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MIRADOR / CABALLOS

Cinco especialistas en disciplinas ecuestres cuentan cómo viven su día a día en cuarentena

El turf, las competencias de equitación, la equinoterapia y los campeonatos de polo fueron algunas de las actividades que se vieron afectadas y que esperan, con entusiasmo, la ansiada vuelta a la normalidad. 

23.05.2020

Lectura: 8'

2020-05-23T12:48:00
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Por Valentina Villano

El Covid-19 llegó a Uruguay y, con él, la suspensión de decenas de disciplinas. Un ejemplo fueron las ecuestres, que a pesar de ser al aire libre no se convirtieron en la excepción. Algunas como el turf retomaron su actividad el pasado fin de semana, pero no la normalidad. Otras, como las competencias de equitación, la equinoterapia y los campeonatos de polo, siguen sin poder practicarse. Cinco especialistas aficionados a las diferentes disciplinas cuentan cómo afectó la cuarentena en su rutina diaria, y qué actividades y ejercicios deben seguir realizándose a pesar de la emergencia sanitaria.

Aparicio Oddo


Su vínculo con el polo comenzó hace 25 años. Los estudios lo separaron por un tiempo, pero luego de casarse retomó el deporte. Comenzó a trabajar como veterinario en el centro hípico de Jacksonville, hasta que le surgió la idea de comenzar a dar clases de polo. "Empezamos con cuatro alumnos, hace alrededor de 10 años, hasta que se fueron sumando y formamos un club con 30 socios", recuerda el polista Aparicio Oddo. Allí se da clases a niños y adultos, se realizan prácticas y se juegan campeonatos.

Según explica, los caballos de polo suelen entrenar por temporada. "Este año empezamos en febrero para jugar toda la temporada de otoño, y cuando ya habíamos comenzado con los torneos nos agarró la cuarentena y tuvimos que suspender todo. No hubo más prácticas, ni torneos. Y la mayoría de los caballos se largaron al campo", cuenta.

Actualmente, y a pesar de la situación sanitaria, este club debe mantener sus puertas abiertas. "Hay caballos que viven acá y tienen que seguir alimentándose y moviéndose, pero no se promueve las prácticas. Si vos venís, taqueás un caballo y estás solo y alejado de la gente, no hay problema. Si hacés una entrega de premios en una carpa, sí es un problema", concluye.

Lucía Chieza


Su interés por los caballos despertó a los nueve años. "Mi familia tenía campo en Salto; yo iba y me encantaba. Era una niña un poco tímida, entonces mis padres quisieron que empezara algo que me gustara mucho y así fue que empecé con los caballos", cuenta Lucía Chieza.

Comenzó con clases de equitación y se convirtió en una gran competidora de prueba completa: representó a Uruguay en los Juegos Panamericanos de Lima y, además, es la presidenta de la Federación Uruguaya de Deportes Ecuestres.

Hoy, más de 20 años después de su primer contacto, Lucía vive junto con su pareja al lado de la finca hípica El Encuentro, un centro donde se preparan caballos de enduro y deportivos, se dan clases de equitación, se hace rehabilitación de equinos, doma y más.

Si bien toman los recaudos y cuidados necesarios, algunas de las actividades en el centro nunca pararon. "Los caballos tienen que moverse. Si no entrenan, al tener un sistema digestivo bastante malo, les puede producir cólicos que terminan en operación o en la propia muerte del caballo", explica.

Normalmente, en este centro viven alrededor de 45 caballos. La rutina de entrenamiento comienza a las 7.30 de la mañana y termina en torno de las 10. "El entrenamiento de prueba completa es un poco más exigente que el de las demás disciplinas y dura un poco más de una hora. Hay días que los entrenás en adiestramiento, otros en salto y otros en prueba completa. Hacés ejercicios de velocidad, galope, y un entrenamiento más aeróbico. Son caballos que se mueven seis días a la semana. Y cuando están más cerca de una competencia se mueven de mañana y de tarde."

Sin embargo, y por el momento, las competencias se mantienen suspendidas. "Hay gente que vive de esto, y lo que hicimos con la Secretaría Nacional del Deporte fue establecer un protocolo, que ya fue presentado al Ministerio de Salud Pública y estamos a la espera de que nos contesten", concluye.

Lydia Lercari


En el año 1983, Lydia Lercari descubrió su pasión por los caballos. Durante mucho tiempo se dedicó a montar, adiestrar y hacer pruebas de salto. Luego comenzó a perfeccionar sus conocimientos, hasta convertirse en instructora certificada por la Asociación Profesional de Equitación Terapéutica (PATH, por su sigla en inglés) en Estados Unidos, y abrir la Fundación Centro Ecuestre Sin Límites, que instaló en Canelones y mantiene desde el año 2000.

Allí se realiza equinoterapia, con personas de todas las edades, y otras actividades como equitación o adiestramiento. Sin embargo, en los últimos dos meses la cantidad de equinos y la actividad en el centro disminuyó notablemente.

Según explicó Lydia, la equinoterapia se divide en tres ramas: la monta terapéutica, para personas con autismo o síndrome de Down; la hipoterapia, que se realiza en personas más comprometidas, para la que se utilizan mandriles especiales; y la deportiva, que se separa en equitación especial y paraecuestre y está destinada a aquellas personas con discapacidad física e intelectual. "El problema de la equinoterapia es que hay chicos y adultos que precisan tres personas: una que lleve el caballo y una a cada lado para brindarle soporte. Por eso, al momento de retomar, empezaríamos con aquellos que ya montan solos", explica.

Si bien la actividad en el centro hípico está prácticamente parada, los caballos deben seguir en movimiento. De lo contrario, esto podría causarles consecuencias negativas para su salud. "Estamos hablando de un animal que de alguna manera es un atleta y no lo podés parar así nomás. Por eso se autorizó a los profesores y a los propietarios a seguir viniendo", concluye la directora y fundadora del centro.

Manuela Tanco


A los 10 años Manuela Tanco descubrió su amor por los caballos. "Una amiga de mi mamá tenía un campo y siempre íbamos a cabalgar; me encantaba. Fuimos al Carrasco Polo a ver un caballo para comprar, vi gente saltando y le dije a mi mamá que quería hacer eso. Y así arranqué", recuerda.

Hoy, con 23, Manuela es dueña de Comodín, un caballo de 13 años de raza deportiva que cuida y entrena todos los días en el Club Cecade. "La rutina no cambió. Lo que bajó fue la exigencia. Si no hay concursos, es preferible no gastarlos y guardarlos para cuando vuelvan las actividades", explica.

Manuela ya tiene la rutina incorporada. Lo cepilla, lo venda y lo ensilla hasta quedar pronto para comenzar a entrenar. Después hace diferentes ejercicios: trabajo de plano (como trote, galope), ejercicios para que trabaje distintas partes del cuerpo, otros de adiestramiento y más.

"Lo hago por hobby. Vivo en un apartamento y cuando empezó la cuarentena si me decían que no podía venir más, me iba a volver loca. Estoy acostumbrada a venir todos los días. Es mi escape diario, para estar al aire libre y respirar", concluye.

Ramón Peralta


Dedicó gran parte de su vida a trabajar con caballos. Se vino de San José por el año 1975 y desde ese momento no paró. "Hice todas las escalas, desde peón hasta capataz", recuerda. Hoy, a sus 62 años, no solo es entrenador del Hipódromo Nacional de Maroñas, también es el representante de la Gremial de Entrenadores y Jockeys, y un gran referente dentro de esta disciplina.

En Maroñas, el entrenamiento comienza a las 7.30 de la mañana y finaliza alrededor de las 11.30. Allí entrena alrededor de 60 caballos y, según cuenta, la rutina nunca cambió. "La actividad siguió normal, tomando los recaudos necesarios. A los caballos no les afectó en nada", cuenta.

Lo que sí se vio afectado fueron las carreras de caballos y, en consecuencia, todas las personas que están detrás de este deporte. Actualmente en Maroñas hay 85 jockeys, alrededor de 140 cuidadores con patente y cientos de peones que superan, entre las tres ocupaciones, a los 1.000 involucrados. "Acá hay un sistema maravilloso por cómo se distribuye la plata. El caballo llega de un haras, lo cría, lo pone en venta, lo compra un propietario y me lo manda a mí. Yo tomo al peón, atrás del peón viene el herrero, el que me vende la alfalfa, el maíz, el veterinario, el vareador, el jockey; son un montón de cosas. Y después vamos todos a comisiones".

Según Ramón, no hay rubro en el que se reparta mejor el dinero que en el vinculado al caballo de carrera.
Luego de que se aprobaran los protocolos sanitarios, el turf volvió a Maroñas. Sin público en las tribunas, con tapabocas, guantes y alcohol en gel de por medio, y apuestas por call o Internet, las carreras de caballos regresaron este sábado y se convirtieron en uno de los primeros deportes en retomar su actividad.