo de viento en la bahía. En un yate cercano, una familia de tres esperaba ansiosa una orden de sushi, con abundante salmón. Como la familia Marfetán es de las grandes impulsoras del Pacto Oceánico del Este, un programa que lleva a cabo la Corporación Gastronómica de Punta del Este junto con el Grupo Pescar y el Ministerio de Industrias, la pregunta fue inmediata: "¿Vende salmón?". La respuesta fue rápida: "No tengo salmón en la carta, pero en el sushi sí, porque el cliente lo pide. También tenemos piezas con pesca blanca". Los clientes habituales de Club de Balleneros son los miembros del propio club, clientes exigentes y mimados -sobre todo por Marfetán-, que no siempre se dejan convencer a la hora de innovar en la comida. Quizá por esta razón, el restaurante apuesta a una cocina sencilla. "Lo que a mí más me gusta es el producto simple, sin disfrazar mucho", cuenta el chef. Hoy, los fuegos están a cargo del chef Cristhian Camejo y Diego se ocupa de la gestión y de oficiar de anfitrión. "En 2009, cuando llegué al Club, no salía de atrás de los fuegos, pero con el tiempo di un paso para adelante, al salón", cuenta. Allí, los habitués también son demandantes, acostumbrados a un servicio muy atento, bien a la vieja usanza.

El plato que él más destaca de la carta es el pejerrey grillado con aceite de oliva y limón, pero también preparan pesca gratinada en crema o rebozada. Además, hay una amplia variedad de preparaciones para probar, como mejillones a la provenzal, plancha de camarones al ajillo, chipirones encebollados, pastas, carnes como entraña y ojo de bife a la plancha, ensaladas y varias opciones vegetarianas y veganas.

El mediodía en que los visitó Galería se probó las mojarritas. Marfetán las saca todas las noches del muelle, a veces acompañado de los niños que pueda haber en el restaurante. "No congelo, saco lo que hay fresco", asegura. Luego, Camejo las empana con harina y pan rallado antes de freírlas. Como siempre, ese día se sirvieron en un plato de loza blanco, ovalado, y en menos de una hora habían desaparecido. La majuga se come entera, muy crocante y rociada con limón. Además, a la mesa llegó una ensalada de tomates orgánicos amarillos y rojos, que compra a un huertero de la zona, con sabor a tomate, y rolls hechos con pesca fresca.

La pesca está en el ADN de la familia Marfetán, una pasión que Diego y María Elena comparten con tres hermanos más: Mercedes, Cuca (melliza de Diego) y Tato. Aprendieron a cocinar con su madre, Elsa, en el restaurante La Balconada, que funcionaba en la casa de su niñez en La Paloma. En la playa también aprendieron a juntar algas, un ingrediente con el que hoy elaboran galletitas que se sirven en la panera de ambos restaurantes.

Al contemplar el mar, a pesar de haber pasado la última hora hablando sobre las vicisitudes que debieron sortear en tiempos de pandemia, Diego dice: "Tengo el restaurante que siempre quise. Tenía 25 años cuando llegué a Club de Balleneros a hacer una paella (ahora tiene 38 años). Me ofrecieron quedarme con el restaurante. Yo ya había viajado bastante con la tabla haciendo surf por el mundo. Me acuerdo que cuando le conté a mi padre, me respondió: ‘El tren a veces solo pasa una vez'. Y yo me lo tomé".

  • Ruta Interbalnearia km 129.5. Teléfono: 4257 7498. Todos los mediodías hasta la puesta de sol. Precio promedio por persona 1.700 pesos.