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Arquitectura e interiorismo

Casa de Pedro Livni: La calidez en primera línea

La armonía con el entorno, la omnipresencia de la madera y la geometría convierten a esta casa en una pieza única dentro del balneario Las Flores

20.03.2021 07:00

Lectura: 5'

2021-03-20T07:00:00
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Por Valentina Villano

Sobre la calle Las Azucenas, en una ubicación privilegiada del balneario Las Flores, se encuentra esta gran casa de dos plantas que consiguió presentarse de manera armónica dentro del paisaje que bordea la costa.

"Queríamos tener una casa de playa, que no tuviera esa impronta montevideana. A veces ves casas muy lindas que podrían estar en Carrasco o Punta Carretas, pero quedan fuera de lugar, sentís que no coincide el lenguaje con el lugar", cuenta el matrimonio dueño de la propiedad.

Ninguno de los dos son viejos veraneantes del balneario. Él vacacionó toda su vida en Atlántida-, mientras que ella lo hizo en Punta del Este con su familia. "Tenemos grupos de amigos que veranean acá desde chicos. A raíz de eso, cuando tuvimos a los dos varones muy chiquitos, empezamos a alquilar para estar con nuestros amigos y pasar 15 o 20 días con ellos. Así estuvimos durante dos o tres veranos, hasta que nos dimos cuenta de que nos gustaba como balneario y que era lo que queríamos. En vacaciones nos gusta la tranquilidad, los amigos, el asado, la playa, y este lugar te da eso", aseguran.

La familia está compuesta por este matrimonio, dos adolescentes varones y una niña. Compraron el terreno en el año 2017 y comenzaron la reforma de la casa que, meses más tarde, se convirtió en su escape de cada verano. "Era un ranchito de pescadores que tuvo una primera reforma, después una segunda, y nosotros cuando la compramos le hicimos una intervención bastante más grande, más radical; la construimos casi de nuevo", recuerdan.

La reforma y el nuevo diseño estuvieron a cargo del arquitecto Pedro Livni en conjunto con la arquitecta Victoria Martín. "Fue un largo proceso. La casa tenía una ubicación espléndida pero una sumatoria de reformas. En términos de arquitectura no era muy interesante y tenía algunos vicios constructivos importantes", explica el arquitecto.

Para Livni, el primer gran desafío fue entender cuáles eran las necesidades de quienes habitarían allí. Para ello debieron establecer un criterio de orden que pudiera dar sentido a la reconversión de esta casa. "El desafío era cómo a partir de lo existente, podíamos rearmar una nueva estructura, donde hubiera una especie de unidad y no de episodios fragmentados".

Hoy todo se articula en una estructura coherente. "Si bien hay vestigios de lo preexistente, pertenecen a esta nueva unidad y no son resabios de relatos anteriores". Quien mira esta casa puede observar una geometría muy precisa conformada por la monomaterialidad de la madera que recubre toda su fachada. "Apelar a una condición de un solo material, en este caso un revestimiento muy cuidado de lapacho, resuelve parámetros verticales, pero también los decks de expansiones horizontales y la propia pérgola, y empiezan a dar una nueva coherencia y nuevo sentido de proyecto a la casa", explica Livni.

La carpintería, a cargo de Adrián Olivera, es perfecta. Cada tabla tiene la medida justa para cada lugar, lo que convierte a la construcción en un puzle interminable. "No hay una sola tabla que tenga una unión vertical. Hay lugares en donde hay siete metros de altura y las tablas tienen siete metros", agregan.

El lapacho es de las pocas maderas que resisten frente al mar. Envejece naturalmente, por eso toma un color más grisáceo con el paso del tiempo, y prescinde de mantenimientos constantes. Pero al igual que el lapacho, absolutamente todos los elementos y materiales de esta vivienda estuvieron debidamente pensados para el lugar en el que iban a estar expuestos; desde las plantas que adornan el jardín -como formios, pittosporum y cortaderas- hasta los 27.000 tornillos de acero inoxidable que sostienen las tablas que recubren todo el exterior.

Esta residencia, de 255 metros cuadrados construidos (180 en planta baja y 75 en planta alta), se compone de cinco dormitorios con baño en suite, dos de ellos ubicados en planta alta, un gran living comedor, una cocina integrada, un estar más pequeño, un jardín situado en la parte posterior, y una gran pérgola que bordea y reordena toda la geometría. "La casa intenta construir una interioridad que siempre tenga su correlato en el exterior. El área de comedor, estar y cocina, que se va articulando a través del equipamiento, es un espacio continuo que se abre de pleno con una ventana en todo su frente, directamente hacia el mar", explica el arquitecto.

A su vez, la estufa a leña con doble visión oficia como centro rotatorio y separa, pero también vincula, a través de su fondo de vidrio, al living comedor con el estar al otro lado. Ambos ambientes se expanden hacia el deck exterior y empiezan a funcionar como los lugares de mayor uso, sobre todo en la temporada de verano, primavera y comienzos del otoño.

El diseño de interiores estuvo a cargo de sus propios dueños, que eligieron para todos los espacios tonos claros y neutros, como el beige y el blanco, y elementos que le dan cierta rusticidad.

Muchos de los muebles de madera fueron adquiridos en remates, así como adornos, como las damajuanas, que se compraron en locales de antigüedades. "Es una casa muy vivible, cómoda y segura. Está hecha para que no dé problemas, para llegar y que todo funcione. La disfrutamos mucho", dicen sus dueños, que ya llevan su tercer verano en este nuevo hogar.