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Cecilia Bonino: “A todos nos preocupa lo mismo cuando ponemos la cabeza en la almohada"

Alejada de la televisión luego de 10 años de trabajo ininterrumpido en ese medio, Cecilia Bonino dice estar descubriendo un mundo de posibilidades en las redes, canal al que ahora se volcará por completo a través de su proyecto @milhistoriashoy

22.07.2021 07:00

Lectura: 19'

2021-07-22T07:00:00
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Por María Inés Fiordelmondo

Cecilia Bonino escucha. A veces acompañada de un té; otras de una copa de vino. Se deslumbra y se le nota. Levanta las cejas o esboza una sonrisa de satisfacción, como si en sus oídos estuviera aterrizando una nueva y gran verdad, una que puede estar saliendo de la boca de un filósofo o de una astróloga, de un escritor, un fotógrafo, una actriz, o de Olga, Juan, Matías, Sofía, Pablo y otras personas que tal vez no tengan un título o autoridad sobre un tema, pero sí mucho para decir. La periodista está en su salsa. Hace poco más de un año, desde su casa, a través de los vivos de Instagram de su proyecto Mil historias hoy (@mihistoriashoy) Cecilia da rienda suelta a una de sus pasiones, la de entrevistar. Desde fines de mayo ya no se escucha su inconfundible voz ni se la ve riendo con facilidad en la pantalla de La Tele, donde trabajó durante los últimos 10 años de manera ininterrumpida, primero en el programa Sonríe y luego en Algo que decir, ambos conducidos junto con Pablo Fabregat. 

Fuera de las cámaras de televisión, sin embargo, las horas nunca le sobran. "Me siento como una olla de pop", dice a Galería en referencia a las nuevas ideas que explotan en su cabeza continuamente. Las entrevistas le permiten saciar en buena medida esa genuina curiosidad. Pero son solo uno de sus tantos intereses. En la que le hizo al filósofo argentino Darío Szeta, por ejemplo, descubrió que lo que había vivenciado como una larga crisis vocacional no era más que una forma negativa y algo limitante de catalogar su verdadero "sano asombro" por "distintas cosas de la vida". Y los hechos hablan por sí solos: entre la renuncia a su primer trabajo como periodista en El Observador y su entrada a Zona Urbana (Canal 10) en 2003, trabajó en una galería de arte. También condujo los programas de radio Asuntos pendientes, en El Espectador, y Quién te dice, en Del Sol. Entre sus trabajos en prensa escrita, radio y televisión, estudió Historia del Arte durante cuatro años con Emma Sanguinetti. Hoy cursa materias de la Licenciatura en Filosofía en la Universidad de la República y, si los días tuvieran más horas, las dedicaría a la botánica, la biología y la literatura.

De todas formas, hay una especie de lucha interna entre esa olla de pop llena de ideas y su sentido de la libertad. Bonino, que vivió varios años de su infancia en el campo, lejos de las luces de la televisión y el ritmo acelerado de la capital -y entre días que parecían eternos-, prefiere ir de a poco, enfocarse, profundizar y nunca sobrecargarse. A veces se ve a sí misma buscando el silencio, observando el más mínimo guiño de la naturaleza en las calles y valorando su tiempo como pocos. "Soy muy celosa de mi tiempo y realmente es lo único que tenemos, cada vez hilo más fino en dónde pongo mi tiempo", asegura la periodista de 45 años, madre de tres hijos de 12, 11 y 8 años.

Una de sus periodistas referentes es la uruguaya María Esther Gilio, quien solía decir sobre ella misma que quizás era entrevistadora por ser temerosa de sus propias opiniones. Bonino también prefiere preguntar, escuchar y explorar puntos de vista ajenos. Y aunque dice no creerse dueña de una gran verdad y se haya sentido siempre en un proceso de "búsqueda de esas sanas verdades que otros tienen", esta vez dedicó una tarde de un jueves soleado e inesperadamente agradable de invierno para hablar con Galería.

¿Por qué renunció a Algo que decir?
Porque el programa giraba hacia más entretenimiento, lo cual le va como anillo al dedo a Pablo (Fabregat), y no tanto a mí, que no quería seguir corriéndome hacia el entretenimiento. Arranqué a hacer televisión en el prime time en 2003. Son un montón de años y a mí me gusta mucho eso de cortar, barajar de nuevo y volver a elegir. En general lo llevo con bastante calma. Estoy feliz con la decisión y con lo que está haciendo el equipo de Kubrick. Me parece que están haciendo algo muy lindo y que se ajusta mucho al perfil de Pablo.

¿Cómo siguen sus días fuera de la tele?
Soy de esas personas a las que nunca le dan las horas del día. No me pasa que me aburra o que me sobre nada. Siempre tengo millones de cosas para hacer, pendientes de todo tipo, de proyectos, o estudio o lecturas. La verdad que sigo el día, estoy enteramente dedicada además a mi proyecto @milhistoriashoy, a esta realidad. A veces pasa que no te ven en la tele y piensan: ¿qué estás haciendo todo el día? Te diría que al revés, no me dan las horas del día para todo lo que tengo en la cabeza y quiero hacer. 

¿Va a estar enteramente dedicada a @milhistoriashoy, o se viene algún nuevo proyecto?
Estoy 100% dedicada a Mil historias, y superfeliz. Cuantas más horas le dedico, más ideas y puntas nuevas que quiero desarrollar se me ocurren. Sacamos la página web (www.milhistoriashoy.com), estoy a punto de sacar los podcast y también el club de charlas de Mil historias. Una de las grandes patas es generar encuentros. Ahora son virtuales pero también van a ser presenciales. En este año de proyecto somos más de 20.000 personas integrando la comunidad. La gran mayoría es orgánico. Es gente que se suma porque vibra en ese contenido. De Uruguay son un 70% pero también muchos argentinos, chilenos, de España y Estados Unidos.

¿Cuánta gente trabaja detrás de @milhistoriashoy?
Está el equipo de redes, grandes socios en todo esto. Trabajo con otra periodista y después hacemos reuniones de directorio de coacheo, de estrategias de grandes líneas, especialmente con otras personas con las que me junto para tener feedback. Evidentemente es un equipo chico por ahora, pero tiene mucho potencial. La gente está en las redes y vivimos para mí en una era de sobreabundancia de información, de datos, de consumo de cosas. Mil historias pone foco en lo humano y se mete ahí a curar buenas historias y buenas entrevistas que echen luz sobre la dimensión humana, de distinto tipo. Asi te dediques a ser periodista, contador, empresario o lo que hagas, al final del día a todos nos preocupan más o menos las mismas cosas cuando ponemos la cabeza en la almohada. Son los temas a los que vamos porque también tiene que ver conmigo, que me fascina la dimensión humana. 

Hace pocos años se consideraba un "dinosaurio" en su relación con las redes, y ahora se vuelca enteramente a un proyecto en estos canales. ¿Cómo se fue amigando?
La gente está en las redes y cuando generás contenido de calidad, querés que lo consuma la persona del otro lado. Esto es persona a persona, no hay intermediarios de ningún tipo y las redes me interesan porque son justamente un canal directo. Son una herramienta fantástica, un canal directo a la información que tengo de la comunidad, una comunicación directa en la que ellos pueden opinar, comentar en el momento en que estás haciendo algo, en la que nos dan devoluciones, y eligen. Nosotros ofrecemos temas y la comunidad elige por cuál ir primero. Todo eso te lo dan las redes y no los medios tradicionales. Empiezo a descubrir un mundo de posibilidades en las redes.

No soy ninguna especialista en el detalle de funcionamiento. Sí tengo mucha fe en generar contenidos que valgan la pena. Me dedico a eso que es curar historias, elegir el contenido, no llenarte de hojarasca, darte cosas que valgan la pena, con las que conectes, con las que haya un cierto encuentro y transformación, y ahí pongo mi foco. Y empiezo a descubrir las maravillas del ida y vuelta con la gente, encontrar las historias dentro de la propia comunidad, que también aporta, recorrer esa dimensión humana y apuntar a estos grandes temas que son bastante filosóficos porque hacen a la condición humana, a que puedas pensar desde distinto lugar, correrte de distintos prejuicios, pensarnos a nosotros mismos, encontrar un lugar donde no hay grieta ni fundamentalismo de ningún tipo.

Uno de los desafíos que tienen estos canales es el financiamiento. ¿Cómo lo maneja en su proyecto?
En Uruguay el desarrollo está un poco más lento de lo que uno quisiera, pero el mundo va para ahí, directamente. La forma de monetizar las redes depende mucho del proyecto. En @milhistoriashoy hay una estrategia comercial y estamos arrancando a meternos fuerte ahí. Una de las cosas que vamos a ofrecer ahora es el club de charlas pagas para la comunidad, además de los contenidos libres que siempre promovemos. Nosotros arrancamos pensando en los encuentros presenciales, que también son pagos y hoy no se pueden hacer, pero ya se van a hacer. 

Tanto Sonríe como Algo que decir, los dos últimos programas que condujo, siguen al aire. ¿Le cuesta verlos, o es de soltar con facilidad?
Con Sonríe es distinto porque pasaron muchos años, lo que quedó es la marca, pero el original y el actual tienen sus diferencias. En Algo que decir, que al final paró un mes, la verdad que me encanta ver la transformación y me encanta ver cómo encontraron justamente un programa que se ajusta mucho a Pablo. Me parece que un programa tiene que reflejar mucho el alma de quien los hace. Pablo brilla acá de una forma fantástica y saca su mejor costado. Me encanta ver eso. Está bueno cuando las cosas encuentran el brillo en los ojos del otro. Yo tengo mi brillo en los ojos en @milhistoriashoy en este momento y no lo hubiera tenido en un programa tan volcado al entretenimiento, con juegos y todo eso, porque me corrí un montón hacia el entretenimiento, pero estaba tocando mis límites en ese punto. Tengo quizás más para aportar desde otros lugares. Me encanta ver que pueda seguir. Cuando me voy de los lugares lo hago muy a conciencia y difícilmente extrañe. Me enfoco mucho en lo que estoy haciendo en el momento. Así como me meto apasionadamente, cuando estoy, estoy a mil, pero cuando decido que me voy, giro y me enfoco en otro lado. 

Manifestó varias veces vivir en una eterna crisis vocacional. ¿Cómo la lleva? ¿Sigue en ella?
El último ciclo de Mil historias sobre vocación me ha servido un montón a nivel personal. En una entrevista a Dario Szeta, filósofo argentino, él decía que creer que existe una vocación es como creer que existe un solo amor en tu vida. Me pareció una muy buena definición, porque si bien hay gente que sí la tiene y es como un llamado muy claro a lo largo de toda su vida, también es cierto que hay muchos otros que tenemos intereses muy diversos. Yo soy una persona con intereses muy diversos. Muy curiosa. Pasan los años y no decrece para nada mi gusto por el sano asombro ante las distintas cosas de la vida, y me doy cuenta de que así como hice comunicación, podía haber hecho otras cosas. Me encanta la botánica. Ahora estoy cursando unas materias de Filosofía de la Udelar. Estudié Historia del Arte con Emma Sanguinetti cuatro años, y siempre estoy por volver porque me encanta. Quizá el periodismo lo que tiene es eso, que uno entrevista y te metés en distintos mundos, eso siempre me gustó mucho. Estoy cada vez más amigada con esto, porque también dentro del periodismo podés elegir hacia dónde ir y en la medida que uno hace eso, ya está.

¿Dónde está, a su entender, el valor de una buena entrevista?
Hay entrevistas más de corte noticioso, político, coyuntural, que tienen que ver con una declaración más importante o que traiga una noticia o un cambio de rumbo en algún aspecto. A mí me interesa mucho la esencia de las personas. Busco mucho ver esa esencia, esa condición humana en las entrevistas. Siempre he tenido de referencia a una entrevistadora uruguaya que me di el gusto de conocer y entrevistar para mi tesis, María Esther Gilio, que para mí lo hacía con maestría. Otra que me fascina es Leila Guerriero, argentina, que creo que logra muy bien eso, esos perfiles que más allá que estén entrevistando a un político o un artista, te muestran detalles de condición humana que te pintan a la persona. Y a mí eso me hace brillar los ojos. 

Se crio en el campo. ¿Cómo impactó esa infancia a nivel personal y profesional?
Cuanto más grande estoy más me doy cuenta cómo impactó. Cuando era niña obviamente no era consciente. Me impactó esféricamente. Por un lado contemplo y reparo en temas de la naturaleza, que puede sonar cliché pero es real. Cuando viene la primavera miro los brotes en los árboles, o paro a veces a levantar una hoja, o miro la expresión de un perro, que la gente cree que no pero se ríen alevosamente, o celebran y mil cosas más. Observo mucho. Se me vienen muchas imágenes a la cabeza, en eso de andar por el mundo observando lo que hay a tu alrededor realmente. Desde encontrar belleza en las pequeñas cosas que te rodean de verdad, como el pajarito que se te posa en la ventana mientras estás trabajando en la computadora tomando un mate, y mirarlo y reparar. Estuve hace dos días en la reserva Talice, que ya la recomiendo a todo el mundo porque es fantástica, y estuve observando un rato el color de las plumas de los pavos reales, cómo cambia totalmente a medida que gira el pavo y le da la luz del sol. Hay gente que por ahí pasa y dice: es un pavo. A mí me detiene, estoy un rato en eso. Creo que la vida en el campo te ayuda a aprender a contemplar. Las horas eran largas, en verano zumbaban los insectos a la hora de la siesta, cuando dormían los grandes y nosotros con mis hermanos arrimábamos una piedrita a la otra, una cosa como de literatura. Recordaba también caminatas que hacía con mis hermanos por el monte en los días de lluvia, donde vas uniendo las gotitas que están en las ramas o en las hojitas, que brillan como perlas, y vas con el dedo como jugando, uniendo todo eso. Esas son imágenes que tienen que ver con mi naturaleza, con mi crianza, con la libertad. Nos criamos totalmente libres. Era un lugar a orillas del río Uruguay, lo recorrimos entero de punta a punta, mirando a ver si había mantarrayas abajo del agua. Y en ese contexto tengo el sentido de la libertad muy firme en mí. No me la cortes porque se arma.

¿Trata de que sus tres hijos también tengan ese sentido de la libertad? ¿Cómo hacerlo al ritmo de la capital, y rodeados de pantallas? 
Todo lo que puedo se los doy. Conozco buena parte de las plazas y parques de Montevideo. El paseo de estas vacaciones de julio fue en esta reserva toda al aire libre, y disfruto igual que ellos, muy a la par. Pero sí tengo muy claro y me preocupa que en la urgencia y la velocidad que impone la revolución tecnológica en la que vivimos todos, los tiempos de espera, los tiempos que tiene la naturaleza, los procesos de la vida, de conocer a alguien, de hacer una amistad, de escuchar y de entender al otro no son los tiempos de la tecnología. Evidentemente los observo a mis hijos y pienso que realmente las nuevas generaciones tienen un gran desafío, y a la vez millones de nuevas oportunidades de conocer un montón de cosas a través de la pantalla. El desafío de ellos es cuánto conocen de eso, porque asisten a un mundo entero a través de esa pantalla, pero cuánto lo viven, lo sienten, lo tocan, lo experimentan. 

¿Siempre se sintió cómoda y segura ante las cámaras?
La tele llegó a mí más que yo a la tele. Fui a aquella primera reunión para un programa de televisión muy motivada por mi tutor de tesis, y así empezó Zona Urbana, que también fue todo un fenómeno en su momento. Y después un proyecto me llevó al otro. La verdad que nunca me tomé la tele como era antes, esa cosa de "estás en la tele". Nunca le tuve ese respeto. Hacía mi trabajo con mucho compromiso pero del mismo modo que hacía antes prensa en El Observador, con la diferencia que hay una cámara registrándolo. Se dio ese encuentro, esa cosa de que fluis con un medio y de ese modo se fue dando todos estos años. No fue que siempre soñé con la televisión, para nada. 

¿Por eso siempre mantuvo un perfil bajo?
Nunca me interesó esa otra cosa, quizás es algo del uruguayo, más de medianía. Lo que sí sé es que te podés dedicar a lo que te dediques, pero nos levantamos todos con los pelos parados, tengo una vida similar a la de tanta gente esté en la tele o no. Cuando me bajo de la tele no estoy sufriendo no estar. Lo disfruto mucho cuando estoy, lo hago con mucho placer. Pero cuando no estoy, mi vida tiene mucho sentido. Siempre le di a la tele el lugar que tiene. Frente a la cámara la multiplicación que hay de lo que vos hacés, decís y lo que sucede es enorme, y por supuesto hacer todo con mucho respeto por la gente y con compromiso con mi trabajo. Lo hago del mismo modo ahora en las redes, cuando hice prensa, en radio. Me sale así.

¿No quiere exponerse a críticas?
No quiero exponerme más de lo que ya me expongo. Cuando hacés televisión o radio te exponés un montón, entonces yo tengo muy claro que hay que andar con cuidado, que no podés distraerte, que tenés que tener conciencia de dónde estás y mucho respeto por lo que estás haciendo. Ser cuidadosa y respetuosa. No da lo mismo que digas un disparate. Digo millones de disparates pero intenté en todos estos años frente a la tele estar a la altura de la situación, en el sentido de que tenés que cuidar lo que estás diciendo, tenés que estar informada de quién tenés adelante. Si uno mira en perspectiva, hay una flexibilización del tipo de lenguaje de quienes aparecen en pantalla y eso me parece bien, porque hay una cuestión de cercanía con el público, pero no el caer en la chabacanería, la falta de respeto, la ordinariez. A mí eso nunca me interesó. No me siento identificada. No me dan ganas de amplificar eso.

Cuando ve a la Cecilia Bonino que hacía denuncias en Zona Urbana, ¿qué piensa?
Siento una gran continuidad porque eso está en mí, eso soy yo cuando leo las noticias y hay cosas que no puedo creer que pasen en este país. Injusticias. Esa veta habita en mí perfectamente y lo hacía con el mismo compromiso con el que entrevistaba una historia de vida en Algo que decir. La gente ve un quiebre, pero yo siento que hay una continuidad que es ese compromiso con hacerlo lo mejor posible. 

Si tuviera la varita mágica y la posibilidad de generar algún contenido en la televisión sin estar atada a presupuestos y personalidades. ¿Qué haría?
Cuando la libertad es infinita, a veces es difícil. Sin duda, haría un programa que aporte a generar la conversación. Creo mucho en esto. Creo en algo que al que lo mira le aporte. Es lo que estoy haciendo en @milhistoriashoy básicamente. Entregar contenido de calidad que aporte a la buena conversación, a pensar juntos, a aprender de las historias ajenas, a sacar algo para tu propia vida. Hay una frase que en Mil historias la usamos todo el tiempo que es: "Me interesa tu historia porque echa luz sobre la mía". Realmente creo en el poder transformador de un ser humano sobre el otro. Vos le podés explicar a una amiga, un hijo, una pareja algo que para vos fue revelador, pero nunca sabés cuándo al otro le hace el click. He entrevistado cantidad de gente que el click que les ha abierto un mundo a sus vidas fue mirando una entrevista en televisión, leyendo una frase de un autor. Creo mucho en ese intercambio de vivencias, de experiencias, de maneras de ver el mundo que son únicas. Creo que se aporta a que tu día sea un poco mejor. Todos necesitamos que nos den una manito para que nuestro día sea mejor, porque hay días que son realmente difíciles, más en estos tiempos que corren. Me parece que haciendo constantemente tu trabajo de la mejor manera, derramás a veces eso y a veces no, pero das lo mejor de ti. Y que el resto lo ponga el universo. A mí, en general, me interesa mucho el intercambio con otros y creo que voy mucho por ahondar en la dimensión humana desde distintos lugares.

Hace unos años dijo en la radio que no estaba a favor de la ley de cuotas y ahora sí lo está. ¿Se considera deconstruida?
Totalmente, pero eso es eterno. Creo que es hasta el último día. Aprender es de las cosas que más me gusta en la vida y le dedico mucho a eso, porque es una actitud. Cuando andás con las antenas invisibles rastrillando qué hay alrededor, qué puedo beber, a veces es en la fila de supermercado que escucho qué hablan los que están adelante o atrás, me encanta, porque estoy viendo por dónde anda la gente, qué le preocupa. Son cosas que te llegan. Creo que es parte de la libertad del ser humano poder repensarte, moverte de donde estás, ampliar o dejar territorios que ya entendés que no generan valor para vos.

Fotos: Adrián Echeverriaga
Producción: Sofía Miranda Montero
Maquillaje: Paula Melgar
Pelo: Mauricio Rodríguez para Amor Mío
Agradecemos a Bo Concept, Cher y Magma por su colaboración en esta producción